Emilio de Ygartua M.
26 de agosto de 2019.
A Lácides García Detjen
Cuatro años de ausencia física
La semana pasada comentamos sobre la compleja etapa que habrá de transitar Morena para convertirse en un verdadero partido político, desde luego, sin dejar de ser un movimiento social comprometido con las causas sociales. Mario Delgado, un abierto aspirante a ocupar la dirigencia de esa formación política, entrevistado por Emmanuel Sivilla, conductor de Telerreportaje, reconoció que esa metamorfosis no será fácil, sin embargo, la considera necesaria para garantizar la pervivencia de un movimiento de izquierda que tiene que construir una plataforma ideológica y un programa de acción consistentes con el proyecto de transformación propuesto por Andrés Manuel López Obrador a la sociedad.
En el camino hacia la construcción de ese partido, Morena no estará ajena a conflictos internos y a luchas por el poder que pueden minarla, como ya ocurrió la semana pasada a causa de la renovación de la dirigencia de la mesa directiva del Senado, que derivó en un enfrentamiento entre el fallido aspirante a la reelección, el senador Martí Batres, y el coordinador parlamentario en la Cámara Alta, Ricardo Monreal.
El siempre aguerrido y poco ortodoxo Martí Batres, rompió lanzas contra su correligionario, el ex gobernador zacatecano, acusándolo de haber movido sus piezas para evitar su permanencia en la presidencia de la mesa directiva de esa cámara. Habló, incluso, “de cañonazos”, que en el lenguaje críptico de la política significa que se repartió dinero para cargar la balanza a favor de Mónica Fernández Balboa, senadora por Tabasco quien, por 33 votos contra 29, se convertirá, a finales de este mes, en la nueva presidenta de la mesa directiva de ese cuerpo legislativo.
De ella hablaremos más adelante.
Me centro en la controversia Batres-Monreal, ya que es un conflicto que puede tener consecuencias en el proceso de renovación de la dirigencia de Morena, cuyo consejo nacional se realizará el 22 y 23 de noviembre próximo, pero que se realizará sin la presencia de quien ha manifestado su decisión de tomar “sana distancia”, del partido que él mismo fundó. No son pocos los que dudan de que la renuncia del tabasqueño a jugar el papel de “jefe máximo, de líder moral o, incluso, de caudillo”, es tan solo un elemento discursivo.
En lo personal, considero que será de gran importancia el documento que les hará llegar en el que, seguramente, habrá líneas ideológicas precisas para lograr el tránsito de movimiento social a partido político sin trastocar su esencia, la que les permitió, en tan solo cinco años arribar al poder. No entiendo la configuración de ese instituto político sin la incorporación a sus documentos básicos de las tesis principales de la cuarta transformación y de la definición del papel que ese partido habrá de jugar en su consecución.
¿Sana distancia?
En tanto ello ocurre, el primer mandatario de la nación, sin traicionar su compromiso de privilegiar la sana distancia, no puede dejar pasar la oportunidad para mandar una señal en estos momentos en los que las controversias internas no ayudan en nada, sobre todo, ante las persistentes ojivas dirigidas a descarrilar su proyecto de nación por parte de los enemigos del mismo, cada vez más visibles. Por ello, resulta adecuando que haya pedido “serenidad” a sus correligionarios (entiéndase a Ricardo, a Martín, y a sus respectivos seguidores). Por cierto, la respuesta expresa a pregunta de un periodista sobre el desencuentro entre sus compañeros de partido, le sirvió para deslindarse de la decisión tomada en el senado; sin embargo, no dejó en claro quién es el destinatario de su conminación al orden: “Quienes se dedican a la política tienen que actuar con ideales, no sólo buscar el poder por el poder; el pueblo ya sabe quien lo ayuda y quien es `trepador´ y oportunista”; y, añadió: “El político tradicional, no tiene futuro”, al tiempo que pidió “convicción y mística a los políticos”, empezando, considero yo, por sus correligionarios.
En este escenario, no deja de ser interesante la fotografía en la que aparecen el histórico Porfirio Muñoz Ledo, presidente de la mesa directiva de la Cámara Baja, junto a quien afirma que no le quita el sueño no ser presidente de la mesa directiva del Senado; ambos, con los puños cerrados, retando al “golpismo”. Horas después, quien fuera dirigente nacional del PRI, fundador y dirigente nacional del PRD, también pidió que la pasión no desborde a la razón, sobre todo, enfatizó, “en los tiempos de la Cuarta Transformación”. Esperemos que todos hagan caso a estos exhortos. Lamentablemente, el que parece haber puesto oído sordo a los exhortos es “el camarada”, Martín, que ofrece cejar en su empeño de seguir siendo presidente de la mesa directiva, si a cambio, Ricardo renuncia a la coordinación política de la Cámara Alta, para que esa posición la asuma, también, una mujer.
Destaco ahora, la llegada de la tabasqueña Mónica Hernández Balboa a la presidencia de la mesa directiva del Senado; sin duda, una buena noticia para nuestra entidad, porque desde esa nueva posición podrá seguir ayudando al gobierno de la entidad en su empeño por conseguir más recursos para promover el desarrollo integral, compromiso de Adán López Hernández.
Mónica cuenta con las mejores credenciales. Su experiencia como legisladora (diputada y ahora senadora) y como servidora pública, garantizan la experiencia necesaria para cumplir con esta nueva y muy importante encomienda legislativa. Sin duda, su paso por la vicepresidencia de la mesa directiva le ha generado, también, un aprendizaje muy importante, que abona en ese mismo sentido. Pero, sobre todo, hay que destacar su reconocida sensibilidad social y su cercanía con quienes hoy gobiernan al país y a nuestra entidad. Su compromiso con la Cuarta Transformación es total.
¿El nuevo PRI?
A noventa años de su fundación, el PRI vive, sin duda, el momento más complejo de su larga existencia. Nacido desde el poder y para administrar el poder, el instituto político nacido por iniciativa de quien en 1929 había surgido como el “jefe Máximo de la Revolución mexicana”, Plutarco Elías Calles, el “turco”, como lo bautizaron por su ascendencia, político que fue capaz de mantener unida a la nación en los momentos más críticos de la etapa posrevolucionaria. El asesinato del presidente electo, Álvaro Obregón, había despertado los fantasmas de la sublevación; sin embargo, la nueva cabeza del “Grupo Sonora”, pudo frenar los ánimos desbordados tanto de los obregonistas, que se veían desplazados del poder, como de los caudillos regionales que vieron la oportunidad de reposicionarse aprovechando ese escenario convulso y un aparente vacío de poder, que pronto lleno el general Calles.
Éste les ganó el parpadeo a todos ellos y pudo hacer realidad su propósito manifiesto en el marco de su cuarto y último informe de gobierno, el 1º de septiembre de 1928. Ese día, habló de la necesidad de terminar con el México de los caudillos y transitar hacia la consolidación del Estado mexicano, cuyas bases habían colocado, con enorme talento y visión, él y su compadre Álvaro.
Fundar un partido que aglutinara a las fuerzas revolucionarias, fue un compromiso que se hizo realidad el 4 de marzo de 1929, en plena etapa del llamado Maximato. Gobernaba el tamaulipeco, general y abogado, Emilio Portes Gil, que no sólo garantizó la transición, además, hizo posible poner punto final al conflicto cristero nacido en los albores de la década de los veinte y, con gran astucia, sacó provecho de un intenso movimiento estudiantil para conceder, hace 90 años, la autonomía a nuestra Universidad Nacional.
Nadie puede negar los enormes avances del país en los años de gobiernos del PNR; convertido en 1938 en PRM y, en 1946, en el PRI. La modernización del país obedece a las políticas públicas impulsadas por un partido que convirtió a México en una nación moderna, urbana más que rural, industrial, más que agrícola. Un país que pudo sacar provecho de la crisis capitalista de 1929 para revertir el modelo de desarrollo hacia fuera por uno de desarrollo hacia adentro. Al concluir la Segunda Guerra Mundial (1945), México transitó hacia la industrialización que llegó acompañada del desarrollo estabilizador que promovió el desarrollo que permeó en la sociedad que por fin alcanzó mejor educación, servicios de salud y vivienda digna.
Con el agotamiento del “milagro mexicano”, se prohijó el autoritarismo que trajo consigo la represión de los movimientos ferrocarrileros, de los médicos y de los estudiantes que, en 1968, demandaban un cambio de modelo económico, político y social. La ruptura del viejo orden quedó congelada por la promesa de una apertura democrática a la que no le alcanzó más que para darle el derecho al voto a los jóvenes que nuevamente fueron víctimas de la represión en aquel junio de 1971, cuando “los halcones” volvieron a la calle para acallar, nuevamente, sus voces de protesta y de auténtica democracia.
A finales de los setenta, con el petróleo, arribó un nuevo milagro que permitió que México probara las mieles de la riqueza que pronto se agotó, dejando nuevamente a en la pobreza a los más y en la grosera riqueza a los nuevos ricos de siempre. La corrupción se institucionalizó y la impunidad se convirtió en el modus vivendi de los funcionarios públicos que se hicieron ricos a costa del erario público. La renovación moral de la sociedad vino acompañada de la apertura comercial, luego de la debacle financiera que llegó a acompañada de la inflación galopante.
Desde Chicago, llegaron las ideas que impusieron un cambio al modelo económico mundial. Desde Washington, las recetas y las órdenes para hacer chico al Estado y para que el gobierno, su brazo administrativo, se volviera ausente para que el sector privado se hiciera responsable de generar riqueza, la que se nuevamente, acumuló en pocas manos. México asumió, con total ortodoxia, esas recetas, que habrían de estar vigentes por mas de tres décadas.
Con el neoliberalismo llegaron las promesas del desarrollo para todos. Solidaridad sustituyó al partido que todo lo daba y todo lo podía. En Lomas Taurinas, Tijuana, quedaron sepultadas las promesas de un cambio que nunca sabremos si hubiera llegado a concretarse. Seguimos viviendo con esa ilusión. Los tricolores se mataban entre sí y el que sucedió al candidato asesinado, luego de enfrentar la crisis económica más severa de nuestra historia, declaró la sana distancia de su partido y, en los albores del nuevo siglo, aceptó la alternancia que algunos dijeron nunca arribaría. Llegó entonces la docena panista que nos heredó la violencia extrema y la decisión de sacar a la calle a las fuerzas armadas, sin una coraza jurídica, iniciando una guerra sin cuartel, pero también sin esperanza alguna de poder vencer a delincuencia. La historia ya la conocemos todos.
Surgió entonces el “nuevo” candidato del PRI, cobijado por las empresas monopólicas de las comunicaciones y por un sector económico que querían el retorno de los brujos, para seguir asustando a la sociedad con el cuento de que “ahí viene el lobo, el peligro para la nación”, al que dos veces vencieron, pero no en las urnas, ni por las buenas. Con el candidato cenicienta y su princesa caramelo, llegaron las 13 reformas que cambiarían al país, pero también las viejas mañas y el reparto del poder para poder hacerse de los bienes que nunca llegaron a las manos de los destinatarios finales, los más pobres. Los jóvenes políticos, apoyados por el Príncipe de Los Pinos, llegaron a gobernar Chihuahua, Veracruz y Quintana Roo, demostrando que habían aprendido muy bien la forma de hacerse ricos en muy poco tiempo.
Así las cosas, llegó “doña hartazgo” para poner punto final a la larga historia de corrupción e impunidad. El, en otros tiempos, poderoso partido gobernante, fue mandado al tercer sitio en las elecciones de julio de 1918. Desquebrajado, sin brújula y sin timonel, ha venido caminando desde entonces. Ya no están ni los Beltrones ni los Gamboa para aguantar el vendaval y conducir nuevamente la nave hacia el poder. Sus viejos aliados, los conservadores de hoy, los de siempre, la mafia del poder, pues, ya los abandonó. Hoy, “Alito”, el de Campeche, ha llegado a la dirigencia nacional de un partido más que fracturado. “Volveremos” rezan los espectaculares pagados con lo pocos dineros que les queda de sus ya menguadas prerrogativas. La sociedad agrega a esa amenaza una ingenua pregunta: “¿Lo qué se llevaron?”. ¿Ni comparsa ni satélite? He ahí el dilema. Buena suerte Alejandro, la vas a necesitar.
De todo un poco
Andrés Manuel López Obrador estuvo el viernes pasado en esta su tierra. En su conferencia mañanera ratificó que la Refinería de Dos Bocas va; también anticipó que enfrentará con herramientas jurídicas a quienes con amparos buscan impedir la construcción del aeropuerto de Santa Lucía. Aquí reiteró que la economía “va muy bien”, y ratificó su convicción que el crecimiento económico es necesario, sí, pero acompañado de desarrollo. Es, dijo, pasar de lo cuantitativo a lo cualitativo. Está claro que no está de acuerdo ni con los datos de INEGI, ni con los de las calificadoras, ni con las opiniones de los economistas, sean de la escuela que sean; es su derecho, pero creo que no se pueden cerrar los ojos a la realidad. La economía mexicana está atorada, no está creciendo y, salvo un milagro, se logrará llegar al 2 por ciento prometido. AMLO no puede dejar de ver que la economía mundial va rumbo a una recesión económica. Alemania, la locomotora europea ya se paró y China tampoco está creciendo a los ritmos del pasado cercano. Las variables externas no se pueden dejar de analizar. La guerra comercial entre China y los Estados Unidos, abre una ventana de oportunidades para México. Hay que aprovecharla. La inflación bajó, es posible una nueva baja en las tasas de interés para impulsar el crecimiento al tiempo que los acuerdos con el sector privado se respeten…Cuando el propósito de impulsar la cultura es considerado una política pública, como hoy ocurre en Tabasco, los resultados tienen que ser buenos. Adán Augusto López Hernández está apostando al rescate de la cultura y para ello ha tenido a bien darle esa encomienda a una mujer con amplia experiencia administrativa y una relación de muchos años con el sector cultural. Yolanda Osuna Huerta ha dado un impulso evidente a esta área, ello se nota y anota. Ha bajado recursos federales y ya cuanta con el apoyo económico que el gobernador le ofreció al invitarla a ocupar este encargo. Rescate de las atribuladas bibliotecas públicas, mantenimiento del Festival Ceiba y una Feria del Libro de Gran calado a realizarse en noviembre próximo, son la muestra de que la cultura avanza con buen paso…El sábado pasado se realizó la primera asamblea de Futuro 21, impulsada por lo que queda del PRD. El mensaje contra el gobierno de AMLO fue la constante, pero el actor principal fue el ex aspirante a la presidencia de la república y a la dirigencia del lo que queda del tricolor, José Narro Robles, cuyo discurso corrobora su presencia en el grupo de los antis que encabezan ex dirigentes de COPARMEX, liderados por Gustavo de Hoyos, quienes promueven una “Alternativa de Nación”. La contra ya dio la cara. Está claro que son opuestos a la 4T. Todo indica que quieren conservar todo lo que ésta quiere destruir: corrupción, dispendio e impunidad.