Emilio de Ygartua M.
Lunes 22 de junio 2020.
Firdaus Jhabvala, nacido en la India, doctor en economía por la Universidad de Pensilvania, es un analista e investigador que goza de merecido prestigio. Ha sido asesor de muchos gobiernos del país, particularmente del Sureste, colaborando en la construcción de sus planes de gobierno y en proyectos específicos que contribuyeran a detonar el desarrollo de esta región. Sabe de su enorme potencial, por lo cual ha sido promotor de políticas públicas orientadas a generar el bienestar de la población. Recién leí una magnifica entrevista realizada por mi también admirado amigo, Victor Manuel Samano, publicada en Presente (los tres, por cierto, amigos entrañables de nuestro siermpre extrañado Lácidez García Detjen), en la que aborda el tan actual tema del PIB y su utilidad para tasar el bienestar social. Firdaus considera que PIB sirve para medir la generación de riqueza de un país en un momento histórico determinado, pero no permite saber si esa riqueza está bien o mal distribuida, si en realidad genera bienestar en la sociedad, y si ese bienestar es sinónimo de equidad social.
Sobre el tema, Firdaus Jhabvala ha escrito ahora un extenso libro referido a México y su Modelo de Desarrollo, que ha fraccionado en tomos, el primero, dedicado a analisar “Las Bases para pensar nuestras opciones”. El Capítulo I contiene un breve resumen de lo que él llama “nuestra desgracia nacional”, refiriéndose a los cuatro jinétes del apocalipsis: corrupción, inseguridad, desempleo y pobreza.
Resulta significativo que encebece este primer capítulo con una cita de Pierre-Joseph Proudhon, filosofo político y revolucionario francés, quien junto con Bakunin, Kropotkin y Malatesta, son coniderados los padres del movimiento anarquista histórico y de su primera tendencia económica, el mutualismo. “La causa primera de todos los desórdenes que afligen a la sociedad, de la opresión de los ciudadanos y de la ruina de las naciones, consiste en la centralización exclusiva y jerárquica de los poderes públicos…es preciso acabar cuanto antes con ese enorme parasitismo.” (Proudhom. “Caminos de la Utopía”)
Jhabvala dedica parte de su estudio a determinar cuál puede ser modelo a seguir para México: ¿El de China, el de la India, el de los EUA? La dicotomía se centra en elegir entre un Modelo Imperial (arrraigado a nuestro devenir histórico) o un Modelo Democrático. El autor nos regala una muy larga y puntual descripción de las carácterísticas de ambos modelos. Me refiero sólo a uno de varios temas. Acerca del “Poder Político”, en el Modelo Imperial, establece que: “el gobernante es todo y el pueblo nada. El pueblo vota a elegir a su gobernante y luego desaparece del escenario público para reaparecer en unos años más para elegir a sus próximo gobernante”. En contraste, en el Modelo Democrático, “el gobernante sirve al pueblo y revela todos los recursos utilizados y decisiones públicas al pueblo. El pueblo está arriba, y el gobernante cumple sus instrucciones”.
Sobre esos cuatro jinetes del apocalipsis de nuestra realidad nacional, Firdaus compromete un análisis orientado a demostrar que, corrupción, inseguridad, desempleo y pobreza, están íntimamente ligadas: “Si hay corrupción, inevitablemente hay violencia…La corrupción es un acto de violencia contra el bien común.” Mas adelante señala que “la corrupción se refleja en desempleo porque produce una economía débil e improductiva”, lo cual alienta la inseguridad. Todo ello es un caldo de cultivo que se traduce en pobreza.
“Finalmente -apunta el autor-, la pobreza brota del desempleo, porque las carencias también se reflejan en la educación, en la falta de habilidades productivas y en la infraestructura pública que no alcanza a los pobres, porque la infraestructura pública está siendo restringida por criterios personales del Modelo Imperial, no por los criterior nacionales del mejor impacto sobre nuestra Nación, sabiendo dónde podemos terminar con la pobreza e incorporar a los excluidos dentro de las actividades normales”.
Un libro provocativo, sin duda; que genera reflexiones en la compleja coyuntura por la que transita México. Por último, destaco este planteamientos de Firdaus Jhabvala: “ La pobreza es un elemento critico que vacía al país de la esperanza(…). A través de la escasez material, en medio de una abundancia visible, la pobreza reduce o elimina un avance en el mundo de las ideas. Así, la pobreza encierra al pobre en una cárcel mental sin solución para su problemática. Afortunadamente, hay valientes quienes rompen sus cadenas y van por adelante sin las ataduras de la pobreza del pasado.”
Max Weber y la pandemia.
El pasado 14 de junio se cumplieron cien años de la muerte de Max Weber tras contagiarse de influenza española. Fernando Vallespín publicó en “El País”, el día anterior, un magnífico artículo sobre el padre de la sociología moderna. Autor de obras excepcionales que han trascendido en el tiempo, que siguen siendo lecturas obligadas para los estudiosos de las ciencias políticas, de la economía, la psicología social, la sociologia y el derecho. Weber, economista y sociólogo alemán, conocido por su análisis sistemático de la historia mundial y del desarrollo de la civilización occidental, nació el 21 de abril de 1864 en Erfurt y estudió en las universidades de Heidedelberg, Berlín y Gottingen.
Su obra es prolífica. “La Ética Protestante y el Origen del Capitalismo”, libro en el que el sociólogo alemán, luterano, asocia la reforma protestante a la génensis del nuevo modo de producción gestado en el vientre del propio modelo feudal, del cual deviene el nacimiento del individualismo y la “sacralización” de la propiedad pirvada de los medios de producción. En otra de sus obras, “Economía y Sociedad”, describe de manera puntual la vinculación de la sociedad con los poderes económico y político. Realiza una descripción precisa de los tipos de dominación: la fuerza, la edad, la astucia, para transitar al liderzgo fundado en principios escoláticos y a la consanguinidad (monarquía), hasta llegar a los liderzgos derivados de la representación popular y el reconocimiento de la soberanía popular. Obra que aporta, también, los principios básicos para la construcción de la Administración en sus ámbitos público y privado.
En su “Sociología del Poder”, amplía el estudio de los tipos de dominación tratados en “Economía y Sociedad”. Hace importantes definiciones sobre el concepto de líder y liderazgo: “Aquella persona capaz de conducir a un grupo determinado hacia una meta que por si sólo sería incapaz de alcanzar”. Asimismo, define, con mayor amplitud, el concepto de dominación: “Capacidad de obtener obediencia de un grupo determinado”, que se liga a los tipos ideales de dominación, ampliando su análisis sobre las formas de domnación, incorporando al “carisma”, como una manera de alcanzar dominancia sobre la sociedad o, al menos una parte de ella.
Otra de las importantes aportaciones del sociologo alemán es, sin duda, su análisis del concepto de “objetividad” en las ciencias sociales; concepto, hasta la fecha, envuelto en tabues y visiones encontradas. Muchos estudiosos de las ciencias sociales, coincidentes con las teorias weberinas, señalan la imposibilidad de que exista “objetividad” en el científico social por ser, él mismo, parte de la sociedad objeto de estudio, “por lo que resulta imposible abstraerse o hacer a un lado los intereses personales o de grupo”. Para abrevar en este tema, otras obras del sociólogo aleman son: “La ciencia como profesión”; “El político y el científico”; “La ‘objetividad’ del conocimiento en la ciencia social y en la política social”.
Regresando al artículo de Fernando Vallespín, éste señala que: “Poco podría imaginar el ilustre profesor que celebraríamos su centenario luctuoso en medio de una pandemia similar. Porque Weber, el clásico entre los clásicos de las ciencias sociales, el inquieto diseñador de teorías y forjador de conceptos, nunca pudo dejar de creer en los avances de las ciencias y el progreso. Aunque lo hizo a su manera, sacando a la luz sus muchas ambigüedades y ambivalencias.”
Para Weber, señala, “la modernidad equivale a la racionalización de todos los procesos sociales con el fin de resolver de la manera más eficiente posible cuestiones de naturaleza práctica. Para él, la racionalización se conjuga con industrialización, burocratización, especialización, secularización, avance del capitalismo”. A Weber, debemos, añade Vallespín, la aparición de “nuevas esferas de valor de la ciencia, derecho, ética, estética, religión, cada una con sus propias reglas, que ya no pueden integrarse en una unidad y nos provocan una especie de extrañamiento existencial”.
En estos tiempos de pandemia es muy útil, como manifiesta Vallespín, la diferencia que Weber hace entre la ética de la convicción y ética de la responsabilidad: “Ya es de sobra conocida, pero es difícil imaginar otra que capte mejor la naturaleza dilemática de la acción política, cómo el decisor político se ve siempre atrapado entre los mandatos de la moral y las demandas de una realidad siempre sujeta a contingencias”. Hoy, que seguimos persiviendo la dicotomía entre economía y salud, vale la pena valernos de los instrumentos weberianos para dicernir sobre lo importante, sobre el cómo la racionalidad tiene que conducirnos a hacer un lado la materialidad, la fría preocupaciòn por lo superfluo por encima de lo realmente trascendente que es, en este caso, la vida humana.
“Su opción por la ética de la responsabilidad, la de tener siempre en cuenta las consecuencias de nuestras acciones —la otra, la de la convicción, sería una ética ‘extramundana’, que no soporta la “irracionalidad ética del mundo”, se ha convertido ya en el paradigma en el que, al menos en teoría, se inspiran los grandes políticos”. Pero hay ocasiones, nos recuerda Weber, “en que no podemos ignorar los mandatos morales absolutos, el aquí estoy yo, no puedo hacer otra cosa”, de Lutero. Ambas éticas no están en oposición absoluta, deben intentar conjugarlas, ya que, “solo juntas, hacen al auténtico hombre, a ese hombre que puede tener vocación para la política”.
Vale sumar a lo anterior, a manera de conclusión, el planteamiento de Fernando Vallespín, sobre la ética de la responsabilidad. “En eso, Weber no iba desencaminado. Lo hemos podido experimentar a la hora de tener que tomar decisiones difíciles durante la pandemia, preservar vidas y restringir derechos a cambio de reducir nuestro bienestar económico. A veces, lo que son consecuencias “deseables”, chocan con la aplicación de medios inaceptables. Por ello le preocupaba tanto a Max Weber el “tipo especial de ser humano” al que le encomendamos el ejercicio del poder, el tipo de hombre “que hay que ser para poner sus manos en los radios de la rueda de la historia”. Me temo que esto último ya lo hemos olvidado. Muchos políticos no han estado a la altura de esta contingencia.
De todo un poco.
La aparición de un nuevo brote de Covid-19 en la capital china ha reencendido los focos rojo, no sólo en esa nación asiática, en el mundo entero. Las medidas de desescalamiento han provocado un rebrote en muchos paises. Está ganando la economía a la preservación de la salud y la vida. Los principales indicadores económicos han reaccionado de inmediato con caídas en las bolsas y depreciación de las monedas de los países emergentes…Bien recibida la decisión de Ricardo Monreal, líder de Morena en la Cámara de Senadores, de retirar su propuesta de fusión de tres organismos regulatorios autónomos. Existe preocupación por la postura gubernamental sobre estos organismos autónomos, entre ellos, el INE. La democracia mexicana ha caminado lenta, sí, pero con paso firme hacia procesos electorales confiables. El ejemplo más claro lo tenemos en las elecciones federales del 2018. Que bueno que el presidente Andrés Manuel López Obrador haya ratificado su compormiso de respetar los procesos electorales, lo cual debe ser un signo y una conducta invariable de todos los gobernadores, sin distingo de partido. Necesitamos un INE fuerte y autónomo, garante de que los procesos electivos programados para el 2021 se sujeten a las reglas y que garaticen que el mandato ciudadano se respete plenamente…En Estados Unidos, el escenario derivado de la violencia racial ha enrarecido el ambiente y tensado la cuerda entre los dos aspirantes presidenciales. Donald Trump cumplió la semana pasada 74 años en medio de rumores sobre su salud que él desmiente. Joe Bidden, de 78 años, ha radicalizado su discurso aprovechado los errores de su oponente en la gestión de la pandemia y por su falta de empatía con los reclamos sociales. Está llamando a los ciudadanos a votar por un cambio que rompa con la continuidad del republicano en la Casa Blanca. Las encuestas lo marcan como posibe ganador. En este entorno, la Suprema Corte ha revertido la decisón de Donald Trump de cancelar el programa DACA, que pretendía poner fin al legítimo sueño de los inmigrantes de estudiar y trabajar en esa nación. En otro frente, el mandatario norteamericano trata dee evitar la publicación del libro “La habitación donde sucedió”, escrito por John Bolton, su ex asesor de Seguridad Nacional, argumentando que “contiene información clasificada”. Bolton documenta que Trump pidió apoyo a su homólogo chino para lograr su reelección. En el 2016, Rusia, ahora China. Se preguntan algunos quién conviene más a México, Trump o Bidden. ¿Hay alguna duda de que el actual inquilino de la Casa Blanca seguirá denostando a los mexicanos y presionando a nuestro gobierno? Trump reinicia su campaña en Oklahoma con un mitin con 20 mil personas en la nación con mas infectados y muertos por COVID…Urgente que el gobierno de México ponga en marcha estrategias para revertir la caída de la inversión extranjera. Un nuevo duro golpe a la confianza de los inversores nacionales y extranjeros fueron las unilaterales disposiciones orientadas a regular la participación privada en el sector de las energías renovables…Arturo Herrera, secretario de Hacienda, considera que el T-MEC, que entrará en vigor el próximo 1º de julio, será la palanca para impulsar el crecimientos y alentar la IED. En ese sentido, Ricardo Monreal, señala que AMLO buscará un diálogo cosntructivo con el sector empresarial. Lo que se requiere es certidumbre legal e isntitucional…Demostrando que la política exterior sí le interesa, el presidente ha logrado un asiento en el Consejo de Seguridad de la ONU. Juan Ramón de la Fuente participará en las sesiones de este órgano en el que, como se sabe, los que llevan la voz cantante son 5 paises. Por otra parte, continúa el impulso para que el subsecretario para Asuntos Internacionales, Jesús Seade, se convierta en director general de la Organización Mundial del Comercio (OMC). ¿Permitirá Trump que un mexicano se convierta en el fiel de la balanza a la hora de dirimir controversias comerciales? Está por verse. Con lo que no contaba es Trump con la oposición de algunos ex presidente latinoamericanos (Santos, Zedillo, Cardoso, Lagos y Sanguinetti) a que llegue a la dirección general del BID el cubano-americano Mauricio Claver-Carone, integrante de su equipo de asesores en segurtidad quien comparte las posturas ultraconservadoras de su jefe. Ve a America Latina como el patio trasero y, desde luego, tomaría decisiones con un claro sesgo ideológico.