Prospectiva.

Emilio de Ygartua M.

Lunes 3 de agosto de 2020.

A tres meses de las elecciones en los Estados Unidos, a realizarse en un contexto inédito, los analistas coinciden en que la diferencia en las encuestas, a favor del inminente candidato demócrata, Joe Biden, obedecen más a la acumulación de errores del presidente Donald Trump, que a los aciertos del demócrata. Éste último, parece considerar que la mejor estrategia de campaña es “patear el bote hacia delante”, esperando que, el primer martes de noviembre, el desgaste de su oponente permita su victoria y su posterior desalojo de la Casa Blanca. “Nadar de muertito” es una apuesta demasiado arriesgada para el ex vicepresidente, mucho más si lo hace demeritando las capacidades del magnate neoyorquino a quien le gusta venir de atrás, como ocurrió en el 2016, cuando pocos le dábamos posibilidades de triunfo sobre la demócrata Hillary Clinton.

Tan complejo es el escenario por la pandemia -y el temor a la derrota-, que Trump ha planteado públicamente posponer las elecciones argumentando que el voto universal por correo daría pie a “un gran fraude electoral”. ¿De quién? cabría preguntarle. No es la primera vez que el presidente descalifica el sistema de votación por correo. Esta claro que no tiene facultades para cambiar la fecha, pero, sin duda, ha puesto una venenosa víbora de cascabel en el canasto. Espero que no incube un huevo.

No fue Joe Biden quien salió al paso de esta temeraria propuesta del jefe del Ejecutivo, sino el ex presidente Barack Obama, cabeza visible de un partido muy dubitativo a la hora de marcarle el alto a Trump. Salvo Nancy Pelosi, líder de esa formación política en la Cámara de Representantes, las ausencias han sido notorias y preocupantes. El mensaje de Obama no podía tener un escenario más simbólico, el funeral del congresista John Lewis, el último de los cuatro mosqueteros que en los años sesenta encabezaron una lucha pacífica pero contundente a favor de los derechos políticos plenos de hombres y mujeres de color.

Allí, primero que todo, denunció la existencia de obstáculos que impiden el pleno ejercicio de los derechos políticos de los afroamericanos. “Mientras estamos aquí sentados, hay gente en el poder que está haciendo todo lo posible para desalentar el voto, para suprimir el voto cerrando centros electorales, atacando a minorías y a estudiantes con restrictivas leyes de identificación y atacando nuestro derecho al voto con precisión quirúrgica, incluso socavando el servicio postal antes de las elecciones, que dependerán del voto por correo para la gente que se enferme.”

El expresidente señaló que es necesaria una ley sobre los derechos del voto que permita “el registro automático de todos los estadounidenses en el padrón electoral; que aumente los centros de votación; que expanda el programa para el voto anticipado, y que haga del día de las elecciones un día festivo para permitir que más gente tenga tiempo para votar.” Fue más allá al plantear la eliminación “del filibusterismo”, que calificó como una práctica política, “frecuentemente usada en el Congreso, en la que se debate por tiempo indefinido una iniciativa para bloquear o demorar su votación.” En México conocemos muy bien ese método de mandar a la congeladora las iniciativas incómodas. El ex mandatario consideró que un justo homenaje al ilustre congresista y defensor de los derechos políticos, John Lewis, sería ponerle su nombre a esa ley.

Al final de su breve pero intenso discurso, Barack Obama, recalcó que: “Él sabía, por su propia vida, que el progreso es frágil, que tenemos que ser vigilantes de las corrientes oscuras del sistema de este país, de nuestra propia historia, con sus remolinos de violencia, odio y desesperación, y que podemos volver a levantarnos.”

En las palabras del ex presidente era claro el repudio a la represión por parte de los policías federales enviados por el presidente Trump a contener las manifestaciones que demandan justicia racial en Seattle, Portland y en otros muchos puntos del país. “Hoy presenciamos a la policía arrodillándose en los cuellos de los afroamericanos. George Wallace [el ex gobernador de Alabama que impulsaba la segregación racial] está muerto, pero vemos a nuestro gobierno federal enviando agentes para usar gases lacrimógenos y porras en contra de manifestantes pacíficos.”

En su columna, “Bitácora del director”, publicada el viernes pasado, Pascual Beltrán del Río, director de Excélsior, se refiere a la petición de Trump de posponer los comicios: “Nunca se ha pospuesto una elección presidencial en la historia de los Estados Unidos y hay quien sostiene que legalmente es imposible. Sin embargo, el sociólogo Jack Goldstone de la Universidad de George Mason, asegura que Trump lo hará, aunque la ley se lo prohíba. `Buscará parar la elección de una manera o de otra´, tuiteó ayer”.

Goldstone anticipó una década atrás, en un Índice por él elaborado, la inestabilidad que hoy vive esa nación y la llegada de un presidente como Trump. Ese Índice establece que EU se encamina a una nueva guerra civil. ¿Pronóstico exagerado? Es posible, pero Pascual Beltrán pone sobre la mesa algo que no se puede dejar de analizar: “[…] las condiciones de inconformidad social y violencia callejera, sumadas a las visiones apocalípticas y a la polarización hacen que, al menos, deba considerarse ese escenario. No olvidemos que en EU hay menos habitantes que armas en manos de particulares (393 millones) y que el 42% de los hogares tiene al menos una.”

La caída del presidente Trump en los sondeos, aunque lo niegue a diestra y siniestra, lo obliga a buscar, por todos los medios, la movilización de las bases que hace cuatro años lo llevaron a la presidencia. Por ello, si no prospera su propuesta de postergar las elecciones, alentará una fuerte abstención, ya que el no voto le favorece. Es evidente que al presidente le preocupa el sufragio por correo, por ello, anticipa una especie de “debacle de la democracia” a causa de la manipulación de sus opositores. Será interesante escuchar la opinión de Nancy Pelosi.

¿Rebelión en la granja?.

Vale hacer la analogía entre los comicios del 2016 y los actuales; entonces, Donald Trump ganó, en mucho, debido a que la ex primera dama y ex secretaria de Estado no hizo su tarea, lo que provocó su derrota en varios estados claves. De nada le sirvió a la aspirante a convertirse en la primera mujer presidente de los Estados Unidos, haber obtenido más de 3 millones de votos que su oponente; el modelo norteamericano no garantiza el triunfo en las urnas si no se cuenta con el número de votos necesarios en el Colegio Electoral, al menos 270 de los 538 compromisarios.

Parece que los demócratas están conscientes de ello; la pregunta es si están haciendo lo necesario para no cometer los mismos errores. Lo paradójico es que, al interior del partido Republicano, al igual que sucedió en 2016, hay un grupo numeroso de opuestos al presidente, la diferencia es que hace cuatro años doblaron las manos conforme vieron como “su candidato” avanzaba en las encuestas y, finalmente, derrotaba a la “odiada” Hillary Clinton.

La esperanza de Trump de que la bonanza económica de los primeros tres años perdurara hasta el momento de las elecciones se esfumó por los efectos de una crisis económica que ha provocado una caída del PIB de más del 32.8% en el primer semestre del año, la más drástica desde 1943, en plena Segunda Guerra Mundial, lo que obligó al presidente Franklin D. Roosevelt, a gestionar una reedición del New Deal de los años treinta. Donald Trump también implemento algunas medidas keynesianas, soltando la cartera, pero el tamaño de la crisis es de tal magnitud que no se puede revertir de la noche a la mañana. Bueno, ni el milagro de tener una vacuna antes de los comicios alcanzaría para revertir su negro panorama.

Este escenario desfavorable ha dado argumentos a un grupo de republicanos, que los medios llaman “la guerrilla republicana”, integrada por estrategas y analistas conservadores que han puesto en marcha una campaña cuyo objetivo central es impedir la reelección de Trump. Su repudio al presidente es total, al tiempo que piden el voto a favor de Joe Biden y dicen abiertamente que si el candidato demócrata hubiera sido Bernie Sanders no estarían haciendo lo mismo. “El nacionalismo y el populismo son incompatibles con el conservadurismo”, exclaman dirigentes y adherentes de este grupo.

“Hola, soy Craig, soy de Colorado. Soy republicana y he votado a los republicanos durante 42 años. Voté a Trump porque no confiaba en Hillary Clinton. Fue un error”. Es este es uno de los testimonios recogidos por el diario español “El País”, que muestra el desencanto de muchos republicanos, alimento de este grupo anti Trump, encabezado por Sara Lowell, Miko Murphy y Tim Mills (asesor de la campaña de Jeb Bush en 2016), quienes han logrado recaudar más de 13 millones de dólares, utilizados en buena proporción en una campaña  intensiva contra Donald Trump en redes sociales y en medios de comunicación, incluyendo anuncios en la cadena FOX (Fox News), brazo mediático del conservadurismo en los Estados Unidos, y aliada del presidente, al menos hasta ahora.

Llaman a “defender la democracia” y a oponerse a un presidente que “actúa fuera de la ley”. ¿Cómo lograrán ese cometido? Para ellos, si bien Trump conserva la mayoría del electorado republicano, “ha perdido apoyo y, con nuestro sistema electoral, solo necesitamos ganar algunos votos en sitios como Wisconsin, Pensilvania o Carolina del Norte, para voltear el resultado a favor de Biden.” Para Donald Trump, esto sería una auténtica “sopa de su propio chocolate”. Remember 2016. Su estrategia no se limita a evitar la reelección del primer mandatario de la nación, además, están empeñados en que tampoco lo hagan legisladores con clara filiación trumpiana, como Martha McSally (Arizona) o Cory Gardner (Colorado), entre otros.

¿Lograrán los “guerrilleros republicanos” pavimentar el camino de Joe Biden hacia la Casa Blanca? ¡Vaya paradoja! Lo cierto es que éste, el candidato demócrata, necesita algo más que sentarse a charlar con Barack Obama en una videoconferencia, o declararse defensor del mercado norteamericano, una postura nacionalista nueva para todos, o alertar sobre una nueva intromisión de Rusia en las elecciones. ¡Move mister Biden. Move fast! si en realidad quiere ser el 46º presidente de los Estados Unidos. Es ahora, o nunca.

De todo un poco.

La contracción del PIB del 18.9% anunciada por el INEGI esta semana coloca en su justa dimensión el tamaño de los efectos de la crisis económica derivada de la pandemia que obligó a un cierre de las actividades económicas durante tres meses. Los efectos en la pérdida de empleos y el cierre de empresas por la imposibilidad de mantenerse vivas en un escenario en el cual la caída de la demanda ha llegado a niveles sólo visto durante la crisis de 1929, obliga a tomar medidas más audaces…La dimensión de la crisis obliga a construir un pacto económico y social encabezado por el gobierno federal con la participación de los sectores privado y social. Se han observado en las tres últimas semana signos que alientan a pensar que la sinergia del gobierno con empresarios y trabajadores transita por una ruta menos espinosa, una muestra de ello, es la iniciativa enviada por el presidente López Obrador al Congreso de la Unión para reformar la Constitución en materia de pensiones. Lo es, también, la reunión celebrada entre el jefe del Ejecutivo federal e integrantes del Consejo Mexicano de Hombres de Negocios, en la que se abordaron propuestas para enfrentar la crisis económica por el COVID-19… El presidente de la república, luego de reconocer el tamaño del desplome económico, ha manifestado que la crisis ha tocado fondo y que a partir de agosto vendrá la recuperación. No todos son tan optimistas, ya que el rebrote de la pandemia en Estados Unidos, en Europa y el mantenimiento de cifras negativas en nuestro país, obligan a ser precavidos con los pronósticos. Lo cierto es que el repunte en el número de contagios en el vecino del norte y el nuevo freno a la apertura económica retrasará los beneficios que se considera puede generar el nuevo tratado comercial…Tuvimos en junio un superávit comercial, pero esa cifra nos muestra que la caída en la producción norteamericana y su normal capacidad exportadora ha sido severamente dañada por la crisis sanitaria…Bueno, sin duda, que el Banco de México esté cumpliendo con su oferta de apoyar a las pequeñas y medianas empresas, tarea fundamental para recuperar empleos y evitar más cierres que acrecentarían la perdida de fuentes de trabajo…Julio fue un buen mes para nuestro peso, terminando con una mala racha de tres meses en los que no obtuvo ganancias. Nuestra moneda se apreció 3.25, lo cual es bueno para los importadores que tendrán que pagar menos por sus compras, no así para los exportadores que necesitan un mejor escenario para impulsar sus ventas en el exterior, y la depreciación de la moneda no les ayuda…Próximos a conocer las datos de la inflación para la primera quincena de julio, se anticipa un nuevo repunte en razón de que las gasolinas han recuperado el precio anterior a la cuarentena generando una presión adicional. Muchos productos de la canasta básica han aumentado de precio, por dos factores principales: la reactivación económica ha aumentado la demanda, pero el mercado muestra una contracción en la oferta de mercancías que se dejaron de producir durante la cuarentena. La caída del PIB del sector primario fue tan sólo del 3 por ciento, sin embargo, muchos agricultores dejaron de sembrar productos esenciales que hoy llegan a cuenta gotas a los centros de abasto y con un precio mayor. Lo peor que nos puede ocurrir en estos momentos es un aumento en los precios que golpearía severamente la economía familiar…Los datos generados por periódico “El Economista”, muestran que Tabasco, pese a las condiciones adversas que ha generado la contingencia sanitaria por el paro de muchas actividades, está teniendo un comportamiento favorable lo que alienta la esperanza de que la economía estatal pueda revertir en el mediano plazo la atonía e iniciar su repunte con la generación de empleos. Las políticas públicas impulsadas por el gobernador Adán Augusto López Hernández, están orientadas en este sentido, al tiempo que se fortalecen los servicios de salud con la vista puesta en el presente y en el futuro…La guerra fría entre Estados Unidos y China sigue escalando. El cierre respectivo de consulados anticipa mayor tensión ya que de lo comercial se está transitando a la diplomacia…Si bien ha generado controversias, y las oposiciones alistan impugnaciones ante la SCJN, el 15 de agosto empezará a operar la distribuidora de medicinas del gobierno federal; insumos que serán adquiridos en el extranjero, con la coordinación de la ONU, cuando las circunstancias internas así lo ameriten. El presidente Andrés Manuel López Obrador precisó que ese organismo internacional “hace el análisis de mercado, solicita propuestas y convoca. Se busca calidad y precio”. Deseable que este mecanismo garantice el abasto y elimine cualquier posibilidad de corrupción, que es la razón principal por la que se toma este camino, inédito en el país.

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