Emilio de Ygartua M.
Lunes 17 de agosto de 2020.
Estamos cruzando la segunda quincena del mes de agosto. Pronto se cumplirán cinco meses que se estableció la cuarentena ante el crecimiento de contagios y el aumento de personas hospitalizadas y, lamentablemente, el incremento en el número de fallecidos. A nivel planetario hemos llegado a 20 millones de infectados por el COVID-19, y es posible que el número de fallecidos, derivado de una segunda ola de contagios que se anticipó cuando los gobiernos tomaron la decisión de abrir las puertas para reactivar la economía, severamente afectada por la pandemia, se acerque al millón de personas.
Hoy tenemos noticias esperanzadoras de que en un plazo no mayor a seis meses contaremos con una vacuna segura. El anuncio del acuerdo de los gobiernos de México y Argentina para poder contar con la vacuna, con cobertura universal y gratuita, es sin duda, un anuncio que nos debe alegrar. Necesario destacar el altruismo de un empresario que ha sido foco de críticas por su amplia fortuna en un país con tanta pobreza, sin embargo, no se puede dejar de reconocer su compromiso social a través de su Fundación que lo mismo apoya al sector cultural, educativo y al social.
La decisión de Carlos Slim de financiar la fabricación de la vacuna AZD1222 que desarrollan Astra Zéneca y la Universidad de Oxford, permitirá contar con ella, de forma masiva, en el primer trimestre del 2021. Nuevamente aparece en escena Marcelo Ebrard como constructor de este acuerdo. Es importante mencionar que fue durante la gira a Washington del presidente Andrés Manuel López Obrador, que el empresario manifestó al mandatario y al canciller que estaba gestionando el acuerdo que ahora se concreta con la farmacéutica y con la universidad inglesa, lo que permitirá acceder, a un precio no mayor a los 4 dólares por vacuna, de entre 150 y 200 millones de éstas.
En este contexto, marcado por la contingencia, la dicotomía entre salud y economía ha estado latente, si bien gobiernos y gobernantes ahora hablan de salud y economía, no como conceptos antagónicos, sino como términos que pueden coexistir y ser complementarios. La economía ha estado siempre en el ojo del huracán. Cuando no son los trabajadores los afectados por la incorporación de nuevas tecnologías que reducen la demanda de fuerza de trabajo humana, es el medio ambiente el que se degrada en nombre del progreso y el bienestar de las naciones y sus pueblos. El mercado se coloca por encima de todo y de todos, imponiendo las directrices propias del modelo capitalista de producción cuya esencia radica en obtener utilidades, ganancias, no en satisfacer plenamente las necesidades de la sociedad. Al mercado acceden sólo aquellos que tienen el componente esencial para poder hacerlo: el dinero.
Una crisis económica con retos diferentes.
La actual no es una crisis como la de 2008, que si bien generó desempleo y puso en jaque al sistema financiero que había abusado de la liberalidad otorgada por los gobiernos, no colapsó las cadenas productivas derivado de una caída de la demanda. Medidas keynesianas ayudaron a impulsar la demanda agregada por la vía del gasto público y mediante quitas en las deudas de las personas que cayeron en insolvencia, especialmente en el sector inmobiliario. Sí hubo desempleo, especialmente en Estados Unidos y en Europa, pero en porcentajes muy lejanos a los que se están dando hoy a causa de la pandemia por COVID-19.
Esta crisis económica pegó en el centro del sistema operativo mundial, en el sector energético que muy rápido recibió la señal de que la crisis sanitaria obligaría a una parálisis de las personas y las cosas, y que la demanda de hidrocarburos se reduciría notablemente. Esta percepción complicó las negociaciones entre Rusia y Arabia Saudita. Esta última se negó a una reducción de la producción lo que aceleró la caída de los precios del petróleo y del gas, que ya venían en caída libre cuando la pandemia nos mandó a guardarnos en casa parando drásticamente toda actividad no considerada esencial. La otra parte de la historia ya la conoce usted, estimada y estimado lector.
Lo que hoy ocurre, es que el flujo monetario cayó drásticamente por el parón de la economía. La demanda se redujo por la pérdida de empleos y de ingresos de millones de personas. Lo paradójico es que la oferta de bienes y servicios, salvo algunos casos muy específicos, continuó en los niveles históricos, pero conforme la crisis se recrudeció, lo que ha escaseado es el medio para adquirir esos bienes, esas mercancías que nos están esperando en los mercados: el dinero.
Esta situación es compleja en los centros urbanos, sí, pero mucho más en las comunidades, especialmente en aquellas donde la pobreza se ha incrementado por la falta de dinero que permita a sus pobladores satisfacer sus necesidades fundamentales. ¿Qué hacer para paliar esta situación? Desde luego, las políticas públicas distributivas que los gobiernos impulsan para repartir recursos ayudan mucho, pero no son suficientes, sobre todo, si se quieren reactivar las economías locales. Lo que falta es dinero, el medio para acceder en el mercado a los satisfactores. La pregunta es: ¿De dónde va a salir ese dinero, en un contexto recesivo como el que vivimos, en el que la recuperación de los empleos perdidos será lenta y no homogénea?
La clave puede estar en la reactivación del intercambio de productos y servicios, primordialmente en las comunidades más afectadas. Es necesario recordar que el comercio, el intercambio de satisfactores, inició con lo que se conoce como el “trueque simple”. Un productor de maíz lo intercambia con otro que produce trigo. Al inicio, el productor “A” le entrega una bolsa de maíz al productor “B” a cambio de una bolsa de trigo. Ambos satisfacen su necesidad. Sin embargo, el productor de trigo percibe que el intercambio no es justo porque a él le lleva el doble de tiempo producir una bolsa de trigo que al productor “A” una de maíz, por lo que el trueque se hace más complejo; ahora, el productor “B” le pide al productor “A”, dos bolsas de maíz por una de trigo. La cantidad de trabajo para producir algo se incorpora como elemento esencial para determinar “el valor” de las mercancías y su forma de intercambio. Desde luego, hay otros factores que inciden: la escasez o la abundancia de un producto en un momento histórico determinado.
El intercambio de mercancías se amplía en razón de la división social del trabajo, por lo que cada vez son más los satisfactores que llegan a un espacio que conocemos como “mercado”. La cada vez mayor complejidad en el proceso de intercambio obliga a introducir una mercancía que facilite ese proceso. Tiene que ser otra mercancía que sea aceptada como equivalencial para todas por todas las otras mercancías porque tiene valor de uso (satisface una necesidad) y valor de cambio. Esa mercancía, es el dinero. Desde hace muchos años hemos utilizado como monedas desde frutos, como el cacao, la sal, pero lo que ha predominado ha sido el uso de metales para la fabricación de monedas y en tiempos más cercanos, el papel.
Durante muchos siglos hemos vivido bajo las reglas que dan sentido al uso de lo que conocemos como monedas convencionales; su valor de intercambio está sujeto a leyes operativas del mercado. La abundancia de dinero (circulante monetario) conlleva una demanda mayor de otras mercancías lo que genera un alza en los precios de los satisfactores (inflación). Por el contrario, la escasez de dinero, que es lo que hoy observamos por la crisis, contrae el consumo lo que provoca, en un primer momento, la caída de los precios (deflación) que pudiera verse como algo favorable para el consumidor; en el mediano plazo ese “beneficio” se revierte porque el productor se desalienta y reduce o suspende la producción de un satisfactor, lo que deriva en la pérdida de fuentes de trabajo y, hasta la quiebra de la empresa, acompañado de un nuevo proceso inflacionario (Inflación-estancamiento).
¿Dinero social para revertir la crisis económica, la pobreza y la marginación?.
Ante la escasez de monedas convencionales que hoy se observa en el mundo, en México, en Tabasco, puede haber una salida que se viene utilizando desde hace muchos años. En nuestro país se usó una moneda complementaria llamada Tláloc. En el mundo se conocen aproximadamente cinco mil monedas alternativas a las de curso legal. Estas monedas complementarias no tienen como propósito remplazar a la divisa nacional, ésta conserva la función de actuar y competir en la esfera internacional.
Las monedas complementarias o monedas sociales, están diseñadas para operar a escala regional y cubrir los problemas derivados del sistema monetario oficial, con el objetivo de contribuir al desarrollo de las economías locales y cooperativas. Los beneficios de estas monedas complementarios son muchos, sería muy largo detallarlos, al tiempo que señalar los mecanismos de implementación. El propósito de ponerlo en el radar, es porque considero que puede ser una buena opción para que, en Tabasco, las regiones y comunidades que hoy se encuentran seriamente lastimadas por la crisis económica, puedan reactivar su economía local. El eje de operación de este sistema podrían ser los Centros Integradores que han sido recuperados por el gobierno que encabeza Adán Augusto López Hernández.
Sintetizo algunos de los principales beneficios que conlleva el uso de monedas locales (complementarias o sociales): creación de empleos y desarrollo económico; fortalecimiento de las comunidades a partir de su plena integración; defensa de valores y costumbres de las propias comunidades. ¿Quiénes pueden participar? Empresas, pequeños comercios, cooperativas, productores y hasta ciudadanos en general. En cuanto a la gestión de la moneda, ésta puede ser administrada por una autoridad regional, por empresas, cooperativas, asociaciones de productores o por grupos de ciudadanos. La moneda social no tiene fines especulativos ni acumulativos. Sus objetivos son inmediatos; se trata de mover la economía alentando el consumo de bienes y servicios generando bienestar social en las comunidades, revirtiendo los nefandos efectos de la pobreza y la marginación.
EU: Rumbo a las urnas.
Hoy lunes arranca la convención demócrata que formalizará la nominación de Joe Biden y de Kamala Harris como la fórmula que representará a esa formación política en las elecciones del 3 de noviembre próximo. El evento se ha tenido que adecuar a las reglas de confinamiento que ha obligado suspender todo evento público. Participarán a lo largo de cuatro días figuras muy representativas del partido que busca evitar la reelección de su antagónico el presidente Donald Trump, que, si bien sigue gozando del apoyo de la mayoría de los republicanos, sabe que hay grupos de ese partido que están remando en sentido contrario convocando abiertamente a votar por Joe Biden. No estoy claro si la selección de la senadora Harris haya gustado a los miembros de la llamada “guerrilla republicana”. Creo que habrían preferido que el expresidente se hubiera decantado por una mujer más moderada.
La decisión a favor de la ex fiscal de California no busca satisfacer a ese grupo, sino al sector de la izquierda demócrata que ha crecido de manera significativa. Kamala ha recibido muchas más palabras de aliento que objeciones por su nominación. Una mujer que se ha significado por la defensa de causas sociales, que “cae como anillo al dedo” en estos momentos en los que continúan vibrando en las calles las protestas por los abusos policíacos contra los afroamericanos y la pervivencia de signos evidentes de que la segregación racial sigue viva a medio siglo de distancia de la aparente derrota del “apartheid” norteamericano.
La senadora Harris conoce bien de esa situación. Algunos, especialmente los medios republicanos, hablan de desencuentros entre Biden y Harris, pero estas son cosa del pasado, de lo que se trata hoy, es de fortalecer un binomio que genera altas esperanzas de triunfo. Sin duda que Bernie Sanders estará satisfecho con esta designación que construye un puente entre el grupo moderado y el radical por él representado. Trump centrará su discurso alertar que “el radicalismo demócrata” puede significar el fin del capitalismo norteamericano y su liderazgo mundial. “Biden-Harris no enfrentarán, como yo lo he hecho, a la amenaza china.”
Esta semana se escucharán importantes mensajes en voz de Barack Obama, notorio coordinador de la campaña, de Michel Obama, de Bernie Sander, de Hillary Clinton y de Nancy Pelosi, entre otros. Al final, los discursos de aceptación de Joe Biden y Kamala Harris, cuya campaña se sustenta en una convocatoria para “reconstruir” el país, invitarán a los electores de “sufragar por un futuro mejor en sólo 83 días.” Elección sui generis que pone en el centro de la controversia al Servicio Postal de los Estados Unidos, vilipendiado por Donald Trump, quien anticipa un gran fraude electoral. Si duda, como anticipa George Soros, abierto promotor del candidato demócrata, intentará boicotear el proceso, y si pierde, demandará que “agarren al ladrón”.
De todo un poco.
El juicio de Emilio Lozoya Austin transita por veredas francamente heterodoxas desde el punto de vista jurídico. El ex director general de PEMEX está jugando el papel de acusador, al señalar que el ex presidente Enrique Peña Nieto y su cuate Luis Videgaray destinaron 100 millones de pesos, de los sobornos provenientes de Odebrecht, para financiar la campaña del PRI en 2012. La autoridad judicial los puede llamar a declarar para defenderse de esas y otras acusaciones de Lozoya quien señala que también se utilizaron 400 millones de pesos de esos mismos sobornos, “para comprar votos de congresistas”, en los tiempos en los que se aprobaron las reformas estructurales impulsadas por Enrique Peña Nieto, entre ellas, la energética y la educativa. Interesante será conocer los nombres de los legisladores maiceados…Donald Trump y sus aliados judíos han festinado el acuerdo de paz firmado entre Israel y los Emiratos Árabes Unidos. El secretario general de la ONU, el portugués Antonio Guterrez, considera que este pacto generará un escenario favorable para reanudar las negociaciones entre Israel y Palestina. Joe Biden destacó “la valentía de Emiratos Árabes Unidos de reconocer públicamente al Estado israelí”, lo que nos indica que, gane quien gane el 3 de noviembre las elecciones presidenciales, la alianza con Israel se mantendrá inalterable. Ni turco, ni sirios, mucho menos los palestinos, piensan lo mismo. Para estos últimos, no hay razones sólidas para creer que Israel renunciará a su plan de anexión de territorios palestinos en Cisjordania, mucho menos pensar que el gobierno judío va a reconocer al Estado palestino…El economista suizo Rudolf Minsch, considera que China desempeñará el papel de “locomotora” e impulsará la recuperación mundial después de la pandemia…El Banco de México redujo 50 puntos base la tasa de referencia en momentos en los que la inflación llega a niveles superiores a lo esperado. Los precios de muchos productos han quedado fuera del alcance de las clases más depauperadas.