Prospectiva.

Emilio de Ygartua M.

Lunes 25 de enero de 2020.

“Crear un país comprometido con todas las 

culturas, colores y caracteres del hombre.”

“Siempre hay una luz si tan sólo somos lo suficientemente

valientes para verla. Si tan sólo fuéramos lo

suficientemente valientes para serla.”

Amanda Gorman. “Hill we climb”

El Capitolio, Washington D.C.

Ceremonia de Inauguración.

Un escenario inédito en el que 200 mil banderas de los Estados Unidos y más de 20 mil soldados de la Guardia Nacional, fueron parte del auditorio que atestiguó, el pasado 20 de enero, el juramento de Joe Biden y de Kamala Harris, como presidente y vicepresidenta de esa nación. No podemos olvidar la tensión prevaleciente desde el día de los comicios del 3 de noviembre del año pasado, derivada de la actitud de un presidente que no ha aceptado su derrota, que ha hablado de fraude sin presentar pruebas. Que se empeñó en sembrar el camino del relevo de espinas, de abrojos y de dudas que permearon en muchos de sus adeptos, hasta llegar a protagonizar uno de los episodios más lamentables que ha vivido la democracia norteamericana en sus más de 250 años de existencia.

Muy pocos pudieron asistir a lo que históricamente es un día de fiesta. La Inauguración del nuevo gobierno quedará grabada en la memoria colectiva por las amenazas de los fieles al trumpismo, por las duras circunstancias que ha impuesto la pandemia, cobrado miles de vidas y fracturado la economía más fuerte del planeta. Sobre todo, por la división generada en los últimos tiempos a causa del racismo reeditado por un supremacismo blanco que sostiene una delictuosa unión con el terrorismo y la violencia extrema, como lo vimos, atónitos, con la toma del Capitolio. Un auténtico intento de golpe de Estado.

Donald Trump se negó a asistir a la ceremonia de Inauguración, en la que el gabinete saliente estuvo representado por Mike Pence, vicepresidente que pasará a la historia al negarse a cumplir la petición de su jefe de revertir el resultado de las elecciones, el mimo que, tajante, se negó a invocar la 25ª enmienda para destituir a quien lo escogió en el 2016 como su compañero de fórmula. Es posible que en el 2024 ambos se reencuentren en las boletas electorales. Pence como candidato del Partido Republicano, Trump, como abanderado del nuevo Partido Patriota, cuya fundación ha anticipado, junto con su propia empresa de redes sociales y una estación televisora que sustituirá “a los traidores de FOX News.” Al despedirse de los empleados de la Casa Blanca, les garantizó que, “de una u otra manera, pronto regresara”, con todo lo que este adiós pueda significar. 

La ceremonia de Inauguración del mandato de Joe Biden estuvo llena de simbolismo que, asimismo, la hacen diferentes, como el mensaje en español pronunciado por Jennifer López, quien convocó a la unidad y a promover la igualdad plena en una nación en la que, quién lo puede refutar, no se ha logrado cumplir con lo que mandata su propia Carta Magna. Por lo mismo, Joe Biden centró su mensaje de apertura, primero, en la convocatoria a la unidad, a dejar de lado “las luchas entre rojos y azules, entre liberales y conservadores”; a sumarse todos, “sin distingos, a los que votaron por mi y a los que no”. Invitó a sumarse a la urgente tarea de revertir los efectos de la pandemia y de la crisis económica que de ella han derivado. 

Unidad, unidad, unidad

Se comprometió a trabajar incansablemente “para recuperar la esperanza de millones de personas que viven en circunstancias adversas”. Personas que requieren de políticas públicas que atemperen las desigualdades, por tantos años negadas por sus homólogos, pero que, nuevamente, han quedado en evidencia. Apeló a la experiencia de su partido, el Demócrata, que, con Roosevelt y Obama, revirtió los efectos de la crisis de 1929-33, y logró sacar al país del marasmo financiero y bursátil génesis de la crisis del 2008.

Arriba un gobierno caracterizado por la diversidad racial, por la inclusión. Su gabinete está integrado por 12 mujeres e igual número de hombres. Su propuesta evidencia el propósito de un político experimentado que puede resultar, para algunos, soso, aburrido, pero que representa un cambió radical frente a la “anti política” promovida por el hombre que tuvo que salir por la puerta de servicio de la Casa Blanca, sólo, enfadado; dispuesto a buscar venganza utilizando a sus milicianos, a hombres y mujeres que, como en los viejos tiempos de la segregación racial, se empeñan en impedir los cambios, en no aceptar la igualdad como premisa y la oportunidad para toda la sociedad, sin distingo de ningún tipo, como herramienta a la que todas y todos puedan acceder, para alcanzar el bienestar.

¿Se exagera cuando se habla de un ambiente de “guerra civil”? Biden no lo cree. Por lo mismo, dedicó buena parte de su discurso a ratificar su compromiso de gobernar para todas y todos. Invitó a deponer las armas, que no es una figura literaria cuando vemos a los grupos adeptos a Trump portarlas al amparo de la 3ª Enmienda, al tiempo que enarbolan banderas confederadas signo de escisión para una nación que vivió una cruenta lucha entre el Norte y el Sur. Biden lo ha reconocido; a mas de siglo y medio de concluida la lucha fratricida, no han cerrado las heridas, ni se ha logrado, como deseaba Abraham Lincoln fuera su herencia, una nación libre, unida. Un país en la que la igualdad racial y los derechos humanos y civiles no fuera más tema de disputa, de controversias fundadas en doctrinas nacionalistas alimentadas por la xenofobia.

Como la intención se muestra andando; Joe Biden inició de inmediato a derribar los muros y a revertir las políticas impulsadas por su antecesor. Lo hizo de la misma manera que Donald Trump, con una pluma en la mano, que, como decía Mao Zedong, “tiene más fuerza que las armas”. El flamante mandatario firmó, el mismo miércoles, 17 decretos presidenciales que, entre otras cosas, ordenan el regreso de su país a la Organización Mundial de la Salud, mediante una delegación que encabezará el prestigiado doctor Anthony Fauci, quien ya no tendrá que jugar a las vencidas todos los días con su antiguo jefe, causante principal de la mala gestión de la pandemia. Por cierto, es ya obligatorio el uso de cobrebocas en edificios públicos de todo el país. Otra buena noticia: Estados Unidos regresa al Tratado de París contra el cambio climático.

Relacionado con México y Centroamérica, hay que destacar la cancelación de la construcción del muro fronterizo; la moratoria de cien días a las deportaciones de migrantes que arribaron a ese país antes del día 20 de enero; la suspensión del programa que hace esperar a solicitantes de asilo en el lado mexicano de la frontera; la residencia legal y permanente para miles de dreamers (Programa DACA), así como la vía a la ciudadanía. Destaco lo que, sin duda, significa un triunfo para la gestión del presidente Andrés Manuel López Obrador: se dará ayuda económica para el desarrollo en El Salvador, Honduras y Guatemala para evitar la migración. La pobreza es la principal promotora de la migración.

Para los que insisten en que las relaciones entre México y el vecino del norte “van a ser muy difíciles” porque AMLO no felicitó a tiempo a Joe Biden; por lo de la DEA; por el asunto del general Cienfuegos, vale comentar sobre la decisión del presidente norteamericano de revocar la autorización para la construcción del controvertido oleoducto de Keystone XL, que une Estados Unidos y Canadá. La cancelación le ha generado una tormenta política a Justin Trudeau, acusado por el gobernador de Alberta, un muy duro oponente político y aspirante a su puesto, “de no haber hecho nada para impedir esta decisión”. 

La revocación ha provocado el despido de 2 mil quinientos trabajadores y una pérdida millonaria. El primer ministro canadiense, quien tuvo una pésima relación con Trump, fue de los primeros en llamar por teléfono y felicitar a Biden (al día siguiente de las elecciones, cuando todavía los resultados no eran oficiales) y ofrecerle “trabajar juntos en beneficio del desarrollo de ambas naciones”. Dura lección: los Estados Unidos no tienen amores, tienen intereses. Para que no se preocupen tanto losd contras, el viernes pasado AMLO tuvo una larga y cordial platica telefónica con Biden al tiempo que se ha otorgado el beneplácito a Esteban Moctezuma, como nuevo embajador en Estados Unidos. 

Hablando de México, tres noticias positivas: 1. La autorización del gobierno de la 4T para que tanto gobiernos estatales como empresas privadas puedan adquirir vacunas, lo que es muy adecuado, sí, pero debe haber regulaciones y controles extremos. 2. La presentación, por Tatiana Clouthier, flamante secretaria de Economía, de un ambicioso plan para ayudar a la recuperación económica, propuesta que ha sido bien recibido por el sector privado. Es fundamental que el gobierno federal construya un camino que ayude a transitar hacia la colaboración plena del sector privado, basada en marco legal y con reglas claras. Es tiempo de sumar, es tiempo de unidad. La confrontación no abona, divide. Es buena para Estados Unidos, también para nuestro país. Hay que decirlo una y otra vez: si no se genera riqueza lo único que se puede distribuir es pobreza. Se necesitan ingresos adicionales ya que, de lo contrario, estarán en riesgo los programas sociales del gobierno, por muy constitucionales que estos sean. 3. Que el presidente haya puesto un alto a las locuras del coordinador de Morena en el Senado. La autonomía del Banco de México no puede estar en entredicho. Tardamos muchos años en lograrla. Por cierto, sería bueno que se pensara y repensara sobre la desaparición de los órganos autónomos, especialmente de aquellos que deben ser conservados para no contrariar los acuerdos contenidos en el T-MEC, una de nuestras armas para lograr el desarrollo y, sobre todo, recuperar los 2.9 millones de empleos que se perdieron por la crisis.

El legado de Ángela Merkel

En el 2018, la canciller alemana Ángela Merkel hizo pública su decisión de ya no participar en un nuevo proceso electoral para continuar en el cargo más allá del 2021. El próximo mes de septiembre habrá elecciones generales en la nación teutona, en esta ocasión, luego de 16 años de aparecer en la boleta como candidata de su partido, el Demócrata Cristiano, la primera mujer que ocupó ese cargo en su país, ya no participará en esos comicios. 

La semana antepasada, el centrista Armin Laschet, primer ministro de Renania del Norte-Westafalia, la federación alemana más poblada y rica, fue electo nuevo dirige del CDU. Laschet quien tiene 59 años, es considerado un moderado que representa el continuismo con la línea ideológica de la actual canciller. Por ello, Ángela Merkel dedicó muchas horas de cabildeo para lograr el consenso entre los 1001 delegados con derecho a voto. 

Es importante señalar que la normatividad que rige al CDU no establece que quien ocupe el cargo de dirigente sea, en automático, el candidato a la cancillería. Al interior de ese instituto político se señala a Markus Söder, líder del partido-hermano bávaro CSU, como el gran favorito para obtener la nominación como candidato de la centroderecha a la Cancillería en las próximas elecciones a realizarse en septiembre de este año. El que no sea un candidato proveniente del CDU el que compita no es algo inédito ya que, en el 2002, Ángela Merkel, quien llevaba dos años como líder de esa agrupación política, cedió la candidatura a Edmund Stoiber, de la CSU, quien compitió por la cancillería contra el socialdemócrata Gerhard Schröeder, quien resultó el vencedor. 

¿Por qué preocupa tanto a los alemanes, a Europa y al mundo, la decisión de Merkel de retirarse de la política? Porque la todavía canciller germana ha sido protagonista en el logro de la unidad continental en momentos de crisis económicas y políticas que hicieron pensar a Italia y Grecia abandonar la UE. Asimismo, fue pieza importante para enfrentar la crisis económica de 2008 y 2009; evitar una salida dura del Reino Unido y, exitosa promotora de un histórico plan de ayuda económica destinado a enfrentar los efectos de la pandemia y de la crisis económica de ella derivada en la UE. Ese Plan dispersó 750 mil millones de euros entre los países de la Unión, el 60% de ello a fondo perdido. 

Además, ha sido actriz principalísima en el elenco europeo, Su papel de conciliadora ha trascendido las fronteras del viejo continente. Junto con el presidente francés, Emmanuel Macron, y a pesar de sus diferencias, han logrado remontar muchas crisis, si bien la pandemia, hay que decirlo, les ha jugado una mala pasada. Merkel tuvo éxito en la primera ola, pero, como el resto de los países europeos, Alemania sufre hoy el escalamiento de contagios, hospitalizaciones y fallecimientos.

¿Un mundo sin Ángela Merkel?

¿Por qué recordaremos a Ángela Merkel? ¿De que tamaño es su legado? No son pocos los analistas políticos que hablan del “Método Merkel”, por la destreza con la que ha liderado a Europa. ¿Quién puede poner en tela de duda la afirmación de que Alemania es la potencia de facto de la Unión Europea? Con ella surgieron neologismos como el de “merkelavelismo”, por su estilo maquiavélico de operar fundado en la visión pragmática de que “el fin justifica los medios”. Un ejemplo, su alianza con la extrema derecha de Baviera, que fue muy criticada, pero al final de cuantas le permitió mantener la mayoría en el Bundestag (Congreso) integrado por 709 miembros, al tiempo que obligó a la Socialdemocracia a mantener viva la coalición que gobierna bajo su liderazgo. 

Los padres de la alianza galo-germana, Jean Monet y Robert Schumann, origen de la Comunidad Económica del Carbón y del Acero (CECA), de la Comunidad Europea de la Energía Atómica (Eurotom) y de la Comunidad Económica Europea (CEE), en la posguerra, difícilmente hubieran podido anticipar que la Alemania derrotada en 1945, devastada y dividida, pudiera, como el Ave Fénix, renacer de las cenizas, por segunda ocasión, para convertirse en una potencia económica, fortalecida merced a su segunda unificación, en 1991, y a la consolidación, luego de la firma en 1992, del Tratado de Maastricht, pieza fundamental de la creación de la Unión Europea de la que esa nación es líder indiscutido.

Muchos líderes mundiales se preguntan cuál es el secreto mejor guardado de esta auténtica líder. Muchos, también, han querido entender la forma de pensar de la que han calificado de “política flemática, que conjuga una capacidad de análisis y de escucha fuera de lo común, “con un aguante físico y psicológico capaz de tumbar al político más veterano.” Wolfgang Schäuble, ministro clave de su gobierno durante 12 años, la describe así: “Tiene un estilo de liderazgo que se caracteriza, como ella ha dicho en algunas ocasiones, por no comprometerse hasta el último momento. Mantiene abiertas todas las posibilidades, todas las puertas hasta alcanzar acuerdos favorables.” 

Considero que en la nueva etapa que se inaugura con la llegada a la presidencia de los Estados Unidos de Joe Biden, con la que, seguramente renacerá la “diplomacia de carne y hueso”, en la que la vicepresidenta Kamala Harris jugará un papel protagónico, se extrañará, y mucho, a una interlocutora como la señora Merkel, a la que veo, en un futuro no muy lejano, como secretaria general de la Organización de las Naciones Unidas. Su arribo a ese organismo multinacional le devolvería el protagonismo que los últimos, y muy anodinos secretarios generales, le han restado. Fue la primer mujer canciller de su país, podría ser la primera mujer que dirija a la ONU en los tiempos de la nueva normalidad en los que la geopolítica tendrá un papel medular, por lo que su experiencia, capacidad negociadora y visión global, serían muy útiles para garantizar la paz y el desarrollo mundial. Dos mujeres a las que no debemos perder de vista: Ángela Merkel y Kamala Harris. “Las mujeres al poder”. Se lo han ganado con trabajo y con pasión.

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