Emilio de Ygartua M.
Lunes 8 de febrero 2021.
El Partido Demócrata ha puesto a caminar la maquinaria para un nuevo enjuiciamiento a Donald Trump, el primer mandatario de los Estados Unidos que será sujeto a un segundo proceso, si bien algunos señalan que a estas alturas ya no se juzga a un jefe del Poder Ejecutivo, ya que desde el pasado 20 de enero dejó ese cargo. Esto lo sabían tanto los acusadores como los legisladores republicanos que entendían que el tiempo obraba en su favor ya que el reloj de la transición estaba a punto de llegar al momento de la entrega del poder.
Hace dos semanas señalé en este mismo espacio que ya no veremos un enjuiciamiento que, en estricto sentido, tiene como objetivo destituir a un mandatario, porque el republicano ya no ostenta ese cargo. Por ello, lo que veremos será un juicio político cuya finalidad específica es inhabilitar a Donald Trump; hecho inédito en la historia de esa nación, por su participación en la asonada del 6 de enero.
Los demócratas consideran tener pruebas suficientes que presentarán, en su papel de fiscales, ante un grupo de senadores que juzgarán si esas pruebas son suficientes para sentenciarlo y proceder, en su caso, a su inhabilitación. ¿Lograrán su cometido los legisladores del ahora partido gobernante? Hace dos semanas parecía una empresa complicada, hoy, las probabilidades son mínimas. Es prácticamente imposible que los demócratas logren la mayoría calificada que se requiere porque implica convencer, al menos, a 25 senadores republicanos que voten a favor del enjuiciamiento condenando a la inhabilitación a su aún correligionario.
¿Por qué se modificó el escenario? En primer lugar, porque los afines a Donald Trump no han dejado de manifestarle su apoyo. En las redes sociales es recurrente encontrar manifestaciones de afecto a su líder que llegan acompañadas de expresiones en contra de Joe Biden, al que califican de “presidente ilegítimo”, al tiempo que señalan que las elecciones debieron anularse “por el cúmulo de irregularidades”, las cuales nunca lograron acreditar, pero que lograron sembrar la duda construyendo un escenario que ya genera preocupación en los organismos encargados de garantizar la seguridad del Estado.
Está documentado, y en seguimiento permanente, lo que el FBI ha calificado como “terrorismo doméstico”, alimentado por grupos de milicianos que, si bien no fueron creados en el período de Trump, sí tuvieron de éste un estímulo cotidiano alimentado mediante un discurso supremacista, xenofóbico. No queda la menor duda que ese discurso seguirá siendo parte de su narrativa en la ruta hacia los procesos electorales del 2022 y 2024.
La semana antepasada el exmandatario se reunió en Florida (origen de la mayor cantidad de mensajes a su favor) con el líder de la minoría opositora en la Cámara de Representantes, Kevin McCarthy. Un reencuentro que no pasó desapercibido. Recordemos que fue este influyente legislador republicano quien, el mismo 6 de enero, no sólo reconoció el triunfo demócrata en las elecciones de noviembre, además, acusó al presidente de ser “responsable del ataque al Congreso por parte de alborotadores de la mafia.”
Dicen los republicanos que siempre no
Sin duda, Donald Trump ha tocado los botones necesarios en la cúpula de su partido, donde saben, desde la noche del 3 de noviembre, que los 73 millones de votos alcanzados por su candidato tienen un gran peso en el futuro del Old Party por lo que han considerado que sumarse a la causa demócrata, que pretende llevar a la guillotina al magnate neoyorquino, sería un suicidio político para un partido que no sólo perdió la presidencia, además, la mayoría en la cámara alta. Con la vista puesta en el 2022, han sopesado que, si no cuentan con el apoyo del exmandatario, las cosas pueden ir a peor.
Luego de una amena charla, McCarthuy y Trump posaron muy sonrientes para los camarógrafos. En una habitación de uno de los hoteles del exmandatario, decorada al más puro estilo de los más lujosos palacios europeos, el legislador comunicó que: “El presidente Trump se ha comprometido a ayudar a la victoria de los republicanos en las cámaras de Representantes y de Senadores en 2022”. Luego de posar ambos muy sonrientes para las cámaras: Kevin criticó a los demócratas pretender “acusar a un presidente que ahora es un ciudadano privado.”
Si quedaba alguna duda del giro de 180 grados que ha ocurrido al interior de ese partido, el líder de la minoría republicana en la cámara baja, con una enorme influencia en esa formación política, blandiendo la espada flamígera en la diestra, advirtió: “Un movimiento conservador unido, fortalecerá los lazos de nuestros ciudadanos y defenderá las libertades sobre las que se fundó nuestro país.”
Las amenazas de Donald Trump han tenido el éxito esperado. Ya había advertido que, si era juzgado e inhabilitado, llegaría hasta la Suprema Corte para revertir un proceso que sus abogados (también varios senadores republicanos) califican de inconstitucional. Este señalamiento tenía un destinatario específico: su propio partido. Además, anticipó que estaría en las boletas electorales del 2024, quizá postulado por un nuevo partido al que sumaría a los millones de norteamericanos que abrazan su causa.
¿Miedo? Al menos precaución. Los republicanos anticipan un futuro complicado si Donald Trump decide ir de manera independiente por una nueva estancia en la Casa Blanca. La semana antepasada recordamos aquí la mala experiencia que vivió George Busch padre, derrotado en 1992 e impedido de lo que parecía una reelección segura luego de la exitosa incursión de las tropas de su país en Oriente Medio (Tormenta del Desierto). Los 20 millones de votos obtenidos por el independiente Ross Perot le echaron a perder la fiesta. La reconciliación de Trump con su partido generó, como es lógico, una rápida reacción entre sus opositores. La representante demócrata Katherine Clark, expresó su sorpresa, y su molestia, al tiempo que criticaba acremente a su compañero el legislador republicano Kevin McCarthy.
Señoras y señores, ha quedado demostrado, una vez más, que la política es el arte de lo posible, como bien señala don Enrique González Pedrero. Una buena parte de los republicanos consideran que subirse al ring para golpear a su excandidato presidencial, el cual cuenta con un importante capital político, es una pésima idea. No pueden abandonarlo a su suerte, so pena que sean ellos los abandonados a la suya, primero en el 2022, y luego en el 2024.
Sin embargo, no nos engañemos con estas escenas de “amor” y de reconciliación; la fractura existe, como reconoce el ex congresista republicano Carlos Culebro: “El partido tiene, de un lado, al ala Trump, que está empeñada en purgar a quienes se han enfrentado a las mentiras del presidente; del otro, la ola del establishment, la que desea purgar a los partidarios de Trump. En este momento, expresó, no hay duda de que la primera ola es la dominante.” A partir de mañana sabremos de “que cuero salen más correas” en este segundo enjuiciamiento político, al empresario, no al presidente de los Estados Unidos.
EU: El gobierno en acción
En tanto ello ocurre, al otro extremo de la explanada, en la Casa Blanca, el nuevo inquilino continuará gobernando con la intención, primero que todo, de revertir algunas de las disposiciones del antiguo ocupante de esa mansión cuya construcción fue concluida en tiempos de una Guerra Civil (1862-67) que dividió a esa joven nación, ubicada entre dos visiones antagónicas. El fin de la esclavitud fue tan solo una excusa, en realidad, la controversia estaba fundada en la existencia de dos modelos económicos aparentemente incompatibles.
A siglo y medio de distancia, Estados Unidos se encuentra nuevamente dividido, fracturado. En la Casa Blanca habita un inquilino que, para muchos de los 73 millones que no votaron por él, es un mandatario “ilegítimo”, no obstante haber ganado por más de 4 millones de votos a su opositor republicano y obtenido igual número de votos electorales que los alcanzados por Trump en el 2016, ganándoles la presidencia a la demócrata Hillary Clinton, la que, no lo olvidemos, obtuvo 3.2 millones de votos más que su contrincante republicano. Esas son las reglas electorales vigentes, nuevamente cuestionadas, puestas en duda, por lo que ya algunos plantean la urgencia de revisarlas y, al menos, transitar hacia la homologación de las reglas del juego en los 50 estados de la Unión Americana.
Ese es el país que hoy gobierna Joe Biden. Una nación dividida cuya mitad deberá ser convencida de que esa administración gobierna para todos, y que estos son tiempos de suma y no de división. El problema radica en que, frente a este discurso a favor de concordia, de la mano extendida, está el discurso de la discordia que sigue vivo y lo estará a lo largo de los próximos cuatro años.
El 20 de enero asumió la presidencia un mandatario con otra visión de futuro para esa nación. El suyo, ha quedado demostrado en sus tres primeras semanas, es un gobierno en acción, como lo ofreció en su discurso de inauguración, en el que convocó a la unidad a sabiendas de que la convocatoria difícilmente permeará en aquellos con oídos sordos, los que no quieren atender el llamado de quien les ofrece un cambio porque este cambio, está claro, significa revertir el proyecto de nación delineado por quién, aún en la derrota, sigue siendo su líder, su jefe.
Sí, Joe Biden está gobernando para el cambio, para revertir los efectos de una mala gestión de la pandemia, para generar estrategias que permitan recuperar los empleos perdidos, apoyar a las empresas cerradas. El suyo es un gobierno que ha decidido implementar una nueva política migratoria que garantice cuotas de ingreso al país; que no amenaza con separar a las familias, expulsar a aquellos que llegaron desde niños a esa nación. Una administración que está comprometida con la equidad, con la inclusión. Que ha decidido no gastar un dólar más en la construcción de muros, y que, en cambio, ha anunciado que habrá apoyos económicos para que los países centroamericanos puedan generar desarrollo que cancelen las caravanas de migrantes que huyen de sus países por la pobreza, la inseguridad y por la represión.
El presidente sabe que sus decisiones están lejos de ganar adeptos entre los que no votaron por él. Entiende que todas aquellas medidas orientadas a echar abajo las acciones del gobierno anterior, acrecentarán los resabios y el distanciamiento de sus opositores. No aplaudirán el aumento de impuestos a los más ricos, ni el regreso a la OMS o a los Acuerdos de París. Mucho menos los planes del demócrata de revertir las duras medidas del republicano contra Cuba, o el freno a la salida de sus tropas de Alemania. Por ello Biden ha centrado sus esfuerzos en pedir a los legisladores republicanos que cedan y autoricen el presupuesto extraordinario de 1.9 bdd con el que piensa enfrentar la crisis económica. Hasta el momento, sólo ha logrado que acepten un plan que considera un tercio de esa cantidad. Que lamentable que los intereses partidarios estén por encima del bienestar de la población.
La semana pasada el mandatario dejó muy clara su postura en el ámbito internacional. Se había anticipado el retorno de una diplomacia de carne y hueso que dejara atrás los modos de un presidente que hizo de la rispidez y la tención los argumentos primarios de su relación con otras naciones a las que ni veía ni escuchaba. Con China y Rusia, Biden anticipó que no aceptará, ni cerrará los ojos frente a decisiones que violenten los derechos humanos. A Pekín le anticipó que si quieren una relación cordial y productiva tienen que abandonar todo tipo de “abusos económicos”. Sobre Europa, anticipó el retorno a las relaciones de socios y amigos. Sobre América Latina, ni una línea.
Adiós a tu deuda
La semana pasada, el gobernador Adán Augusto López Hernández, hizo público un acuerdo de enorme trascendencia para los que aquí vivimos, el “Adiós a la deuda” que miles de tabasqueños tenían con la CFE. Una lucha iniciada en 1995 que llega a un feliz final, gracias a la gestión del jefe del Ejecutivo estatal y el apoyo del presidente que fue parte importante de esta lucha. “Adiós a deuda”, como ya se ha difundido, significa la desaparición de los adeudos históricos de los consumidores domésticos. Salvo los que tengan consumos alto, ahora gozaremos de la tarifa 1F, la más baja del país.
Los más de 200 mil damnificados por las recientes inundaciones sufridas en nuestra entidad, además de los apoyos que ya han recibido de los gobiernos federal y estatal, serán liberados de cualquier adeudo de consumo, no sólo del histórico “también de los últimos dos bimestres”. Dejaremos de tener dos tarifas, operará una sola, la 1F, que aplicará tanto para el período de verano como para el de invierno. Las razones de peso que por años se argumentaron han sido entendidas y atendidas. Una gestión exitosa del jefe del Ejecutivo estatal quien anunció que su gobierno subsidiará el bimestre febrero-marzo, próximo a facturarse.
Estos son los alcances de un acuerdo que beneficia de manera directa a 607 mil usuarios, lo que ayudará en mucho a la economía familiar muy golpeada por la pandemia y la crisis económica que de ella derivó. Este acuerdo, sumado a los recursos federales y estatales destinados a obras públicas contribuirán a generar empleos y a reactivar nuestra economía. Vienen buenos tiempos para Tabasco.
La candidata Yolanda Osuna Huerta
Morena contará con una candidata de lujo para contender por el Municipio de Centro en las próximas elecciones. Yolanda Osuna Huerta, integrante de una familia con amplio reconocimiento social, liderada por el doctor Antonio Osuna Rodríguez, médico militar con un bien ganado reconocimiento profesional por su capacidad y gran humanismo; destacado docente de la Escuela de la Medicina de la UJAT, formador de muchas generaciones de médicos y promotor de la Escuela de Medicina de la Universidad Olmeca, que lleva su nombre.
Yoly, como la llamamos los que desde hace muchos años la conocemos, cuenta con currículum vitae muy vasto. Desde muy joven se insertó en el sector público mostrando su capacidad, compromiso, sensibilidad y, especialmente, la honestidad y eficiencia que la han distinguido a lo largo de su vida, de la cual fue parte muy importante mi querido y extrañado Lácides García Detjen, su esposo. La candidata a presidenta municipal de Centro ha sido secretaria de Cultura, de Turismo, subsecretaria de Educación y responsable de la representación de la UNESCO en la región sureste. Cuenta, además, con el aprecio del sector empresarial local, que seguramente jugará un importante papel en la recuperación de Villahermosa como eje del desarrollo del estado y la región.
Académicamente se formó en nuestra máxima casa de estudios, la UJAT. Cuenta con una maestría en Administración por la Universidad Olmeca. Para los que dudan que sabe trabajar a ras de tierra, en las comunidades, fue diputada federal suplente del entonces I distrito electoral de Tabasco (1988).
De lograr su triunfo en las urnas, su gestión como alcaldesa será un verdadero parteaguas, sin duda promoverá en el municipio de Centro una verdadera transformación, una reingeniería en los procesos administrativos; un gobierno moderno centrado en la gente y en sus necesidades. Yolanda tiene claro que el municipio de Centro no es sólo Villahermosa, parte importante es, asimismo, su región rural a la que hay que darle servicios y atención de calidad y calidez. Sin duda, el suyo será un gobierno inteligente, encabezado por una mujer que siempre ha dado buenos resultados. Una buena elección.