Prospectiva.

Emilio de Ygartua M.

Lunes 8 de marzo de 2021.

Nuevo Programa Bracero: ¿Se puede volver al pasado?

“Tan cerca de Dios y no tan lejos de Estados Unidos”: AMLO.

El regreso de “Capitán América”. El discurso de D. Trump en Florida.

En 1942, en plena Segunda Guerra Mundial, el gobierno de Manuel Ávila Camacho negoció con su homólogo Franklin D. Roosevelt lo que popularmente se llamó “El Programa Bracero”, (nombre con el que se conoce al American Farm Labor Program) que fue un acuerdo binacional que patrocinó el cruce legal y temporal hacia Estados Unidos de alrededor de 4.5 millones de trabajadores.

El programa estaba integrado por diferentes leyes y acuerdos diplomáticos. Fue signado el 4 de agosto de ese mismo año. Permitía la incorporación de trabajadores agrícolas de origen mexicano con la garantía de que recibirían condiciones de vida dignas: saneamiento, alojamiento y alimentación adecuada, y un salario mínimo de 30 centavos la hora. Estos migrantes legales quedarían exentos de cubrir el servicio militar forzoso.

La razón de ser de ese programa era la necesidad de las áreas de producción agropecuaria de esa nación que se habían quedado sin mano de obra suficiente toda vez que muchos afroamericanos y latinos, residentes legales que realizaban esas tareas, fueron reclutados por “el tío Sam” para participar en el conflicto mundial luego de que el 7 de diciembre del año anterior los japoneses habían bombardeado las instalaciones estadounidenses en Pearl Harbor provocando la entrada de los EU al conflicto del lado de los Aliados.

¿Por qué México tenía exceso de mano de obra en ese momento? La crisis de 1929 había provocado un cambio radical en nuestro modelo de desarrollo. Antes de ella, nuestros productos del campo iban directamente hacia el vecino del norte; la crisis, que generó una profunda recesión que se tornó en depresión, provocó una contracción de la economía norteamericana que obligó a cerrar las fronteras a nuestras exportaciones, y a las de otras naciones de la región.

El modelo de “desarrollo hacia afuera” fue sustituido por un modelo de “desarrollo hacia adentro” que dio lugar a un proceso de industrialización con profundos efectos sociodemográficos en todo el país. Una buena parte de la población rural se traslado a las zonas fabriles urbanas que demandaba fuerza de trabajo.

La trasformación, ni fue rápida, ni fue homogénea, derivado de la existencia de un modelo de desarrollo desigual y combinado caracterizado por la pervivencia de un norte y centro transitando hacia la industrialización, frente a una región sur-sureste alejada de las nuevas fuentes generadoras de trabajo y bienestar fuertemente atada al sector primario de la economía. En algunos estados del centro y norte no se crearon las fuentes de empleo en el sector secundario al tiempo que se perdieron muchos empleos en el sector primario, lo que acrecentó la pobreza. La migración hacia el norte, en la búsqueda de mejores oportunidades, había iniciado durante la revolución y continuando por la crisis de 1929. En 1933 nuestro país tuvo una caída del PIB cercana al 8%. El Programa Bracero, que inició en 1942 y concluyó en 1964, inauguró una nueva etapa, con enormes claroscuros, sí, pero que mucho nos ayudó.

Nuevo Programa Bracero: ¿Se puede volver al pasado?

¿Por qué hablar ahora de este programa? El presidente Andrés Manuel López Obrador anticipó que en el marco de la reunión virtual con su homólogo norteamericano propondría la implementación de un programa similar al que estuvo vigente entre 1942 y 1964, con la finalidad de regular la presencia de trabajadores mexicanos del otro lado de la frontera. No tengo claro si lo hizo.

¿Es factible implementar un programa similar al que operó a mediados del siglo pasado? Primero que todo, debemos partir de que las condiciones actuales son totalmente diferentes a las existentes en aquel momento, sin embargo, vale la pena aprovechar la voluntad del nuevo inquilino de la Casa Blanca quien, aparentemente, no se cierra a escuchar nuevas propuestas que permitan el ingreso ordenado y legal de migrantes, no sólo de mexicanos, a los Estados Unidos.

En la oficina oval, donde hoy despacha el demócrata, ocupa un lugar especial una figura en bronce de César Estrada Chávez, líder campesino y activista de los derechos civiles estadounidenses quien, junto a Dolores Huerta, fundó, en 1962, la Asociación Nacional de Campesinos, que tiempo después fue reconocido como el Sindicato Unión de Campesino, organización que luego de la cancelación del Programa Bracero, defendió los derechos de los trabajadores agrícolas. Creemos que Joe Biden sabe que ese programa tuvo puntos positivos que se podrían rescatar, si bien, ambos gobiernos, deberán evitar los aspectos negativos que tuvo ese plan.

Jorge Durand, investigador de la Universidad Autónoma de Zacatecas, publicó en el 2007 un artículo (Migración y Desarrollo pp. 27-43 Red Internacional de Migración y Desarrollo. Zacatecas, México) en el que hace un análisis crítico de ese programa, a la luz de lo que entonces se perfilaba como una propuesta para establecer un nuevo programa para los migrantes. ¿Cómo lo justificaba? “A fin de cuentas, el Programa Bracero ha sido el esfuerzo más consistente, de mayor magnitud y de mayor alcance del que podemos echar mano para pensar y repensar sobre el tema y el problema de los programas temporales de trabajos de migrantes.”

De este documento destaco dos consideraciones hechas por el investigador para “justificar su viabilidad”, las ubico en el momento actual, en el 2021, a la luz del planteamiento hecho por López Obrador: “Cualquier convenio que se firme en el futuro debe tomar en cuenta los aciertos y errores del pasado. Una reedición del Programa Bracero, por parte del país de origen, debe tomar en cuenta las conquistas logradas: negociaciones bilaterales, legalidad, contratos de trabajo, selección de los trabajadores y comunidades involucradas. Por parte del país que acoge: selección de las actividades y los lugares de destino, salarios mínimos establecidos de acuerdo con regiones y pago similar a los trabajadores nativos para las tareas realizadas, seguro médico, seguro de desempleo durante el período de contrato, reembolso de los gastos de transporte, vivienda digna, derecho de organización y a tener representantes (¡César Chávez vive¡). Finalmente, ambos gobiernos deberán comprometer supervisión y control oficial permanente.”

¿Es necesario un programa así?  Sí, debido al caos existente que facilita la sobre explotación de la mano de obra migrante y fomenta el contrabando de personas. Más aún, el cruce subrepticio de la frontera se ha convertido en una pesadilla para los migrantes, donde se juegan la vida y todos sus ahorros. “Además, la frontera ha dejado de ser manejable y ha pasado a ser un asunto de seguridad nacional.” La idea está en la mesa, veremos pronto si esta germina.

“Dialogo entre iguales”, Biden a López Obrador

El encuentro virtual realizado al medio día del lunes 1º de marzo contradice las recurrentes versiones de los enemigos de la 4T que se empeñan en describir la relación entre el mandatario mexicano y el flamante presidente de los Estados Unidos como tensa, fría y distante. La última “teoría” se fundó en el hecho de que la primera reunión virtual de Joe Biden fue con el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, que, si bien fue cordial y permitió refrendar el compromiso de trabajar en conjunto a favor del desarrollo de ambas naciones, hubo una nube gris en el ambiente. Los opuestos al jefe de gobierno canadiense le reprochan no haber expresado su desacuerdo por la unilateral cancelación del oleoducto que pasaría por su territorio y llegaría hasta Alaska.

Entre los puntos de la agenda de la reunión virtual, el presidente de México contemplaba pedir a su homólogo apoyo para acceder a un mayor número de vacunas. Joe Biden cerró la puerta a esa solicitud mandando a su vocera a que, horas antes del encuentro, pusiera en claro que las vacunas producidas en Estados Unidos son para los norteamericanos, postura símil a la que defendió Donald Trump, incluso antes de contar con las mismas. Se suma esta postura a la adoptada por Italia que ha bloqueado el envío a Australia de 225 mil vacunas anticovid producidas por AstraZeneca. El nacionalismo en su máxima expresión.

De esta petición, que ni siquiera llegó a eso, el tabasqueño logró, al menos, el compromiso “de trabajar de forma conjunta para combatir la pandemia”, lo que ello pueda significar cuando el vecino te cierra la puerta al momento de solicitarle una tasa de azúcar y te contesta que la prioridad son los habitantes de esa casa. ¿Política del buen vecino? Eso pasó a la historia, en estos momentos de pandemia la ley que impera es la de “sálvese quien pueda”.

En lo que a migración se refiere, Biden se comprometió a dar un trato digno a los migrantes y a aportar recursos para el desarrollo económico del sur de México y Centroamérica, temas planteados hace un par de años a su antecesor y que guardó en el cajón. Ojalá se concrete. Lo destacable fue la coincidencia de ambos mandatarios en trabajar conjuntamente y dar sentido pleno a una relación que permita impulsar un mayor desarrollo en ambas naciones y en la región.

Tema que cobra especial relevancia al conocer los datos de la CEPAL que indican que la pandemia está provocando un aumento en los niveles de pobreza en Latinoamérica, “la región más desigual del mundo y más afectada por la crisis sanitaria”. El total de personas en situación de pobreza aumentó a 209 millones, de los cuales 78 millones se encuentran en situación de pobreza extrema, lo que tendrá efectos en la gobernabilidad y en la pervivencia de la democracia siempre tan endeble en nuestra zona.

Se habló de igualdad y de cordialidad en el trato, sí, pero Andrés Manuel López Obrador priorizó, como lo hizo en las dos comunicaciones anteriores con su homólogo, la necesidad de que siempre “haya respeto a nuestra soberanía”. Frente a este planteamiento, Biden destacó, luego de las cálidas referencias a nuestro país, a la amistad que lo une con muchos mexicanos y a su veneración por la Virgen de Guadalupe, que “Estados Unidos y México somos más fuertes si estamos unidos (…) avanzamos si cooperamos y gozamos de mayor seguridad cuando trabajamos juntos.”

Como colofón a una reunión cálida, sin sobresaltos, Andrés Manuel López Obrador, luego de referirse a Benito Juárez, a Porfirio Díaz, de recordar a César Chávez, de admitir que ambos países no han sido los mejores vecinos, recordó que los latinos son parte fundamental de la historia de los Estados Unidos, y cerró su intervención, con ello su primera reunión oficial diciendo: “Bendito México, tan cerca de Dios y no tan lejos de los Estados Unidos…nuestra vecindad nos va a permitir desarrollarnos mejor en estos tiempos.”

Al tiempo que se daba este encuentro virtual, el Senado de la República aprobaba, pese a la resistencia de las oposiciones, incluyendo al Partido Verde, aliado de ocasión de la 4T, la Ley de la Industria Eléctrica. Sabe el mandatario que lo que sigue será enfrentar sus impugnaciones y las de algunas empresas externas. “Corte avalará la reforma eléctrica”, expresó el mandatario, en tanto el líder del Consejo Coordinador Empresarial, Carlos Salazar Lomelín, insistió en que habrá pérdidas millonarias e incrementos al costo del servicio eléctrico para las empresas que, “necesariamente”, se reflejará en los precios al consumidor.

Por su parte, Valentín Díaz Merodio, presidente del consejo de Administración del Grupo Financiero Citibanamex, frecuente crítico de las medidas adoptadas por el gobierno de Andrés Manuel López Obrador afirmó que las decisiones de éste: “crean una enorme incertidumbre”.

Se da este claro distanciamiento con el sector privado cuando el Banco de México mejora sus pronósticos de crecimiento para este año, pasando del 5.3 al 6.7%. ¿Será esto posible sin el concurso del sector productivo y luego de la caída de los ingresos públicos en el mes de enero? Es cierto que las remesas siguen creciendo, pero no son la solución, se requiere generar riqueza y, para ello, es fundamental exista un clima que genere certeza y no promueva la discordia.

El regreso del capitán América

Mientras el nuevo inquilino de la Casa Blanca acelera el desmantelamiento de lo heredado por su antecesor, éste ha reaparecido en escena luego de haber librado el segundo enjuiciamiento, victoria pírrica que, si bien tuvo sus costos, al final del día ha permitido al avecindado en Florida tomar el control del segmento más conservador del partido Republicano. “¿Ya me echan de menos?, fueron las primeras palabras de Donald Trump al presentarse en ese escenario luego de cinco semanas (las mismas que lleva Joe Biden como presidente) en las que se ha refugiado en su lujoso hotel en Mar-a-Lago. La respuesta fue un clamoroso saludo de los asistentes a la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC), que desde hace dos semanas anunciaba al ex mandatario como el invitado principal a este cónclave que reunió a la crema y nata del conservadurismo más recalcitrante; del The Party para arriba.

A lo largo de 60 minutos, el líder del trumpismo no sólo refrendó su tesis del fraude electoral (nunca demostrado) que lo sacó de la Casa Blanca, además, puso fin a las especulaciones que él mismo generó de que formaría un nuevo partido y que contendería bajo sus siglas en el 2024. Si bien no fue explícito al respecto, su afirmación: “Estoy preparado para vencer por tercera ocasión a los demócratas”, al tiempo que insiste en su “victoria” en los comicios de noviembre pasado, dejó entrever lo evidente: aspira ser el candidato presidencial republicano en el 2024.

Insistió en la construcción de muros, en cerrar la puerta a los migrantes, en acusar a los demócratas de querer llevar a su país por la senda del socialismo. “Hemos pasado del América Primero, al América al último”. Para muchos, fue el discurso que trazó la ruta a seguir en los próximos cuatro años, con una estación obligada en el 2022, en las elecciones intermedias en las que, ha prometido, hará lo necesario para que su partido recupere la mayoría en la Cámara de Representantes, gane y mantenga varias gubernaturas y, sobre todo, pavimente el camino hacia su reelección dos años después.

Quedó claro que no está dispuesto a desaparecer de la escena pública ni de la política. Las encuestas entre los grupos participantes en esa conferencia que reunió a lo más granado del conservadurismo, estadounidense, muestran un apoyo abrumador para el hombre que, para ellos, garantiza el retorno de las políticas conservadoras que impulsó como mandatario. Durante 25 minutos se dedicó a inflamar los ánimos de la galería con su discurso antiinmigrante, el mismo que ha venido defendiendo desde el 2015, cuando anunció su deseo de participar en la contienda del 2016, la que ganó apoyado en ese discurso xenofóbico, misógino y ultranacionalista, que fue el eje de su mensaje en Florida.

Hizo duras críticas a lo hecho por Biden en sus cinco primeras semanas como presidente. Esa será la tónica los próximos cuatro años. Sin embargo, sabe, y lo sabe muy bien, que es en el gobierno, y desde el gobierno, que se pueden hacer los cambios y promover las grandes transformaciones. El dueño de la varita en este momento es Biden que, en el arranque de su administración ha mostrado que viene por una vuelta total de la cuerda. Su gestión augura buenos dividendos. Si pasa la aduana del senado, pronto podrá contar con 1.9 bdd para repartir entre sus conciudadanos. Ese dinerito en la bolsa de sus conciudadanos, sin duda, ablandará el corazón de algunos opuestos.

El trumpismo está vivo y con la cara pintada. El director del FBI, Chris Wray, en el marco de su comparecencia ante el Congreso, alertó sobre el aumento de los casos de terrorismo nacional tras el asalto al Capitolio: “Lo ocurrido el pasado 6 de enero, no fue un hecho aislado”. Informó que sus agentes investigan hasta 2 mil casos de violencia extremista. Amenazas de esos grupos de volver al Capitolio provocaron la cancelación de la sesión del jueves pasado de la Cámara de Representantes. Su nueva “visita” al Congreso tenía como finalidad de ser testigos del juramento de Donald Trump como el 46º mandatario de la nación el 4 de marzo como señalan las leyes anteriores a la publicación de la 20ª Enmienda.  

Por cierto, el miércoles de la semana pasada la cámara baja, aprobó una reforma electoral cuyo objetivo es ampliar el acceso al voto. Se anticipan dificultades para que pase la aduana de la Cámara de Senadores ya que la mayoría de los republicanos no comulgan con esa propuesta. Esta claro que se requiere más que eso, se necesita una reforma del Estado. ¿Alguien se atreverá?

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