Emilio de Ygartua M.
Martes 10 de marzo 2021.
- La visita del Papa Francisco a Irak: ¿Herejía?
- Estados Unidos-China: La lucha por el poder y la gloria
- El 8N: La inequidad y la injusticia social tienen cara de mujer
El Papa Francisco cumplió el sábado pasado ocho años de haber sido electo, en un Conclave, luego de la renuncia de Benedicto XVI, el 266º pontífice de la Iglesia Católica. Jorge Mario Bergolio, argentino de nacimiento, es, además, jefe de Estado y el octavo soberano de la Ciudad del Vaticano, un pequeño territorio inserto en el corazón de Roma, la capital de Italia. Han sido ocho años intensos para este hombre que ha impreso un sello especial a un pontificado caracterizado, en muchos momentos, por su férreo afán de romper con los viejos arquetipos de una Iglesia que, a 2021 años de distancia de su génesis, se niega a aceptar, aún, como estableció Galileo Galilei, que la tierra, “sin embargo, se mueve” y que no es plana sino redonda.
Sucesor del teólogo alemán, Joseph Aloisius Ratzinger, Francisco, quien tomó el nombre en apego a las tesis y pensamiento de San Francisco de Asís, ha optado por ser, al igual que Juan Pablo II, un “pontífice de a pie”; más un hombre de carne y hueso que una deidad. Todo esto sin renunciar a hacer uso del pensamiento crítico, acompañado de los buenos modos de un bonaerense formado en la Compañía de Jesús.
Como buen jesuita, es fiel seguidor de los preceptos establecidos por el español Ignacio de Loyola quien fundó, en 1540, esa congregación. Al ser ordenado hizo los tres votos obligados para un sacerdote: de pobreza, de castidad y de obediencia, pero sumó un cuarto, el establecido por el fundador de la congregación jesuita en los tiempos en los que la Iglesia Católica enfrentaba los embates de la Reforma Protestante, del sisma que la fracturó: obediencia al Papa, entendida como aceptación plena de las misiones específicas a las que éste les pueda destinar. Lo hizo como simple pastor de ovejas, hoy, como cabeza de la curia romana.
Como buen jesuita, también, ha estado vinculado a la educación. Fue rector del Colegio Máximo y de la Facultad de Filosofía y Teología del Partido San Miguel en su natal Argentina. Pero, sobre todo, ha dedicado su vida a la actividad pastoral. Lo hizo como un sencillo sacerdote en su país, donde enfrentó los terribles excesos de la dictadura militar, después, como Obispo y Arzobispo de Buenos Aires y, finalmente, como Cardenal, estatus que le permitió, para sorpresa de muchos dentro y fuera del Vaticano, su unción como heredero de la corona de San Pedro en el 2013.
Francisco, un Papa viajero.
Como Juan Pablo II, ha sido un pontífice “viajero”. Ha realizado más de 35 viajes al extranjero en estos ocho años. El primero, cinco meses después de ser nombrado Papa, entre el 22 y el 29 de julio. Valentina Alazraki, corresponsal de Televisa en Italia desde hace más de cuatro décadas, a la que tuve el honor de entrevistar para el programa Diálogos con la Comunidad UO, gracias al apoyo de Emmanuel Sibilla, me comentó que la renuncia de Benedicto XVI tuvo mucho que ver con su precario estado de salud y la imposibilidad de cumplir con la asistencia a la Jornada Mundial de la Juventud a realizarse en Río de Janeiro, Brasil, en las fechas arriba mencionadas.
Fue el estreno pastoral de Francisco. Su asistencia a ese evento fue acompañada por más de 3 millones de personas procedentes de 175 países, el 60% entre los 19 y los 35 años. Obvio que la presencia del primer pontífice nacido en América Latina generó una enorme expectativa. El encuentro anticipaba enormes desafíos, grandes retos, el principal, revitalizar al catolicismo en el subcontinente donde habita el 42% de los católicos del mundo.
Al año siguiente, el Papa visitó Tierra Santa, espacio donde cohabitan las tres religiones monoteístas más importantes: judaísmo, catolicismo e islam. Una visita compleja, no sólo por los aspectos religiosos, sobre todo, por la tensión que ha caracterizado a esa región desde el nacimiento del Estado israelí, en 1948, que ha dado lugar a diversos conflictos bélicos que han convertido a Oriente Medio en escenario geopolítico en el contexto de la Guerra Fría (1945-1989) y después de la caída del Muro de Berlín (1989), la desintegración de la URSS y con ello el fin del mundo bipolar.
Asimismo, Francisco ha realizado viajes pastorales a Asía, Albania, Turquía, Filipinas y a la exrepública Yugoslava para fomentar el proceso de paz en Bosnia y Herzegovina. Realizó un nuevo viaje a América del Sur para un encuentro con los mandatarios de Ecuador (Rafael Correa), Bolivia (Evo Morales) y Paraguay (Horacio Cartes). Destaca su visita a Cuba luego del restablecimiento de las relaciones entre los Estados Unidos y la Isla, durante el gobierno de Barack Obama, con quien se entrevistó después en Washington, durante su primera visita a esa nación.
Todos, viajes importantes, en los que los mensajes del pontífice estuvieron orientados a promover la paz, la solidaridad y un modelo de desarrollo más equilibrado en un mundo matizado por las enormes desigualdades sociales. Discursos que encontraron total coherencia en su tercera Encíclica: “Todos hermanos” (Fratelli Tutti), firmada el pasado 3 de octubre en la ciudad de Asís, en la víspera del memorial de San Francisco Asís. En ese documento, el pontífice exalta la importancia de la fraternidad a la que define como valor y elemento ordenador de las sociedades de las naciones y la convivencia mundial, al tiempo que hace una crítica razonada y contundente de los regímenes políticos liberales y de los populismos de izquierda y derecha.
La pandemia lo obligó a hacer un alto en su labor pastoral, incluso en la eclesiástica. En la memoria perdurará la imagen del Papa en la Plaza Principal de Vaticano, acompañado de un crucifijo, sin un solo fiel debido a las medidas dispuestas por las autoridades sanitarias de un país que ha sufrido como pocos los embates del coronavirus. Gestión de la pandemia que, señala en esa misma encíclica, ha desnudado las debilidades de las estructuras gubernamentales y puesto al descubierto, además, la falta de solidaridad para enfrentar, como comunidad universal, esta sindemia, pandemia por la Covid-19 sumada a la crisis económica que ha provocado el aumento de la pobreza laboral y alimentaria a nivel planetario
En este escenario complejo, de enormes riesgos sanitarios, Francisco, a sus 84 años, realizó, sin duda, el viaje más riesgoso de su pontificado. Su visita a Irak generó críticas entre los mismos miembros de su equipo. Algunos lo calificaron como un viaje “irresponsable”, “sin sentido”. ¿Por qué viajar a un país donde únicamente el 0.5% de la población es cristiana? Las motivaciones de Francisco son congruentes con su forma de ver al mundo. Fue a esa región devastada por la guerra a ver lo que quedaba de su grey, víctima de genocidio por parte del Estado Islámico (ISIS) entre 2013 y 2017; evidencia inocultable de un fundamentalismo criminal.
Los datos son terribles. De acuerdo con el Departamento de Estado norteamericano, en 2013 había 1.5 millones de cristianos; hoy, sólo quedan 250 mil, en un país con 40 millones de habitantes. Una nación, la iraquí destruida por la intolerancia religiosa.
Hoy recordamos a Irak más por su guerra con Irán, que duró ocho años (1980-88), por la Guerra del Golfo Pérsico (1990-1991), y por la larga dictadura de Saddam Husein (1979-2003), líder militar que puso en jaque a las grandes potencias, y que terminó colgado (2006) luego de la invasión norteamericana a ese país. Sin embargo, Irak debe ser recordado por haber sido el centro de los imperios sumario, acadio, asirio, babilónico, y parte de los imperios macedonio, mongol, otomano y británico, imperio del que se independizaron en 1932.
Luego de una visita de tres días a ese país, el Papa Francisco ofreció una rueda de prensa en el avión en el que regresaban a Roma. Los periodistas que cubrieron el viaje estaban claros de que al regresar al Vaticano el pontífice enfrentaría las críticas, los señalamientos de una supuesta “imprudencia” por su vieja. “Me acusan de herejía, pero hay riesgos que debo tomar”, expresó antes de que surgiera la primera pregunta. Pese a las opiniones en contrario, afirmó que “fue un viaje conveniente”. Destacó que, de lo que se trataba, “y se logró”, fue de tender puentes con el islam a través de encuentros con el gran ayatola Ali Sistani.
Como un entrenador de un equipo de futbol que acude a la rueda de prensa luego del ríspido partido en la cancha del contrarío, con un público adverso, Francisco, fanático futbolero, hincha del San Lorenzo de Almagro, señaló: “Hay algunas críticas de que el Papa no es valiente, es un inconsciente, o que está a un paso de la herejía. Son los riesgos. Pero son decisiones que se toman en diálogo, pidiendo consejo. No son un capricho.”
Viajar en tiempos de la pandemia ha sido una osadía; a Irak, otra. Francisco lo sabe y lo asume. Para él, también para los periodistas que lo acompañaron, la etapa más impactante de esta travesía por aguas turbulentas fue su paso por Mosul. Ahí, rezó en la plaza donde antes de la proclamación del califato del Estado Islámico, en 2014, había cuatro iglesias y hoy solo quedan escombros. “Cuando me frené frente a la iglesia destruida, no tenía palabras. Es de no creer. Todas las iglesias, también una mezquita, destruidas, cuyo imam, es obvio, no estaba de acuerdo con la gente que invadió este espació. La crueldad humana no es de creer”.
En ese escenario dantesco, Francisco se preguntó: ¿Quién vende las armas a estos destructores? ¿Quién es el responsable? Y en un acto pleno de congruencia con su histórico discurso, no como Papa, ni como líder de una Iglesia universal, sino como jefe de Estado, reclamó a los que venden esas armas que, al menos, “tengan la sinceridad de decir que son ellos los que las venden.”
Esas palabras, para mi, valieron el viaje y, sin duda, enfriarán los ardientes reclamos de quienes, desde una esfera conservadora y conformista, pretenden echar a bajo todo aquello que confirme la frase de Galileo Galilei: “Y sin embargo se mueve”.
Sí señoras y señores, la Tierra es redonda y la geopolítica nos muestra hoy, como lo ha señalado una y otra vez el Papa Francisco, que estamos viviendo una nueva “Guerra Fría”. Por ello, valió la pena tomar el riesgo de viajar hasta Irak. Por cierto, está pendiente su visita a su querida Argentina, donde, recientemente, se tomó una decisión histórica que puede permear en el resto de Latinoamérica: la legalización del aborto, tema en el que el pontífice ha expresado su oposición.
Estados Unidos-China: la lucha por el poder y la gloria.
Sin duda, la geopolítica tiene como epicentro las propias naciones. Estados Unidos, a casi dos meses del cambio de gobierno, una transición cruenta, por la muerte de cinco personas en la toma del Capitolio, vive una frenética transformación con dos ejes fundamentales: el primero, lograr la vacunación de toda su población en el menor tiempo posible. Lo que sonaba una promesa difícil de cumplir se ha convertido en una victoria indiscutible de la administración demócrata que la logrado vacunar a 100 millones de personas y que planea terminar con esa tarea el último día del próximo mes de mayo al quedar inmunizados todos los habitantes de ese país mayores de 18 años.
Esta carrera tiene una meta específica, relacionada con el segundo eje: la recuperación económica. Nadie en su sano juicio puede poner en tela de juicio que la recuperación económica será directamente proporcional al ritmo de vacunación. En México, el secretario de Hacienda, Arturo Herrera, señaló a los banqueros de México, reunidos en su 84ª Convención Nacional, que se espera que para julio se hayan aplicado el número suficiente de dosis como para que la economía pueda abrirse plenamente y alcanzar así el crecimiento del PIB que todos deseamos.
Volviendo al vecino del norte, Joe Biden, al tiempo que realiza una extraordinaria gestión de la inoculación, ha alcanzado su primer y muy importante victoria en el Congreso de los Estados Unidos, al lograr la aprobación, en ambas cámaras, de su programa de apoyos económicos por 1.9 billones de dólares, una cantidad que será suficiente no sólo para entregar recursos a los de a pie, también a las empresas que se han visto afectadas por la crisis. Este recurso, además, permitirá adquirir más vacunas e invertir en recursos humanos y técnicos para fortalecer a un sector salud duramente golpeado por la pandemia.
De ninguna manera se podrá olvidar que ese país es el que más infectados y fallecidos ha reportado; saldo que, ni dudarlo, el partido en el gobierno trasladará a la cuenta de su adversario republicano y potencial candidato a la presidencia en el 2024: Donald Trump. Esas negras cifras serán el argumento principal a la hora de pedir a la ciudadanía su voto para que los demócratas los gobiernen por cuatro años más, eso, y, desde luego, buenos resultados económicos que se tienen planeados.
Consolidados en lo interno (un poco de “America Firts” para no contrariar a los trumpistas), lo que sigue es recuperar el liderazgo en el escenario internacional. El próximo jueves, China y EU realizarán su primera reunión de alto nivel. Han sido los norteamericanos los que han hecho la invitación. Anthony Blinken, secretario de Estado y Jake Sullivan, consejero de Seguridad Nacional, se reunirán con Wang Yi, ministro de Relaciones Exteriores, y el consejero de Estado, Yang Jiechi.
Esta reunión servirá para una primera toma de contacto en profundidad y, se espera, que a partir de este encuentro se puedan sentar las bases para el futuro tono de las relaciones entre las dos principales economías mundiales, a la luz de las nefandas herencias de la administración Trump que generaron graves tensiones en áreas desde el comercio hasta la evidente influencia de China en la región Indo-Pacífico. Habrá que estar atentos a los resultados por sus efectos en el escenario mundial.
El 8N 2021: la inequidad y la injusticia tienen cara de mujer.
Las manifestaciones celebradas en varios puntos de la república para conmemorar el Día Internacional de la Mujer dejan algunas preocupaciones. Primero, el afán de algunos grupos ajenos a estos movimientos de participar promoviendo la violencia extrema que, al tiempo que busca provocar una lectura de oposición al gobierno en turno, demerita el valor de la lucha legítima de las mujeres y distrae a la opinión pública de los objetivos centrales del mismo. Para estos grupos es lo mismo generar violencia el 2 de octubre que el 8 de marzo.
La segunda inquietud deriva de la postura de un mandatario cuya posición a favor de las luchas feministas es histórica y plenamente conocida. Por ello, preocupa su empeño en asociar estas expresiones legítimas de las féminas con las acciones encabezadas por aquellos opuestos a la cuarta transformación que él impulsa. Me parece una visión equivocada, y, sobre todo, riesgosa, ya que se pierde la oportunidad de hacer de este movimiento legítimo, actor principalísimo de la gran transformación que se promueve y que, sin duda, requiere la nación.
El muro colocado frente a Palacio Nacional, por cierto, genialmente aprovechado para colocar una parte de las miles de fotografías de las mujeres víctimas de la violencia de género, no permite construir puentes que es lo que hoy se requiere para que estos grupos, sin banderas políticas, puedan expresar sus justas demandas.
Demandas que, lo sabe muy bien quien ha recorrido este país tantas veces y que ha abanderado las causas justas, no han sido resueltas ni satisfechas a pesar de los muchos cambios a nuestra Carta Magna, ni con nuevas leyes o decretos. La inequidad, la enorme desigualdad social, la falta de empleos bien remunerados, de acceso a una mejor educación y, sobre todo, la garantía plena de parte del Estado de que velará por su seguridad y por su vida, son respuestas que, sin mayor problema, puede dar un gobernante cuyas tesis, cuyas banderas de lucha, siempre han comulgado con esas denuncias y con esas demandas. Muros, no. Puentes, sí.
Tabasco: El descubrimiento, en Centro, de un yacimiento que aportará 600 millones de barriles de petróleo, es una gran noticia que se suma a las estrategias para reactivar nuestra economía. La acelerada aplicación de las vacunas es otra buena noticia, más, cuando el gobierno del estado, a través de la Secretaría de Salud, ha implementado, en coordinación con los Ayuntamientos, una logística que ha merecido las felicitaciones de todas y todos.