Emilio de Ygartua M.
Lunes 22 de marzo de 2021.
* España en su laberinto. Iglesias se va
* Riqueza petrolera para Tabasco
* Defensa desde Tabasco de la Soberanía Energética Nacional
Cuando Pedro Sánchez presentó, en el 2018, una “Moción de Censura” contra el gobierno de Mariano Rajoy (Partido Popular), estoy seguro de que no anticipaba las tribulaciones que devendrían luego de un proceso electoral en el que ninguno de los participantes alcanzó la mayoría necesaria para formar gobierno. El rey Felipe VI trabajó horas extras para que el vacío no acrecentara el clima de ingobernabilidad que, per se, genera la disolución de un gobierno.
El Partido Socialista Obrero Español (PSOE) ganó las elecciones, sin embargo, el camino para alcanzar la mayoría parlamentaria necesaria fue largo, sinuoso y lleno de obstáculos. Su primera opción era sumar a su causa a Ciudadanos, dirigido entonces por Albert Rivera. Formación política de centroderecha que permitiría a Sánchez construir un programa de gobierno centrista, su primer objetivo.
El propósito chocó una y mil veces con la postura invariable de un partido que buscaba, a toda costa, un mayor protagonismo en la vida política nacional, por lo que estaba empecinado en “vender cara” su alianza con el PSOE. Pedro Sánchez entendió que ese “matrimonio” no se concretaría, por lo que tuvo que buscar “otra pareja”. Para entonces, Ciudadanos había decidido cerrar filas con el Partido Popular (PP), dirigido por Pablo Casados. Este último sabía que la alianza no le alcanzaba para convertirse en presidente, pero le serviría para fortalecerse como líder de la oposición de derecha, ante el sorpresivo avance logrado en las urnas, traducido en escaños en el Congreso de los Diputados, de VOX, nueva formación política dirigido por Santiago Abascal Conde.
Este partido, de extrema derecha, ganó un buen número de votos basado en una propuesta y un discurso ultraconservadores, nacionalistas, contrario a los migrantes y a toda oferta de las izquierdas a las que acusa de querer llevar al país “al comunismo”. Discurso que logró, para sorpresa de muchos, la empatía de un buen número de españoles, de todas las edades, muestra inequívoca del avance de la extrema derecha en ese país, y en el viejo continente.
En un artículo publicado en “El País” (15/03/21), Natalia Junquera describe la relación de Sánchez e Iglesias, como “la historia de un breve matrimonio de conveniencia”. Han sido menos de 15 meses, sí, pero caracterizados por los conflictos y suspicacias entre sus respectivas familias políticas. “La tensión ha sido constante, aunque más de una vez han sido ambos dirigentes los encargados de enterrar el hacha de guerra entre representantes de sus partidos”, relata en esa misma entrega la periodista española.
Matrimonio de conveniencia
En septiembre de 2019 Sánchez descartaba, con contundencia, la idea de formar un Ejecutivo de coalición con Podemos. El líder del PSOE recuerda Junquera, señalaba a sus cercanos que esa alianza lo convertiría en “un presidente del Gobierno que no dormiría por la noche, como el 95% de los ciudadanos de este país, también votantes de Podemos, que tampoco se sentirían tranquilos”. Sánchez iba más allá en sus argumentos, a los que sumaba, tres meses antes de que se concretara esa unión, “la falta de experiencia de gestión de Podemos”, y, especialmente, “las serias discrepancias en temas fundamentales como Cataluña.
Sí, los riesgos de esa asociación eran muchos, sin embargo, no había otra alternativa para Sánchez. Para convertirse en presidente del Gobierno tenía que formalizar un matrimonio con la pareja más dispareja, sin embargo, dubitativo, no se decidía a “dar el paso”. Antes del casorio, como diría mi querida abuela paterna, se dió un rompimiento que parecía irreversible con Iglesias. Ese mismo septiembre, el dirigente de Podemos declaró: “Pedro me mintió. Me dijo antes y después de las elecciones generales (noviembre 2019), que haríamos un gobierno de coalición y yo confié en él (…) Si cometí un error fue en confiar en su palabra. El problema es que él quiere todo el poder para poder dormir bien”.
Las elecciones generales de noviembre confirmaron el triunfo del PSOE, sí, pero, nuevamente, no pudieron alcanzar los votos necesarios para formar gobierno sin necesidad de coaligarse con nadie. Para mal, el PSOE perdió tres escaños, Juntas Podemos, siete, en tanto que el PP subió 23 y VOX, 28. Luego de este resultado electoral, Iglesias arremetió otra vez contra Sánchez señalando que: “Está claro que ahora se duerme peor con más de 50 diputados de extrema derecha que con ministras de Unidas Podemos en el gobierno.”
Ante este escenario caótico, en el que el líder del PSOE veía que se le escapaba de las manos la posibilidad de convertirse en presidente del Gobierno español, llegó la reconciliación. Noviembre de 2019 estaba a punto de agotarse cuando Sánchez e Iglesias pudieron alcanzar, por fin, acuerdos y signarlos con un abrazo; solo 48 horas después de haberse conocido los resultados oficiales de las elecciones generales a las que había convocado el rey Felipe VI.
“Es tiempo de dejar atrás cualquier reproche”, señalaba un sonriente Pablo Iglesias, el mismo que tres días atrás había declarado que “el Pedro Sánchez de izquierdas se acabó”. A punto de lograr el acuerdo que lo llevaría al palacio de La Moncloa, Sánchez cuidando las formas, manifestaba que: “Los españoles han hablado y corresponde superar el bloqueo”, al tiempo que justificaba el pacto con Podemos afirmando: “No pudimos lograr este acuerdo en julio pasado, aunque estuvimos muy cerca. Somos conscientes de la decepción que eso supuso entre los progresistas”.
Se había formalizado este matrimonio de conveniencia, como bien lo califica Natalia Junquera, la misma que en su nota hace un lúcido recorrido de lo sucedido a lo largo de los 15 meses en los que Pablo Iglesias ha jugado el papel de vicepresidente segundo del gobierno español. Un poco más de un año de ser un socio demasiado incómodo y hasta acomodaticio de un gobierno que, no hay duda, tiene una ruta de navegación diferente a la de Podemos, formación de izquierda radical nacida de la crisis del 2008, en donde “gana” una clientela fiel por su defensa a ultranza, muy viva en estos días, de los derechos de los miles de españoles que perdieron no sólo el empleo, también sus casas. Su última declaratoria es que no cederán a las intensiones del Gobierno de Sánchez de apoyar con subsidios a los arrendadores de viviendas en demérito de los derechos, dice, de los arrendatarios.
A lo largo de esos quince meses, Iglesias ha buscado imponer una agenda que no sólo choca con las posturas de las derechas, también con las de su socio en la gestión gubernamental. Escenario tormentoso que ha escalado en las últimas semanas a causa del affaire protagonizado por el rey emérito Juan Carlos I, que ha salpicado injustamente a su heredero, ya de por sí manchado por el comportamiento nada moral de algunos de los miembros de la familia real.
Esta situación ha dado más argumentos a Podemos para exigir un acotamiento de la funciones y prerrogativas del monarca, propuesta que ha tenido que ser atajadas por La Moncloa, primero, por congruencia, derivada del juramento de lealtad a la corona, segundo, porque se sabe bien que este tema, el de la pervivencia del régimen monárquico-parlamentario, es un asunto sumamente delicado que, sumado a los afanes independentistas de algunas de sus comunidades, significa el mayor riesgo para la gobernabilidad, sobre todo, cuando el dirigente de Podemos ha puesto en tela de duda la vigencia de la “normalidad democrática en España.”, ganándose los reproches de todos los partidos, incluyendo el gobernante PSOE.
En esas estábamos, cuando, para sorpresa general, Pablo Iglesias hizo público, el 15 de marzo pasado, que deja el Gobierno para participar, como candidato de su partido al gobierno de la Comunidad de Madrid, al tiempo que ha propuesto a la actual ministra del Trabajo, Yolanda Díaz, para que, sin dejar dicha cartera, ocupe el cargo de vicepresidenta segunda que él dejara libre. El impulso a su compañera de partido, una antigua militante del Partido Comunista, muy reconocida entre las izquierdas, no ha quedado ahí, asimismo, la ha “destapado”, diríamos en nuestro surrealista lenguaje mexicano, para que sea la futura candidata de Podemos al Gobierno español, desde luego, en el momento en que haya elecciones generales. El mensaje de Pablito es, “me voy, pero ahí les dejo mi recuerdo”. Sánchez ya aceptó. ¿Podrá dormir tranquilo? No lo creo.
Riqueza petrolera para Tabasco
El jueves pasado se conmemoró los 83 años de la Expropiación Petrolera decretada por el presidente Lázaro Cárdenas el 18 de marzo de 1938, ante la negativa de las tres empresas extranjeras que tenían bajo su control el 95% de la explotación del hidrocarburo en nuestro país a acatar el llamado de jefe del Ejecutivo Federal de respetar la nueva Ley Federal del Trabajo y otorgar a los trabajadores mexicanos condiciones similares a las que gozaban los trabajadores extranjeros.
El petróleo, como se sabe, adquirió un valor estratégico desde el último tercio del siglo XIX como resultado de la segunda revolución industrial que, entre otras cosas, provocó el aumento exponencial del uso de carburantes derivados del petróleo para mover los vehículos (barcos, ferrocarriles y automóviles), lo que permitió el despegue del comercio nacional e internacional y el más rápido movimiento de personas y mercancías. Acompañó a esta fase superior del capitalismo, el imperialismo, como la llamó Vladimir Ilich Lenin, una nueva etapa colonial cuyo principal objetivo era el dominio de nuevos mercados, de materias primas y de fuerza de trabajo barata.
Las unificaciones alemana e italiana provocaron roces con los viejos imperios (Inglaterra, Francia, Holanda y Rusia) que se sintieron afectados por los afanes expansionistas de las nuevas naciones, Alemania e Italia, que buscaron expandirse en África, Oriente Medio y Asia. La crisis económica de los años 80´s del siglo XIX, menos severa que la de 1929, fue la primera llamada de atención de que el pronóstico hecho por Carlos Marx treinta años atrás, tenían fundamento científico.
El sistema capitalista de producción tiene, hasta la fecha, dos grandes contradicciones: la primera, su tendencia a la maquinización, que da lugar a la desaparición de empleos, lo que, segunda contradicción, provoca una caída tendencial de la tasa de ganancia de los productores, ya que, paradójicamente, el uso intensivo de máquinas aumenta la producción de mercancías. Esta oferta adicional no encuentra suficientes compradores en el mercado a causa del desempleo. La capacidad adquisitiva de la sociedad decrece (el circulante monetario) provocando una crisis de sobre producción.
En 1934, el presidente Franklin D. Roosevelt pudo enfrentar la crisis de 1929, aplicando las tesis keynesianas: mayor participación del Estado en la economía, un Estado Benefactor y la creación de empleos improductivos. Todo eso, sumado a la producción masiva de armamento. En 1880, esta última fue la opción que encontraron los países industrializados para enfrentar la crisis. La militarización y el armamentismo generó un mayor roce entre las naciones imperiales causa principal de la Primera Guerra Mundial (1914-1018).
En el marco de este conflicto armado inicia de manera significativa la demanda de hidrocarburos orientados a alimentar los barcos, aviones y transportes de combate utilizados en la guerra. Al concluir este conflicto, la reorientación de la economía requirió de mayor cantidad de combustible y eso hizo que creciera la demanda. México, que había visto llegar a las empresas extranjeras, con el beneplácito y todo el apoyo del gobierno porfirista, se convirtió en un importante abastecedor de petróleo que, crudo era enviado a Estados Unidos, Canadá (con destino a Inglaterra) y a Holanda, para su refinación. Una cantidad mínima, pero creciente, se quedaba en nuestro país para satisfacer la demanda interna.
Las ganancias de estas empresas transnacionales eran crecientes, aunque se empeñaban en negarlo, sobre todo, a la hora de demandarles la justa distribución de sus pingues ganancias. Esa postura intransigente, grosera y amenazante, encontró una respuesta valiente, desde luego arriesgada, del primer mandatario de la nación quien aprovechó la coyuntura internacional generada por la inminente Segunda Guerra Mundial, para dar el golpe definitivo a quienes se negaban a aceptar las nuevas las reglas del juego.
Fundado en el artículo 27 constitucional y en la Ley Petrolera de 1925, Lázaro Cárdenas del Río decretó la expropiación que permitió a México el uso soberano de sus recursos petroleros, al igual que ocurrió, en 1960, con la industria eléctrica, nacionalizada por el presidente Adolfo López Mateos. Esas dos decisiones históricas, son los pilares en los que descansa la defensa de dos recursos fundamentales para el desarrollo nacional.
Defensa de la soberanía energética en Tabasco
De ello se habló el pasado jueves 18 de marzo en Tabasco, escenario de la celebración del aniversario de la nacionalización del petróleo. Evento al que asistió el presidente Andrés Manuel López Obrador y en el que el director general de Pemex, Octavio Romero Oropeza, anunció el descubrimiento del campo petrolero Dzimpona, ubicado en el Municipio de Centro, del que se esperan extraer entre 500 y 600 millones de barriles de petróleo, lo que, sin duda, es una excelente noticia para nuestra entidad.
En ese marco, Adán Augusto López Hernández, gobernador de Tabasco, señalo que: “El vínculo de petróleo con Tabasco viene desde hace más de un siglo, en 1863, derivado del descubrimiento del presbítero Manuel Gil y Sáenz de las chapapoteras en Macuspana, lo que atrajo a compañías extranjeras como Pearson y, posteriormente, a la inglesa “El Águila Petroleum Company”. Años después arribó a nuestra entidad Petróleos Mexicanos.” El gobernador resaltó que el petróleo es el agente cuya actividad marca la vida, la historia, de nuestro Estado. Apuntó que Pemex genera en nuestra entidad efectos en dimensiones económicos, sociales, ambientales, comunitarias, políticas y culturales. “Nuestra historia compartida con PEMEX ha traido consigo beneficios y representa retos y oportunidades de y para desarrollo de nuestra entidad.”
Ante los retos que han derivado de la decisión presidencial de fortalecer la soberanía energética nacional, el gobernador de Tabasco le refrendó al jefe del Ejecutivo Federal su solidaridad y apoyo pleno: “Desde aquí acompañamos su decisión de proseguir una política firme y decidida para recuperar la soberanía energética.”
Expresó que, frente a los obstáculos que hoy se presentan por las acciones jurídicas de aquellos opuestos al bienestar de la nación: “Con toda energía y decisión, los tabasqueños respaldamos su reclamo respetuoso y firme ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación, para que se rectifique el proceder ilegal y contrario a los intereses nacionales.”
Fundado en el artículo 28 constitucional, Adán Augusto López Hernández, señaló, enfático, que no existe ningún elemento jurídico que de sustento a la pretención de declarar inconstitucional una ley cuyo objetivo es el bienestar de la colectividad. “Tal despropósito, dijo, no se inscribe en aras del interés colectivo y es, exactamente, lo contrario al espíritu de la Ley de Amparo”. Por lo anterior, el mandatario expresó: “Desde aquí, desde esta tierra, nuestra tierra comun, desde Tabasco, hacemos un respetuso llamado a cerrar filas para apoyar, con todo, la política energética impulsada por gobierno que encabeza el presidente Andrés Manuel López Obrador.”