Emilio de Ygartua M.
Lunes 29 de marzo de 2021.
* Jesús Reyes Heroles: Su legado a 100 años de su natalicio.
* Los adultos mayores en la mirada de la 4T
* El reto del envejecimiento activo
* Educación permanente y a lo largo de la vida
El próximo 3 de abril se cumplen cien años del nacimiento de Don Jesús Reyes Heroles, el penúltimo de los grandes pensadores de la política mexicana, el último, afortunadamente, sigue vivo y aportando sus ideas, Enrique González Pedrero, ex gobernador de Tabasco. Tuve la enorme fortuna de estar cerca de estos dos destacados políticos, juristas, historiadores, politólogos y académicos, binomio al que sumaría a otro importante personaje, en el ámbito de la salud y la investigación científica, el doctor Guillermo Soberón Acevedo, primero como rector de la UNAM y luego como secretario de Salud.
Con Don Enrique, mi primer contacto fue en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la que fue uno de los impulsores, a principios de la década de los setenta, de su conversión de Escuela a Facultad. A finales de 1975 me inscribí a la Maestría en Ciencia Política porque el tabasqueño era uno de los integrantes de la plantilla docente. Su prestigio como académico era una garantía. Tomar clase con quien había planteado cambiar al sistema desde adentro, un atractivo adicional.
Cursando mi licenciatura, había asistido a un “Curso de Verano” en el que participó como conferenciante. Vale recordar que en aquel momento la FCPyS vivía uno de sus mejores momentos por la presencia de muy reconocidos docentes nacionales a los que se sumaron destacados académicos argentinos y chilenos que habían recibido asilo político del gobierno de Luis Echeverría. Fue un momento de esplendor de la, entonces, “pequeña escuela”, que albergaba a estudiantes de Ciencias Políticas y Administración Pública, Sociología, Relaciones Internacionales y Comunicación y Periodismo.
Ese mismo año, tuve la oportunidad de integrarme al equipo de trabajo del rector de la UNAM, Guillermo Soberón, quien había asumido ese encargo en diciembre de 1972, luego de una larga huelga convocada por el Sindicato de Trabajadores y Empleados de la UNAM (a partir de 1977, Sindicato de Trabajadores de la UNAM). Movimiento que puso fin al rectorado de uno de los más emblemáticos miembros de la izquierda mexicana, Pablo González Casanova, predecesor de Javier Barros Sierra, cuyo papel durante el movimiento estudiantil de 1968 es conocido y reconocido.
A finales de 1976, cuando laboraba como jefe de Información de la Dirección de Comunicación Social de la UNAM, un muy querido tabasqueño, Adelor Gómez Flores, me comentó que había la posibilidad de incorporarme a trabajar en la Secretaría de Gobernación, de la que era titular don Jesús Reyes Heroles. La experiencia laboral más rica por la oportunidad de trabajar cerca de quien era un icono de la política mexicana, un intelectual en el más amplio sentido de la palabra, del que mucho aprendí y del que guardo muchas anécdotas.
Tuve la fortuna de ser testigo, y partícipe, de la primera y, a mi juicio, única Reforma Política que ha vivido el país. Conviví durante más de dos años con Don Jesús, lo que me permitió conocerlo a fondo, estar en primera fila en muchos momentos estelares y asumir tareas que, para mis 25 años, resultaban impensables. Fui parte de un equipo de trabajo integrado por Otto Granados Roldán y Mariano Palacios Alcocer, posteriormente gobernadores de Aguascalientes y de Querétaro, respectivamente, quienes años después ostentaron importantes cargos en la administración pública.
“El maestro”, como lo llamábamos todos, nos encomendó realizar una investigación a fondo de los sistemas electorales europeos con la finalidad de diseñar un esquema acorde a lo que el tenía claramente delineado: un modelo electoral mixto, con diputados de mayoría relativa electos en 300 distritos electorales uninominales, y 100 diputados electos por el principio de representación proporcional (hoy son 200 electos en 5 circunscripciones plurinominales. A mi me tocó revisar el modelo español que, en ese momento (1978), transitaba, no sin dificultades, en la vía de la transición a la democracia luego del fallecimiento del “generalísimo” Francisco Franco en 1975.
Reyes Heroles buscaba promover una mayor presencia de las minorías en el espectro político nacional, lo que vino aparejado de la incorporación en la Constitución, y en la Ley de Organizaciones Políticas y Procesos Electorales (LOPPE) de la modalidad del registro de partidos condicionado al resultado de las elecciones, lo que facilitó el tránsito a la legalidad del Partido Comunista Mexicano, y el registro de nuevos partidos como el del Trabajo y el Socialista de los Trabajadores, los tres en la margen izquierda, y, en el flanco derecho, el Partido Demócrata Mexicano, con el que se rescataba los argumentos principales de lucha de los sinarquistas en los tiempos de la Guerra Cristera, No obvio mencionar que esta reforma política fue precedida de una amplia y rica consulta en la que participaron partidos políticos, juristas y académicos.
El Congreso de la Unión aprobó las reformas a los 17 artículos de la Constitución General de la República. Destacaban las reformas y adiciones hechas al artículo 41º, que otorgaron a los Partidos Políticos Nacionales importantes prerrogativas, entre ellas, su acceso permanente a los medios de comunicación. Don Jesús me distinguió nombrándome subdirector de la Comisión de Radiodifusión, dirigida por otro brillante abogado, el también veracruzano, Serbio Tulio Acuña, del que también aprendí mucho.
Ese organismo además de ser el regulador de los tiempos que por Ley le correspondía al Estado en los medios de Comunicación (función asignada en 1967 por el presidente Gustavo Díaz Ordaz), sería ahora el responsable directo de la producción y difusión de los programas de los Partidos Políticos en la radio y la televisión, precisamente, en los tiempos que por ley le correspondía al Estado en esos medios.
Jesús Reyes Heroles: su legado político e intelectual
¿Por qué hacer este recordatorio del legado político y académico del licenciado Jesús Reyes Heroles? Por su, trascendencia y vigencia. Por su indiscutible aporte a la vida política nacional y a la compresión de nuestra historia vista a través de la mirada de un hombre que estudio a fondo el liberalismo mexicano que se diferencia del liberalismo europeo, fundado éste en las tesis de los economistas clásicos que abogaban por la entronización de un modelo capitalista basado en la prevalencia de un Estado ausente.
El liberalismo mexicano, por el contrario, partía de la idea que, al no contar con una burguesía nacional capaz de liderar el proceso de desarrollo económico y social, era necesario asignarle al Estado un papel protagónico en el devenir económico, político y social en la etapa independiente.
En su obra clásica “El Liberalismo Mexicano” (Tres volúmenes escritos entre 1957 y 1961), Reyes Heroles hace una magistral descripción del escenario de confrontación abierta entre dos visiones del México nacido del movimiento emancipador de 1810-1821; en el que se encontraban, de un lado, los conservadores, que pretendían mantener a toda costa el estado de cosas que había prevalecido durante lo tres siglos de dominación hispana, y que apostaban por un régimen centralista. Del otro lado, estaba el movimiento liberal, promotor del cambio. Impulsaban un régimen republicano, con estados federados, división de poderes y constituciones locales que garantizaran su soberanía e independencia.
En esa obra, el nacido en Tuxpan, Veracruz, el 5 de abril de 1921, teje no sólo una obra que relata el momento histórico ocurrido entre 1821 y el triunfo juarista y la restauración de la República luego de la Guerra de Reforma y la Intervención Francesa, en 1867, además, ofrece una brillante radiografía del pensamiento de los grandes ideólogos de la época, Lucas Alamán, en el hemisferio conservador, y José María Luis Mora, en el liberal. Su apego a las ideas de Juan Jacobo Rousseau se evidencia en su permanente propuesta de fortalecer nuestro Contrato Social y la prevalencia del Estado de Derecho.
Juarista convencido; defensor de la pervivencia del Estado laico, pronunció, el 5 de febrero de 1979, en el aniversario de la promulgación de la Constitución de 1917, un discurso que cimbró a las instituciones políticas, al oponerse a la visita del Papa Juan Pablo II, que, a su juicio, vulneraba el modelo laicista que la Carta Magna establecía como norma republicana de convivencia.
La reacción del presidente José López Portillo a ese incendiario discurso, fue prescindir de dos de sus secretarios, el promotor de la visita, el canciller Santiago Roel, y del ministro del Interior quien, en el mismísimo Teatro de la República escenario de la promulgación de nuestra ley de leyes, y en presencia del mandatario, se atrevió a manifestar su oposición a la visita del jerarca de la Iglesia Católica; lo hizo con la misma congruencia que, cuatro años atrás, en 1975, como líder del PRI, se opuso abiertamente a los afanes releccionistas de Luis Echeverría, con un “Primero el programa, después el nombre”, lo que provocó, luego del destape como candidato del PRI al la presidencia de López Portillo, en noviembre de ese mismo año, que enviarán a Reyes Heroles a la direción general del IMSS, “exilio” que hizo que algunos hablaran del fin de carrera política del ilustre tuxpeño.
Se equivocaron los “agoreros del desastre”, utilizando palabras expresadas por Luis Echeverría durante su compleja visita a la UNAM en 1975. Al dar a conocer su gabinete, López Portillo sorprendió a muchos al nombrar al nacido hace un siglo responsable de la política interior. Al hombre que entendía que al país le urgía una reforma política que canalizara por la vía institucional las violentas manifestaciones de inconformidad abanderadas por grupos guerrilleros que pedían un autentico tránsito a la democracia y la atención urgente de las grandes desigualdades sociales.
Don Jesús también fue secretario de Educación Pública (1983-1985) en el sexenio de Miguel de la Madrid Hurtado. En ese corto tiempo dejó impreso su sello personal en una institución que, por cierto, cumple, igualmente, cien años desde su creación en 1821, merced al empeño de otro ilustre y talentoso político e intelectual mexicano: Don José Vasconcelos Calderón. No resulta exagerado decir que Jesús Reyes Heroles encarnó al “Ulises Criollo” creado en la mente brillante del primer secretario de Educación Pública, en el lejano sexenio de Álvaro Obregón, en los tiempos del nacimiento del “Nuevo Estado mexicano.”
Apoyo para los adultos mayores
La semana pasada, en Oaxaca, el presidente Andrés Manuel López Obrador hizo un importante anuncio que tiene que ver con uno de sus tres programas sociales estrellas, convertidos en mandatos constitucionales, el que brinda apoyos económicos a los adultos mayores. Sin duda, los opuestos a las medidas tomadas por el tabasqueño en su empeño de revertir la pobreza, van a objetar el incremento anunciado en las ministraciones bimestrales que recibe este sector de la población cuyo crecimiento demográfico ha quedado claramente expresado en los datos arrojados por el Censo General de Población 2020.
Reducir de 68 a 65 años la edad para recibir este apoyo es destacable, más, la visión prospectiva que establece que para el 2024 los adultos mayores recibirán 6 mil pesos bimestrales. El envejecimiento de la población en México es una realidad. No puedo dejar de señalar que los retos que derivan de esta circunstancia demográfica no se van a resolver sólo con políticas públicas distributivas, dar dinero; desde luego que ayuda mucho este recurso otorgado a mujeres y hombres de la tercera edad cuya circunstancia económica no es nada favorable. Sin embargo, como lo he apuntado en este y otros espacios, hay que ir más allá, es necesario implementar más políticas públicas redistributivas a favor de ese sector de la población.
Por ello, en la Universidad Olmeca se están impulsando dos proyectos que pueden coadyuvar a generar un mejor escenario de vida para los adultos mayores: uno, el Plan Estatal de Salud Alimentaria, fundado en la utilización de la Dieta Mediterránea Mexicanizada, del que ya he hecho referencia en este espacio; dos, la creación de la Escuela de Educación Permanente y a lo Largo de la Vida, que iniciará sus operaciones el próximo mes de mayo.
La Escuela contará con un Centro de Educación Permanente cuyo objetivo será construir un nuevo modelo de sociedad en el que las personas han de tener la oportunidad de envejecer, siendo protagonistas de su vida, en un quehacer pro-activo y no como meros receptores de productos, servicios o cuidados. Toma cuerpo de modo diferente en cada persona, atendiendo a los significados propios; se puede ser “activo” de muy diferente manera. Implica un enfoque comunitario en el que los ciudadanos mayores deben tener la oportunidad de participar en todo lo que les es propio, tanto en su esfera privada como en la comunitaria.
En el tema del envejecimiento, es necesario que se garantice que los ciudadanos mayores puedan continuar mejorando o manteniendo sus competencias y controlando su vida (garantizando todos sus derechos). Desde luego, esto es un desafío a la prospectiva tradicional de que la educación es cuestión de los más jóvenes ; por el contrario, se ofrecen oportunidades de desarrollo y aprendizaje a lo largo de la vida al considerar al aprendizaje a lo largo de la vida como un proceso integral, multidisciplinario, inclusivo, que permita el desarrollo de competencias para la vida.
Este Centro contempla garantizar la adquisición de conocimientos y habilidades científicas y culturales; la participación en la propia identidad cultural; la aceptación en diferencias y discrepancias; saber cómo aprender; la comprensión de los cambios sociales e individuales; la utilización de nuevas tecnologías (entre ellas las Tic´s); el mantenimiento de autonomía personal y autoestima personal a pesar de la pérdida de independencia.
Hoy, el reto es generar un modelo educativo para personas mayores en una sociedad que envejece y que precisa de cambios de fondo. La sociedad, históricamente, ha sido receptiva para asumir la educación, formación y guía de los niños y jóvenes; pero no así de las personas mayores, pues todavía prevalecen representaciones sociales, estereotipos y numerosos prejuicios negativos acerca de la vejez.
Cada vez más, el ser humano necesita continuar su educación y formación a lo largo de la vida. El mundo en permanente cambio, la mayor longevidad y la posibilidad de mayor tiempo de ocio, han convertido la educación no formal y la educación de adultos en puntos clave de los nuevos desarrollos educativos. Se llama educación para adultos a la que se brinda a un sector de la sociedad que concurre a los centros educativos, con el fin de iniciar, continuar y terminar su proceso de desarrollo o persiguiendo múltiples fines u objetivos; por tanto, este tipo de educación está dirigida a una población con características, estructuras e intereses propios.
La educación para adultos debe originarse en una visión más inclusiva, que admita acciones educativas de variada índole, con una conceptualización más holística. En términos pedagógicos, debe partir de las necesidades de los adultos, de cada grupo y de sus características específicas. Por ello, la Universidad Olmeca, ofrecerá alternativas para que los adultos puedan acceder a este tipo de modalidades que coadyuvarán a que en Tabasco, como es preocupación de sus autoridades de salud y educativas, transitemos hacia un envejecimiento activo y de salud plena.
Con motivo de la Semana Mayor, Prospectiva se publicará nuevamente, Dios mediante, el lunes 12 de abril. Felices Pascuas y cuidémonos todos.