Emilio de Ygartua M.
Lunes 12 de abril 2021.
*La crisis de las vacunas
*Nueva ola de contagios
*¿Cuál vacuna? La que te toque
*Estados Unidos en su laberinto
* Ha fallecido el Príncipe Felipe de Edimburgo
Corriendo el cuarto mes de año, siguen siendo temas estelares la pandemia, la crisis económica de ella derivada, y las vacunas, que son la esperanza de que llegue esa nueva normalidad que, todavía, no está claro como será. Con base en información proporcionada por la ONU, merced al programa COVAX, cien países han accedido a vacunas. Me refiero, desde luego, a naciones que no las producen y que no cuentan con los recursos económicos para adquirirlas.
Estos datos, lamentablemente, no pueden generar alegría, mucho menos la esperanza de que la inmunidad de rebaño, de la que tanto se ha hablado, se pueda alcanzar en el mediano plazo. Los científicos señalan que este estadio se lograría si el setenta por ciento de la población mundial es inmunizado. Al momento, según la OMS, se han vacunado aproximadamente 250 millones de personas en el mundo, un número importante, sí, pero que palidece cuando se recuerda que la población mundial es superior a los siete mil millones.
En este espacio hemos escrito de manera recurrente sobre el llamado “nacionalismo de las vacunas”, esto es, la concentración en muy pocas manos de estos fármacos que, además, se han producido en cantidades muy inferiores a la demanda.
La propia OMS calcula que para finales de este año las farmacéuticas productoras de estas vacunas producirán una cantidad cercana a los 1,200 millones de dosis, lo que habla del esfuerzo extraordinario que se está realizado, sin embargo, nos queda claro que esas cifras están muy lejos de las cantidades necesarias para enfrentar una pandemia cuyo precedente está a un siglo de distancia, la mal llamada “influenza española”, que provocó la muerte de más de 50 millones de personas en el mundo.
Es cierto que el número de fallecidos, más de 2 millones, y de infectados, 30 millones, a causa de la COVID-19, está lejos de lo ocurrido entre 1918 y 1924, no obstante, la actual pandemia ha tenido, además de los nefandos efectos sanitarios, consecuencias económicas devastadoras en todo el orbe. El aumento de la pobreza laboral y alimentaria ha borrado lo avanzado en el último quinquenio tanto en naciones pobres como en países en vía de desarrollo.
Más pobres, desempleados y más desplazados hacia regiones menos afectadas, y el crecimiento de la desigualdad, es el resultado que deja la pandemia que, también, ha evidenciado la incapacidad de la mayoría de los gobiernos para, primero, gestionarla adecuadamente, segundo, para generar estrategias gubernamentales capaces de enfrentar los efectos de la crisis económica y, muy importante, para gestionar las vacunas necesarias para inmunizar a su población. Muchos analistas coinciden en que la pandemia se “ha convertido en la mayor catástrofe global de los últimos años: cientos de miles de muertos, hospitales saturados, economías destrozadas y millones de personas confinadas. Algo que no se veía desde los tiempos de la Segunda Guerra Mundial (1939-45).”
Una nueva ola de contagios
En varios países se están dando en este momento rebrotes de contagios. Ya no sabemos si es la tercera o la cuarta ola; al tiempo, los científicos notifican, un día sí y otro también, sobre nuevas variantes de coronavirus; mutaciones que generan alarma y más preocupación, ya que no se tiene claridad si las vacunas que ya se aplican serán efectivas frente a estas variantes.
El SARS-CoV-2, está empeñado en darnos sustos cotidianos, sujeto a un guion impredecible que nos mantiene en la zozobra, en la incertidumbre permanente. A la espera de la vacuna; algunos, los que ya recibimos la primera dosis, nos preguntamos ¿Cuándo llegará la segunda? Se ha hecho clásica la frase de “la que te toque”, cuando se pregunta cuál es la mejor, si la de Pfizer, Moderna, AstraZéneca, las chinas, las rusas o la indú.
Es verdad, ya se ve una luz al final del túnel porque las vacunas, en general, han mostrado un alto grado de efectividad, incluso la producida por AstraZéneca, que ha provocado trombos en algunas de las personas vacunadas. La OMS ha señalado que son más los beneficios que los riesgos, como si esta declaratoria fuera la más adecuada a la hora de generar tranquilidad y confianza. Así las cosas, mientras algunas naciones europeas han suspendido la aplicación de esta vacuna, otras han decidido no aplicarla a menores de 60 años.
En Estados Unidos, por cierto, se sabe que tienen guardadas en refrigeradores 20 millones de vacunas de este fabricante inglés. En un acto “de solidaridad”, clásico en nuestros vecinos del norte, han decidido compartir con Canadá y con México cerca de 4 millones de dosis de esa vacuna. Todavía no deciden qué van a hacer con el resto de las dosis que tienen almacenas.
Está claro que al gobierno estadounidense no le preocupa mucho este asunto. A la fecha, han vacunado a 100 millones de personas y Joe Biden ha ofrecido que, antes del inicio de las vacaciones de verano, todos los mayores de 18 años estarán inoculados. Bueno, se dan el lujo de promover el “turismo de la vacuna”, que está contribuyendo a reactivar al sector hotelero, restaurantero y al comercio minoritario de ese país, muy afectado por el confinamiento.
Por cierto, México es una de las 15 naciones que, de acuerdo con una nota publicada por el diario inglés, The Economist, en proporción al número de sus habitantes, más cantidad de vacunas han ordenado. Ese grupo está integrado por: Canadá, Australia, Estados Unidos, Japón, Nepal, India, Uzbekistán, Brasil, Indonesia, Costa Rica, Egipto, México y Bangladesh. El dato echa por tierra los argumentos recurrentes de los opuestos al gobierno federal que señalan que no se ha hecho la gestión adecuada y que la vacunación ha sido un fracaso.
De acuerdo con el mismo diario inglés, estos 15 países han acordado comprar, en conjunto, 600 millones de dosis de Pfizer-BioNTech, lo que representa casi el 50% de lo que, en conjunto, pueden producir los fabricantes de medicamentos para finales de 2021.
Para reforzar estas comprar, y garantizar que las farmacéuticas cumplan con los compromisos contraídos con nuestro país, el canciller Marcelo Ebrard, atendiendo instrucciones presidenciales, realizó una gira amplia que incluyó los Estados Unidos, Reino Unido, China, Rusia y la India. Por cierto, esta última nación produjo una vacuna que la COFEPRIS, está analizando para observar su pertinencia y confiabilidad.
¿Cuál vacuna? La que te toque
Sobre esta vacuna, se han escuchado voces discordantes, como ocurrió en su momento con las vacunas rusas y chinas que han demostrado su efectividad y los avances científicos y tecnológicos alcanzados por estas dos naciones. Se les olvida a muchos que la India es una potencia en el sector farmacéutico. Llamada “la farmacia del Tercer Mundo”, desde hace más de dos décadas tiene el liderazgo en la producción de fármacos genéricos intercambiables.
No obvio comentar dos cosas importantes sobre este tema: primero, que el FMI ha publicado que el PIB de la India crecerá este 2021 un 12% (China el 9%), y que, en el 2022, lo hará en un 9%. Segundo, que hay voces a nivel planetario que piden que las patentes de las vacunas contra la COVID-19 se liberen. Soñar no cuesta nada. Desde luego que las farmacéuticas que hoy las producen, de ninguna manera, van a soltar este muy redituable negocio a costa de la salud mundial y, por qué no decirlo, de su supervivencia económica.
La Organización Mundial del Comercio (OMC), que tiene como nueva directora general a la nigeriana Ngozi Okonjo-Iweala, propondrá en una cumbre bloquear patentes de vacunas. Quien fuera funcionaria del Banco Mundial, sabe que una propuesta de este tipo, que ella considera como la mejor para acelerar la vacunación mundial, enfrentará la resistencia de países como Estados Unidos, Australia, Suiza, Japón, la Unión Europea y Brasil, que, de ninguna manera aceptarán que se liberen las patentes.
Por lo anterior, en la reunión que se celebrará el próximo miércoles, la OMC, que cuenta con el respaldo de la OMS, sentará a la mesa a los dos bloques de países enfrentados, los que piden la liberación y los que la rechazan, pero también a las farmacéuticas, con la esperanza de encontrar “vías intermedias que permitan aumentar la producción de vacunas y acelerar el proceso de inmunización contra COVID-19. El principal argumento que esgrimirá la señora Okonjo, es que si no se avanza en esa inmunización la apertura de la economía es muy difícil y los riesgos de un nuevo confinamiento global están a la vista.
Estados Unidos en su laberinto
Lo que está claro es la concentración en pocos países de las vacunas, lo que está complicando la obtención de las dosis necesarias para enfrentar la pandemia de manera global. Estados Unidos logró garantizar el abastecimiento suficiente porque Donald Trump, hay que reconocerlo, canalizó millonarios recursos para apoyar la investigación, primero, y la posterior producción de las vacunas desarrolladas por Pfizer, Moderna y Johnson & Johnson. Este anticipo ha sido aprovechado por el actual mandatario para lograr su exitosa cruzada anticovid que ha permitido la apertura de la economía en muchos estados de la Unión Americana.
Próximo a cumplir sus primeros 100 días de gobierno, el demócrata puede presumir varios logros, uno de ellos, precisamente la gestión de la vacunación que, si bien no ha logrado reducir el número de contagios y de fallecimientos, sin duda tendrá efectos pronto, en primero lugar entre los adultos mayores, luego en las personas de menor edad. Este esfuerzo por vacunar a 200 millones de personas para finales de este mes se reflejará en la disminución de las presiones al sistema de salud y en la reactivación de la economía.
El modelo económico que está implementando Joe Biden es el que tradicionalmente han impulsado sus antecesores demócratas. Desde Franklin D. Roosevelt, pasando por John F. Kennedy, William J. Clinton y Barack Obama, el modelo keynesiano, con ciertas variantes de acuerdo a los tiempos, ha servido para enfrentar lo mismo crisis financieras (1929 y 2008), que los efectos de las posguerras, y, ahora de una grave crisis sanitaria.
¿Qué hay de común en esos escenarios? La caída de la producción por una contracción de la demanda derivada del cierre de empresas y la consecuente pérdida de empleos. Ante este escenario, las recetas keynesianas resultan efectivas a partir de una mayor participación del Estado en la economía. Los 1.9 billones que el Congreso autorizó a Biden permitió darle un fuerte empujon a la demanda entregando recursos en efectivo a millones de personas. Asimismo, ese dinero tendrá otros objetivos: apoyar a las empresas que enfrentan serios problemas para evitar su cierre y un incremento en la masa desempleada, y destinar los recursos para la adquisición de las vacunas, bajo la premisa de que sólo con la inmunidad de rebaño Estados Unidos podrá abrir totalmente su economía.
Complementa estas acciones keynesianas lo que el economista inglés calificó como “los aceleradores”: la inversión pública. En este rubro, el gobierno demócrata también ha contado con el respaldo de sus correligionarios en el Congreso, que le han autorizado 2 billones de dólares para generar infraestructura, obra pública que, como se sabe, tiene un efecto muy importante en la generación de empleos directos e indirectos.
¿En qué beneficia a México estas medidas? En dos escenarios importantes, el primero, que la reactivación de la economía del vecino del norte tendrá un efecto positivo en la nuestra, ya que nuestras cadenas productivas recibirán una inyección de confianza al prevenir un incremento en la demanda; segundo, porque al incrementarse el empleo en los Estados Unidos y con los apoyos económicos que se están entregando a la mano, el volumen de las remesas se incrementará, como ha venido sucediendo en los últimos 14 meses.
Vale señalar que también ha dispuesto el gobierno demócrata recursos para el tema migratorio y para apoyar a los países centroamericano. En este último punto, con recursos mucho menores a los que se había comprometido, mil millones contra 4 mil millones. Acerca del primer tema, la migración, todo parecía ir muy bien, pero se les hizo bolas el engrudo, como decía mi abuelita.
La laxitud con la que se tomó el asunto, prohijo un crecimiento de los interesados en cruzar la frontera, especialmente menores que viajan sólo y que ha provocado una crisis severa y críticas internacionales que han opacado los primeros buenos momentos de esta administración. Joe Biden ha tenido que echar mano de su vicepresidenta, Kamala Harris, para que sea la responsable del tema migratorio.
La ex senadora por California ya tuvo su primer encuentro con Marcelo Ebrard. El canciller fue enfático al señalar que nuestro país coperará en el tema de la trata de personas y otros asuntos, pero que ya no será la “guardería de los migrantes rechazados”. Este escenario complicado, ha servido para que Donald Trump y los republicanos critiquen fuertemente al gobierno federal, y hasta un grupo de policias hicieron una marchita pidiendo a Biden que no cancele la construcción del muro. Con la mira puesta en las elecciones intermedias del 2022, el tema migratorio será, sin duda, el eje central de las campañas republicanas. Al tiempo.
Ha fallecido el Príncipe Felipe de Edimburgo
La semana pasada falleció, próximo a cumplir 100 años, el príncipe Felipe de Edimburgo, esposo, desde 1947, de la reina Isabel II, la monarca más longeva en la historia del Reino Unido de la Gran Bretaña. Más allá de la novelesca figura que ha difundido Netflix en su larga serie “The Crown”, Felipe, nacido como Felipe de Grecia y Dinamarca, es digna de analizarse y de profundizar en ella.
A quien han llamado “el alfil de la reina”, no le fue fácil su ingreso a la casa real como esposo de la todavía princesa de Gales y heredera al trono de su padre Jorge VI, al que sucedió en 1952. “Felipe el griego”, como lo llamaban al interior de la casa real y en las calles, fue hijo del príncipe Andrés de Grecia y Dinamarca y de la Princesa Alicia de Batenberg. Su infancia fue compleja ya que su padre huyó luego del triunfo del ejercito turco que tomó el control de las islas griegas, dejando totalmente desamparada a la familia.
Su madre padecia esquizofrenia y, se cuenta, fue atendida por el mismísimo Sigmund Freud amigo cercano de la abuela de Felipe, nieta de Napoleón III. Felipe llegó muy joven al Reino Unido donde se formó académicamente, destacando especialmente en actividades deportivas y en la marina. A los 18 años conoció a Isabel que, con 13 años, se sintió atraída por este jóven atlético y muy echado para delante.
Ha muerto el padre de cuatro hijos nacidos del matrimonio con Isabel. Felipe tuvo que aceptar que todos ellos llevarán el apellido de la madre, Windsor, y no el suyo. En 1957, cinco años después de la coronación de su noble cónyuge, se le otrogó el título de príncipe del Reino Unido. Ejerció una dura influencia sobre su hijo Carlos, actual heredero al trono. Se dice que Felipe fue el principal impulsor de su enlace con Lady Diana, si bien, después, al conocer de sus infidelidades, se convirtió en el principal promotor de su expulsión de la familia real, familia envuelta siempre en complicados affaires, como el más reciente, en el que se les ha acusado de actitudes racistas en contra de la más reciente adquisición de la corona británica, la norteamericana Meghan de Sussex, esposa del príncipe Enrique. Una muerte, la de Felipe, en tiempos de crisis de la muy longeva monarquía inglesa.