Emilio de Ygartua M.
Lunes 26 de abril 2021.
*A 60 años de la invasión de Bahía de Cochinos, Cuba
*¿Patria o muerte o Patria y vida? El dilema cubano
*Se jubila Raúl Castro Ruz.
*¿Seguir la misma ruta? Cuba en su laberinto
*¿Pone en riesgo la reforma al PJF la división de poderes?
Han transcurrido un poco más de 62 años del triunfo de la Revolución Cubana. Seis décadas muy complicadas para un país que logró dar un golpe de timón que le permitió acceder a una independencia que no lograron quienes encabezaron movimientos con ese mismo propósito en la segunda mitad del siglo XIX. El Movimiento 27 Julio, liderado por Fidel Castro, formuló sus propósitos basándose en las tesis del político, ideólogo y literato cubano José Martí, sustentadas en la lucha contra el imperialismo español, en plena decadencia, y del naciente imperialismo estadounidense que en el último tercio de ese mismo siglo había mostrado sus afanes expansionistas en nuestro continente.
La revolución cubana se convirtió, a partir de su triunfo el 1º de enero de 1959, en paradigma de muchos países de nuestra región que entendieron que el triunfo de David sobre Goliat era resultado del hartazgo de la población cubana, explotada y humillada por el nuevo amo que expoliaba sus recursos naturales, quitaba y ponía gobernantes a su entero antojo, al tiempo que tenía a la mayoría de la población sumida en la pobreza, la marginación y el analfabetismo. La defenestración del presidente Fulgencio Batista fue una señal para muchos gobernantes de la región, títeres que bailaban al son que les tocaban desde Washington.
Cuba optó por un gobierno socialista cuya promesa era generar riqueza para que se redistribuyera equitativamente entre todo el pueblo. Muchos cubanos no estuvieron de acuerdo, se fueron de la Isla y encontraron espacio en La Florida, península norteamericana que puede mirarse en días despejados desde el Castillo de los Tres Reyes del Morro, construido por los conquistadores españoles para defenderse, en otros tiempos, de los filibusteros ingleses, portugueses y franceses que asediaban continuamente a la perla mayor de las Antillas.
Hace sesenta años, financiados por el gobierno de John F. Kennedy, 1,500 mercenarios, exiliados cubanos, anticastristas avecindados en Miami, “la nueva Habana”, invadieron la Isla por Bahía de Cochinos. Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba los derrotaron en 72 horas. Se desarrollaron combates en numerosos lugares de la Ciénega de Zapata, siendo Playa Girón el último punto ocupado por los exiliados antes de ser derrotados y presos, poniendo punto final a esa aventura.
Ese episodio histórico es recordado en la canción compuesta por el cantautor cubano Silvio Rodríguez, “Playa Girón”, pieza dedicada a los pescadores de un barco con ese nombre en el cual él estuvo trabajando entre 1969 y 1970. Esa hermosa composición se refiere tanto al barco como a la batalla ganada por los cubanos en abril de 1961. Una batalla contra el imperialismo yanqui.
Seis décadas han pasado desde ese histórico momento en el que la revolución cubana vivió, a dos años de haber triunfado, su etapa más compleja. En ese contexto nació la frase que más distingue a la Isla y que los visitantes pueden ver en espectaculares y en paredes a su arribo al aeropuerto internacional José Martí, o cuando recorren el Malecón de La Habana, o caminan por el hermoso y colonial Centro Histórico: ¡Patria o muerte. Venceremos¡ Esa ha sido la consigna para alentar el fervor patrio, la defensa de la independencia; mantener su lucha contra un modelo capitalista que señalan incapaz de revertir la pobreza, la injusticia y la marginación!
Hoy, el pueblo le está cambiando la letra, por “Patria y vida”, la polémica canción creada por un grupo de artistas cubanos que denuncia la compleja situación política y económica que atraviesa su país. El tema, compuesto por afamados artistas cubanos como Yotuel Romero, Descemer Bueno, el duo Gente de Zona y los raperos Maykel Osorbo y el Funky, superó, en menos de 72 horas, el millón de reproducciones en YouTube y se volvió viral en las redes sociales. Hay que recordar que desde hace cinco años los cubanos tienen acceso a Internet, si bien con algunas cuentas bloqueadas.
Fustigada en twitter por el presidente Miguel Díaz-Canel, la canción provocó que la televisión estatal convocará a la población a aplaudir y a cantar el himno nacional un día y hora determinada, al tiempo que los diarios nacionales dedicaron páginas enteras de críticas a los autores a los que se acusa, como siempre, de ser contrarrevolucionarios e “instrumentos del imperialismo yanqui”.
¿Patria o muerte, Patria o vida?
El camino que establecieron los “Padres fundadores” de la naciente nación, fue el del socialismo. Desde entonces a la fecha han insistido en que esa sea la ruta que debe seguir un país con 30 millones de habitantes que han vivido momentos difíciles, y otros peores. La revolución cubana ha sobrevivido a invasiones, a bloqueos económicos, a gobiernos norteamericanos empeñados en que el sistema colapse para que la población encabece un movimiento capaz de poner punto final “a la aventura roja”.
Hasta hoy, todos esos esfuerzos del “imperialismo norteamericano” han fracasado. Sin embargo, no son pocos los que piensan que los cambios deben gestarse desde adentro, y son muchos, también, los que consideran que estos no deben significar una renuncia a lo mucho y bueno que se ha logrado en seis décadas, pero sí una oportunidad para corregir errores, desviaciones, que han alejado a la Isla del paraíso prometido. No, no tiene la culpa de ello Carlos Marx; han sido los intérpretes los que han fastidiado la canción.
Cuba ha sobrevivido a la Perestroika, a la caída del Muro de Berlín, a la desintegración de la URSS, su aliada principal; al fin de la Guerra Fría, a la muerte de Fidel Castro, el líder que fue capaz de llevarlos a un estadio que los cubanos por si solos no hubieran sido capaces de alcanzar, parafraseando al politólogo alemán Max Weber. Han sobrevivido a “períodos especiales”, a la fractura de su sistema económico y a otras circunstancias adversas que han provocado el desaliento de la población. Desencanto que es muy evidente cuando se visita la Isla.
En enero del año pasado estuve en Cuba, 25 años después de mi segunda visita. Este nuevo encuentro se dio antes de que la pandemia nos obligara al confinamiento. Encontré a la ciudad de La Habana más abierta a negocios privados, dolarizada y en alerta porque el gobierno había anticipado que en enero del 2021 desaparecería el peso cubano convertible (CUC) para dar un paso decisivo en el ordenamiento monetario del país. Lo anterior significa que, desde el mes de enero pasado, han dejado de existir dos monedas, el peso cubano y el peso convertible cuyo valor equivalía a un dólar. Luego de esta reforma, la Isla cuenta con una única moneda, el peso cubano cuya tasa de cambio inicial se fijó en 24 pesos por dólar.
Durante mi estadía en la Cuba, percibí inconformidad, malestar, porque lejos de caminar hacia el progreso y la igualdad, cada día se observa más lejana esa meta. Ya no bastan las excusas, las justificaciones. El pueblo cubano, es cierto, goza de buenos servicios de salud y educativos, dos de sus mas grandes logros, pero cada día resulta más difícil acceder a los alimentos suficientes, a ingresos justos que les permita alcanzar el bienestar por tantos años prometido.
Bertrand Russell, premio Nobel de la Paz, decía que “los jóvenes son los incendiarios y los viejos son los apagafuegos”. Con los años cambian las percepciones, es cierto; en mi caso, no se ha modificado mi forma de pensar con respecto a lo mucho y bueno que trajo la revolución cubana. Sin embargo, es imposible cerrar los ojos, poner oídos sordos ante las claras evidencias de que el socialismo cubano ha llegado a un punto de quiebre, a un estadio en el que resulta urgente que sus dirigentes, los nuevos y los viejos, entiendan que está creciendo el hartazgo, catalizador de la revolución triunfante en 1959, pero que hoy puede ser la chispa de una contrarrevolución.
Una muestra de ello es la reciente protesta pública realizada por un colectivo de trabajadores de la cultura (San Miguel), duramente fustigada por las autoridades gubernamentales que insisten en calificarlos de “enemigos de la revolución financiados desde el exterior”, lo que evidencia el empeño por hacer de “la verdad oficial” el componente unidimensional al que el pueblo debe sujetarse, con “disciplina” y total alineamiento a las directrices impuestas por el Partido Comunista Cubano.
Una parte importante de la sociedad sigue creyendo en el modelo, pero cada día son más los que ya no compran el discurso del futuro idílico que les prometieron los “padres fundadores”. Es tiempo de modificar la ruta y redefinir la meta.
¿Tiempos de cambio? Cuba en su laberinto
Los héroes de la revolución, los que pelearon en la Sierra Maestra entre 1956 y 1958, utilizando con éxito la guerra de guerrillas, están muertos o cansados. Fidel envejeció y murió. Hasta el último día de su vida defendió sus tesis de forma inquebrantable. Raúl, su hermano, quien lo acompañó desde el inicio en la lucha, entendió cuál era su papel. Aceptó ser “segunda voz” y, en muchas ocasiones, en corto, propuso cambios que permitieran salir de una ortodoxia que cada día era más difícil de cumplir, especialmente después de la balcanización de la URSS y el posterior tránsito de Rusia a un modelo de capitalismo de Estado que Fidel se negó adoptar y adaptar.
Con su hermano vivo, pero con salud precaria, Raúl fue tomando poco a poco el control del poder que, lo sabe muy bien, no se comparte. A la muerte del “Comandante en Jefe”, en su dualidad de jefe de Estado y dirigente del PCC, pudo, por fin, tomar decisiones encaminadas a transformar sin renunciar a la vigencia del modelo socialista considerado, una y otra vez, como premisa irrenunciable.
En la memoria quedan las recepciones al Papa Francisco, a Barack Obama, primer presidente de los Estados Unidos que visitaba la Isla como parte de un proceso de deshielo que poco duró porque su sucesor, Donald Trump, echó marcha atrás a todo lo avanzado en la relación entre ambas naciones. Al momento no se observa que Joe Biden tenga como prioridad recuperar la relación con la Isla, lo que, sin duda, debe preocupar a sus actuales dirigentes.
En ese contexto, se ha dado el anuncio del “retiro voluntario” de Raúl Castro; decisión que no conlleva su renuncia a seguir siendo el poder tras el trono, como lo reconoció abiertamente su sucesor, Miguel Díaz-Canel, ungido, en el recién celebrado VIII Congreso del Partido Comunista Cubano, como primer secretario general, cargo que ostentaron por muchos años, primero Fidel y luego Raúl.
De ese foro emergen varios acuerdos que giran en torno a la seguridad nacional, a la economía y a la producción de alimentos. Son decisiones tomadas en un momento coyuntural francamente desfavorable, con tiendas desabastecidas y la compleja reforma monetaria en curso que ha hecho perder a los cubanos gran parte de su poder adquisitivo y acrecentar su enojo, su desesperación.
El primer ministro, Manuel Marrero, fue claro al señalar, ante 300 delegados que acudieron a ese congreso que: “La estructura productiva no logra satisfacer los niveles de demanda de la población. Este asunto no es sólo una prioridad, sino que es una cuestión de seguridad nacional.”
En otra parte de su discurso, el funcionario, al confirmar que se está avanzando en una legislación orientada a legalizar y garantizar el funcionamiento de las microempresas y de las pymes. “Tenemos un reto por delante y el gobierno, al igual que reafirma su visión sobre el papel que tiene que jugar la empresa estatal socialista en la economía nacional, ratifica la prioridad e importancia de la consolidación y desarrollo de otras formas de gestión no estatal.”
Este proyecto, sustentado en la economía mixta, pareciera encaminar a la Isla a la implementación de un modelo de capitalismo de Estado, con un muy lejano parecido al implementado en China a finales de los años setenta del siglo pasado. Pero algo es algo, opinan algunos economistas cubanos, como Julio Carranza, quien luego de conocer los acuerdos del VIII Congreso del PCC, manifestó que: “Si la voluntad política y la evidencia práctica se expresaran firmemente a favor del curso de la reforma; si lo planteado en el documento de la Conceptualización y lo contenido en la nueva Constitución ganan vida y dinamismo; si los resultados del Congreso confirman con su autoridad política este curso, estaríamos en la ruta correcta para la superación de los tremendos desafíos que hoy enfrenta Cuba. (Mauricio Vicent. El País, 17/04/21)”
¿Pone en riesgo la reforma al PJF la división de poderes?
El viernes próximo pasado, el pleno de la Cámara de Diputados avaló en lo particular, con 262 votos a favor, 182 en contra y 7 abstenciones, el dictamen que expide las Leyes Orgánicas del Poder Judicial de la Federación y de la Carrera Judicial del Poder Judicial de la Federación. Corresponde ahora al Ejecutivo ordenar su publicación en el Diario Oficial de las Federación.
Como ha señalado el ministro presidente de la Suprema Corte, Arturo Zaldívar Lelo de Larrea, “la nueva legislación da vida a una reforma judicial de gran calado y envergadura, la más trascendente desde 1994, la cual permitirá tener un Poder Judicial renovado y fortalecido que cumpla con la promesa de alcanzar una justicia expedita y más cercana a la gente; que exista una mejor defensoría pública, y que las y los juzgadores tengan mecanismos objetivos para su promoción, avanzando hacia la paridad de género.”
Lástima que estas bondades pasen a segundo término derivado de la inserción, en el último momento de un Artículo Transitorio que amplía por dos años la duración del curso administrativo de la Presidencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Al respecto, el propio Arturo Saldívar, mediante un comunicado de prensa difundido el mismo viernes 23 de abril, establece que “con ello no se extiende el plazo de su encargo como ministro de la Corte.”
Este comentario llega tarde, lo que le ha valido críticas de expertos en la materia que han señalado la inconstitucionalidad de esa ampliación, en tanto que otros, desde una visión política, han dado paso a especulaciones relacionadas con otro de los tres poderes, el Ejecutivo. Las lucubraciones están a la orden del día con la vista en el 2024. El ministro Zaldívar ha ingresado al peor de los mundos, al de la ambigüedad, del cual saldrá seriamente dañado, y con él, una reforma con enormes bondades.
Algunos especialistas en derecho constitucional establecen que con esta ampliación hecha por Poder Legislativo comete una clara intromisión en el Legislativo, vulnerando la división de poderes; asimismo, lo que establece el artículo 97 constitucional que textualmente señala: “Cada cuatro años, el pleno elegirá de entre sus miembros al presidente de la Suprema Corte […], el cual no podrá ser reelecto para el período inmediato superior.”
Para muchos, su planteamiento no es categórico; lo que hace, dicen, es diferir su decisión hasta que la propia Corte, que el preside (¿juez y parte?) resuelva sobre la constitucionalidad. Si la Corte declara la constitucionalidad, y esto puede ocurrir en la víspera de la conclusión de su mandato, Arturo Zaldívar tendrá que acatar lo dispuesto en el referido transitorio no habrá servido su ambigüo deslinde. La reforma al PJF, pone en juego la división de poderes.