Emilio de Ygartua M.
Lunes 3 de mayo 2021.
*Los 100 primeros días de Joe Biden en la Casa Blanca
*Tema migratorio, una prioridad
*¿Adiós al neoliberalismo en EU?
*Un nuevo estilo en política exterior
*4M, la Batalla por Madrid y el futuro de España
*Propuesta de Reforma a la Ley de Desarrollo Rural Sostenible de Tabasco
El demócrata Joe Biden ha traspasado la simbólica marca de los cien primeros días de gobierno establecida por primera ocasión en 1934 por su correligionario Franklin D. Roosevelt. Hay enormes paralelismos en el escenario en el que arrancaron sus administraciones. El segundo, enfrentando la crisis económica más severa que haya sufrido el naciente imperio capitalista. Una recesión económica que ocasionó la pérdida de millones de empleos derivado de la quiebra de miles de empresas provocada por una sobreproducción que no encontró en el mercado la demanda necesaria. Las acciones de las empresas cayeron y con ellas la confianza en el sistema financiero.
La Gran Depresión significó una gran prueba para una nación que había vivido un período de auge, de expansión, en la etapa posterior a la Primera Guerra Mundial (1914-1918), pero que pronto comprobó que las tesis de Carlos Marx, formuladas en la segunda mitad del siglo XIX eran ciertas. El modelo capitalista de producción está sujeto a dos grandes contradicciones; la primera, su tendencia a sustituir la fuerza de trabajo humana por máquinas, con la finalidad de aumentar su capacidad productiva, lo que provoca un creciente desempleo, que conlleva la segunda gran contradicción, la caída tendencial de la tasa de ganancia y la recesión.
Roosevelt planteó durante su campaña electoral que su gobierno sería capaz de revertir la crisis, crear empleos y reposicionar a los Estados Unidos como una nación fuerte y poderosa; como el motor de la economía mundial. Fundado en las tesis del economista inglés, John Maynard Keynes, el político neoyorquino, que ganó cuatro elecciones presidenciales, ofreció un Nuevo Trato y reinsertar a su país en la senda del bienestar compartido (Estado de Bienestar).
En este 2021, Estados Unidos vive una situación con ciertas similitudes a las arriba descritas. La crisis económica no deriva de la sobreproducción, como en 1929, sino de una pandemia que obligó al confinamiento de miles de millones de personas en el mundo, tratando de evitar el contagio de una enfermedad cuya virulencia ha provocado la muerte de casi tres millones de personas de las cerca de 30 millones infectadas por la COVID-19, lo que derivó en una caída drástica de la demanda de productos y servicios a nivel mundial.
Esta crisis sanitaria, que colapsó al sistema hospitalario incluso de las naciones con economías más sólidas, llegó acompañada del parón abrupto de instituciones públicas y empresas privadas que, sin excepción, se vieron afectadas. Millones de empleos se perdieron en el mundo. Estados Unidos revivió la pesadilla de la Gran Depresión, con un aumento imparable de desocupados, al tiempo que los fallecidos en los hospitales, rebasados por la demanda de respiradores y atención especializada, los ubicaba en el número uno de las negativas estadísticas globales.
Lo prioritario era producir las vacunas necesarias para frenar los contagios y las muertes, y en ese terreno, hay que reconocerlo, Donald Trump centró sus empeños en lograr que las farmacéuticas, financiadas por su administración, entregaran, antes de las elecciones de noviembre pasado, las vacunas esperadas. Ello no ocurrió. Las vacunas hicieron acto de presencia en los primeros días del 2021, cuando ya se transitaba hacia el relevo, con todo y el lamentable incidente ocurrido el 6 de enero en El Capitolio. Al momento, se han aplicado 220 millones de vacunas, una estrategia que ya alcanza hasta para los mayores de 18 años. Sin duda, un éxito en la lucha contra la pandemia.
El flamante presidente, el más longevo que ha ocupado ese cargo, tuvo que concentrarse en apagar el fuego provocado por su antecesor, incluyendo las turbulencias raciales provocadas por la muerte de George Floyd, que amenazaban con expandirse a todo el país. La tarea no se veía fácil, sin embargo, día tras día, la dupla Biden-Harris fue avanzando en el cumplimiento de las metas auto establecidas antes de cumplir los primeros cien días de la gestión.
Señalo a este binomio porque muy pronto la exsenadora por California tuvo que compartir sus responsabilidades en la Cámara Alta, como su speaker, con las nuevas tareas asignadas por su jefe, quien ha confiado en ella para hacerse cargo de la tarea migratoria en la que el mandatario tiene saldos pendientes en este primer “corte de caja. A su favor, haber decidido no construir ni un metro más de muro fronterizo; la defensa del programa DACA; haber presentado al Congreso una amplia Ley de Reforma Migratoria, y, anular las restricciones de viajes a personas de varios países de mayoría musulmana.
Kamala Harris será la principal responsable de atender los temas migratorios. Su experiencia y capacidad negociadora habrán de rendir buenos frutos. La vicepresidenta está realizando reuniones virtuales con los mandatarios del llamado “Triángulo del Norte”, Guatemala, El Salvador y Honduras. Pronto lo hará con el presidente de México, quien seguramente insistirá en que la mejor estrategia para reducir la migración ilegal es generando desarrollo económico en esas naciones centroamericanas y en el sur de nuestro país.
El rescate del “Programa Bracero”, implementado entre 1943 y 1962, y extender a esos tres países el programa “Sembrando Vidas”, implementado en México, son dos planteamientos que Andrés Manuel López Obrador ha puesto sobre la mesa y que esperan una respuesta favorable del gobierno estadounidense.
Cien días cien. El recuento
El martes pasado, en ceremonia realizada en la Cámara de Representantes, Joe Biden señaló que los cien primeros días de su administración demuestran que Estados Unidos no se rinde ante las adversidades: la más grave pandemia en cien años; la más grande crisis desde la “Gran Depresión”, y el mayor ataque a la democracia desde la Guerra Civil (6 de enero), destacando en este punto el papel de Nancy Pelosi, a sus espaldas, junto con Kamala Harris, como defensora del Capitolio y de la democracia.
Un emotivo discurso en el que pidió a los miembros del Congreso aprobar su iniciativa de Ley Migratoria y dar paso a propuestas que contribuyan al bienestar de la población sin distingos de ningún tipo. Sabe bien que enfrentará la resistencia de los republicanos que se opondrán a todo o a casi todo lo que plantee, y que en su propia casa también habrá presiones de los demócratas que quieren que vaya más aprisa y más lejos.
La percepción que nos deja su mensaje es que está dispuesto a decir adiós al modelo neoliberal promotor de un Estado ausente, y que apostará por acciones de gobierno que parten de la convicción de que la desigualdad y la pobreza no pueden ser vistas sólo desde la óptica estadística, o como daños colaterales de un modelo de desarrollo que ha beneficiado a unos cuantos que han concentrado la riqueza. Por ello, impulsará una reforma fiscal que contempla incrementar las tasas impositivas a los que ganen más de 400 mil dólares al año y a los grandes capitales que, señaló, deben participar con mayores aportaciones para paliar las desigualdades y la pobreza en la nación más rica del planeta. Que contradicción.
Su plan de infraestructura no se refiere exclusivamente a carreteras, puertos, escuelas y hospitales; considera fundamentalmente a las personas. Por fin, un mandatario entiende los retos que conlleva el envejecimiento poblacional y la urgencia de darle a los adultos mayores apoyos y garantías para tener una vida digna y saludable. Sí, se entregarán recursos económicos para apoyar a los necesitados y se apoyará a las mujeres, uno de los sectores más afectado por esta pandemia.
¿Un programa socialdemócrata? Todo parece indicar que Joe Biden se ha corrido del centro a la izquierda de su partido, claro de que la nación más poderosa del planeta requiere implementar una reingeniería de su proyecto social. Un “Nuevo Trato”, como ofreció Roosevelt en 1934; un plan más ambicioso de infraestructura que el puesto en marcha por el presidente Dwight D. Eisenhower (1953-1961).
Un programa económico que suma 4 billones de dólares en ayudas sociales e inversiones públicas para generar trabajo, poniendo al Estado en el centro del esfuerzo de reactivación que incluye un Plan de Empleo por 2.3 billones de dólares para construir desde carreteras hasta aeropuertos y mejorar el acceso al servicio de agua potable. Un Plan Familiar por 1.8 billones de dólares para ampliar el acceso a programas de educación y cuidado infantil.
¿Es posible un programa económico con estas características en un país donde, desde tiempo atrás, el sector privado -y no el Estado- suele ser el motor principal de la economía? Desde luego que no. Esa es la propuesta de la actual administración, cambiar el modelo y darle al Estado la responsabilidad de conducir e impulsar el proyecto de desarrollo. El discurso pronunciado el martes pasado por el demócrata es un parteaguas porque implica un cambio en la relación entre gobierno y sociedad. Esto, sin duda, poco agradará a los republicanos fanáticos de las tesis que recomiendan un Estado pequeño y ausente, premisas de la Escuela de Chicago, gestora del modelo neoliberal.
J.W. Mason, profesor de economía en el John Jay College de Nueva York, entrevistado por Gerardo Lissardy, corresponsal de BBC New Mundo, precisa que el cambio es lo suficientemente grande como “para describirlo como una ruptura con el neoliberalismo”. Las medidas que se toman, abundó, “son proporcionales a la magnitud de la crisis que atraviesa el país tras la pandemia de coronavirus y el colapso económico.”
Planteamiento controvertido que explica en mucho, porque un mandatario que ha logrado tanto en tan poco goza de una aprobación del 48%. La polarización es clara y evidencia que para una parte de la sociedad norteamericana los resultados de un proceso electoral muy cuestionado pesan más que los resultados de una administración que está dando resultados. Vaya paradoja.
Una nueva visión de la política internacional
En lo que a política exterior se refiere, la postura de Estados Unidos frente a China ha sido diferente de lo que anticipaba Donald Trump; ha sido dura y clara. Si bien ha promovido una primera reunión para fijar la agenda bilateral, la delegación estadounidense ha exigido a su homóloga china respeto a los acuerdos. Con Rusia, el discurso ha sido en un tono más severo, al acusar al gobierno de Vladimir Putin de intromisiones en el proceso electoral. Duros señalamientos que obligan a recordar los tiempos de la Guerra Fría que, de por sí, ya están presentes en la ríspida relación con China.
El mandatario norteamericano ha tomado el control total de la Agenda Internacional. Ha buscado mejorar las relaciones con sus aliados históricos, seriamente desgastadas durante la administración pasada. Ha ofrecido continuar con el apoyo a la OTAN, ante los afanes expansionistas de Rusia en Ucrania. Ha decidido poner punto final a la presencia norteamericana en Afganistán y a su participación en algunos conflictos en Oriente Medio que significan un enorme desgaste financiero y diplomático.
Para sorpresa de muchos, especialmente del gobierno de Turquía que se ha inconformado abiertamente, se ha convertido en el primer presidente de los Estados Unidos que ha calificado como genocidio la masacre de un 1.5 millones de armenios a manos del entonces Imperio Otomano en el contexto de la Primera Guerra Mundial (1914-1918).
El 4 M. La batalla por Madrid y el futuro de España
Mañana, los madrileños elegirán gobierno comunitario, al momento, encabezado por Isabel Díaz Ayuso, del Partido Popular, quien ha presentado su candidatura para un período más. El escenario electoral se ha centrado en una lucha frontal entre las izquierdas y las derechas. Las primeras, fundadas en la alianza del PSOE con Juntas Podemos. Las derechas, en una articulación entre el PP, VOX y Ciudadanos. Las encuestas señalan una ligera ventaja para estas últimas, sin embargo, las cosas pudieran cambiar en mucho por la postura de la cabeza del cartel de Vox, Rocío Monasterio.
En un debate convocado por la cadena SER, llamó cobarde a Pablo Iglesias, líder y candidato de Juntas Podemos, quien minutos antes había denunciado amenazas de muerte acompañadas con el envío a su domicilio de cuatro balas. La candidata de la extrema derecha lo espetó retándolo: “Si usted es tan valiente, levántese y lárguese”, lo cual hizo, y con él todos los candidatos de la izquierda, abortando ese debate y haciendo una pausa en sus campañas.
Luego de una especie de reinvención de estas, las izquierdas han planteado a los electores madrileños una alternativa a la hora de acudir a las urnas:” Votar por la democracia o por el fascismo”. En medio de este carnavalesco espectáculo, Díaz Ayuso ruega a Dios que, si gana, sea con los votos suficientes para evitar cogobernar, nuevamente, con Vox y Ciudadanos, “que han sido un lastre para mi gobierno”. El futuro político de España dependerá en mucho de estos comicios.
Reforma a la Ley de Desarrollo Rural Sostenible de Tabasco
El diputado Ricardo Fitz Mendoza presentó la semana pasada en el Congreso del Estado una iniciativa de Reforma a la Ley de Desarrollo Sustentable que parece muy oportuna. La propuesta parte de la premisa de que, en los últimos años, la innovación y la sustentabilidad, las tecnologías, la generación y aplicación de conocimientos, se han intensificado como pilares para el desarrollo económico y social. El legislador plantea que es urgente atender los efectos del cambio climático: “lo que ha derivado en una evolución de concepto de sustentabilidad.”
A nivel mundial, detalla en la Exposición de Motivos de su iniciativa, “se trabaja para conseguir la neutralidad de carbono que es equivalente a un resultado neto de cero emisiones, que se consigue cuando se emite la misma cantidad de dióxido de carbono equivalente a la atmósfera de la que se retira, por distintas vías, lo que deja un balance de carbono cero, también denominado huella de carbón cero.”
Para el legislador, es necesario emprender y apoyar iniciativas de medición y reducción de la huella de carbono en los sectores productivos del estado, “lo que puede constituirse en un bien público, en primera instancia, porque estos proyectos contribuyen directamente a la reducción de las emisiones de Gases Efecto Invernadero y al desarrollo sustentable, al tiempo que sirven como incentivos para comprometer a los empresarios con dichas políticas públicas.”
Una Reforma a la Ley de Desarrollo Social Sustentable de Tabasco contribuirá a que nuestra entidad amplíe su visión en cuanto a la comercialización de productos cárnicos, lo que permitirá ampliar la entrada a mercados tanto nacionales como internacionales y redundará en un beneficio económico para el sector. La reforma parte de una premisa necesaria de atender y entender: “Los consumidores manejan hoy nuevos indicadores de calidad para la adquisición de carne de res y sus subproductos, donde el tipo de procesos es importante para el consumo.” Estas son las nuevas reglas del juego, no se pueden eludir.
Hablando de nuestro estado, es importante señalar que Tabasco fue la única entidad que logró un incremento positivo del PIB en el primer trimestre del 2021. El 3% alcanzado, dicen los analistas, tiene mucho que ver con la construcción de la refinería de Dos Bocas, en Paraíso. Sí, pero también con las obras de infraestructura vial impulsadas por el gobierno de Adán Augusto López Hernández. Obras que, además de contribuir a mejorar la vialidad de la ciudad capital, han generado empleos directos e indirectos que ayudan a incrementar el circulante monetario y con ello la demanda efectiva, lo que ya se observa en nuestra economía.