Prospectiva.

Emilio de Ygartua M.

Lunes 17 de mayo 2021.

*Estados Unidos: hacia un nuevo modelo económico y social

*Bernie Sanders: “El desafío progresista”

*El futuro de Estados Unidos está aquí

*Nuevo conflicto en Gaza

*Nuevo referendum en Escocia

Al cumplir 100 días como presidente de los Estados Unidos, Joe Biden no sólo presentó los resultados de su gestión, además, planteó cambios en la fórmula que relacionan al gobierno y la sociedad. Un tácito rompimiento con el modelo neoliberal que en la década de los ochenta fue el ariete con el que esa nación no sólo hizo ajustes al orden económico mundial, además, fortaleció su dominancia en un contexto geopolítico en el que se pasaba del bipolarismo a la hegemonía de la nación que había sobrevivido a la Guerra Fría. ¿Fin de la historia? ¿Triunfo de la democracia liberal? Como señalaba Francis Fukuyama en 1989, luego de la caída del Muro de Berlín y la desintegración de la URSS.

El discurso del flamante mandatario que ganó en noviembre pasado al presidente en funciones, Donald Trump (algo que en los últimos años sólo habían logrado el republicano Ronald Reagan al derrotar, en 1980, a James Carter, y William Jefferson Clinton, demócrata que, en 1992, canceló las aspiraciones reeleccionistas de George Bush), evidencia un corrimiento hacia la izquierda, algo que puede calificarse de audáz y hasta temerario en estos tiempos de evidente división en el vecino del norte.

Este movimiento no nos debe sorprender. Recordemos que el oponente más serio que enfrentó Joe Biden en las primarias demócratas fue el senador por Vermont, Bernie Sanders, que, a diferencia de lo ocurrido cuatro años atrás, cuando competía con Hillary Clinton Roadman, ahora sí decidió bajarse del camión para sumarse a la campaña de quien, a la postre, sería el abanderado de su partido y triunfador en las elecciones presidenciales.

Es verdad que no se le vió muy activo en la campaña, pero es evidente que el senador, líder indiscutido de la izquierda demócrata, puso su huella, su sello, en el programa de gobierno de Biden.  Creo, también, que la nominación de Kamala Harris como su compañera de fórmula, fue un tácito reconocimiento al crecimiento, al peso político que ha ganado la izquierda en su partido.

Avance que no gusta al sector moderado de esa formación política que los califica de “radicales”; mucho menos a los republicanos que, en voz de su candidato presidencial alertaron, lo siguen haciendo, sobre el peligro de una victoria demócrata que “convertiría a los Estados Unidos en una nación comunista”.

Bernie Sanders había mantenido un bajo perfil, modificado recientemente con la difusión de una especie de manifiesto intitulado “El desafío progresista”, publicado en nuestro país por el diario “La Jornada”; documento que, a mi juicio, no tiene desperdicio.El senador por Vermont inicia afirmando: “Vivimos un momento sin precedente en la historia de Estados Unidos; un momento sobre el cual nuestros hijos y nietos leerán en sus libros de historia. Hemos resistido la peor crisis de salud pública en más de 100 años, con más de 600 mil muertes relacionadas con el Covid, y el peor colapso económico desde la Gran Depresión de la década de los años 30. Hemos visto a millones de estadunidenses marchar en las calles para poner fin al racismo sistémico y a la brutalidad policiaca.” Sanders coloca el tema del cambio climático en la lista de prioridades, al igual quen Joe Biden: “Continuamos enfrentando la amenaza existencial del cambio climático a nuestro planeta, cuyo futuro está literalmente en juego.” Asimismo, califica de “bochornoso” el evento ocurrido el 6 de de enero pasado: “Hemos vivido una violenta insurrección contra nuestra democracia en el Capitolio nacional y un fuerte movimiento de derecha hacia el autoritarismo.”

Desde la visión de un hombre de izquierda, preocupado por la enorme desigualdad que existe en su país, señala: “Hoy, en Kentucky, en Vermont, y por todo el país, la mitad de nuestra población apenas la libra con lo que gana, y millones tienen salarios de hambre. Unos 90 millones carecen de seguridad social y no pueden pagar un médico privado, mientras a uno de cada cuatro le resulta imposible costear el escandaloso precio de las medicinas de prescripción. Pese a una economía global extremadamente competitiva, cientos de miles de jóvenes de la clase trabajadora son incapaces de costearse estudios universitarios y muchos millones luchan con los indignantes niveles de deuda estudiantil.”

El senador demócrata  resalta los nefandos efectos que ha provocado la crisis sanitaria en la economía de su país: “Más de medio millón de estadunidenses carecen de un hogar, la gentrificación arrasa con el país, 18 millones de hogares gastan en vivienda por lo menos 50 por ciento de sus limitados ingresos y millones tienen el temor de ser desahuciados.”

A los que piensan, equivocadamente, que en Estados Unidos no hay pobreza ni desigualdad, Sanders les arroja un balde de agua fría a la cara: “Aunque parezca increíble, hemos visto por todo el país, incluyendo mi ciudad de Burlington, Vermont, a familias haciendo cola para recibir paquetes de alimentos de la beneficencia.”

Quien ha sido en dos ocasiones precandidato presidencial lo que para él es una evidente tragedia nacional, la educación. “Millones de jóvenes, entre ellos mis siete nietos, se han visto forzados a perder clases a causa de la pandemia y de la interrupción sin precedente de la educación en este país. Ha sido, hasta ahora, con mucho, el año más doloroso en la historia moderna de Estados Unidos”.

La crisis no es igual para todos. Sanders pone el acento en las enormes desigualdades que ha generado esta pandemia, y la concentración de los beneficios económicos, para variar, en una pocas manos: “No todo el mundo sufre en este país. Mientras decenas de millones han vivido en la desesperación económica, los muy acaudalados han llegado a niveles obscenos de riqueza. Durante esta horrible pandemia, 650 multimillonarios estadunidenses han incrementado su riqueza en más de un billón de dólares.”

Frente a este escenario, lo que propone, al igual que lo hiciera Joe Biden tres semanas atrás ante el Congreso, es un cambio de modelo económico que procure una mejor distribución de la riqueza y un mayor compromiso del Estado con el bienestar social: “Hoy, en Estados Unidos, dos personas poseen más riqueza que el 40 por ciento más pobre, mientras el uno por ciento más rico posee más bienes que el 92 por ciento más pobre de la población. Este es un momento crucial en la historia del país. En los meses siguientes tenemos que tomar una decisión fundamental.”

Momento de decisión

¿Cuál es esa decisión? ¿Cuál es la disyuntiva? Sanders se cuestiona: ¿Construiremos un gobierno, una economía y una sociedad que funcione para todos y no sólo para el uno por ciento de la población? ¿Continuaremos descendiendo hacia la oligarquía y el autoritarismo en los que un pequeño número de poderosos multimillonarios posean y controlen una parte significativa de la economía y ejerzan una enorme influencia sobre la vida política del país?

Estas preguntas refundacionales no tienen una respuesta sencilla. No en un país francamente dividido; tampoco al interior de su partido en el que la mayoría demócrata califica estas propuestas radicales, “incendiarias”. Todavía más complicado si tenemos en cuenta que en los comicios de noviembre el candidato derrotado obtuvo casi 70 millones de votos. Sí, Estados Unidos es un país dividido, fracturado. Estas propuestas, fundadas en la razón y en una realidad inocultable. Esta visión de futuro, no la comparten muchos ciudadanos nortearicanos, hoy abanderados por un líder que ha perdido una batalla, pero no la guerra.

Sanders insiste (Joe Biden también lo hizo) que “es momento de crear una economía y un gobierno que funcione para todos, no sólo para la clase multimillonaria y para los acaudalados donantes a las campañas políticas.” En ese contexto se pregunta: ¿Qué significa esto en términos concretos? “Significa que debemos elevar el salario mínimo federal del nivel de hambre de 7.25 dólares por hora a 15 dólares por hora, y dar a 32 millones de trabajadores el aumento de sueldo que tanto necesitan.”

En este “Manifiesto a la Nación”, Sanders pone sobre la mesa una propuesta radical, sí, pero fundada en las evidencias. Una propuesta contundente; válida no sólo para los Estados Unidos, para muchas naciones del orbe: “Un empleo debe sacarnos de la pobreza, no mantenernos en ella. Significa crear una economía de pleno empleo, generando millones de puestos de trabajo con buenas remuneraciones para reconstruir nuestra debilitada infraestructura, construir viviendas accesibles, modernizar nuestras escuelas, combatir el cambio climático y hacer grandes inversiones en eficiencia energética y para la energía renovable.” El keynesianismo esta vivo en los discursos de Biden y de Sanders. “El neoliberalismo ha muerto. Viva el Estado. Viva el Estado Benefactor”, gritan al unísono.

Para él, ¿para los demócratas? ¿para el presidente Biden?, esto significa “poner fin a la vergüenza internacional de ser el único país grande que no garantiza el derecho a la salud ni concede permisos con goce de sueldo por incapacidad o por asuntos familiares a sus trabajadores.” Significa, agrega, “apostar por una reforma humanitaria sobre inmigración y un camino hacia la ciudadanía. Ya no podemos tolerar que en esta nación vivan niños con el temor de que un día sus padres no estarán con ellos cuando vuelvan a casa.”

En cuanto al racismo sistémico, los cambio que propone el senador requieren “de una reforma de la justicia penal que ponga punto final a la desastrosa guerra a las drogas. Sí, debemos legalizar la mariguana y eliminar los registros policiacos de arrestos por posesión. Debemos abolir las prisiones y centros de detención privados y poner fin a las fianzas en efectivo. Basta de lucrar metiendo personas a la cárcel.”

¿Está loco Bernie Sanders? ¿Es el suyo un “radicalismo inaceptable”? Antes de responder, estimadas y estimados lectores, los invito a leer con detenimiento el discurso pronunciado ante el Congreso por Joe Biden, un día antes de cumplir cien días como primer mandatario de la nación. Leerlo con detenimiento, no sólo lo ha hecho, sino lo que se pretende hacer y cómo se quiere hacer. Este ejercicio permitirá confirmar o desechar si las propuestas del senador Sanders son coincidentes con la prospectiva marcada por el jefe del Ejecutivo estadounidense.

El futuro de Estados Unidos ya está aquí

“La elección es muy clara. Si creemos en una democracia vibrante y no en el autoritarismo; si creemos que todos los estadunidenses tienen derecho a la seguridad económica y que debemos ponernos del lado de las familias trabajadoras del país; si creemos que todas las personas, sea cual fuere su raza, país de origen u orientación sexual, tienen derecho a la igualdad ante la justicia; si creemos en la sanidad ambiental y la necesidad de combatir el cambio climático, la elección es clara. Vayamos al frente, construyamos el movimiento progresista y creemos un gobierno que funcione para todos, y no sólo para unos cuantos.”

¿Quién firmaría estas palabras? ¿Joe Biden?  ¿Bernie Sanders? El presidente de los Estados Unidos acaba de sorprender a propios y extraños al apoyar la liberación de las patentes de las vacunas lo cual sustenta tanto en la urgencia como en su legendaria fama de moderación. “Nuestras existencias de vacunas (…) se convertirán en el arsenal de vacunas para otros países, del mismo modo que Estados Unidos fue un arsenal de democracia para el mundo, pero cada estadounidense tendrá acceso [a ellas] antes de que eso ocurra.”

Lo cierto es que Joe, el pácifico, el moderado, ha dado muestras inequívocas de su decisión de cambiar las cosas, para modificar la relación Estado-Sociedad. Es una especie de replanteamiento del “Contrato Social”, ante la evidencia, una vez más, de que “la mano invisible” no es capaz de regular por sí sóla las leyes del mercado.

Joe Biden ha expresado en diferentes escenarios que: “Los dólares de los contribuyentes estadounidenses se usarán para comprar productos estadounidenses con el fin de crear empleos estadounidenses . Así es como se supone que debe ser y así será en esta Administración”. Un claro anticipo de que se privilegiara el capitalismo de Estado, y que el gobierno, con estricto apego a las teorias keynesianas, se convertirá en el acelerador principal de la economía.

¿Queda alguna duda luego de la siguiente afirmación del presidente? “Wall Street no construyó este país, la clase media construyó este país, y los sindicatos construyeron a la clase media. Por eso pido al Congreso que apruebe la ley de protección del derecho de organización y podamos apoyar el derecho a sindicalizarse”. Luego de formular esta propuesta, retó a los senadores y representantes, “(…) si están pensando enviarme leyes para firmar (…) subamos el salario mínimo hasta los 15 dólares por hora.”

Los anteriores son fragmentos del discurso con el que hace dos semana Joe Biden hizo su primera aparición oficial ante el Congreso. Como se puede ver, hay muchos puntos de contacto entre estos planteamientos y los de Bernie Sanders. Siguiendo las tesis de Nicolás Maquiavelo, me debo preguntar: Primero, ¿el manifiesto de Bernie Sanders tiene como propósito apuntalar las propuestas hechas por el mandatario, o tienen como objetivo recordarle un compromiso? Segundo, ¿por qué hasta el momento Donald Trump, los republicanos y sus muchos seguidores, no han salido al paso de estas propuestas radicales, sí, y contrarias a su proyecto de Nación? Seguramente en los próximos días tendremos respuesta a estas dos preguntas.

De todo un poco

Nuevamente soplan vientos de guerra en una región en la que desde mediados del siglo pasado no han cesado los conflictos belicos luego del nacimiento del Estado de Israel, con el beneplácito de la ONU y el apoyo de los Estados Unidos. Los Palestinos siguen reclamando un reconocimiento pleno, mientas continúan siendo víctimas de los afanes coloniales de los gobiernos israelí. Gaza es hoy el epicentro de este nuevo enfrentamiento que ya ha costado la vida de muchas personas, muchas de ellas menores de edad. Mientras los soldados israelíes cercan Gaza, Hamas, y otros grupos palestinos afines, han lanzado más de 1,500 misiles hacia el territorio judio. Estados Unidos se ha declarado soprendido por esta nueva confrontación, pero se anticipa que inclinará la balanza a favor de su aliado histórico, el Estado israelí. La ONU, en una muestra de su inoperancia, guarda hasta ahora total silencio. ¿Y China, y Rusia? Pronto sabremos de ellas, porque este conflicto es parte de la nueva guerra fría que ya se vive…A Boris Johnson se le ha complicado el escenario postbrexit. Sumado a los avatares económicos derivados de la crisis sanitaria, al renacimiento del conflicto en Irlanda del Norte por la “fronteradura”, resul tado de las negociaciones con Bruselas, tiene en el horizonte lo que parece ineludible, un nuevo referendum en Escocia que será solicitado por la ministra principal, Nicola Sturgeon, líder del Partido Nacional. Recordemos que en 2014, el entonces primer ministro del Reino Unido, el conservador David Cameron, aceptó la realización de una consulta que fue ganada por un mínimo porcentaje por aquellos que desean siga vigente el Acta de Unión de 1707. ¿Pueden ganar ahora los independentistas? Hay muchas posibilidades, sobre todo, si tomamos en cuenta que el 56% de los escoceses votaron en 2016 en contra de la salida de la UE. Johnson hará todo lo necesario por evitar esta consulta, pero parece que los miembros del Partido Nacionalista no van a parar en este nuevo intento.

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  1. Avatar de Desconocido
  2. Avatar de emiliodeygartua

2 Comments

  1. Como casi siempre, querido amigo, leo con detenimiento y gozo tus comentarios de la semana. Me sorprende la similitud del programa politico de Biden y las acotaciones de Sanders, con los cambios llevados a efecto por el presidente Andres Manuel López Obrador. La tendencia a voltear a ver a las clases desprotegidas era una necesidad urgente, antes que se desatara una rebelión clasista.
    En cuanto al viejo conflicto Palestino Israelí, es ahora mas preocupante que nunca, bajo los efectos derivados por la pandemia. Saludos.

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