Emilio de Ygartua M.
Lunes 21 de junio 2021.
*Biden en Europa. El G-7, primera parada
*La OTAN, esencial para EU:Biden
*El fantasma de Trump recorre Europa
*Encuentro Putin-Biden
Luego de cuatro años de relaciones internacionales tensas, de alejamiento de los aliados tradicionales, Estados Unidos ha regresado al escenario internacional con una nueva estrategia orientada a recuperar un liderazgo fundado en el diálogo y en el respeto, banderas que hoy enarbola el presidente Joe Biden. Ello no significa que esa nación renuncie a la dominancia, a retomar un papel hegemónico en el concierto mundial, por el contrario, el flamante mandatario ha dejado muy claro, durante su visita al viejo continente, quienes son los amigos y quienes son los enemigos.
“Es la geopolítica, estúpidos”, parece decir el presidente de una nación que tiene el gran reto de enfrentar a un país que aspira a sucederlo como líder de la economía mundial, al tiempo que fortalece sus capacidades militares y su influencia en una región, la asiática, en la que por décadas fueron los japoneses, aliados estratégicos de los Estados Unidos, quienes mantuvieron el predominio económico que, desde hace algunos años, les haarrebatado China.
El gigante asiático muestra cotidianamente su poderío económico y su notable avance en el control de una región convertida en zona de libre comercio integrada por 14 países con una evidente predominancia de la nación que, en 1975, bajo el liderazgo de Deng Xio Ping, decidió que “la larga marcha” no sería ya por la ruta que había establecido su líder histórico Mao Se Dong, sino por un camino que llevara a la prosperidad: “Si no hay riqueza no puede haber bienestar compartido”.
Un nuevo modelo basado en un híbrido que mezcla un régimen político socialista, con evidentes características autoritarias, con un modelo económico capitalista que tiene en el Estado el principal promotor del desarrollo en una nación con más de mil trecientos millones de habitantes; un paísque aspira a convertirse en la primera economía del planeta antes de que termine esta década.
Amanda Mars, enviada por el diario español “El País” a cubrir la gira de Joe Biden, describe en su reseña lo que significa este retorno al concierto internacional: “Estados Unidos ha protagonizado este lunes (14 de junio) en Bruselas un regreso de hijo pródigo que, en esta versión de la parábola, vuelve con la intención de convertirse en cabeza de familia.” Su nota relata el desembarco del presidente norteamericano en la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de la OTAN, como un claro propósito de “reforzar el compromiso de Washington con la Alianza Atlántica.”
Este objetivo no tendría nada de raro si no fuera porque, durante cuatro años, su antecesor, Donald Trump, se empeñó en torpedear esa alianza, surgida después de la Segunda Guerra Mundial con la finalidad de contener el avance en Europa de la URSS. Biden quiere poner las cosas en su lugar, sí, pero también impulsar un frente contra los dos países que hoy centran las preocupaciones de la aún primera potencia mundial: Rusia y, principalmente, China.
“Quiero que toda Europa sepa que Estados Unidos esta ahí”, fue el contundente mensaje que el presidente demócrata lanzó para que lo escucharan esas dos naciones que parecen dispuestas a modificar el escenario hegemónico derivado de la caída del Muro de Berlín y de la desintegración de la URSS. Rusia, con sus afanes expansionistas sobre Ucrania y su intención de recuperar el control de algunas de las antiguas repúblicas soviéticas,balcanizadas luego del colapso del “socialismo real”. China, con actitudes melosas que pretenden ganar espacios, pero que son vistas con recelo por algunas naciones europeas.
En el marco de la reunión de jefes de Estado y Gobierno de países integrantes de la OTAN se firmóuna declaratoria en la que se destacan “los riesgos sistémicos” que derivan del avance militar de Pekín. Este acuerdo es, sin duda, una victoria política para el inquilino de la Casa Blanca, sin embargo, Biden se va con la preocupación justificada de que no todos los países miembros de la Alianza Atlántica abrazan esta idea con la misma intensidad.
Durante su primera visita oficial al viejo continente,aprovechó para celebrar reuniones privadas con dos de las figuras más prominentes de la Unión Europea, Ángela Merkel, quien le pidió que el cambio en las formas no sea solo discursivo, que venga acompañado de una modificación de su relación con Europa, viéndola de igual a igual.
La Unión Europea, lo sabemos, vive momentos inciertos, no sólo por la crisis sanitaria y sus nefandos efectos en la economía, además, por la salida del Reino Unido cuyo primer ministro, Boris Johnson, se empeña en incumplir los acuerdos firmados con Bruselas, especialmente el de una frontera dura entre Irlanda e Irlanda del Norte. En ese tema, el presidente norteamericano fue muy puntual al pedirle al ministro inglés evitar un rebrote de la violencia en Belfast.
También se reunió con el presidente francés Emmanuel Macron, quien todavía mostraba en el rostro la huella del golpe propinado por un paisano que se mostró inconforme con su forma de gobernar. El mandatario galo genera cada día más dudas sobre su liderazgo al interior de su país donde la ultraderecha sigue avanzando. No son pocos los que ven difícil que llene los zapatos de la canciller alemana que se jubilará en noviembre próximo, dejando un enorme vacío.
El fantasma de Trump recorre Europa
En la rueda de prensa realizada después de la reunión de los 30, Biden enfrentó preguntas incómodas de algunos corresponsales de medios europeos que lo cuestionaron acerca de la política doméstica; de lo que ocurre en un país en el quecasi la mitad de la población no votó por él; una nación en donde, no pocos, siguen cuestionando la legitimidad de su victoria, entre ellos, desde luego, Donald Trump, una auténtica piedra en el zapato de la nueva administración.
¿Cómo pueden los aliados confiar en las promesas de Washington teniendo en cuenta la influencia que tiene el expresidente entre los votantes republicanos? Es evidente que en aquellos lares ven con preocupación no sólo el afán del ex presidente de revertir el resultado del proceso electoral de noviembre pasado, sobre todo, la posibilidad de que en el 2024 vuelva a contender por la primera magistratura de esa nación, que la gane y que, nuevamente en el poder, eche para atrás los acuerdos alcanzados hoy y en los próximos tres años. Lamentablemente, esta sombra acompañara aJoe Biden a lo largo de su gestión.
El mandatario no eludió la pregunta. Sabe que esa visión de futuro no es imposible de concretarse; por ello, hubo de ratificar, una y otra vez, su compromisode que los acuerdos tomados en esta cumbre se cumplirán, dijo, “merced a los valores de la sociedad norteamericana, y más allá de sus líderes”. No creo que esta respuesta haya satisfecho a los medios, ni a los jefes de Estado y gobierno con los que se reunió, pero no existe, por el momento, otro tipo de argumento.
El mandatario norteamericano está claro de que, tanto en el 2022, como en el 2024, su partido, y él mismo, si decide buscar la reelección este último año, tendrán enfrente a Donald Trump, que desde que dejó la residencia oficial está planeando su retorno. “No estoy prometiendo [al resto de los líderes] nada que no pueda cumplir. Los líderes con los que trato conocen nuestra historia reciente y también cómo es el pueblo americano, saben que somos una nación honrada”.
Sobre la OTAN, duramente criticada en la era de Trump, dijo que “es esencial para los Estados Unidos”, y que nunca se traicionará el espíritu del Artículo V de la Alianza Atlántica que establece que un ataque militar a cualquier país miembro de esa organización será considerado como una agresión a todos y cada uno de sus integrantes: “La Asistencia recíproca, es incuestionable”.
Otro acuerdo tomado en esta reunión fue queEspaña, que el año próximo cumple 40 años de su integración a la OTAN, siendo presidente el socialista Felipe González, será la sede de la próxima reunión de los países miembros de la Alianza del Atlántico; cumbre en la que, se ha anticipado, esa organización aprobará nuevas estrategias con la vista puesta en los nuevos retos de la geopolítica europea y mundial.
Por cierto, Pedro Sánchez, jefe del gobierno español, quien generó muchas expectativas anunciando un encuentro con Joe Biden, se tuvoque conformar con una brevísima charla en el tránsito de un salón a otro. No le ayuda mucho este hecho, mucho menos cuando en su país el Partido Popular y Vox, encabezan una nueva revuelta derivada del indulto a los independentistas catalanes promovida por “La Moncloa”, con todo y la firma del rey Felipe VI, quien ha salido raspado por esa polémica decisión que recién tuvo el respaldo del sector empresarial, en las mismas horas en las que Yolanda Ayuso, con el apoyo de su partido, el PP, y de Vox, se convertía en presidenta de la Comunidad de Madrid.
Volviendo a Biden y su gira, es indudable que con el demócrata la diplomacia tradicional ha vuelto. En este punto, el replanteamiento de su relación con Europa es una prioridad, sí, pero mucho más atender las “recomendaciones” de quienes, como el Washington Post, insisten en que Estados Unidos “debe liderar el mundo desde una posición de fortaleza” ante los nuevos desafíos que afrontan sus ciudadanos: la pandemia, la crisis económica o “las actividades dañinas de los gobiernos de China y Rusia.”
Antes de participar en la reunión de la OTAN, el presidente de los Estados Unidos lo hizo en la reunión del G-7 que desde hace un par de años excluyó a Rusia por sus afanes expansionistas en Europa Oriental. Ese grupo, integrado por las naciones capitalistas más ricas del planeta, tomódecisiones importantes en materia económica, ambiental y de lucha contra la pandemia.
Sobre la crisis sanitaria se comprometieron a evitar una nueva pandemia (¿será posible?), y a enfrentar,unidos, cualquier riesgo sanitario que se presente en el futuro. En ese contexto, en un acto de solidaridad orientado a revertir las críticas que han recibido por la concentración en pocas manos de las vacunas, decidieron donar mil millones de estos fármacos en el 2022. Más que un acto de caridad debemos de observarlo como la aceptación de los riesgos económicos que derivan de la pervivencia de esta pandemia.
Reunión Putin-Biden en Ginebra
Como cierre de su intensa gira por Europa, el mandatario estadounidense viajó a Ginebra, Suiza, para una reunión con su homólogo Vladimir Putin. Un viejo conocido al que, en 2011, como vicepresidente de los Estados Unidos, por indicaciones de Barack Obama, pidió no se reeligiera, consejo que, es obvio, no atendió. Sí, se reunió con quien hace un par de meses señaló de asesino y acusó de intervenir en el proceso electoral del 2020.
Las expectativas de la reunión eran muy bajas. Los respectivos ministros de exteriores de ambos países así lo reconocieron. En Bruselas, antes de partir a su cita en Ginebra, Biden señaló a los periodistas que no busca un conflicto con el líder ruso, pero que responderá a sus agresiones: “Le voy a dejar claro que hay áreas en las que podemos cooperar si así lo elige; pero que hay líneas rojas para esas áreas que no permitiremos se crucen.”
¿Cómo fue la reunión con Putin, el líder ruso al que el presidente de los EU califica “como adversario duro y brillante”? La misma Amanda Mars, corresponsal de “El País”, relata que ambos mandatarios “se han reunido entre recelos y fuertes medidas de seguridad, con el objetivo de rebajar la escala de tensión entre ambos países.” ¿Huboacuerdos? De entrada, el retorno de sus respectivos embajadores.
Nuevamente ha sido Ginebra la sede de una reunión entre los líderes de ambas naciones. En noviembre de 1985, ahí se encontraron Ronald Reagan y MijaílGorbachov, en el momento más álgido de la “Guerra Fría”, en la última etapa, la llamada “Guerra de las Galaxias”, de la cual devino la fractura económica de la URSS, reconocida por el último líder soviético en su libro “La Perestroika”; la caída del Muro de Berlín (1989), y, finalmente, la desintegración de la Unión Soviética (1990-91).
En esa misma ciudad, treinta años atrás, en 1955 se habían dado cita Dwight D. Eisenhower y Nikita Jrushchov, en la Cumbre de los Cuatro Grandes en la que también participaron, el presidente galo Charles de Gaulle y el primer ministro inglés, Winston Churchill. Reunión que tenía como objetivo resolver las enormes divergencias derivadas de la división de Alemania y del mundo en dos grandes zonas, propósito que, como se saben, no se alcanzó.
¿Qué ocurrió ahora en Ginebra? De entrada, vimos a un Putin más diplomático, más orientado a reducir la tensión. Primero que todo, solitario ante los medios describió la reunión de un poco más de cuatro horas como “productiva”, al tiempo que no escatimó en expresar palabras de elogio para su homólogo norteamericano al que calificó de “equilibrado”, “profesional” y “muy experimentado”.
Por el momento, debemos conformarnos con estas escuetas señales de una reunión realizada en un elegante palacete del siglo XVIII, ubicado sobre una verde loma y con una vista privilegiada del famoso Lago Leman que en esta época de verano luce espléndido preparándose para el duro invierno suizo que transforma de manera determinante la escenografía de ese bello país que hace gala, nuevamente, de su reconocida neutralidad.
Una reunión custodiada por más de 4 mil policías y militares suizos, a la que, contrariamente a su costumbre, llegó el líder ruso con puntualidad inglesa, incluso un par de minutos antes que su interlocutor, ambos recibidos por su anfitrión el presidente suizo Guy Parmelín; Biden expresando que “siempre es mejor verse cara a cara”, Putinhaciendo explícito su deseo de tener una jornada “productiva”. Testigos solitarios del encuentro: el norteamericano Anthony Blinken y el ruso Sergei Lavrov, secretario de Estado y ministro de Relaciones Exteriores, respectivamente. Ambos pueden testimoniar que hubo logros, si bien pervive la desconfianza.
Putin gana terreno en casa. Biden, regresa a los Estados Unidos, con buenos resultados de su gira. Fortaleció su liderazgo en el G-7; sembró confianza en los miembros de la Alianza Atlántica y, de su encuentro con su homólogo ruso, salió convencido de que ambos países “lograron comprender las posturas de cada uno en los temas relevantes”.
A su regreso a la Casa Blanca, hará. También un recuento de la gira de su vicepresidenta Kamala Harris a Guatemala y México, donde los resultados no fueron lo favorables que se esperaba. La exsenadora por California tuvo claroscuros durante su visita, especialmente en Guatemala donde utilizó un discurso duro que no fue bien recibido. Con el presidente de México, el diálogo fue cordial, sí, pero se dejó de manifiesto la preocupación de Washington por el aumento del trasiego de fentanilo hacia su país que está teniendo nefandos efectos en su población.
La agenda de el Canciller Marcelo Ebrard se ha abultado con la visita del secretario de Seguridad de los Estados Unidos, Alejandro Mayorkas, cuyo objetivo es acelerar la apertura de la frontera que tiene como palanca principal la donación de 1.8 millones de vacunas que serán aplicadas a los mayores de 18 años de los estados fronterizos. Al tiempo, el anuncio del nombramiento de Ken Salazar, demócrata que impulsó el voto latino a favor de Joe Biden, como nuevo representante del vecino del Norte en México. Serán tiempos intensos para la diplomacia bilateral.