Emilio de Ygartua M.
Lunes 12 de julio 2021.
*Cien años del PC chino. Retos y riesgos
+Deng Xio Ping: el arquitecto de la modernidad china
*La UE se acerca a China contrariando a EU.
*Nuevos rumbos de la geopolítica mundial
*De todo un poco
En julio de 1921 nació el Partido Comunista Chino que se escindió del Kuomintang, partido político nacionalista chino que nació en 1919 como resultado de la fundación de la República de China, luego de la Revolución de Xinhai de 1911. Su fundador, y primer presidente, fue el doctor Sun Yat-sen, también conocido como Sun Zhongshan, considerado tanto en la República Popular China como en la actual República de China (Taiwán), como el padre de la China Moderna.
El Partido Comunista Chino tiene sus orígenes en el Movimiento del Cuatro de Mayo de 1919, como producto de la reacción china contra la cada vez mayor influencia japonesa en esa naciente nación asiática. En este movimiento se observa de manera clara las influencias de las ideologías occidentales radicales como el marxismo y el anarquismo que habían surgido y cobrado fuerza a mediados del siglo XIX en Alemania, Inglaterra y Francia.
Los promotores del movimiento comunista en China fueron Chen Duxiu y Li Dazchao, seguidores de las ideas de Vladimir Ilich Lenin y de la revolución mundial que seguiría al triunfo de la revolución bolchevique. En 1919, el naciente Partido Comunista de la Unión Soviética estableció como uno de sus principales objetivos ampliar su influencia en el Lejano Oriente. En abril de 1920, Gregori Voitinsky es designado por la División de Asuntos Exteriores como responsable de difundir las ideas marxistas en la República de China y en el Imperio de Japón.
Shanghai fue el centro de expansión de esta misión al convertirse en la sede del Komintern en esa región asiática. Cabe recordar que la Internacional Comunista, conocida como la III Internacional, pasó a la historia por su denominación abreviada en ruso: Komintern, fundada en 1919 por iniciativa del propio Lenin y del Partido de Rusia (bolchevique), que agrupaba a los partidos comunistas de distintos países y cuyo objetivo era “luchar por la supresión del sistema capitalista, el establecimiento de la dictadura del proletariado y de la República Internacional de los Soviets, la completa abolición de las clases sociales y la realización del socialismo, como primer paso a la sociedad comunista”, como establecían sus documentos fundacionales.
La cohabitación de los nacionalistas y los comunistas chinos, liderados estos últimos por Mao Zedong, en un solo partido, resultó imposible. Los comunistas estaban empeñados en seguir el camino que los bolcheviques rusos habían tomado hasta lograr el triunfo de la revolución en octubre de 1917. Eran dos visiones antagónicas que llevaron a la ruptura y a una larga lucha intestina que sólo se interrumpió por la ocupación japonesa de la región de Manchuria, la más rica de la China al inicio de la década de los años treinta.
Expulsados los invasores, al mismo tiempo que la Segunda Guerra Mundial llegaba a su fin con la capitulación de Japón luego de haber sufrido esta nación imperial los estragos de dos bombas atómicas lanzadas sobre su territorio por la aviación norteamericana en agosto de 1945, la Guerra Civil china se reactivó, enfrentando al Ejército Popular contra los nacionalistas liderados por Chiang Kai-Shek, sucesor de Sun Yat-sen.
Esta segunda etapa del conflicto es, sin duda, uno de los primeros escenarios de la llamada “Guerra Fría” que por 45 años enfrentó a los imperios soviético y norteamericano. Los nacionalistas recibieron un abierto apoyo económico y militar de Washington, cuya “Doctrina Truman” se centró en evitar el avance del comunismo en Asia. La URSS hizo lo propio apoyando al Partido Comunista. En 1949 el Ejercito Popular derrotó a los nacionalistas que se vieron obligados a refugiarse en la entonces llamada Formosa (China Nacionalista), hoy Taiwán, arropados por el gobierno de Estados Unidos.
Cien años del PC chino. Retos y riesgos
Vale recordar algunos puntos importantes del devenir de la República Popular China desde entonces. La primera etapa se caracteriza por el control político del Partido Comunista Chino de Mao Zedong. Desde esa posición se impulsan intensas y audaces reformas económicas e ideológicas entre las cuales destacan el llamado “Gran Salto Adelante” (1958-1961), cuya finalidad fue transformar la tradicional economía agraria china por medio de una acelerada industrialización y de una colectivización de la tierra.
Este programa propició cambios en el régimen rural que dieron lugar a las llamadas “comunas populares”. Se prohibió la agricultura privada, al tiempo que se optó por impulsar proyectos intensivos en mano de obra. Esta política, llamada popularmente “caminando con dos piernas”, combinaba las pequeñas y medianas iniciativas industriales, con los grandes emprendimientos. La intención principal de estas políticas públicas era alejarse del modelo soviético implementado por el estalinismo con el que la URSS logró un impulso en la producción fabril.
Muchos historiadores occidentales coinciden en señalar que este programa fue un rotundo fracaso. El propio PC chino, luego de la muerte de Mao y la defenestración de su viuda, y acenso al poder de Deng Xiaoping, el padre de la modernidad y del desarrollo pleno de ese país, calificaron el “Gran Salto Adelante” como “un verdadero fracaso, en gran medida, por los errores políticos cometidos por Mao Zedong, lo que causó la muerte por inanición de grandes cantidades de campesinos.” En Occidente, y en la propia China, a este período se le conoce como el de “La gran hambruna”, etapa en la que murieron entre 15 y 55 millones de personas.
El otro gran proyecto impulsado por el líder de la revolución china fue la “Gran Revolución Cultural” (1966-1974), calificado como un movimiento sociopolítico cuya “objetivo declarado” era preservar el comunismo chino mediante la eliminación de los restos de elementos capitalistas y tradicionales de la sociedad china, “reimponer el pensamiento maoísta como la ideología dominante dentro del Partido Comunista. Los historiadores, dentro y fuera de China, coinciden en que esta Revolución Cultural marcó el regreso de Mao a una posición de poder después del fracaso del “Gran Salto Adelante”.
Deng Xio Ping: el arquitecto de la modernidad china
El gran líder revolucionario, que acaba de ser reivindicado en el marco de la reciente celebración del centenario del nacimiento del Partido Comunista, murió en 1976. Su sucesor, Hua Guofeng no pudo mantener el poder en un entorno político complejo provocado por los afanes de poder de la viuda de Mao y de los seguidores de ésta. En 1978, Deng Xiaoping, calificado como un líder pragmático, se convertirá en el arquitecto del gran cambio de esta gran nación, impulsando una serie de reformas institucionales y económicas que modificaron sustancialmente el modelo económico dando lugar a lo que se ha denominado un “socialismo de mercado”.
Deng, formado académicamente en Francia y Moscú, vivió momentos difíciles derivado de su cercanía ideológica con el presidente de la República Popular Liu Shaoqui, situación que lo convirtió en uno de los blancos de la “Revolución Cultural” que, como ya se señaló sirvió para que Mao, presidente del partido, pudiera mantener el poder frente a los llamados reformistas, entre los que se encontraban Deng y Lui, acusados de “derechistas y contrarrevolucionarios” y apartados de la cúpula del poder durante ese período.
A finales de los setenta, ya en el ejercicio pleno del poder, Deng lanzó el programa “Boluan Fanzheng”, cuyo objetivo era corregir los errores de la Revolución Cultural y, al tiempo, devolver al país su gobernabilidad. Los cambios promovidos durante su liderazgo fueron de gran calado, muy audaces ya que tuvo que enfrentar las resistencias de los “maoístas puros” que lo seguían calificando como un “enemigo de la revolución”.
Poco a poco fue creciendo su influencia en el Partido Comunista, lo que le permitió emprender reformas económicas que hicieron posible la liberalización de la economía socialista, la punta de lanza para que China alcanzara impresionantes cuotas de crecimiento del PIB y del ingreso per cápita de la población.
La meta de la reforma económica china era transformar la economía planificada de China en una economía socialista de mercado. El avance era vertiginoso, la reforma económica un éxito que tuvo su momento más complejo, la mancha en el historial de Deng: las protestas de Tiananmen, brutalmente reprimidas. Fue hasta 1992 que se reactivó el programa de “Reforma y Apertura” llevando a China a convertirse, en 2010, en la segunda economía más grande del mundo y, cuatro años después, en la economía más grande en términos de PPA. En la actualidad, esta nación asiática, que lidera a otras trece naciones que conforman el mercado común más grande del mundo, representa el 17.7% de la economía mundial y el 13.2% de las exportaciones de mercancías.
A cien años de distancia del nacimiento del PC chino, cuenta con casi 100 millones de miembros por lo que se ha convertido en una de las organizaciones políticas más grandes del planeta. Con indiscutibles claro-oscuros, este partido ha sido hilo conductor de la historia de esa milenaria nación a partir de la segunda mitad del siglo XX.
La UE se acerca a China contrariando a EU.
Este partido ha sido, sigue siendo, el epicentro de las grandes transformaciones que han ocurrido y que, seguramente seguirán ocurriendo en una nación que hoy no solamente está empeñada en convertirse en la primera economía mundial desplazando a los Estados Unidos que por más de 70 años han ejercido ese predominio, además, en una potencia hegemónica, desplazando a los norteamericanos que, luego de la desintegración de la URSS, se constituyeron en nación predominante en la geopolítica mundial.
Las reformas impulsadas por Deng se intensificaron con sus sucesores, primero con Jiang Zemin (1993), seguido de Hu Jintao (2002) y después de con Xi Jimping, quien desde el 2012 es secretario general del Comité Central del Partido Comunista y presidente de la República Popular China. A él le ha tocado encabezar los eventos conmemorativos del primer siglo de existencia de esa organización política. En la Plaza de Tiananmen, vestido con un traje tipo Mao gris, a diferencia de los miembros del Comité Central que vestían al estilo occidental, XI pronunció un largo discurso en el que una de las figuras centrales fue precisamente el padre de la Revolución China, que vuelve a ser el centro de la narrativa ideológica.
A Xi Jimping le ha tocado el momento del “Gran Salto” al liderazgo mundial. Quien aspira a ser electo para un nuevo quinquenio, ha sabido posicionar a su país no solo en su propia región, en Europa, África y América Latina, China a logrado avances que preocupan, con razón, a los Estados Unidos. Prueba de ello es el mensaje de Joe Biden en el marco de su reciente visita al viejo continente enfático en señalar a la nación asiática, y a Rusia, como riesgo para la democracia y la economía mundial.
No tengo la menor duda de que el acercamiento que con China están procurando la canciller alemana Ángela Merkel y el presidente francés Emmanuel Macron, no ha sido bien visto en Washington. Tampoco, el que la canciller germana está tocando la puerta a Vladimir Putin solicitándole amplíe la cuota de gas que Alemania necesita para impulsar la recuperación económica que desde antes de la pandemia mostraba signos negativos, al tiempo que Merkel insta acelerar la ampliación de la UE hacia los Balcanes.
Mientras todo este reacomodo de la geopolítica mundial ocurre, Xi Jimping expresa contundente en la Plaza de Tiananmen, indiscutible centro físico y espiritual del sistema de gobierno chino: “El tiempo en el que el pueblo chino podía ser pisoteado, en que sufría y era oprimido, ha terminado para siempre”, una remasterización del discurso de Mao Zedong en ese mismo lugar en 1949, al triunfo de la Revolución.
Xi enfatizó que ha sido el PC chino el actor fundamental de la transformación de esa nación, antaño paupérrima, en la segunda economía del mundo y, anticipó, “en las próximas décadas continuará haciendo posible su progreso para transformarla en una gran potencia.” Afirmó también, que por ningún motivo permitirán ningún movimiento interno o intromisión externa que promueva la independencia de Taiwán o de Hong Kong ¿Así o más claro, Míster Biden?
De todo un poco
Ha salido a la luz que la decisión de incrementar un cuarto de punto la tasa de interés de referencia por la Junta de Gobierno derivó de una larga discusión y del voto en contra de Galia Borja y Gerardo Esquivel quienes manifestaron que esta alza mandaría una señal equivocada a los mercados. Ambos coinciden en que la inflación que se presenta actualmente no es estructural, sino coyuntural, es el reflejo de un escenario recesivo a causa de la pandemia. Arturo Herrera, todavía secretario de Hacienda y próximo gobernador del Banco Central, piensa lo mismo. En el marco de la Cumbre de ministros de Finanzas y de Gobernadores de Bancos Centrales, anticipó que pronto el peso mexicano tendrá una revaluación para ubicarse en 19 pesos por dólar. En ese foro, México propuso analizar impuestos redistributivos. Herrara señaló: “A diferencia de las economías avanzadas, en países de ingresos medios tenemos que considerar los potenciales efectos redistributivos de los impuestos al carbón”. El funcionario conversó con la ministra de Finanzas de Canadá acerca de los posibles mecanismos para estrechar la cooperación en la región e impulsar el crecimiento económico en el mundo pos-pandemia…El escritor y periodista Hernán Gómez coordinó la compilación de 17 ensayos que han sido publicados en el libro: “4T: Claves para descifrar el rompecabezas”. Esta obra fue presentada el viernes pasado en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, en Chihuahua con la participación del gobernador de esa entidad, Javier Corral, quien señaló: “Es un texto necesario, oportuno, que asume el reto y lo logra, de apartarse de los extremos que hay actualmente en el análisis político, no filosófico, porque no es un tratado de filosofía de la 4T. Es un análisis político sobre el desempeño de la 4T en el gobierno de la república, pero se aparta de los extremos de los que dicen que todo está bien y de los que dicen que todo está mal”. El que se haya presentado este libro en esa entidad, epicentro del grupo de gobernadores opuestos a las políticas diseñadas por la 4T, tiene un enorme significado. Un pajarito me ha confiado que pronto se presentará esta obra en la tierra del presidente de la República…En plática con mi muy buen amigo, egresado de la Universidad Olmeca, director general del INSABI, Juan Antonio Ferrer, me comentó que ese organismo a su cargo, y la Oficina de las Naciones Unidas de Servicio Para Proyectos (UNOPS), avanzan en el suministro de medicamentos para atender a toda la población en el país. Me indicó que el proceso de compra internacional a cargo de esa Unidad para el abasto de medicamentos en 2021 mantiene un avance permanente. Al momento, el 99.4% de contratos de compra han sido firmados con empresas proveedoras de medicamentos, lo cual significa que la entrega se seguirá haciendo de conformidad con las necesidades del sector…el presidente Joe Biden ha emitido una orden ejecutiva cuyo objetivo central es potenciar una mayor competitividad en la economía de su país. En pocas palabras, el demócrata ha dado un duro golpe a los oligopolios. Los sectores “afectados” por estas medidas están en los ramos farmacéutico y en las tecnologías. El decreto busca limitar el poder de estas empresas que controlan la producción, con la finalidad de favorecer la movilidad laboral, mejorar los salarios y bajar los precios de muchos productos. Habrá que esperar la reacción de los republicanos que ya se quejan de que Biden (como si Trump no lo hubiera hecho) está gobernando mediante ordenes ejecutivas, sin pasar por el Congreso.