Prospectiva.

Emilio de Ygartua M.

Lunes 13 de septiembre de 2021.

*Doscientos años de independencia

*Liberalismo social como herencia de nuestra mexicanidad

*El pensamiento liberal de Lácides García Detjen

* “Dime con quien andas y te diré quien eres”

Un reconocimiento a Don Enrique González Pedrero, demócrata, constructor de puentes físicos y humanos. Impulsor de la democracia de carne y hueso, generador de los centros integradores e impulsor de la Cultura que, junto con Julieta Campos, con la que se ha reunido nuevamente, hicieron raíz y sentido en esta tierra del trópico húmedo

México ha transitado por un largo y sinuoso camino hacia el desarrollo y la consolidación de su modelo económico. Luego de obtener nuestra independencia política en 1821, luchamos denodadamente por encontrar el camino hacia la independencia económica que, desafortunadamente, no llegó en forma rápida. El Liberalismo Mexicano ha sido llamado así con toda justicia porque aquí adquirió rasgos particulares que lo hicieron muy distinto de su referente directo, el Liberalismo Europeo. 

El nuestro, a diferencia de aquel, y del norteamericano, fue un Liberalismo de características sociales bien definidas, que tuvo como constante una participación activa del Estado en la economía, contrario a lo que establece la teoría clásica liberal que invoca una ausencia casi total de éste y una prevalencia del mercado sobre todas las organizaciones sociales. Nos referimos a un mercado regido por la «mano invisible» a la que invocaba Adam Smith en sus escritos. 

Un Estado que no pasara de ser un «vigilante nocturno» de las relaciones sociales de producción. Esa era la base del modelo económico liberal sustentado en el «dejar hacer, dejar pasar». El nuestro, este Liberalismo Mexicano que ha sido fuente de inspiración de tantos trabajos, estudios y análisis, que encuentra su obra cumbre en los tres tomos de «El Liberalismo Mexicano«, del maestro veracruzano Jesús Reyes Heroles; este Liberalismo con auténtico contenido social es, por ello, diferente a su padre original. 

En el marco del bicentenario de la consumación de nuestra Independencia (el 28 de septiembre de 1821, según acta del Congreso), hablar del Liberalismo Social es recorrer en dos palabras todo un largo proceso histórico que conlleva éxitos y fracasos, alegrías y sinsabores, victorias y derrotas, a la hora de la construcción de esta gran nación que es nuestro México. 

Durante el período salinista se impulsó la idea de que nuestro liberalismo era homologable a las tesis del modelo neoliberal que impulsaron Estados Unidos y el Reino Unido en la decada de los ochentas, fundados en las tesis de los llamados “Chicago boys”.  Se equivocaron rotundamente los que vieron en aquel sexenio al Liberalismo Social como un ariete para sus propósitos personales y lo convirtieron en ingrediente de un discurso de ocasión que, desgraciadamente, durante tres décadas fue el modelo a seguir en nuestro país generando no riqueza e igualdad como se prometía, por el contrario, pobreza y marginación. 

Un Estado ausente en lo social que renunció a atender y entender las necesidades de los más y a prohijar la acumulación de capital en unos cuantos dio lugar a una reedición  del modelo porfirista.

Afortunadamente, ese propósito no logró alterar las raíces históricas de esta corriente de pensamiento que en estos tiempos de cambios intensos, dramáticos y acelerados, se presenta como alternativa viable a la hora de buscar una ruta alterna entre el capitalismo salvaje, concentrador y monopólico, por un lado, y un modelo socialista que si bien hoy parece rebasado sigue existiendo como visión prospectiva para algunos.

¿Será el Liberalismo Social esa tercera vía? Estoy convencido de que sí. Me baso precisamente en las profundas raíces nacionalistas de este referente ideológico y en la permeabilidad que puede tener, hoy, ante los retos por venir.  Un gobierno de la sociedad y para la sociedad, es la base de la cual debe partir todo proyecto y, en ese sentido, el Liberalismo Social establece las condiciones para alcanzarlo con pleno apego a la justicia social y abandono de los esquemas que tienden a propiciar la concentración económica y hacer de la pobreza extrema el resultante obligado. 

Esta, la pobreza, debe seguir siendo el enemigo a vencer. A ciento once años del inico de la Revolución Mexicana los logros han sido significativos, pero todavía existen rezagos lacerantes y por ello injustos sobre una población mayor en número aunque cada vez más ausente de los beneficios de un crecimiento indiscutible; ahora debemos luchar porque sea un desarrollo permanente y que contribuya a una mejor distribución de la riqueza. 

Como señala Jesús Reyes Heroles en la introducción a su obra antes referida: «Abordar el estudio de Liberalismo en nuestros días, significa más que acercarse a una pura elaboración doctrinal, examinar una rica experiencia histórica. El Liberalismo surge de la razón y se traduce en actividad. Hay una idea liberal de facto; una inmersión de la idea liberal en la realidad y de ello proviene el Liberalismo como experiencia, cargada de sentido histórico.» 

El Liberalismo, como su nombre lo infiere, es un movimiento en pos de la libertad, de la libertad individual del hombre sujeto a las cadenas ominosas que le impone el viejo régimen, ese feudalismo que, sustentado en el absolutismo, impedía el desarrollo de la burguesía, cuyo proceso de acumulación de capital la ubicaba, a mediados del siglo XVII, como una clase económicamente dominante, pero totalmente al margen del poder. 

Para alcanzar éste, para convertirse en una clase políticamente dominante, la burguesía tuvo que hacer una revolución que le permitiera arrebatar ese poder absoluto, «divino«, que sin anuencia alguna de la sociedad civil ejercían los monarcas europeos. 

El Liberalismo fue así actividad y lucha antes que ideología. En el caso de Inglaterra se acudió primero a las armas y luego se hicieron los textos que justificaran la toma abrupta y violenta del poder por parte de esta nueva clase, el  «Tercer Estado», como lo llamaría poco después el abate francés Sieyes. 

El Liberalismo formó naciones. Fundado en un racionalismo en ocasiones bastante dogmático, convirtió a los liberales en protagonistas del devenir y, como apunta Reyes Heroles, permitió que el Liberalismo, por su choque histórico con la realidad adquiriera la flexibilidad de lo histórico. De esta manera, esta corriente del pensamiento no solo legitimó los cambios a partir de una interpretación particular del mundo, sino que se convirtió en un intento para transformarlo. 

En México, el Liberalismo brilló con luz propia. Si bien se separó de sus modelos, al poco tiempo encontró referentes internos, tan amarrados a la realidad concreta que permitió que “la idea liberal” se conviertiera en acción para ir adoptando matices originales que le permitieron ser el punto de partida, la génesis de una forma política nacional. 

¿Por qué el nuestro es un Liberalismo distinto? Porque los liberales mexicanos tuvieron el mérito de hacer coincidir la persecución de sus fines políticos con necesidades concretas de amplios grupos de la población. Con aquellos sectores sociales que durante la colonia fueron explotados, arrebatados de sus tierras y privados de sus libertades esenciales. 

Mi siempre recordado hermano Lácidez García Detjen señalaba que “la raíz y el pensamiento liberal no solamente llegaron a México como resonancias teóricas y doctrinales sino que hubo militancia cotidiana y actitudes familiares que determinaron el entronizamiento del Liberalismo en la historia de México como parte esencial y sustantiva del sistema político y de la vida democrática de México.” 

Quien fuera rector de la Universidad Olmeca, reflexionaba que: “La intensa acción política de Enrique y Ricardo Flores Magón, así como la de Francisco l. Madero y José María Pino Suárez, por citar casos de referencia histórica obligada, dan cuenta de una característica de conciencia política y de una conducta de militancia que practicaba los ideales de Liberalismo en forma especial, entendido en un lenguaje diverso y hasta cierto punto dialéctico.” 

Lácides, un conocedor de la educación y de su historia, consideraba como “una referencia obligada” a Gabino Barreda, “quien para su época trabaja con sistemas teóricos en boga en Europa en el ámbito político, pero él los aclimató a la esfera de una concepción liberal de la educación dando origen a un sistema educativo que, más tarde, sería el gran soporte de la educación pública nacional.” 

El colombiano que hizo de esta tierra su casa y sembró cariño y admiración, coincidía con las reflexiones del clásico Ralf Dahrendorf, quien hablaba de las perspectivas de Europa mucho antes de la caída del muro de Berlín. “Él defendió con la pasión y el razonamiento alemán la idea de que el Liberalismo era el sustento fundamental de la democracia, y que las tendencias de las naciones era el de una mezcla químico­política que daría origen a una socialdemocracia de gran fortaleza, sin dejar de reconocer que esto sería posible solo en la medida en que se rescataran las raíces y la esencia de la concepción del Liberalismo de los grandes clásicos del siglo XVIII y XIX a los que hemos aludido.”

A doscientos años de distancia de la consumación de nuestra independencia es necesario rendir homenaje a los hombres y mujeres que hicieron posible esa odisea, sin perder de vista que el nuestro no es el neoliberalismo que promueve las desigualdades y concentra la riqueza. El nuestro es un liberalismo social que da al Estado un papel primario en la generación de oportunidades en un marco de igualdad y de equidad, de justicia social y respeto a la soberanía que dimana del pueblo, de nadie más.

“Dime con quien andas y te diré quién eres”

Cuando Manuel Gómez Morín impulsó la creación del Partido Acción Nacional en 1939, sus posturas antagónicas a las acciones de gobierno impulsadas por el general Lázaro Cárdenas, hubo una clara influencia de las corrientes conservadoras que en ese momento cobraban fuerza en el viejo continente inspiradas en las ideologías democristianas con clara inspiración en la Encíclica Rerum Novare del Papa León XIII publicada el 15 de mayo de 1891, que si bien se centra en la situación de los obreros en el momento en que despegaba el capitalismo industrial, su objetivo es exponer la doctrina de la iglesia sobre la cuestión social, sobre todo ante el avance de las ideas marxistas en Europa.

Desde entonces, este organismo partidario ha caminado por el sendero de la derecha democrática siendo leal a los principios que sus fundadores establecieron, si bien, habrá que recordar, no han estado al margen de controversias internas y de cismas que provocaron, incluso su fractura. Por ello, más que sorprender, preocupa, el que un grupo de panistas hayan volteado los ojos hacia un partido político cuyas posturas radicales, ultraconservadoras, han sido su signo distintivo desde su nacimiento a finales de diciembre de 2013.

El acuerdo firmado por algunos senadores panistas y un priísta realmente perdido, con Santiago Abascal, dirigente de VOX, ha provocado reacciones al interior del blanquiazul. No pocos de sus integrantes, primero que todo se han deslindado de esta alianza que, han dicho, no tiene cabida en un partido que nunca ha caminado por la ruta del radicalismo y mucho menos ha sido defensor de un “nativismo” que es un estadio del nacionalismo exacervado que predica el partido de Abascal.

No es nueva la presencia de esta formación política en México. A principios de este año, en estas páginas señalamos que las estrategias implementadas por FRENA solicitando la renuncia de Andrés Manuel López Obrador, su instalación ridícula en la plancha del Zócalo capitalino, sus caravanas caceroleras encabezadas por automóviles de lujo, están orquestadas siguiendo una metodología que en España ha impulsado VOX que, en 2019 dio la gran sorpresa al lograr una votación histórica que ya le otorga un estatus en el Congreso de los Diputados.

Hace cuatro meses, presentó una Moción de Censura contra el gobierno de Pedro Sánchez al que acusó, en asociación con el entonces dirigente de  Podemos, Pablo Iglesias, de querer llevar a España al comunismo y poner punto final a la monarquía, tema en el que “Pablito” estuvo empeñado en hacer realidad. El Partido Popular, liderado por Pablo Casado, al inicio, secundo esta propuesta, pero pronto se deslindó al quedar en evidencia el propósito de VOX, no sólo promover una nueva elección, además convertirse en la primera fuerza política de oposición. Casado mandó al cuerno a José María Aznar, ex presidente del gobierno español, quien le aconsejó hacer alianza con el partido de Abascal.

¿Cómo se explica el rápido crecimiento de esta nueva fuerza política española? Los analistas políticos coinciden en señalar que VOX encontró en la falliada diáspora catalana argumentos para fortalecer su nacionalismo y enfrentar las ideologías que promueven un separatismo contra el que luchó ferozmente su auténtico ideólogo, el generalísimo Francisco Franco. Una formación auténticamente  fascista. ¿Que etiqueta de ideología de derecha podemos colocar a este partido? Muchos analistas coinciden en ubicarla en la derecha radical. Ferrerira justifica lo aneterior porque lo que prima en su discurso “son el nativismo y el autoritarismo.”

No pocos lo ubican en el rango de la “extrema derecha”, pero este mismo autor no comparte este planteamiento en razón de que para él, “VOX no apoya la violencia para alcanzar sus fines, y aunque no respeta ciertos aspectos de la democracia liberal, no la rechaza de pleno.” Sin embargo, establece que tampoco se le puede calificar simplemente como un partido conservador [el PAN sí lo es], por el peso que en el discurso de su dirigente tiene el nativismo, que va más allá del nacionalismo ya que ubica a los externos, vengan de donde vengan, pero especialmente a los musulmanes “como una amenza para la pervivencia de los valores de grupo.”

Es, asimismo, un partido autoritario ya que funda sus principios en “la creencia en una sociedad estrictamente ordenada donde las infracciones a la autoridad tienen que ser severamente castigadas”. Al tiempo, VOX defiende a ultranza los valores tradicionales y se ha mostrado abiertamente favorable al modelo neoliberal en razón de su idea de un Estado fuerte en el ejercio de la autoridad, pero ausente en materia de cualquier regulación en materia económica o social.

Finalmente, la pregunta fundamental: ¿Cómo logró este partido un crecimiento tan rápido, sobre todo en los jóvenes, en los varones, no tanto en las mujeres? A través de las redes sociales. No en vano el comentario del ya degenestrado asesor en comunicación de los senadores panistas autor de la invitación a Santiago Abascal: “Con el uso de las redes sociales, él sería capaz de convertirse en presidente de México.”

En un interesante y muy completo estudio realizado al alimón por Eva Aladro Vico y Paula Requiejo Rey, de la Universidad Complutense de Madrid, se detalla el cómo a través de las redes sociales se catapultó a esta nueva fuerza política y, resulta muy interesante conocer que una de las piezas fundamentales en este proyecto ha sido Steve Bannon, sí, el asesor de Donald Trump y promotor de los grupos ultraconservadores en los que se sustenta el “trumpismo”, grupos antiracista, milicias armadas que tuvieron un papel estelar en el lamentable asalto al Congreso de los Estados Unidos el 6 de enero pasado. 

Entonces, amables lectores, que bueno que los ultraconservadores salgan del closet, como señaló el presidente López Obrador, para que les prestemos mucha atención porque VOX en cualquier momento puede transitar de la derecha radical a la derecha extrema. ¿Cuál será su siguiente paso en nuestro país? Antes en el escenario de la consulta para la ratificación de mandato en marzo 2022, seguro los veremos agitar sus banderas y sonar sus cláxones.

Por razones de trabajo, Prospectiva reaparecerá el lunes 27 de septiembre.  

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