Emilio de Ygartua M.
Lunes 8 noviembre 2021.
*Los cuatro jinetes del Apocalipsis.
*La población sigue creciendo, la pobreza y la desigualdad, también.
*La Inflación, la maldita inflación.
*Cinco millones de personas han muerto en el mundo por causa de la pandemia.
*El quinto jinete del Apocalipsis: el calentamiento global.
En la última parte de la Biblia se describen a los “Cuatro Jinetes del Apocalipsis” que llegarán “para destruir vastas franjas del planeta”. Las cuatro calamidades establecidas en ese documento son: la guerra, el hambre, la peste y la muerte. Sarah Romero publicó (17/04/2021) en la revista “Muy interesante”, un articulo en el que se observa una visión catastrofista que establece que la pandemia de COVID-19, “puede marcar el principio del fin de la vida tal y como la conocemos los seres humanos.”
Sin demeritar esta advertencia, creo que el artículo arroja otros elementos rescatables, entre ellos, la referencia a una investigación desarrollada en la Universidad de Singapur que pone sobre la mesa, “los complejos peligros que amenazan a la humanidad”. En ella se establece que “los cuatro jinetes que están conduciendo hoy a nuestra civilización hacia su posible destrucción son: la superpoblación, la globalización, la hiperconectividad y la concentración de las cadenas de suministro.”
Desde luego, podemos estar de acuerdo o no con esta recategorización. Por mi parte, considero que los cuatro elementos establecidos en la Biblia siguen siendo un referente válido. La guerra continúa presente como un factor de riesgo, ahora, en el contexto de lo que ya es innegable, una “nueva guerra fría” cuyos protagonistas son, por un lado, los Estados Unidos, empeñados en mantener su hegemonía. Del otro está China, cuyo desarrollo económico, militar y tecnológico exponencial le permite retar a un gigante que no puede seguir negando su influencia geopolítica y económica.
Una nación que, a mediados del siglo pasado, transitó, mediante su victoria en la guerra civil contra los nacionalistas, hacia un modelo socialista sustentado en las tesis de Mao, para aterrizar en un modelo híbrido (capitalismo/socialismo) que la convirtió, en muy poco tiempo, para sorpresa de muchos, en superpotencia. “No importan de que color sea el gato, lo que importa es que se coma a los ratones”, frase confuciana que hizo suya Deng Xioping, el arquitecto del gran cambio en la China moderna.
La población sigue creciendo, la pobreza y la desigualdad, también
Es verdad que el crecimiento del número de habitantes del planeta está ejerciendo una enorme presión, sin embargo, sin dejar de preocuparnos por la demografía, tenemos que priorizar la lucha contra la pobreza, la desigualdad, la injusticia social que se reflejan en la hambruna que, además, se da en un contexto verdaderamente lamentable: cada día se tiran miles de millones de toneladas de comida, incluyendo a naciones con un muy alto índice de marginación.
La concentración de la riqueza en pocas naciones sigue siendo un componente que explica las desigualdades en un contexto en el que las diferencias entre el norte y el sur siguen creciendo, Desde luego, esto se refleja también al interior de los países donde esa concentración del capital en pocas manos es cada día mayor como ya explicaba ampliamente Thomas Piketty, en su libro “El Capital en el Siglo XXI”. La pandemia se convirtió en ventana de oportunidades para empresas como Amazon o Mercado Libre que vieron crecer sus ganancias de manera exponencial.
No nos confundamos, la globalización no inició el siglo pasado con las tesis neoliberales nacidas en las aulas de la Universidad de Chicago; surgió en los años previos a la entronización del modelo capitalista de producción engendrado en el mismo seno del modo de producción feudal.
El mercantilismo, acompañado de un feroz colonialismo, arrasó con los recursos naturales y explotó los recursos humanos de aquellas naciones que no pudieron contener las ambiciones imperiales de naciones que, enarbolando las banderas de la civilización occidental, expoliaron a otros países, haciéndolos víctimas de una transnacionalización que ha operado como un eficaz instrumento de dominación del modelo capitalista de producción hasta nuestros días.
El tercer jinete del Apocalipsis ha estado presente desde tiempos inmemoriales: Las enfermedades. La lepra, la viruela, la peste, la influenza son algunos de los antecedentes de la pandemia que hoy nos asola; la que durante casi dos años nos ha impuesto el encierro, la cancelación de una forma de vida que no retornará cuando arribe la nueva normalidad que se nos ha prometido y que, aún con las vacunas, parece tan distante, aunque queramos vestir nuestro optimismo con los colores de un semáforo que no resiste los riesgos inherentes a nuestra cotidianidad y que se enfrenta a la irresponsabilidad inexplicable de aquellos que se consideran inmunes al contagio y por ello se niegan a vacunarse.
La cuarta ola ya recorre Europa. Rusia vive momentos complejos en tanto que, en China, donde tuvo su génesis este maldito virus, se sabe de regiones que sufren una nueva ola de contagios.
La pandemia llegó acompañada de una crisis económica devastadora. Se han perdido millones de empleos; si bien es cierto que a estas alturas muchos se han recuperado, lo real es que, en la mayoría de los casos, ni son los mismos, ni tienen los mismos parámetros de desempeño que existían antes de la pandemia. Un reto más para las instituciones formadoras de profesionales.
La “nueva peste”, que arrasó con todo, es cierto, provocó la concentración de las cadenas de suministro, lo que ha impedido retornar a la normalidad en la producción y abasto de lo fundamental, al haber obligado al sistema productivo a priorizar lo que durante la pandemia se ha convertido en prioridad: la salud, tema en la que, además, han quedado en evidencia las enormes desigualdades, las asimetrías, no sólo entre las naciones ricas y las pobres, también al interior de cada una de ellas, de las ricas y de las pobres.
La inflación: la maldita inflación
Ahora, para acabarla, ha reaparecido otro flagelo, bien conocido en nuestro continente: la inflación, que no es temporal, como algunos vaticinaban, sino estructural, resultado de las insuficiencias de un sistema productivo que dejó de operar por buen tiempo y que enfrenta una creciente demanda derivada, en mucho, de las ayudas económicas extraordinarias otorgadas en los países ricos, y de la reactivación de las labores cotidianas, que no han encontrado un punto de equilibrio entre la oferta y la demanda.
Los bancos centrales están aumentando las tasas de referencia, a sabiendas de que ello contraerá el consumo, sí, pero también la producción, ciclo perverso que vivimos en México durante décadas. ¿Aparecerá la “mano invisible”, para regular los mercados locales e internacionales? Lamento decirles que ello no ocurrirá.
Por lo tanto, la tarea prioritaria para los Estados nacionales será implementar medidas orientadas a evitar que la inflación siga creciendo y que merme aún más los ingresos más exiguos acrecentando las desigualdades sociales, la desesperanza, provocando agitación y violencia que actuará, irremediablemente, en contra de la gobernabilidad y de la paz social.
La globalización, que en este momento debería ser sinónimo de solidaridad y mutuo acompañamiento, ha demostrado que sigue fincándose en el egoísmo y el individualismo, la marca distintiva de un modelo, el neoliberal, que tanto prometía pero que, al final del día únicamente alcanzó para apalancar a los que más tienen en perjuicio, para variar, de los más pobres, que no lo son por flojera o incapacidad, sino por falta de oportunidades. Lamentable que en estos tiempos se escuchen tan fuertes las voces de aquellos que se oponen a que los gobiernos adopten medidas para atender la marginación y la desesperanza.
No estoy claro si se perdieron los 702 tipos de empleos que vaticinaban, en el 2018, investigadores de la Universidad de Harvard, alertándonos sobre los rasgos de la Revolución 4.0, sí, la que se basa en el desarrollo tecnológico, en la innovación y en esa hiperconectividad que ha hecho pública las desigualdades no sólo entre naciones ricas y pobres. En estos tiempos de pandemia, de home office y de home school, no todos tienen la suerte de poder acceder a la conectividad que requiere su trabajo o el estudio desde casa para obtener los conocimientos que impidan se acrecienten las desigualdades educativas y sociales.
5 millones han muerto en el mundo por causa de la pandemia
El cuarto jinete llegó montado en un caballo negro. La muerte, nunca ausente, ha estado más que presente en un planeta que no ha sido capaz de encontrar remedios para flagelos tan añejos como la Biblia misma. A lo largo de la historia de la humanidad se ha privilegiado la producción de armas, desde las más simples hasta las más sofisticadas; herramientas que permiten a las potencias, una y otra vez, mostrarse al interior y al exterior. Adentro, para mantener vigentes sus formas de dominación y obediencia; afuera, como soporte de una estrategia geopolítica que garantice su espacio vital en estos tiempos ya no fundados en la invasión sino en el control de los mercados y de las materias primas.
Por la pandemia, han muerto cerca de 5 millones de personas y se han contagiado más de 30 millones de seres humanos. Lo que parece se convertirá en endemia, obligó a un desarrollo acelerado de vacunas utilizando criterios y estrategias que rompieron con los protocolos.
A estas alturas, la pregunta no es cuál es la mejor vacuna, sino cuál está a mi alcance. A pesar de petición recurrente del Papa Francisco de que se evitará el acaparamiento de estos fármacos, por un oído les entró y por otro les salió a gobernantes y fabricantes, ante la ausencia de una autoridad capaz de poner orden al desorden y al caos. La ONU y su subsidiaria, la OMS, han evidenciado su ineficacia para controlar esta y otras cosas. Urge una reformulación de este organismo nacido en 1945, que no está preparado para enfrentar los nuevos retos que depara este siglo que apenas inicia.
Las farmacéuticas, por su parte, lejos han estado de colocarse a la altura de su compromiso social, el afán mercantilista, para variar, ha tenido dominancia en un escenario de incertidumbre en el que la tercera dosis se ha vuelto necesaria cuando al principio se nos habló de inmunidades suficientemente largas.
Lo cierto es que cada día es más incierto nuestro futuro que, además, está configurado por una lucha ideológica en la que las naciones capitalistas han decidido que sólo las vacunas desarrolladas por ellos son válidas para entrar en sus territorios, cumpliendo, además, con protocolos que en momentos cruzan la línea roja de la honestidad y el solidarismo hoy tan ausentes. ¿Serán las vacunas una especie de muro para evitar la migración de personas provenientes de países pobres y sin acceso a estos fármacos?
El quinto jinete del Apocalipsis: el calentamiento global
Sin dudar, podemos sumar un quinto jinete a esta visión apocalíptica que hemos relatado. Este quinto factor, que nos debe generar mayor preocupación ya que incide en los otros cuatro antes expuestos, es el cambio climático derivado del calentamiento global. En las dos últimas semanas han ocupado importantes espacios en los medios informativos reuniones cuya temática central han sido el cambio climático, sus efectos y las medidas que deben de tomarse para reducir de 1.5 a 2 grados centígrados el calentamiento global.
Iniciamos con la visita del presidente de los EUA, Joe Biden, al Papa Francisco quien le manifestó su preocupación por la inoperancia de las estrategias hasta ahora seguidas para enfrentar lo que se ha convertido en el mayor reto para un planeta que ya está sufriendo los efectos del cambio climático evidentes con los deshielos acelerados de los polos, eventos hidrometeorológicos cada vez más devastadores, pérdida de playas y, desde luego, el efecto nefando que sobre la fauna y la flora está teniendo este fenómeno provocado por el hombre. Un problema que no se va a resolver convocando a los individuos, sino a gobiernos y grandes corporativos responsables principales del problema que nos ocupa.
Luego vino la reunión del G-20 donde se habló de las vacunas y de la necesidad de impulsar una distribución solidaria de estas, lo que está lejos de lograrse si nos atenemos a las estadísticas que muestran que hay países que ya cumplieron sus metas en tanto que la gran mayoría, especialmente los más pobres, ni siquiera han iniciado la vacunación.
En ese foro, el canciller Marcelo Ebrard, pidió al director general de la Organización Mundial de la Salud se acelere el proceso de autorización del uso de vacunas fabricadas en Rusia, China, Cuba y México, claros de que sólo en la medida en que se amplié la oferta se podrá avanzar en la necesaria inmunidad de rebaño que precisa que, al menos el 70% de la población mundial, reciba la o las vacunas. Meta que está muy lejana ya que al momento se han inoculado a 2.5 mil millones de personas de los más de siete mil millones de habitantes que pueblan este planeta.
Después vinieron los foros COP26 en Roma y la reunión que sobre el mismo tema realizada Glasgow, capital de Escocia, que concitó la participación de jefes de gobierno, de responsables del cuidado del medio ambiente, científicos y personas de a pie, entre las cuales hubo muchos jóvenes como la activista sueca Greta Thunberg, la mexicana Xiye Bastida, la brasileña Txai Surui y el colombiano de solo 12 años, Francisco Javier Vera.
Todos ellos, y muchos más, levantaron la voz señalando que ya han pasado 26 reuniones convocadas por la ONU para atender este tema y los resultados no coinciden con los muy elocuentes discursos de los políticos que se muestran dubitativos entre el uso de los combustibles fósiles y las energías limpias. Miles de jóvenes, legítimamente preocupados por un futuro sombrío, calificaron los acuerdos alcanzados durante la COP26 “como un fracaso”.
Por su parte, el G20 manifestó su compromiso (poco claro) de establecer medidas para “contener el calentamiento a 1.5 grados”. ¿Por qué se duda? Porque las estrategias que se prometieron dicen las voces críticas, “no anticipen resultados diferentes a los alcanzados hasta el momento.” Es cierto que las economías más robustas del mundo acordaron dejar de financiar la construcción de plantas de carbón en otros países, sin embargo, la realidad es que Estados Unidos, China y la India son los responsables de más del 50% de las emisiones de CO2, y siguen extrayendo minerales al interior de sus territorios e impulsando la producción en otras naciones.
Preocupante que México no se haya sumado desde un inicio al pacto para evitar la deforestación promovido por la COP26. Desconcertante, por decir lo menos, cuando el programa “Sembrando Vida”, tiene ese objetivo. Se corrigió el error y hubo sumatoria al acuerdo que llegó acompañada de una declaratoria sin sustento del presidente López Obrador quien señaló que ese acuerdo estaba inspirado en ese programa insignia de la 4T.
“Haiga sido como haiga sido”, diría el filósofo Felipe Calderón, quien, por cierto, anduvo de paseo por Roma y presumió foto con Joe Biden, es necesario que nuestro país muestre, con hechos concretos, su compromiso con el impulso a las energías limpias, uno de los temas que no queda claro en la propuesta de Reforma Eléctrica, que fue tema estos días derivado del traspié cometido por el líder de Morena en la Cámara de Diputados quien pateó el bote hasta abril del 2022 para atender la iniciativa presidencial.
El tabasqueño Manuel Rodríguez, presidente de la Comisión de Energía, corrigió la plana, pero el gazapo dio pie a que los opuestos a esa reforma “aplaudieran” su posposición hasta después de la consulta para la ratificación de mandato y de las elecciones en seis entidades federales en las que, por cierto, el dirigente nacional del PAN, Marko Cortés, ya se dio por muerto.
Debido a que el lunes 15 de noviembre no se publicará Novedades de Tabasco, por festivo del 20 de noviembre, Prospectiva regresará a estas páginas el lunes 22 de noviembre cuando recordaremos el asesinato de John F. Kennedy en 1963 y sus implicaciones.
Me gusta leer sus artículos muy precisos y acotando los temas de la semana en una escritura explícita. saludos
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