Emilio de Ygartua M.
Lunes 23 mayo 2022.
*Señales de flexibilidad de EU con Cuba y Venezuela
*Escala en Cuba que pone nerviosos a los contras
*Médicos cubanos en México
*Cumbre de las Américas: ¿Asisto o no asisto? Ese es el dilema
*¿Están vigentes los principios de no intervención y de autodeterminación de los pueblos?
*Temas de la Cumbre: migración, democracia y derechos humanos
En el marco de su gira por Guatemala, El Salvador, Honduras, Belice y Cuba, el presidente Andrés Manuel López Obrador fue muy enfático en señalar que el gobierno de los Estados Unidos se ha comprometido a fortalecer la economía de esa región, pero que al momento ello se ha quedado en promesa porque el dinero no ha fluido. Fustigó que el vecino del norte está canalizando millonarios recursos hacia Ucrania, invadida por Rusia, aprovechando el viaje para señalar los errores y omisiones de la ONU y de las potencias mundiales que nada hicieron para impedir una guerra cuyos efectos para el mundo se evidencian en los altos niveles de precios que han obligado a tomar medidas urgentes a todas las naciones.
No es que le neguemos la importancia a los 30.5 milmillones de dólares que anunció el embajador Ken Salazar en un evento al que asistieron los gobernadores de la región del Sureste y el secretario de Hacienda que presentó un nuevo plan de infraestructura para impulsar la economía de esa zona del país. Esa cantidad está muy lejano de los 250 millones de dólares prometidos y mucho más de los millonarios apoyos que ha recibido Ucrania del gobierno de Joe Biden.
En tanto, Andrés Manuel ofreció a los países centroamericanos apoyos económicos y la implementación de programas como “Sembrando Vida”, para incentivar la producción en el campo, generar empleos y fortalecer los niveles de ingresos orientados a revertir la pobreza y la marginación que son la causa principal que mueve a los grupos de migrantes que salen de sus países, transitan por el nuestro, con la mira puesta en la frontera con Estados Unidos cuyo gobierno sigue solicitando a México sea muro de contención de esas movilizaciones. Empeorael escenario ya que un juez federal de Luisiana ordenó mantener vigente la medida conocida como Título 42, implementada por Donald Trump en marzo del 2020, con la excusa del Covid-19, que implica una deportación fast track, esto es, sin proceso jurídico.
Escala en Cuba que siempre pone nerviosos a los contras mexicanos
La última escala de la gira de López Obrador fue Cuba. Su arribo coincidió con la tragedia que sacudió a la Isla por el incendio del emblemático Hotel Saratoga que provocó la muerte de medio centenar de personas y muchos heridos. Recibido por el presidente Miguel Díaz-Canel, el mandatario mexicano refrendo el histórico aprecio hacia una nación con la que nos unen fuertes lazos que siempre preocupan a los que, como Miramón, ven únicamente hacia el Imperio en turno, y se manifiestan temerosos de que no cumplir puntualmente con el papel de vasallos, al que ellos se aferran, lastime nuestra relación y provoque el enojo del emperador en turno.
En La Habana, con la vista puesta en la Plaza de la Revolución que testimonia la lucha de un país contra la dominación externa, López Obrador refrendó su rechazo a un bloqueo económico calificado como “política medieval”. Sus palabras, sin duda, tuvieron eco en la “Casa Blanca”, que la semana pasada dispuso medidas que no resuelven el problema del inhumano e injusto bloqueo a punto de cumplir 60 años, que, aunque se insista en negarlo, es una de las razones principales de que el modelo socialista cubano no haya tenido los resultados esperados.
No obvio señalar que no podemos atribuirle a esa medida los errores y desviaciones, que también cuentan y mucho, a la hora del balance entre lo logrado y los saldos pendientes en la Isla. La crisis económica que hoy vive Cuba tiene otras muchas causas, entre ellas, la necedad de sus dirigentes de no promover una transformación económica, política y social. Desde luego, un tema ineludible es el asunto de los derechos humanos y la intolerancia evidente del gobierno con una disidencia creciente que ha sido víctima de un régimen aferrado a no escucharlos y que ahora penaliza cualquier manifestación en contra suya.
Señales de flexibilidad de Estados Unidos con Cuba y Venezuela
Las acciones tomadas por Washington flexibilizan lapolítica hacia la Isla al revertir las medidas adoptadas por Donald Trump quien, desde su arribo a la Casa Blanca en enero de 2017, echó para atrás todas las decisiones tomadas por la administración Obama-Biden, entre ellas, el restablecimiento de las relaciones diplomáticas, la autorización de entrega de visas, la ampliación de vuelos y el envío de remesas.
La decisión tomada, si bien no satisface plenamente al gobierno cubano, éste reconoce que es una decisión “en la ruta adecuada”. Más viajes desde Estados Unidos a la Isla; la autorización del envío de remesas por cantidades mayores a mil dólares por trimestre, el tope establecido por la administración Trump, son medidas que permiten pensar que la relación con la Isla puede tomar un nuevo cauce.
Al hacer pública esta decisión, el mandatario estadounidense no perdió la oportunidad de enviar un mensaje, desde el “Atalaya de la democracia en América”, cuyo sacerdocio se han asignado desde hace siglo y medio. “Cuba enfrenta una crisis humanitaria sin precedentes y nuestra política continuará enfocándose en empoderar al pueblo cubano para ayudarlo a crear un futuro libre de represión y sufrimiento económico.” Un mensaje que evidencia los irremediables propósitos intervencionistas de una nación que mira con lupa la paja en el ojo ajeno, pero nunca la viga en el suyo, de lo que trataremos más adelante.
Aparejada a esta flexibilidad con Cuba, llegó un cambio de tratamiento con el gobierno de Nicolás Maduro, presidente de Venezuela. El fin del boicot a la compra del petróleo producido por esa nación es una buena señal, sí, pero no nos perdamos en la bruma, obedece a la crisis energética provocada por las sanciones a Rusia y, de paso, tiene como objetivo fortalecer a la diezmada y perdida oposición venezolana. Se dice que no se les comprará petróleo,pero más pronto cae un hablador que un cojo.
Médicos cubanos en México
Volviendo a la visita de López Obrador a Cuba, cabe mencionar que, del diálogo abierto y cordial con el mandatario cubano, surgieron iniciativas para fortalecer nuestra relación en campos como la educación y la salud, en los que la isla caribeña ha logrado avances significativos reconocidos a nivel mundial. En ese contexto, se acordó la contratación de 500 especialistas cubanos, decisión que ha generado fuertes reacciones que descalifican la decisión de nuestro mandatario aduciendo que en México se forman médicos generales y especialistas suficientes para atender las necesidades de sector y que esos recursos deberían ser canalizados al fortalecimiento de la formación de especialistas.
En su más puro estilo, Andrés Manuel López Obrador salió al paso de estas objeciones empuñando su espada contra su alma mater (la mía también),señalando que los egresados de esa casa de estudios “se han vuelto muy neoliberales”, porque no quieren ir a las comunidades. Una crítica dura que no es del todo justa, pero que no carece de verdad. ¿En que sentido? Es cierto que se batalla mucho con los recién egresados de la carrera de Medicina y con los especialistas, renuentes en muchas ocasiones a ir a trabajar a las comunidades y, sobre todo, orientarse a la medicina comunitaria. Es urgente modificar el modelo de atención poniendo el foco no en la cura, como sucede ahora, sino en la prevención de las enfermedades.
Es verdad que se incrementó el número de espacios para los aspirantes a cursar una especialidad, sí, pero los reportes que se tienen es que hay una sobre saturación en los centros hospitalarios lo que genera el riesgo de que la formación de estos especialistas no se dé con los niveles de excelencia que se requieren.
El rector de la UNAM, Enrique Graue, evitando caer en una confrontación, pidió que se haga un esfuerzo para rediseñar las estrategias de distribución de las plazas atendiendo las zonas más depauperadas que requieren de la presencia de esos especialistas. Al tiempo expresó que el señalamiento del presidente no demerita el trabajo del personal técnico médico durante la pandemia. “Él tiene todo el derecho, yo lo veo como egresado, es su capacidad de expresión, hubo cierta desinformación en relación con el papel de los estudiantes durante la pandemia, que se aclaró ya pertinentemente.”
¿Necesitamos reforzar aún más al sector salud? Sin duda. En Sonora, el viernes pasado, al defender su estrategia de que 500 médicos especialistas de Cuba lleguen a México, Andrés Manuel López Obrador, ante la polémica que han desatado “los sectores conservadores”, aseguró que “primero se contratará a personal médico que no tenga base y, “más adelante se contratará a los médicos de la Isla”.Enfatizó que se sabe “que nos harán falta sobre todo en el medio rural”. Indicó que los médicos pueden ser de México, de Cuba, de Francia o de Estados Unidos, “pero los médicos son para curar a la gente”.
Cumbre de las Américas: ¿Asisto o no asisto? Ese es el dilema
A su regreso a México, el presidente López Obrador abundó sobre su objeción de que la Cumbre de las Américas, a la que ha convocado el presidente Joe Biden sea excluyente. Si bien es cierto que al momento no se han extendido las invitaciones, ha trascendido que no la recibirán los jefes de Estado de Cuba, Venezuela y Nicaragua. ¿Cuál es el argumento? Que esas naciones tienen saldos pendientes en temas de democracia, derechos humanos y libertad de expresión.
Más allá de si estos señalamientos están fundados, el mandatario mexicano ha expresado su abierta oposición a esta exclusión aduciendo que una reunión de esa naturaleza no puede partir de una visión intervencionista que no respeta la autodeterminación de los pueblos.
A la postura de López Obrador, que ha señalado que no asistiría si persiste la exclusión por lo que enviaría a un representante, se han sumado los mandatarios de Honduras, Chile, Bolivia, y la del presidente de la República de Argentina que sí asistirían, también han expresado su oposición a estas posturas discriminatorias y excluyentes. El presidente de Guatemala ha señalado que no acudirá debido a comentarios negativos hechos sobre su país por funcionarios de Estados Unidos. Así las cosas, puede resultar que la fiesta a celebrarse en Los Ángeles el próximo viernes sea tan deslucida como inútil.
El embajador de Estados Unidos en nuestro país, Ken Salazar, atendiendo la instrucción de su amigo el presidente Biden, acudió a Palacio Nacional a tratar de convencer al tabasqueño de que asista aún si son excluidos los tres países. La respuesta fue contundente: “Como presidente de México, tengo la obligación de ceñirme a los principios de no intervención y autodeterminación de los pueblos.”
López Obrador confía en que haya un cambio de postura de Washington. Es posible que los cambios operados en la relación con Cuba y Venezuela sean una señal en ese sentido. Habrá que esperar. Por lo pronto, el mandatario mexicano, que ha recuperado el liderazgo en la región echado a la basura por sus antecesores inmediatos, descarta que vaya a haber una ruptura con EU, situación que tanto preocupa a los empeñados en que México diga sí a todo lo que viene del Norte.
¿Están vigentes los principios de no intervención y autodeterminación?
¿De dónde viene esta postura? ¿Por qué insiste tanto López Obrador en estos principios históricos? En el documento publicado por el Centro de Estudios Internacionales “Gilberto Bosques”, “Aproximación histórica al principio de no intervención en la política exterior mexicana” (6 de julio de 2018), se recuerda que el 1º de septiembre de 1918, con fundamento en la recién aprobada Constitución de 1917 que reformó a la Carta Magna de 1857, Venustiano Carranza esbozó ante el Congreso los principios básicos de la política exterior, ya como presidente electo.
“La igualdad de los países; el respeto a sus instituciones, sus leyes y su soberanía, y que ningún país debe intervenir en ninguna forma y por ningún motivo en los asuntos interiores de otro”. Estos preceptos estaban orientados a blindar nuestra soberanía frente a posibles agresiones extranjeras como había ocurrido en el siglo XIX, y en esos momentos sucedía con la presencia de marines norteamericanos en tres puntos del territorio nacional.
En el llamado período del “Maximato”, durante el efímero gobierno de Pascual Ortiz Rubio (1930-1932), Gerardo Estrada, secretario de Relaciones Exteriores, “se inauguró otro capítulo que impactaría en las relaciones internacionales del país.” La llamada “Doctrina Estrada” aseguraba que “al establecerse como costumbre internacional la declaración de reconocimientos, se provocarían situaciones embarazosas al dejar a gobiernos extranjeros que decidan y critiquen sobre asuntos de la soberanía interior y exterior de otros Estados”.
Por lo anterior, dicha doctrina rechazaba que los países decidieran si un gobierno extranjero era legítimo o ilegítimo. De esta manera, se ponía punto final a la costumbre de que cada país tenía que reconocer al gobierno de otro país para que este fuera considerado válido o legítimo. En este principio se funda la exigencia de Andrés Manuel López Obrador a los Estados Unidos de no excluir a nadie, basado enun evidente desacuerdo con gobiernos cuyo sistema político, económico y social difiere del que esta nación ha establecido como paradigma de validez universal.
México, en diferentes momentos de nuestro devenir histórico, con Lázaro Cárdenas, con Adolfo López Mateos, con Luis Echeverría y con José López Portillo, optó por adoptar una posición independiente que permitió dejar claro qué tipo de acciones y prácticas diplomáticas admitía y cuáles no, con fundamento tanto en la referida Doctrina Estrada, como en el apotegma juarista que señala: “Entre los individuos como entre las naciones el respeto al derecho ajeno es la paz”.
La vigencia de estos preceptos es indiscutible. En su momento fueron incorporados en los documentos fundacionales de la ONU y de la OEA. Esta última, por cierto, caracterizada por su irrespeto de ambos preceptos a causa del recurrente afán de sus secretarios generales de atender, sin chistar, las indicaciones originadas en Washington, como ahora sucede con Luis Almagro, cuyas intromisiones en la política interior de Venezuela, Bolivia y Nicaragua, son de todos conocidas.
No puedo omitir algo que, sin duda, fundamenta los argumentos que esgrimen tanto el gobierno de los Estados Unidos, como los republicanos, y que hacen suyo los opuestos al gobierno de la 4T que manifiestan su oposición a lo que llaman “intransigencia” del presidente mexicano, en su intento de “boicotear”con su inasistencia la Cumbre de las Américas, a celebrarse los días 6 y 7 de junio en Los Ángeles, California, si no se invita a los mandatarios de Cuba, Venezuela y Nicaragua.
Temas de la Cumbre: Migración, democracia y derechos humanos
¿Cuál es el argumento tan poderoso? Lo que ellos califican como recurrentes violaciones a los derechos humanos ocurridas en esas tres naciones. ¿Ese argumento permite dejar de lado la restricción que tiene cualquier país para entrometerse en los asuntos internos de otro? Sí. El derecho internacional así lo establece. México, al haber firmado acuerdos internacionales al respecto, los ha convertido en “derecho de gentes”, en parte de su derecho interno.
En 2011, el Congreso mexicano aprobó una reforma constitucional que modifica la defensa de los derechos humanos en el ámbito nacional e internacional. Dicha reforma otorgó rango constitucional a los tratados de los que México forma parte. En 2013, la Suprema Corte de Justicia de la Nación resolvió que los derechos humanos incluidos en los tratados internacionales firmados por nuestro país, “poseen la misma jerarquía que la Constitución, siempre que no se opongan a las restricciones de la propia Carta Magna”.
A mayor abundamiento, es necesario reproducir lo que establece la Comisión de Derecho Internacional de la ONU con relación a la no intervención y a los derechos humanos: “En lo que se refiere a las medidas que los Estados pueden adoptar respecto de aquellos Estados que violan gravemente los derechos humanos de las personas sometidas a su jurisdicción, si tales acciones se encuentran conformes con otros preceptos del derecho internacional, no pueden considerarse intervenciones ilícitas. En tal sentido, por ejemplo, las representaciones diplomáticas, las expresiones de preocupación, o de desaprobación en lo que concierne a violaciones de los derechos humanos son enteramente legítimas”.
Estados Unidos sustenta la exclusión de esos tres países en las violaciones a derechos humanos de las personas sometidas a su jurisdicción, pero sin que un tribunal de justicia internacional haya emitido algún resolutivo al respecto, por lo cual, todo parece indicar que esta exclusión deriva de las diferencias con las formas de gobierno adoptadas por esos tres países, lo cual debe leerse como clara intromisión en los asuntos internos de esos países.
Lo que López Obrador plantea, lo han secundado varios de sus homólogos, es que para que la Cumbre rinda frutos es necesario que se escuchen todas las voces y que prevalezca un ambiente orientado aencontrar respuesta a los múltiples problemas que sufre la región.
Para Estados Unidos, para el presidente Biden que se siente agobiado por las críticas de sus opositores, e incluso de la sus de sus correligionarios, es la oportunidad de revertir la histórica relación fundada en la Doctrina Monroe que solo acepta una “América para los americanos”, para que transitemos hacia una nueva y auténtica política americana fundada en la integración pero entre iguales que pueden pensar diferente.
¿La paja en el ojo ajeno? Sin duda. Estados Unidos sigue mirando hacia el exterior sin aceptar sus graves problemas internos: una democracia en crisis como se evidenció el 6 de enero del año pasado; un aumento alarmante de la violencia racial liderada por grupos supremacistas que son capaces de recorrer 340 kilómetros para cometer un crimen de odio con la excusa de lo que se llama la teoría del “gran remplazo”. Además, la sistemática violación de los derechos humanos de los migrantes, los que ya están dentro del país, y los que quieren acceder con la esperanza de una vida mejor. ¿Por qué no excluimos a Estados Unidos de la Cumbre? Es broma. Hasta la semana próxima en este mismo espacio. ¡Cuídense!
Me encantó la broma, puede ser la solución. saludos
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