Emilio de Ygartua M.
Lunes 26 de julio 2021.
*¿Economía y salud? La tercera ola
*CEPAL: los efectos de la pandemia en América Latina y el Caribe
*¿Hacia dónde vamos?
La tercera ola de la pandemia está provocando enormes y justificadas preocupaciones en los gobiernos, las empresas y en muchísimas personas que, aunque vacunadas, como el que escribe, que a diario somos bombardeados con noticias que, unas a otras se contradicen, sobre los efectos de las nuevas variantes y acerca de la eficacia o no de las vacunas. Como yo, estoy seguro, los y las lectora de estas líneas, hemos llegado al punto de no leer nada más para evitarnos el transitar del optimismo al pesimismo en una fracción de segundos.
En la primera ola, la impronta fue castigar a la economía dando prioridad a la salud; una decisión que a la mayoría les pareció sensata, si bien, también se escucharon voces discordantes que expresaron de diferentes maneras su enojo ante medidas que llamaron dictatoriales y que, sin duda, tuvieron nefandos efectos en la economía mundial. El confinamiento provocó la desaparición de cientos de miles de empresas que no pudieron resistir los meses en los que la producción se paró y la venta de lo ya producido se redujo notablemente.
Los empleos se perdieron por millones, obligando a muchos gobiernos a canalizar recursos, de acuerdo con sus posibilidades, para paliar, que no resolver, una crisis cuya dimensión asemejan los teóricos a la “Gran Depresión” o la etapa posterior a la Segunda Guerra Mundial. En tanto, la pandemia continuaba provocando crecientes contagios y, desafortunadamente, aumento en las hospitalizaciones y en los fallecidos que suman hasta el momento cerca de 4 millones de personas en todo el orbe.
Por su parte, las grandes farmacéuticas, que recibieron millonarias aportaciones para la investigación y desarrollo de la vacuna que pudiera poner un alto a la infección, trabajaban día y noche para producirlas, lo cual hicieron en tiempo record, acudiendo a procesos innovadores que rompieron no sólo con protocolos, además, con paradigmas vigentes desde finales del siglo XIX cuando se generaron las primeras vacunas para enfrentar enfermedades milenarias.
Con la segunda ola llegaron estas vacunas, recibiendo una a una autorizaciones en diferentes países, a sabiendas de que no había información suficiente para saber si estos fármacos cumplirían con las expectativas que habían generado entre gobiernos y gobernados, que al empezar a recibirlas, bajo un modelo totalmente arbitrario y sujeto a la “ley de la oferta y la demanda”, establecieron estrategias disímbolas para su aplicación, orientadas a vacunar en el menor tiempo a la mayor parte de la población.
Al hacer esta descripción, desde luego, me estoy refiriendo a las naciones cuyo potencial económico permitió adquirir cantidades suficientes de vacunas como para cumplir con su objetivo; muy lejos están los países cuya renta mensual los ubica en la zona de la pobreza, naciones en las que, al momento, se ha vacunado a menos del 10% de la población. Duele decirlo, pero hay naciones que a estas alturas no han podido aplicar un solo reactivo.
¿Economía y salud? La tercera ola
Es en este escenario que en el que se está presentado la llamada tercera ola, con características muy diferentes a las dos olas en la que los contagiados y fallecidos, en su inmensa mayoría, tenían 60 o más años. Vacunado este segmento, a la par que el personal de salud, y avanzando en la inoculación de las personas entre los 40 y 59 años, ahora los contagios se están dando de manera exponencial en personas entre los 18 y los 40 años y entre algunos niños, segmento que se supuso inmune al contagio y llegar a una fase crítica.
Así las cosas, estamos observando niveles de contagios similares a los de primera ola pero que tienen como víctimas a los jóvenes y a los llamados adultos tempranos. Las hospitalizaciones están aumentando lo que ha obligado a reconvertir nuevamente a centros hospitalarios que ya habían regresado a estadios anteriores a la pandemia.
Lo que sí es una buena noticia, es que el número de muertes se ha reducido de manera significativa, lo que evidencia que se han establecido protocolos menos pragmáticos y más asertivos porque se cuenta con información científica que otorga mejores herramientas al personal de salud para atender los nuevos contagios.
¿Economía o salud? En la primera ola, la gran mayoría de los gobiernos optaron claramente por la segunda. Las siguientes fases de la pandemia, ante los nefandos efectos económicos derivados del cierre de la economía, llevaron a una paulatina apertura que hoy es evidente en aquellos países que han logrado avances en las tareas de vacunación. Sin embargo, en las últimas horas Italia, Francia y Alemania, han tenido que adoptar medidas duras para evitar que crezca el número de contagios y se vean obligados a un nuevo cierre. El viernes pasado el gobierno italiano amplió el estado de excepción hasta el 31 de diciembre y ha introducido el llamado “pasaporte verde” que limita el ingreso a restaurante, museos y eventos a todos aquellos que no puedan demostrar que, al menos cuentan ya con una dosis aplicada veinte días atrás.
México, no es la excepción. La variante Delta está provocando un incremento en el número de contagios. Muchos estados de la república que hace pocas semanas estaban en semáforo verde, han tenido que dar marcha atrás, como la CDMX, se ha procurado que la economía no se vuelva a detener, evitando que el rebrote de contagios no pare el rebrote de la economía. Pero los esfuerzos han sido infructuosos.
El viernes pasado se informó que la CDMX regresara al semáforo naranja, con todos los efectos que ello conlleva. La Península de Yucatán se ha convertido, junto con Los Cabos, en Baja California Sur, en un foco de contagio por la llegada masiva de jóvenes aún no inoculados. Hoteles en esos dos paraísos turísticos, han tenido que dar espacio para cuidar a los contagiados, pero sin dejar de priorizar el tratado.
¿Economía o salud? Está claro que la mayoría de los países han convertido esta dicotomía en un binomio indisoluble: economía y salud. Desde luego, esta decisión conlleva muchos riesgos y, sobre todo, provoca en muchos sectores temor e incertidumbre. Este escenario tan endeble está generando problemas. En los últimos días hemos observado los vaivenes en las fluctuaciones de las paridades de las naciones emergentes con respecto al dólar. Asimismo, las bolsas de valores evidencian su temor ante la aparición de nuevas variantes y del aumento en el número de contagios.
Deben preocupar, y mucho, las reacciones de los opuestos a la vacunación y a las medidas adoptadas por sus gobiernos que han vuelto a limitar la movilidad y a ordenar “toques de queda” que han puesto punto final a las noches de libertad, que se tornaron en libertinaje, derivado del incremento de contagios entre los jóveness reacios a la vacunación y refractarios a medidas que, como las impuestas por Emmanuel Macron, presidente de Francia, han sacado a las calles ya no a los “chalecos amarillos” que protestaban por el aumento de los impuestos, sino a los opuestos a las medidas tomadas por quien han calificado como “el dictador sanitario”.
CEPAL: Los efectos de la pandemia en América Latina y el Caribe
¿Qué pasa en nuestra región? Es necesario revisar los efectos que la pandemia ha tenido en América Latina y el Caribe. Los datos no son, para nada, alentadores. En año y medio hemos retrocedido, al menos, un quinquenio en lo que a pobreza extrema, pobreza alimentaria y pobreza laboral se refiere. Lo anterior es ampliamente documentado, y analizado, en el Informe Especial Covid-19, recientemente publicado por la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), cuya secretaria general es la mexicana Alicia Bárcenas.
Se parte de: “La paradoja de la recuperación en América Latina y el Caribe. Crecimiento con persistentes problemas estructurales: desigualdad, pobreza, poca inversión y baja productividad”. El documento es muy extenso, pero vale la pena su lectura ya que, al tiempo que hace un análisis cualitativo y cuantitativo de la situación, aporta propuestas para enfrentar no sólo la crisis, sino los enormes retos que llegarán con la pos-pandemia.
Se parte de la hipótesis de que el rebrote económico que se esta viviendo en muchos países, incluido el nuestro, “no asegura un crecimiento sostenido”. La CEPAL considera que las brechas estructurales acentuaron los efectos negativos de la pandemia, esto es, que ya veníamos cargando sobre nuestras espaldas estas debilidades de tiempo atrás, yo diría que desde el 2008 a causa de la crisis financiera y bursátil con epicentro en los Estados Unidos, que provocó lo que entonces se calificó como la crisis económica más sería desde la de octubre de 1929.
Vale la pena recordar lo expresado por José Antonio Ocampo, exsecretario ejecutivo de CEPAL, un afamado economista, profesor de la Universidad de Columbia, en la entrevista concedida al diario español “El País” (29 agosto del 2020). En ese diálogo con Ignacio Fariza afirmó, un año atrás, que, “América Latina tiene que reinventarse”, al tiempo que criticaba acremente “la pasividad política” de los gobernantes de continente frente al escenario catastrófico que estaban, siguen padeciendo, las pymes.
En aquel momento, con una clara visión prospectiva, quien también fuera ministro de Hacienda de su natal Colombia, señaló que América Latina se estaba convirtiendo en el centro de la pandemia. “Las cifras económicas que van saliendo están en los rangos de las peores del mundo, junto con Europa occidental.”
El entrevistador le lanzó un dardo envenenado al cuestionarlo cómo sería la recuperación. Ocampo no dudó, respondió que él veía que en la mayoría de los países habría “una reactivación relativamente rápida; no total y con algunas debilidades, pero en V”. Se le volvió a inquirir: ¿La reactivación será general, homogénea? ¿Lo mismo para las grandes empresas que para las pequeñas? El economista dejó sentir nuevamente su preocupación: “Echo de menos más mecanismos de ayuda para pequeñas y medianas empresas, como créditos parcialmente reembolsables que les den capital. No veo a ningún país (se refirió a México en particular) metido en esta tarea, pese a que es la más urgente junto con el apoyo a los hogares. La reactivación va a ser mucho más lenta en empleo y en pobreza que en la actividad económica, por eso es tan importante mantener y mejorar programas de ingreso básico.”
¿De qué magnitud será el deterioro en lo social? Ocampo establecía una muy didáctica línea del tiempo al precisar que entre 2015 y 2019 nuestra región ha obtenido muy magros resultados económicos. “Desde 1990, el crecimiento anual viene siendo la mitad de lo alcanzado entre 1950 y 1980”, por ello, reiteró: “Latinoamérica tiene que reinventarse para lograr un desarrollo que permita recuperar el tiempo perdido en el contexto de esta pandemia.”
La pregunta es ¿cómo? José Antonio Ocampo apunta que, primero que todo, “hay que despolitizar la integración regional. La UE funciona para gobiernos de izquierda y de derecha, eso no lo hemos conseguido nosotros. El comercio internacional ve a ser mucho menos dinámico en los próximos años y América Latina tiene que avanzar a fondo en su proceso de integración”.
Coincido con Ortega. Estamos viviendo un momento parecido al que devino de la crisis de 1929-33 que obligó a muchas naciones de la región a transitar del modelo de “desarrollo hacia afuera” hacia uno de “desarrollo hacia adentro”, lo que dio lugar a un proceso de industrialización dependiente, sí, limitado, sí, nos permitió acceder a una etapa de desarrollo estabilizador con alto crecimiento del PIB, con un evidente fortalecimiento de las clases medias en mucho, en razón de la transición de una economía agraria a una industrial y de servicios. Las ciudades crecieron y las demandas sociales fueron mejor atendidas.
“Tenemos que repensar la reindustrialización con políticas de desarrollo mucho más ambiciosas, de investigación, de ciencia y tecnología, donde somos una vergüenza internacional ya que invertimos la tercera parte que China. Sólo Brasil dedica más del 1% del PIB en ese rubro.” Punto que hemos señalado en este espacio de manera recurrente. En México han decrecido de manera preocupante los recursos orientados a impulsar la investigación y la innovación tecnológica. Muy lejos estamos de alcanzar el 1% del PIB que ofreció Andrés Manuel López Obrador durante su campaña electoral.
La austeridad, y un discurso fundado en un supuesto mal uso de los recursos en el pasado, han puesto en jaque años de investigación, con resultados plausibles y reconocimientos mundiales. El riesgo, que no se ha querido observar, es que haya, bueno, ya la hay, una fuga de cerebros hacia naciones que, desde hace varias décadas le están apostando a la investigación y a la innovación tecnológico y que hoy, nos llevan una enorme ventaja. Países que hace poco tiempo eran económicamente inferiores a México.
¿Hacia dónde vamos?
¿Qué es lo que propone la CEPAL? Para una recuperación transformadora, este organismo establece como urgente que los gobiernos de la región impulsen políticas de corto plazo “que tengan una visión de largo plazo y sean coherentes entre sí”. Lo que se propone es que esta recuperación transformadora se base “en un nuevo estilo de desarrollo. “Una recuperación con un cambio estructural progresivo y la expansión de la protección social y el avance hacia Estado de bienestar.”
Se parte de una realidad inocultable e irrefutable: la capacidad de respuesta a la crisis “ha agudizado las asimetrías entre países desarrollados y en desarrollo”. La CEPAL pone en énfasis en señalar que los países desarrollados implementaron estímulos fiscales masivos para complementar el aumento de liquidez y las medidas monetarias expansivas. En esos países, la celeridad en los procesos de vacunación, permitieron levantar las restricciones [si bien en esta tercera ola se han retomado algunas] y ello permitió pasar de medidas para estimular el gasto corriente al diseño los contornos de las sociedades pos-pandemia.
El documento refiere a las acciones tomadas por la UE (plan de recuperación por 750 mil millones de euros), por China (nuevo modelo de desarrollo llamado “circulación dual”, orientado a fomentar el consumo interno para que el crecimiento no sea solo dirigido por las exportaciones, al tiempo que impulsar el desarrollo tecnológico, la autosuficiencia, la innovación y el despliegue de las industrias nacional), y por Estados Unidos (Sumados los 4.2 billones de dólares en recursos asignados para apoyar a hogares y familias, está el Plan de Infraestructura que todavía se debate en el Congreso).
¿Y nosotros qué? La CEPAL enfoca su propuesta en sostener las políticas fiscales expansiva frente al deterioro en los indicadores fiscales, la persistencia de la pandemia, el lento crecimiento estructural de la región, los aumentos de la pobreza y la desigualdad, y la lenta recuperación del mercado de trabajo. Las políticas fiscales expansivas, enfatiza el documento, son la mejor opción para mitigar los efectos de la pandemia y avanzar en la propuesta recuperación transformadora con igualdad que se propone.
¿Qué hacer en el corto plazo? Mantener las transferencias sociales de emergencia [en México se debe mirar también a las clases medias, que puede ser el motor de la expansión económica]. Asimismo, mejorar los ingresos laborales mediante aumentos reales del salario mínimo [en nuestro país está habiendo avances significativos]. Muy importante, por último, apoyar a sectores productivos para evitar la quiebra masiva de MIPyMES e impulsar políticas a favor del empleo.
El autor de Prospectiva tomará unos días de descanso. Volveremos a estas páginas Novedades de Tabasco, si Dios quiere, el lunes 9 de agosto. Cuídense mucho.