Prospectiva.

Emilio de Ygartua M.

Lunes 1 marzo 2021.

El tema de las vacunas sigue dominando la agenda pública mundial. El modelo fundado en el “sálvese el que pueda” o “a ver de que cuero salen más correas”, ha hecho realidad el presagio que desde mediados del año pasado hiciera el Papa Francisco, seguido por algunos mandatarios o jefes de gobierno como Ángela Merkel y Andrés Manuel López Obrador. El presidente de México alertó sobre este riesgo tanto en el marco de su intervención virtual en la Asamblea General de la ONU, como en otro escenario virtual, el convocado por el llamado G-20. En ambos encuentros, el mandatario mexicano pidió actuar con solidaridad internacional.

Sin embargo, la monopolización de las vacunas es hoy una vergonzosa realidad. Las naciones con más recursos han acaparado los fármacos lo cual les ha permitido una vacunación acelerada, mientras que en otros países la inoculación es nula o mínima. Casos como el de Israel se han convertido en ejemplo, y en envidia para muchos, ya que esa nación la logrado inmunizar al 30 por ciento de sus habitantes, incluso regalar vacunas a sus aliados y hasta a sus enemigos los Palestinos. Terrible lo que ocurre en estos tiempos de pandemia en los que las vacunas están jugando un papel estratégico en la geopolítica mundial.

México ha alzado la voz en defensa de los países perjudicados por el reparto internacional de las vacunas contra la Covid-19. El canciller Marcelo Ebrard, siguiendo indicaciones del presidente Andrés Manuel López Obrador, planteó al Consejo de Seguridad de la ONU, convocar a una reunión de emergencia para tratar el tema del acaparamiento de las vacunas. Los datos son contundentes: diez países han concentrado casi el 80% de estos reactivos. Priva la visión nacionalista que ya se había anticipado.

En el marco de su visita oficial a nuestro país, Alberto Fernández, presidente de la República de Argentina, se unió a la propuesta de su homólogo mexicano, demandando, también, una distribución más equitativa de las vacunas. Su visita, por cierto, ha servido para colocar las bases de lo que se ha denominado un “eje progresista y antineoliberal en América Latina”, orientada a “acabar de romper con el pasado reciente y la herencia de los últimos gobiernos”. Seguro que a los enemigos de la 4T esto les habrá aterrado.

El mandatario sudamericano fue invitado de honor a una de las conferencias mañaneras de su homólogo, en la que éste dio lectura a la misiva enviada a los gobernadores de todas las entidades federativas en la cual invita, “con total respeto a su investidura y a su autonomía”, a un pacto a favor de la democracia, instándolo, compromiso de él por anticipado, a que no se intervenga en el próximo proceso electoral violentando ninguna de las normativas que establece la ley. Adán Augusto López Hernández, mandatario tabasqueño ha sido de los primeros en adherirse a esta convocatoria.

La democracia en América…Latina

Alberto Fernández aprovechó su visita para reunirse con empresarios mexicanos, tanto los que ya invierten en su país, como con potenciales inversores. Las áreas son muchas y muy atractivas. Le dio tiempo, además, para acompañar al jefe del Ejecutivo Mexicano a la ceremonia conmemorativa de la firma del Plan de Iguala, pieza fundamental para el logro de nuestra independencia nacional. Ahí se refirió a la necesidad de recuperar el pensamiento bolivariano a favor de la unidad latinoamericana, urgente en estos tiempos en los que la geopolítica, nuevamente, apuesta a la balcanización de la región.

Regresando al tema de las vacunas, ojalá haya una respuesta pronta. Desgraciadamente, el secretario general de la ONU, el portugués Antonio Guterres, ha estado muy lejos de cumplir con las expectativas generadas por su llegada a ese encargo. Lo mismo ocurre con la OMS, cuya directriz en el combate a la pandemia ha quedado totalmente rebasada permitiendo que cada país haya tomado sus propias medidas para enfrentar la crisis sanitaria, en un claro ejercicio de prueba y error que ha provocado muchas muertes alrededor del planeta. No existe un protocolo de actuación homologado.

México no ha sido la excepción. La gestión de la pandemia fue dejada en manos de una persona que ha gozado de atribuciones extraordinarias, incluso por encima del propio titular de la Secretaría de Salud. No pretendo demeritar su experiencia o capacidad en la materia, no me corresponde. Lo que es indudable es que el doctor Hugo López-Gatell cruzó la línea de lo científico para moverse en un escenario político que, además de desgastarlo de manera muy rápida, y con él al presidente de la República, tomó decisiones contradictorias que, además de haber generado críticas recurrentes dentro y fuera del país, ha llevado las cifras de infectados y fallecidos a niveles alarmantes. México ocupa el cuarto lugar en el número de fallecidos por esta pandemia.

Sobre la gestión de las vacunas, a pesar de lo que señalan los opuestos al régimen de la 4T, tanto el presidente como su canciller, han hecho importantes esfuerzos para acceder a éstas, sin embargo, se han topado con una logística claramente dominada por un escenario de franca monopolización de las vacunas. Los laboratorios que las producen, está claro, no pueden satisfacer una demanda tan grande como la misma población del planeta. La movilidad mundial obliga a ello; lo evidencia el hecho de que, lo que era una epidemia en noviembre del 2019, tres meses después se convirtió en esta pandemia que ha provocado la muerte de más de 2.5 millones de personas y contagiado a más de 116 millones de seres humanos.

Esta pandemia obliga a muchas reflexiones, por ejemplo, en el plano nacional, resulta necesario que nuestro gobierno replantee la estrategia económica amarrada a la astringencia presupuestal, especialmente en lo que a las áreas de investigación se refiere. No tengo elementos para refutar los argumentos que señalan que en el CONACYT el dinero se gastaba sin controles; aún suponiendo que ello fuera cierto, lo adecuado, en este y en otros casos en los que se han tomado decisiones argumentando comportamientos deshonestos de administraciones anteriores, es que se corrijan las anomalías, sí, pero que no se castigue a áreas estratégicas para el desarrollo nacional, ni se cancelen proyectos cuyo beneficio económico y social es indiscutible.

¿Y la investigación, dónde quedó?

Durante décadas se ha señalado la muy escasa participación presupuestal en el rubro de investigación. Hoy, la situación, contrario a lo que se esperaba de un gobierno de izquierda, ha empeorado. En estos momentos en los que se discute una contrarreforma energética que tiene su mejor argumento en el fortalecimiento de las soberanía e independencia nacionales, vale enfatizar que en un mundo globalizado, la mejor manera de blindar nuestra soberanía y garantizar nuestra independencia, es eliminando los lastres que nos continúan encadenando a una dependencia tecnológica onerosa y, en muchos casos, a una rápida obsolescencia provocada por los intereses mercantiles de los países industrializados que le apuestan a la innovación, algo a lo que estamos muy lejos de lograr como tarea cotidiana. Como recomienda Bill Gates, más que apostarle al petróleo hay que apostarle a la educación.

A finales del siglo pasado, México era un importante productor de vacunas y de otros reactivos. La Secretaría de Salud, la UNAM y el IPN, aportaron muchas investigaciones que permitieron el desarrollo tanto de fármacos como de equipamientos para la atención a la salud, y otras áreas. Tarea a la que se sumaron instituciones educativas, públicas y privadas, que requieren de apoyos financieros y fiscales para seguir aportando en lo que a la innovación tecnológica se refiere. 

El porcentaje del PIB destinado a la investigación en nuestro país es menor al 0.5. La pandemia ha puesto a la vista nuestras insuficiencias, muchas, es cierto, heredadas de gobiernos anteriores que acotaron el papel del Estado y entregaron al sector privado actividades que, cuando dejaron de ser lucrativas, las abandonaron.  La única forma de revertir nuestras limitaciones en educación, salud, ciencia y tecnología es invirtiendo más recursos en estas áreas estratégicas para lograr el desarrollo integral ofrecida por una administración que promueve una transformación de la envergadura de la Independencia, la Reforma y la Revolución.  

Son preocupante los datos económicos de diciembre y enero pasados que evidencian una nueva caída en la producción y en la generación de empleo. Se anticipa que febrero no tendrá mejores datos. La tormenta invernal que azotó el sur de los Estados Unidos y el norte de nuestro país, además de los daños ocasionados a la red eléctrica nacional afectó a muchas empresas de este lado de la frontera, entre ellas a las armadoras de vehículos que tuvieron que parar la producción por la falta de combustible.

Lejos del crecimiento en V que pronosticaban tanto el presidente López Obrador como su secretario de Hacienda, Arturo Herrera, lo que tendremos es un crecimiento en W, con avances y retrocesos; si bien, algunos analistas son más pesimistas y pronostican un crecimiento en K, con recesión y desempleo, que puede llegar acompañado de mayor inflación si la producción y el empleo no crecen. El índice inflacionario del mes de enero fue el más alto desde octubre del año pasado. Mody´s ha señalado que este año México crecerá el 5.5%, que suena muy optimista, pero que dependerá de medidas fiscales y de apoyo que no están a la vista. Bueno que el propio responsable de las finanzas públicas anuencia la creación de un fondo de contingencia contra las pandemias, la actual, y las que vienen.

La pobreza laboral ha crecido a causa de la pandemia. El último reporte entregado por el CONEVAL indica que el pasado fue un año que generó más pobreza laboral. El dato es preocupante. A causa de la pandemia se perdieron 2.4 millones de empleos al tiempo que se presentó un aumento en el precio de la canasta alimentaria. La pobreza laboral pasó de 37.3% en el 2019 al 40.7% el año pasado. En síntesis, en el 2020 se sumaron a la lista de pobreza laboral 4.7 millones de personas. Merced a la crisis sanitaria y económica, de un plumazo se borraron los avances logrados en dos años.

La pandemia agravó la desigualdad. Según datos del propio CONEVAL, el ingreso laboral del 20% de los más pobres pasó de $158.72 en 2019 a $94.36 en el 2020, lo que significa una depreciación del ingreso de los más pobres del 40.6%, en tanto que los 20% más ricos tuvieron un incremento del 1.4% en su ingreso pasando de $4,662.93 (2019) a $4,726.67 (2020). La desigualdad creció de manera exponencial ya que el año antepasado la diferencia entre más ricos y más pobres era de 29.4 veces, pero en el 2020 esta diferencia fue 50.1 veces mayor. 

Hasta el momento, el gobierno federal no contempla ninguna medida que pueda significar aumento de la deuda pública interna o externa, por lo que habrá que buscar otras alternativas, una de ellas, implementar una reforma fiscal que permita una mayor recaudación; otra, promover un plan de recuperación en el que participen todos los sectores, como lo sugiere Ángel García-Lascurain, presidente del Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas, quien señala como prioritario “potenciar las exportaciones y las cadenas productivas”. 

Por el momento, lo único que se observa en horizonte orientado a reactivar la economía tiene su origen en el Banco de México, que en su última reunión redujo en 25 puntos base la tasa objetivo (de 4.25 a 4.0). El abaratamiento del dinero deriva de la reducción de la inflación que de octubre del año pasado a enero de este año pasó de 4.09 a 3.54 por ciento. Esta decisión se observa sujeta con alfileres de acuerdo con los datos de INEGI que alertan de presiones inflacionarias derivadas de la caída de la producción frente a un incremento en la demanda de productos resultado, fundamentalmente, de la reapertura de algunos sectores de la economía, de los apoyos sociales entregados por el gobierno federal y, de manera importante, de las remesas provenientes de los Estados Unidos.

La reforma de la reforma

En este contexto, la semana pasada fue aprobada en la Cámara de Diputados reforma a la Ley de la Industria Eléctrica. Andrés Manuel López Obrador ha prometido que con la reforma eléctrica se garantizará el abasto de energía eléctrica: “No más apagones”, al tiempo que, claro de que habrá notorias resistencias a lo que él mismo ha llamado la contra reforma energética, pide a los empresarios respaldar su propuesta “en lugar de atacarla legalmente.”

Su argumento se basa en que esta reforma busca “reforzar el sector público de generación de energía y buscar que los precios de los combustibles y electricidad no aumenten”. Por ello, pidió a quien ha sido un fiel interlocutor, pero cuyo desgaste es evidente derivado del incumplimiento de muchos acuerdos, al dirigente del Consejo Coordinador Empresarial, a Carlos Salazar Lomelín, “que nos ayude a convencer a quienes están recibiendo subsidios y no les corresponde, a las grandes corporaciones, a las cadenas de tiendas comerciales, que están consumiendo energía eléctrica subsidiada, que el subsidio se le debe dar al consumidor doméstico. El sabe a lo que me refiero”.

Un día antes, precisamente el líder del CCE había advertido que la aprobación de esa reforma “generará sobrecostos para el país de hasta 63 mil millones de pesos anuales, los cuales se deberán pagar a través de incrementos en las tarifas o con recursos públicos por subsidios de gobierno. Esto significaría tener que duplicar el subsidio de la CFE en 2021 o enfrentar tarifas más altas.”

De que no será fácil cumplir la encomienda que le hace el presidente a Salazar Lomelí, da fe el presidente de la Asociación Nacional de Tiendas de Autoservicio y Departamentales (ANTAD, Vicente Yáñez, quien alertó que en caso de aumentar las tarifas de la energía eléctrica para las empresas “se afectaría directamente los precios al consumidor, ya para nosotros la energía eléctrica es el segundo rubro en costo después de la mano de obrar.”

Por su parte, la COPARMEX pide a los senadores que enmienden la minuta, aduciendo que esta reforma no debe fundarse en decisiones tomadas “bajo perspectiva ideológica sino técnicas, ya que, ante la crisis económica que enfrenta el país se requiere de más inversiones que propicien el crecimiento y generen empleos.”

La pelota fue pateada hacia la Cámara Alta. ¿Qué plantea su líder, el morenista Ricardo Monreal? El zacatecano señaló que, si bien respalda la propuesta del presidente de la república, considera necesario revisar la reforma al Sistema Eléctrico Nacional (SEN), para, enfatizó, “evitar que el Estado sufra mermas en su patrimonio por las demandas que se pueden interponer en el arbitraje internacional o en los órganos jurisdiccionales nacionales.” Añadió que es necesario “abrir un compás de espera para la búsqueda de soluciones”, al tiempo que se decantó a favor de una ruta de conciliación y diálogo: “Siempre hay que buscar soluciones y por eso no adelanto vísperas, pero las comisiones serán las que dictaminen, dentro del plazo que tenemos de un mes.” Nos espera treinta días de estira y afloja, dignos de los tiempos electorales que ya vivimos. Habrá presiones internas y externas; voces que defiendan el nacionalismo a ultranza y otras que reclamen el respeto irrestricto a la inversión privada. Del otro lado de la frontera, desde luego, estarán vigilantes de que la reforma no contravenga lo acordado en el T-MEC.

Prospectiva.

Emilio de Ygartua M.

Lunes 22 de febrero 2021.

Como estaba presupuestado, Donald Trump salió ileso del segundo enjuiciamiento. Los senadores republicanos evitaron que se alcanzara la mayoría calificada necesaria para lograr la inhabilitación que se pretendía. Luego de cinco días, en los cuales los demócratas presentaron pruebas escritas y videos que, estaban convencidos, probarían que el entonces presidente no sólo había promovido el asalto al Congreso con su recurrente discurso sobre el fraude electoral, nunca probado, además, que el 6 de enero tuvo información oportuna de lo que estaba ocurriendo en el Capitolio y no hizo absolutamente nada para evitar su toma y proteger a los legisladores de ambas cámaras.

En largas y tensas sesiones celebradas en el Senado, los fiscales exhibieron videos en los que se muestra al presidente, a su familia y a los miembros de su equipo, festejando lo que estaba ocurriendo. Los demócratas sabían de antemano que sería imposible lograr esa mayoría calificada, pero su objetivo iba más allá de las paredes del recinto legislativo, buscaba permear en la ciudadanía, mostrarle cómo, por primera vez en la historia de esa nación, un mandatario había lanzado un obús dirigido al corazón de la democracia estadounidense.

Los republicanos y los abogados del enjuiciado se empeñaron en evitar que su defendido tuviera que declarar bajo juramente. Una y otra vez argumentaron que Trump “jamás” convocó a una insurrección, mucho menos a la toma del Congreso. Lo que él hizo, señalaron sus defensores, fue pedir a sus seguidores que hicieran oír sus voces “pacífica y patrióticamente”. Además, adujeron sus abogados, él les pidió que lucharan “con todas sus fuerzas pues de lo contrario se iban a quedar sin país.” Una verdadera tomadura de pelo. Una vergüenza.

Cuando llegó la hora de votar, los republicanos sabían que había que evitar que 17 de sus senadores le dieran la espalda al exmandatario. Al final del día, los demócratas lograron que 7 miembros del Old Party se les unieran, sin embargo, el esfuerzo fue insuficiente, aunque quedará para la historia el papel de los legisladores que actuaron sin acatar la línea de su líder en la Cámara de Senadores. 

Pocos minutos después de que se conoció el resultado de la votación, la oficina de Trump emitió un comunicado en el que se señala que este juicio político fue “la mayor caza de brujas en la historia de los Estados Unidos”, al tiempo que señalaban “que son los demócratas los que apoyan a alborotadores y turbas”. Por segunda ocasión el magnate neoyorquino sale sano y salvo, fortalecido, de un proceso similar. Los demócratas no han entendido que estos combates lejos de debilitar a su oponente lo fortalecen ya que el papel de víctima le sale muy bien. 

El exmandatario no tardó en subir a las redes sociales un nuevo mensaje: “Nuestro movimiento histórico, patriótico y hermoso (sic) para hacer que Estados Unidos vuelva a ser grande, acaba de comenzar. En los meses venideros tengo mucho que compartir con ustedes y espero continuar nuestro increíble recorrido juntos para lograr la grandeza estadounidense para toda nuestra gente.” ¿Así o más claro?

Su campaña presidencial ha arrancado y lo hace con un triunfo. No se sabe si buscará la reelección como abanderado de los republicanos, o lo hará encabezando a un nuevo partido, como lo ha insinuado. Sin duda, jugará con estas cartas, como buen jugador de póker que ha mostrado ser. “Si no haces lo que te pido…atente a las consecuencias”. Nuestro gobierno lo sabe muy bien. “O frenas la llegada de las caravanas a mi territorio o te incremento los aranceles.” 

Resolutivo con la vista puesta en el 2022

Es cierto que prometió a Kevin McCarthy que apoyará a su partido para recuperar, en el 2022, la mayoría republicana en la Cámara de Senadores y mantener o ganar las gubernaturas que estarán en la lisa electoral en ese año; lo que es seguro, es que esa promesa estará condicionada a la postulación y apoyo de algunos de sus “recomendados”. Es posible que el resultado de las elecciones intermedias le permita tomar la decisión final: “Sigo en este barco, o me subo a uno nuevo.” 

Lo evidente es que el exmandatario deberá realizar un balance sobre lo ocurrido; entonces, se dará cuenta de que no todo será miel sobre hojuelas en su deseado retorno a la Casa Blanca. Ni él ni su movimiento salieron ilesos de este segundo juicio político. Su partido ha reportado bajas de partidarios en muchos estados de la unión americana; partidarios que no pueden sacarse de la cabeza las imágenes de las huestes trumpistas que de manera violenta ingresaron al Capitolio, exhibiendo las gorras de Make America Great Again y ondeando banderas con el nombre de su líder. 

Cuentan mucho las palabras del senador por Kentucky y líder de los republicanos, con enorme influencia en ese partido. Mitch McConnell, quien voto a favor de la absolución de su correligionario, no se guardó su opinión sobre el papel del inculpado en los hechos ocurridos el 6 de enero pasado: “No hay duda de que es, práctica y moralmente, responsable de provocar los eventos de ese día.”  ¿Una contradicción? El senador expresó que su voto de “no culpable” partió de la convicción de que “no es constitucional que los expresidentes sean sometidos a juicio político.” Un empoderado Donald Trump, ha pedido a la cúpula republicana la cabeza de Mitch McConnell. Inicia la purga de los que no están con él. ¿Hasta donde lo dejarán llegar los lideres de ese partido? Al tiempo.

A pesar del resolutivo del Senado, el exonerado, y sus abogados, deberán seguir atendiendo las acusaciones en su contra. Un veterano legislador demócrata, Bernie Thompson, quien preside el Comité de Seguridad Interior de la Cámara de Representantes, presentó el martes pasado una demanda contra el expresidente por violar el acta de derechos civiles de 1871, al apoyar el asalto multimencionado.  El legislador también incluyó en la demanda al abogado Rudy Giuliani y a los grupos extremistas Proud Boys y Oath Keepers, por vulnerar la legislación que es conocida en Estados Unidos como “Ley Ku Kus Klan”, creada para proteger los derechos de los afroamericanos tras el final de la “Guerra Civil” (1861-65) y de la esclavitud. La demanda alude una cláusula de esa ley que prohíbe conspirar para impedir a funcionarios federales que realicen sus funciones.

Por su parte, la líder demócrata en la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, anunció la creación de una comisión investigadora para esclarecer el asalto al Capitolio. Una comisión similar a la que se creó después de los ataques, el 11 de septiembre de 2001, a las torres gemelas y al Pentágono. Pelosi no olvida que los malosos que entraron al recinto legislativo el 6 de enero, iban por su cabeza. Desde luego que se la va a querer cobrar a Trump.

La sana distancia de Joe Biden

¿Qué opinó Joe Biden del veredicto del Senado? El flamante mandatario demócrata optó por la sana distancia tan socorrida en estos tiempos de pandemia. Su excusa fue que su prioridad es atender temas inherentes a su gobierno, como enfrentar la pandemia y la crisis económica que de ella ha derivado. Su tesis del gobierno en acción sigue vigente y a todo vapor, claro de que es la mejor alternativa para ratificar la confianza de sus votantes y ganar adeptos entre el enorme grupo de los que no sufragaron por él.

Luego de conocer el veredicto, se limitó a señalar que la democracia norteamericana se encuentra amenazada y que hay que actuar para fortalecerla, convocando nuevamente a dejar atrás lo que los divide y a sumar esfuerzos. Biden y sus correligionarios tuvieron en cuenta que alargar más la cuerda del enjuiciamiento, además de que sería improductivo, retrasaría la discusión de su propuesta de apoyos económicos por 1.9 billones de dólares, tema prioritario. 

El lunes de la semana pasada, en el marco de la celebración del “Día del Presidente”, Biden convocó nuevamente a sus conciudadanos a superar las diferencias internas. “Si nos unimos como nación, como pueblo, como estadounidenses, no fallaremos.” El demócrata envió estos mensajes a través de las redes sociales oficiales, al contrario de su antecesor, empeñado en utilizar sus cuentas personales. “La historia de Estados Unidos no es de sus presidentes, sino de la gente, su valor, su coraje”, escribió el mandatario.

El gobierno demócrata se mueve, “el trumpismo” también. Serán cuatro años intensos. Que le queda claro al nuevo inquilino de la Casa Blanca, lo urgente es mantener unido a su partido, lograr que los moderados y los radicales detecten puntos de encuentro. No será fácil, está claro, pero es tarea ineludible. Considero que Kalama Harris es la figura ideal para lograr ese acercamiento.

En el terreno internacional, Biden hizo su aparición en la reunión virtual del G7. El Atlántico volvió a ser un océano y no un abismo como con Trump. Este grupo aportará 7 mil millones para el programa Covax que apoyará a naciones pobres con vacunas contra la Covid-19. Es el cambio que se esperaba. Es bien recibido.

La reforma energética y sus grandes retos

La tormenta invernal que padecieron los estados del sur de la Unión Americana y el norte de nuestro país, la más dura en tres décadas, ha puesto en evidencia, una vez más, nuestra dependencia del gas que viene del vecino del norte, cuyo precio es normalmente más bajo que el producido en México debido a que allá la mayor cantidad del gas se produce mediante la técnica del fracking. Una prueba más de la existencia del cambio climático derivado de nuestro persistente propósito de dañar al planeta con el aumento de las emisiones de CO2, el uso de energías fósiles y el empecinamiento de algunos gobiernos, incluido el nuestro, de no apostar por las energías alternativas. 

Como se sabe, en este momento se debate en la Cámara de Diputados una muy polémica iniciativa presidencial en materia energética. El sector privado la ha criticado porque, a su juicio, desalentará la inversión privada nacional y extranjera, especialmente en energías alternativas, a pesar de que la Suprema Corte de Justicia de la Nación rechazó la propuesta de la Secretaría de Energía que pretendía constreñir su participación.

La secretaria de Gobernación, en su penúltima “Mañanera” como emergente por el contagio del presidente, señaló que la reforma “no significa que se busque el monopolio”. Olga Sánchez Cordero, ex ministra de esa Corte, puntualizó que: “El suministro de energía eléctrica es un tema de seguridad nacional, y el Estado debe tener una rectoría muy clara.”

Desde luego, a los opositores a esta reforma, fuera y dentro del país, les ha caído “como anillo al dedo”, la crisis provocada por la referida tormenta invernal que provocó el desabasto de gas natural. Más de 20 entidades federales fueran afectadas dejando sin energía eléctrica a 42 millones de los clientes de la CFE. Sus críticas al gobierno se han acrecentado, señalando que es un error lo que el mandatario está proponiendo porque, dicen, nos aleja más de las energías limpias y nos encadena al uso de energías fósiles.

¿Qué plantea el presidente Andrés Manuel López Obrador? El tabasqueño manifestó que hay dos factores que explican la crisis que dejó sin energía eléctrica a buena parte de las entidades federales: Primero, la severa tormenta invernal que golpeo al estado de Texas, la entidad que suministra la mayor parte del gas natural utilizado por nuestras centrales generadoras de electricidad. Segundo, el exagerado incremento del precio (5 mil por ciento) de este combustible a causa del cierre de las plantas en Texas por la tormenta invernal.

La pregunta que flota en el aire es: ¿Por qué siendo México un exportador de combustibles, fue afectado de esta manera? La respuesta es muy clara: uno, existe una doble dependencia del gas natural como fuente de generación de electricidad y; dos, Estados Unidos es el único país que nos lo provee. 

Datos publicados por BBC News Mundo (17/02/2021) establecen que, si bien México tuvo una sólida infraestructura energética a lo largo del siglo XX, la cual permitió que fuéramos, durante un largo período, uno de los principales países productores de petróleo y gas natural, decisiones políticas tomadas al inicio de este siglo provocaron que esta industria, controlada por el Estado a partir de 1961 (Nacionalización de la Industria Eléctrica), perdiera su independencia energética. La reforma energética promovida en el sexenio de Enrique Peña Nieto tuvo mucho que ver con la pérdida de competitividad al apostar por la inversión privada y, al mismo tiempo, permitir el debilitamiento financiero de la CFE y de PEMEX, ahora llamadas empresas productivas del Estado.

Según ese mismo medio, en el 2018, cuando López Obrador asumió la primera magistratura de la nación, México apenas exportó 28 millones de dólares en gas natural, en tanto que se importaron 7 mil 320 millones de dólares. Las cifras en el 2019 y 2020, no son diferentes. El gran problema estriba en que el 60% de la energía eléctrica del país se produce con ese combustible y cerca del 80% del gas natural proviene de Estados Unidos, de manera preponderante de los campos productores del estado de Texas.

Francisco Ortiz, investigador de la Universidad Panamericana de México, señaló a BBC Mundo News, que el gran problema es que nuestro país solo cuenta con espacio para almacenar poco más de 5 días de reservas de gas natural. “Cuando ocurre esta dependencia, tienes un problema muy grave”. Este escenario no es nuevo, no empezó ayer, “era un riesgo predecible”. Para él, este es “un asunto de seguridad nacional que todavía no se ha podido abordar.”

Andrés Manuel López Obrador atribuye esta situación a “un abandono” de la industria energética nacional por parte de los últimos gobiernos de México con el propósito, dijo, “de favorecer a las empresas privadas.” Por ello, lo que su gobierno plantea como una prioridad es “alcanzar la autosuficiencia” para estar preparados para enfrentar cualquier emergencia. Como estrategia de corto plazo, para restablecer el 100% del servicio (lo que ocurrió el jueves pasado), cuatro buques inyectaron gas natural al sistema y se amplió la producción en plantas generadoras que utilizan carbón y combustóleo. Pemex apoyó a la CFE.

En el largo plazo, afirmó el mandatario, la estrategia consiste en sostener un proyecto energético de recuperación de las empresas estatales: “Lo que queremos es, sin que dejen de participar los particulares, consolidar a la CFE y que ya se detenga la política entreguista que se heredó”. 

Este es el live motive de su iniciativa de reforma energética: lograr, en el corto plazo, la soberanía energética de México”. Francisco Ortiz coincide con este propósito, sin embargo, advirtió que es “prácticamente imposible alcanzarlo en el corto plazo”. De entrada, insistió, “lo urgente es resolver el tema del almacenamiento de reservas por más de 5 días.” 

Max Von Hausen, consultor alemán en temas energéticos, declaró al mismo medio británico que: “México es muy grande y tiene muchos recursos como para diversificar sus fuentes energéticas. El sur tiene muchos recursos. Pero en un país tan grande, con falta de infraestructura, se necesita una inversión grande. El gobierno y la inversión privada pueden cubrir juntos la demanda.” 

Esperemos que los legisladores enriquezcan esta propuesta; que alienten la participación de los sectores público y privado en la ineludible transformación del sector energético nacional, sin traicionar los postulados que en 1961 estableció el presidente Adolfo López Mateos en el Decreto de Expropiación de ese sector estratégico para el desarrollo integral de nuestro país. No podemos renunciar a dar el gran paso a favor de las energías alternativas que es el mejor camino para garantizar tanto la sustentabilidad y sostenibilidad del proyecto de desarrollo como la soberanía e independencia nacionales.

Prospectiva.

Emilio de Ygartua M.

Lunes 15 de febrero 2021.

La República Socialista de Cuba ha tenido un complicado trasiego desde el triunfo de su revolución armada, iniciada en 1953, concluida el primer día de enero de 1959 con la entrada de su líder, el comandante Fidel Castro Ruz, a la ciudad capital, La Habana, que ese mismo día fue abandonada por el general Fulgencio Batista quien salió huyendo en un avión con destino a República Dominicana, con todo el dinero que había amasado, donde recibió asilo de su aliado Rafael Trujillo.

En la génesis del movimiento (asalto al Cuartel Moncada, 26 de julio de 1953), Fidel Castro abrazaba el ideario “martiano”, fundado en las tesis ideológicas antimperialistas del ilustre cubano José Martí, brillante y prolífico escritor cuya fama trascendió las fronteras de la Isla. Su llamado a cuidarse de los propósitos imperiales de Estados Unidos permeó en muchas naciones latinoamericanas. 

Su vasto epistolario tuvo como destinatarios a importantes jefes de Estado, como Benito Juárez García y Abraham Lincoln, así como a destacados políticos y pensadores que comulgaban con el ideario bolivariano de la integración americana, de una América Unida, contraria a la propuesta norteamericana de una “América para los americanos”, frase que definió en los siglos XIX y XX la política exterior norteamericana en nuestro hemisferio, originalmente expresada por el presidente James Monroe (1817-1825), ante su Congreso el 2 de diciembre de 1823.

Martí, errante permanente por sus posturas políticas, con profunda fe democrática, organizó e impulsó, desde Nueva York, una guerra de independencia de España (24 de febrero de 1895-12 de agosto de 1898) que había conservado para sí lo que, en tiempos de la conquista y colonización de nuestras tierras americanas, fue el centro neurálgico de las múltiples expediciones que permitieron al imperio ibérico el control de la mayor parte del territorio de este nuevo continente. 

Hay que recordar que Cuba no atendió el llamado a la insurrección que en tierras americanas hicieron, desde 1808, ilustres insurgentes como Hidalgo, Bolívar, Sucre, San Martín, Santander y O´Higgins, derivado de la invasión napoleónica a la madre Patria (1804-1814), y por la influencia de las ideas revolucionarias que dieron sustento a la Revolución Francesa (1789), y antes, a la guerra de independencia de las Trece Colonias (1776), que rompió las cadenas que las ligaban al poderoso imperio británico, convirtiendo a la nueva nación en el paradigma de la democracia (el gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo), adoptando y adaptando un régimen presidencial y la división de poderes inspirados en las tesis de Charles Luis de Secondat, señor de la Brède y barón de Montesquieu (“El Espíritu de las leyes”), modelo constitucional y de gobierno copiado en muchos de los nuevos países nacidos al concluir la presencia española en la región.

Intentos de independencia

No así en Cuba, que permaneció fiel a la corona española durante todo el siglo XIX, a pesar de los intentos de Carlos Manuel Céspedes y López del Castillo, líder independentista que inicio la llamada Guerra de los Diez Años (10 de octubre de 1868), levantándose en armas contra el gobierno español mediante la promulgación del Manifiesto de la Junta Revolucionaria de la Isla de Cuba. Este movimiento tenía como objetivo central lograr la libertad de los esclavos negros convocándolos a unirse a la lucha anticolonialista. 

Céspedes, quien utilizó como estandarte de su movimiento la que hoy es la bandera cubana, se autoproclamó presidente sin lograr romper las cadenas coloniales. En 1873 fue derrotado y muerto, poniendo fin a su aventura independentista, que fue retomada en 1879 por el general Calixto García. La llamada “Guerra Chiquita” (1879-1880) derivó del fracaso de la Guerra Grande o de los Diez Años. El Pacto de Zanjón frustró casi cualquier idea independentista, pero acrecentó el descontento e insatisfacción por el incumplimiento de las promesas hechas por el gobierno colonial que se negaba a perder a uno de sus últimos bastiones en nuestro continente.

Este segundo intento independentista fue rápidamente ahogado, sin embargo, dejó encendida la mecha que fue avivada por José Martí quien, en 1895, encabezó la llamada Guerra Necesaria, que prácticamente terminó con su muerte en el campo de batalla el 19 de mayo de ese mismo año, si bien el movimiento continuó vivo gracias a la audacia y valor del general de origen dominicano Máximo Gómez Báez, sobreviviente de las dos guerras anteriores.

Lo paradójico de este momento de la vida cubana, es que, mientras un puñado de patriotas buscaban poner fin a la etapa colonial, España enfrentaba una guerra contra el nuevo imperio, los Estados Unidos. Alfonso XIII, el monarca español, había ordenado detener, a cualquier precio, los propósitos insurgentes. 

La violencia utilizada sirvió de excusa para que los norteamericanos se sumaran a la causa de los insurrectos. Desde luego que ese apoyo tenía un objetivo concreto: hacerse de Cuba y de Puerto Rico, dos islas puestas en el radar del expansionismo yanqui y que España se había negado a vender.

El gobierno estadounidense había alentado la revuelta de Céspedes que defendía la liberación de los esclavos para dar movilidad a una fuerza de trabajo necesaria para impulsar a la industria del azúcar en la que ya había capital norteamericano desde mediados del siglo XIX. Los tratados de Paris (1898), condenaron la violencia extrema utilizada por la corona española, alentando a los Estados Unidos a intervenir de manera más abierta con discurso de apoyo a los sublevados pero que en realidad procuraba hacer realidad los objetivos geopolíticos de esa nación en plena expansión.

El 15 de febrero de 1898, arribó a La Habana “El Maine”. Lo hizo con el doble propósito de proteger los intereses norteamericanos y mostrar a los españoles su poderío militar. A las 21:40 horas de ese mismo”, el barco de guerra estadounidense día fue víctima de una fuerte explosión que arrancó su casco, provocando su hundimiento y la muerte de 266 de los 345 miembros de la tripulación. Se salvaron 79 marines que en ese momento estaban disfrutando de una fiesta organizada en su honor por las autoridades españolas. 

Las investigaciones nunca pudieron arrojar una respuesta contundente sobre este incidente. Los españoles negaron la autoría. No pocos señalaron que habían sido los propios norteamericanos los causantes. Este evento llevó al presidente William McKinley a solicitar al Congreso la declaración de la guerra contra España, la cual inició el 25 de abril concluyendo tres meses después con un saldo desfavorable para los ibéricos que, de un solo golpe, además de Cuba perdieron Puerto Rico, Filipinas y Guam. Aparentemente, Cuba obtenía su tan anhelada independencia, en realidad, fue el tránsito a una nueva dependencia. 

Un actor importante en este conflicto bélico, breve pero intenso, fue Theodore Roosevelt (1901-1909), electo presidente de los Estados Unidos el mismo año que el Congreso de los Estados Unidos delineó su relación con Cuba.  El 25 de febrero, el senador Orville H. Platt, propuso enmendar la Ley de Gastos del Ejército, incluyendo una cláusula que regularía las relaciones con el “nuevo estado independiente”, pasando por encima de las aspiraciones de los hombres y mujeres que a lo largo de tres décadas habían luchado por romper las cadenas que los unía al ya decadente imperio español. El floreciente nuevo imperio se auto asignó el papel de vigilante cotidiano del quehacer de los cubanos. 

Libres pero esclavos

Entre 1901 y 1959, uno tras otro, los gobernantes en turno se plegaron a los designios de Washington que cuidaba mucho a su perla caribeña convertida en un importante y muy redituable centro de negocios, especialmente para las mafias que habían cobrado tanta fuerza durante la llamada “Ley seca” (1920 a 1933). Estos grupos encontraron en la isla una gran ventana de oportunidades para desarrollar “nuevos negocios”: casinos, hoteles y otros “servicios” nada legítimos con el contubernio o la omisión de las autoridades locales. 

En 1940, siendo presidente de la República, Fulgencio Batista promovió la redacción de una nueva constitución, por cierto, con algunos elementos democráticos muy esperanzadores para los habitantes de la Isla, que, lamentablemente, quedaron en eso. Entre ellos la autorización de nuevos partidos políticos. En 1952, ante su inminente derrota como candidato presidencial Batista promovió su segundo golpe de Estado con el apoyo del ejercito; el primero había sido contra Gerardo Machado. 

Las medidas dictatoriales, la violación de los derechos humanos y la cancelación de la vía democrática para remover al dictador, apoyado en un principio por Washington, fue la razón del surgimiento del movimiento revolucionario encabezado por Fidel y Raúl Castró, que luego del fracaso del asalto al Cuartel Moncada (26 de julio de 1953), presos y liberados, viajaron a México en donde se les unió Ernesto “El Che” Guevara, argentino que había huido de Guatemala luego de la muerte del presidente Jacobo Árbenz, cuyo nacionalismo fue abiertamente criticado por el gobierno norteamericano.

Es “El Che” quien aporta las nuevas bases ideológicas del movimiento revolucionario, que adopta y adapta el pensamiento marxista y hace suyas la estrategia militar denominada “foquismo revolucionario”, teoría inspirada por él y desarrollada por Regis Drebay, que parte de la premisa de que esta estrategia guerrillera es válida para los países con menos desarrollo industrial. Sostenía que los “focos” debían tomar como base social al campesinado. 

La revolución cubana fincó su éxito en este modelo militar, pero también hay que reconocer que mucho contribuyó que en julio de 1958 varios países de la región, conminados por los Estados Unidos, se reunieron en la capital de Venezuela para firmar el “Pacto de Caracas” que dio lugar a una coalición anti-Batista que aceleró la caída del dictador que ya desde el mes de abril de ese mismo año había dejado de recibir apoyo militar y económico de Washington. “Los barbudos”, como los llamaban los gringos, no fueron mal vistos en un inicio ya que significaban la oportunidad de quitarse una enorme piedra en el zapato. El problema vino después cuando al triunfo de la revolución, el proyecto castrista afectó los intereses norteamericanos en la Isla.

Desde el triunfo de la revolución hasta nuestros días, Cuba ha vivido un proceso complejo. Su ruptura con el gobierno de Dwight D. Eisenhower fue la excusa para que Fidel construyera una alianza con la URSS, en el momento más álgido de la Guerra Fría. La nueva relación con el oso ruso trajo enormes ventajas militares, económicas y en los campos de la educación y la salud. La creciente presencia de los soviéticos, y la instalación de armas estratégicas en la Isla, dio lugar a un conflicto que estuvo a punto de ocasionar el inicio de la tercera Guerra Mundial. La crisis de los misiles (octubre de 1962) fue un parteaguas en la relación entre los dos imperios que resolvieron a su modo, pero dejando a una tercera perjudicada: Cuba. 

Antes de este affaire, la Isla había recibido un claro mensaje de hostilidad tanto de los miles de cubanos que la abandonaron a partir de febrero de 1959, como del nuevo gobierno encabezado por John F. Kennedy (1961-1963), quien autorizó la invasión a Playa Girón (Bahía de Cochinos) en abril de 1961, cuyo objetivo era crear una cabeza de plaza para que las tropas, integradas por exiliados cubanos, conformaran un gobierno provisional. La invasión fue un fracaso total. En menos de tres días las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba vencieron a las milicias. En esa refriega perdieron la vida más de un centenar de soldados invasores y fueron capturados 1,200 junto con un importante arsenal bélico.

La crisis de los misiles trajo para Cuba una etapa compleja que ha marcado su devenir desde 1963 hasta la fecha. El bloqueo dispuesto por los Estados Unidos se convirtió en un muro infranqueable que impidió, como era su propósito, el desarrollo económico y social de la Isla, si bien durante el período soviético se dieron condiciones para lograr avances económicos importantes. El bloqueo se fue acrecentando y los argumentos fortaleciéndose en la medida que crecía la presencia cubana en el mundo (Operación Carlota en Angola) y el apoyo a los movimientos guerrilleros en América Central y la vinculación con los gobiernos de Venezuela y Bolivia a la llegada de mandatarios afines al movimiento socialista latinoamericano.

Tiempos de cambio

A lo largo de seis décadas se han generado mecanismos legales para sancionar a países y personas que negocien con la isla, medidas acrecentadas durante las administraciones republicanas de los Bush y en la reciente de Donald Trump, que borró de un plumazo todos los acuerdos alcanzados durante el gobierno de Barack Obama, primer mandatario norteamericano en viajar a la Isla en un franco propósito de construir una nueva relación con el gobierno socialista, todavía en vida de Fidel Castro.

Joe Biden ha planteado revertir las medidas tomadas contra el gobierno de La Habana por su antecesor y reconstruir la autopista que habían pavimentado tanto él, como vicepresidente, como Obama. No obvio mencionar que la situación económica en Cuba se ha deteriorado de manera drástica, primero, por el empecinamiento de Donald Trump de cerrar todos los espacios al flujo de divisas y al tránsito de norteamericanos a la Isla. Segundo, porque el modelo socialista cubano ya no da para más, aunque sus dirigentes se empeñen en defender su viabilidad. 

Es urgente una reconversión. Al interior del gobierno, y del propio Partido Comunista Cubano, se escuchan voces de las nuevas generaciones que aconsejan adoptar, por ejemplo, el modelo chino; pero también hay otros que plantean una apertura gradual hacia una economía de mercado. Si bien Raúl Castro ha dejado el gobierno formal, su influencia en la administración del presidente Miguel Díaz-Canel, es total, de tal manera que los cambios que se requieren tienen que pasar por esa puerta todavía cerrada a reconocer que el modelo socialista cubano, más allá del bloqueo, excusa utilizada durante seis décadas, está viviendo horas extras, aunque nos duela a los admiradores de este movimiento revolucionario cuya influencia en América Latina está ampliamente documentada.

Un artículo publicado por BBC Mundo (Guillermo Olmo. 12/02/21), señala que el gobierno cubano quiere “cambiar radicalmente la economía de la Isla y ha emprendido reformas sin precedentes”. Se recuerda que este año comenzó la implementación de la “unificación monetaria”, que significó la desaparición del CUC, una de las monedas de curso legal que establecía una paridad ficticia con el dólar. Esta medida ha provocado una espiral inflacionaria que ha acrecentado la inconformidad social. No podemos dejar de mencionar la reciente protesta de hombres y mujeres del área de la cultura que es tan solo la punta del iceberg que confirma que ha llegado la hora de cambios a fondo y de fondo. 

Se ha iniciado con un decreto que amplía las actividades en las que se permite el trabajo por cuenta propia que pasa de 127 a más de 2000, “lo que aumentaría significativamente el papel del sector privado en la economía”. A esto el gobierno cubano lo ha llamado una “Tarea de Ordenamiento”, orientado a hacer más productiva y eficiente la economía local. El economista cubano Juan Triana Cordoví, si bien califica estas reformas como “ambiciosas”, señala contundente que “deberían haberse aprobado hace tiempo”. 

¿Es esta la señal esperada para un cambio en la Isla? Esperemos que sí, antes de que los logros evidentes de la revolución queden bajo los escombros de un nuevo sismo social. Cuba tiene mucho que aportar al mundo. Lo evidencia que acaba de anunciar la producción de 100 millones de vacunas contra el coronavirus, y el desarrollo de otras cuatro más. Educación y salud son pilares de esta nación. Entenderá el gobierno de los Estados Unidos, Obama lo hizo en su momento, que el bloqueo no alcanzó el objetivo, pero si ayudó a condenar al pueblo cubano al ostracismo y la pobreza, y a defender, cueste lo que cueste su dignidad, su independencia y su soberanía. Son tiempos de cambio, pero para todos. 

Prospectiva.

Emilio de Ygartua M.

Lunes 8 de febrero 2021.

El Partido Demócrata ha puesto a caminar la maquinaria para un nuevo enjuiciamiento a Donald Trump, el primer mandatario de los Estados Unidos que será sujeto a un segundo proceso, si bien algunos señalan que a estas alturas ya no se juzga a un jefe del Poder Ejecutivo, ya que desde el pasado 20 de enero dejó ese cargo. Esto lo sabían tanto los acusadores como los legisladores republicanos que entendían que el tiempo obraba en su favor ya que el reloj de la transición estaba a punto de llegar al momento de la entrega del poder.

Hace dos semanas señalé en este mismo espacio que ya no veremos un enjuiciamiento que, en estricto sentido, tiene como objetivo destituir a un mandatario, porque el republicano ya no ostenta ese cargo. Por ello, lo que veremos será un juicio político cuya finalidad específica es inhabilitar a Donald Trump; hecho inédito en la historia de esa nación, por su participación en la asonada del 6 de enero.

Los demócratas consideran tener pruebas suficientes que presentarán, en su papel de fiscales, ante un grupo de senadores que juzgarán si esas pruebas son suficientes para sentenciarlo y proceder, en su caso, a su inhabilitación. ¿Lograrán su cometido los legisladores del ahora partido gobernante? Hace dos semanas parecía una empresa complicada, hoy, las probabilidades son mínimas. Es prácticamente imposible que los demócratas logren la mayoría calificada que se requiere porque implica convencer, al menos, a 25 senadores republicanos que voten a favor del enjuiciamiento condenando a la inhabilitación a su aún correligionario.

¿Por qué se modificó el escenario? En primer lugar, porque los afines a Donald Trump no han dejado de manifestarle su apoyo. En las redes sociales es recurrente encontrar manifestaciones de afecto a su líder que llegan acompañadas de expresiones en contra de Joe Biden, al que califican de “presidente ilegítimo”, al tiempo que señalan que las elecciones debieron anularse “por el cúmulo de irregularidades”, las cuales nunca lograron acreditar, pero que lograron sembrar la duda construyendo un escenario que ya genera preocupación en los organismos encargados de garantizar la seguridad del Estado. 

Está documentado, y en seguimiento permanente, lo que el FBI ha calificado como “terrorismo doméstico”, alimentado por grupos de milicianos que, si bien no fueron creados en el período de Trump, sí tuvieron de éste un estímulo cotidiano alimentado mediante un discurso supremacista, xenofóbico. No queda la menor duda que ese discurso seguirá siendo parte de su narrativa en la ruta hacia los procesos electorales del 2022 y 2024.

La semana antepasada el exmandatario se reunió en Florida (origen de la mayor cantidad de mensajes a su favor) con el líder de la minoría opositora en la Cámara de Representantes, Kevin McCarthy. Un reencuentro que no pasó desapercibido. Recordemos que fue este influyente legislador republicano quien, el mismo 6 de enero, no sólo reconoció el triunfo demócrata en las elecciones de noviembre, además, acusó al presidente de ser “responsable del ataque al Congreso por parte de alborotadores de la mafia.” 

Dicen los republicanos que siempre no

Sin duda, Donald Trump ha tocado los botones necesarios en la cúpula de su partido, donde saben, desde la noche del 3 de noviembre, que los 73 millones de votos alcanzados por su candidato tienen un gran peso en el futuro del Old Party por lo que han considerado que sumarse a la causa demócrata, que pretende llevar a la guillotina al magnate neoyorquino, sería un suicidio político para un partido que no sólo perdió la presidencia, además, la mayoría en la cámara alta. Con la vista puesta en el 2022, han sopesado que, si no cuentan con el apoyo del exmandatario, las cosas pueden ir a peor. 

Luego de una amena charla, McCarthuy y Trump posaron muy sonrientes para los camarógrafos. En una habitación de uno de los hoteles del exmandatario, decorada al más puro estilo de los más lujosos palacios europeos, el legislador comunicó que: “El presidente Trump se ha comprometido a ayudar a la victoria de los republicanos en las cámaras de Representantes y de Senadores en 2022”. Luego de posar ambos muy sonrientes para las cámaras: Kevin criticó a los demócratas pretender “acusar a un presidente que ahora es un ciudadano privado.” 

Si quedaba alguna duda del giro de 180 grados que ha ocurrido al interior de ese partido, el líder de la minoría republicana en la cámara baja, con una enorme influencia en esa formación política, blandiendo la espada flamígera en la diestra, advirtió: “Un movimiento conservador unido, fortalecerá los lazos de nuestros ciudadanos y defenderá las libertades sobre las que se fundó nuestro país.” 

Las amenazas de Donald Trump han tenido el éxito esperado. Ya había advertido que, si era juzgado e inhabilitado, llegaría hasta la Suprema Corte para revertir un proceso que sus abogados (también varios senadores republicanos) califican de inconstitucional. Este señalamiento tenía un destinatario específico: su propio partido. Además, anticipó que estaría en las boletas electorales del 2024, quizá postulado por un nuevo partido al que sumaría a los millones de norteamericanos que abrazan su causa.

¿Miedo? Al menos precaución. Los republicanos anticipan un futuro complicado si Donald Trump decide ir de manera independiente por una nueva estancia en la Casa Blanca. La semana antepasada recordamos aquí la mala experiencia que vivió George Busch padre, derrotado en 1992 e impedido de lo que parecía una reelección segura luego de la exitosa incursión de las tropas de su país en Oriente Medio (Tormenta del Desierto). Los 20 millones de votos obtenidos por el independiente Ross Perot le echaron a perder la fiesta. La reconciliación de Trump con su partido generó, como es lógico, una rápida reacción entre sus opositores. La representante demócrata Katherine Clark, expresó su sorpresa, y su molestia, al tiempo que criticaba acremente a su compañero el legislador republicano Kevin McCarthy. 

Señoras y señores, ha quedado demostrado, una vez más, que la política es el arte de lo posible, como bien señala don Enrique González Pedrero. Una buena parte de los republicanos consideran que subirse al ring para golpear a su excandidato presidencial, el cual cuenta con un importante capital político, es una pésima idea. No pueden abandonarlo a su suerte, so pena que sean ellos los abandonados a la suya, primero en el 2022, y luego en el 2024.

Sin embargo, no nos engañemos con estas escenas de “amor” y de reconciliación; la fractura existe, como reconoce el ex congresista republicano Carlos Culebro: “El partido tiene, de un lado, al ala Trump, que está empeñada en purgar a quienes se han enfrentado a las mentiras del presidente; del otro, la ola del establishment, la que desea purgar a los partidarios de Trump. En este momento, expresó, no hay duda de que la primera ola es la dominante.” A partir de mañana sabremos de “que cuero salen más correas” en este segundo enjuiciamiento político, al empresario, no al presidente de los Estados Unidos.

EU: El gobierno en acción

En tanto ello ocurre, al otro extremo de la explanada, en la Casa Blanca, el nuevo inquilino continuará gobernando con la intención, primero que todo, de revertir algunas de las disposiciones del antiguo ocupante de esa mansión cuya construcción fue concluida en tiempos de una Guerra Civil (1862-67) que dividió a esa joven nación, ubicada entre dos visiones antagónicas. El fin de la esclavitud fue tan solo una excusa, en realidad, la controversia estaba fundada en la existencia de dos modelos económicos aparentemente incompatibles.

A siglo y medio de distancia, Estados Unidos se encuentra nuevamente dividido, fracturado. En la Casa Blanca habita un inquilino que, para muchos de los 73 millones que no votaron por él, es un mandatario “ilegítimo”, no obstante haber ganado por más de 4 millones de votos a su opositor republicano y obtenido igual número de votos electorales que los alcanzados por Trump en el 2016, ganándoles la presidencia a la demócrata Hillary Clinton, la que, no lo olvidemos, obtuvo 3.2 millones de votos más que su contrincante republicano. Esas son las reglas electorales vigentes, nuevamente cuestionadas, puestas en duda, por lo que ya algunos plantean la urgencia de revisarlas y, al menos, transitar hacia la homologación de las reglas del juego en los 50 estados de la Unión Americana.

Ese es el país que hoy gobierna Joe Biden. Una nación dividida cuya mitad deberá ser convencida de que esa administración gobierna para todos, y que estos son tiempos de suma y no de división. El problema radica en que, frente a este discurso a favor de concordia, de la mano extendida, está el discurso de la discordia que sigue vivo y lo estará a lo largo de los próximos cuatro años. 

El 20 de enero asumió la presidencia un mandatario con otra visión de futuro para esa nación. El suyo, ha quedado demostrado en sus tres primeras semanas, es un gobierno en acción, como lo ofreció en su discurso de inauguración, en el que convocó a la unidad a sabiendas de que la convocatoria difícilmente permeará en aquellos con oídos sordos, los que no quieren atender el llamado de quien les ofrece un cambio porque este cambio, está claro, significa revertir el proyecto de nación delineado por quién, aún en la derrota, sigue siendo su líder, su jefe.

Sí, Joe Biden está gobernando para el cambio, para revertir los efectos de una mala gestión de la pandemia, para generar estrategias que permitan recuperar los empleos perdidos, apoyar a las empresas cerradas. El suyo es un gobierno que ha decidido implementar una nueva política migratoria que garantice cuotas de ingreso al país; que no amenaza con separar a las familias, expulsar a aquellos que llegaron desde niños a esa nación. Una administración que está comprometida con la equidad, con la inclusión. Que ha decidido no gastar un dólar más en la construcción de muros, y que, en cambio, ha anunciado que habrá apoyos económicos para que los países centroamericanos puedan generar desarrollo que cancelen las caravanas de migrantes que huyen de sus países por la pobreza, la inseguridad y por la represión.

El presidente sabe que sus decisiones están lejos de ganar adeptos entre los que no votaron por él. Entiende que todas aquellas medidas orientadas a echar abajo las acciones del gobierno anterior, acrecentarán los resabios y el distanciamiento de sus opositores. No aplaudirán el aumento de impuestos a los más ricos, ni el regreso a la OMS o a los Acuerdos de París. Mucho menos los planes del demócrata de revertir las duras medidas del republicano contra Cuba, o el freno a la salida de sus tropas de Alemania. Por ello Biden ha centrado sus esfuerzos en pedir a los legisladores republicanos que cedan y autoricen el presupuesto extraordinario de 1.9 bdd con el que piensa enfrentar la crisis económica. Hasta el momento, sólo ha logrado que acepten un plan que considera un tercio de esa cantidad. Que lamentable que los intereses partidarios estén por encima del bienestar de la población. 

La semana pasada el mandatario dejó muy clara su postura en el ámbito internacional. Se había anticipado el retorno de una diplomacia de carne y hueso que dejara atrás los modos de un presidente que hizo de la rispidez y la tención los argumentos primarios de su relación con otras naciones a las que ni veía ni escuchaba. Con China y Rusia, Biden anticipó que no aceptará, ni cerrará los ojos frente a decisiones que violenten los derechos humanos. A Pekín le anticipó que si quieren una relación cordial y productiva tienen que abandonar todo tipo de “abusos económicos”. Sobre Europa, anticipó el retorno a las relaciones de socios y amigos. Sobre América Latina, ni una línea. 

Adiós a tu deuda

La semana pasada, el gobernador Adán Augusto López Hernández, hizo público un acuerdo de enorme trascendencia para los que aquí vivimos, el “Adiós a la deuda” que miles de tabasqueños tenían con la CFE. Una lucha iniciada en 1995 que llega a un feliz final, gracias a la gestión del jefe del Ejecutivo estatal y el apoyo del presidente que fue parte importante de esta lucha. “Adiós a deuda”, como ya se ha difundido, significa la desaparición de los adeudos históricos de los consumidores domésticos. Salvo los que tengan consumos alto, ahora gozaremos de la tarifa 1F, la más baja del país. 

Los más de 200 mil damnificados por las recientes inundaciones sufridas en nuestra entidad, además de los apoyos que ya han recibido de los gobiernos federal y estatal, serán liberados de cualquier adeudo de consumo, no sólo del histórico “también de los últimos dos bimestres”. Dejaremos de tener dos tarifas, operará una sola, la 1F, que aplicará tanto para el período de verano como para el de invierno. Las razones de peso que por años se argumentaron han sido entendidas y atendidas. Una gestión exitosa del jefe del Ejecutivo estatal quien anunció que su gobierno subsidiará el bimestre febrero-marzo, próximo a facturarse. 

Estos son los alcances de un acuerdo que beneficia de manera directa a 607 mil usuarios, lo que ayudará en mucho a la economía familiar muy golpeada por la pandemia y la crisis económica que de ella derivó. Este acuerdo, sumado a los recursos federales y estatales destinados a obras públicas contribuirán a generar empleos y a reactivar nuestra economía. Vienen buenos tiempos para Tabasco.

La candidata Yolanda Osuna Huerta

Morena contará con una candidata de lujo para contender por el Municipio de Centro en las próximas elecciones. Yolanda Osuna Huerta, integrante de una familia con amplio reconocimiento social, liderada por el doctor Antonio Osuna Rodríguez, médico militar con un bien ganado reconocimiento profesional por su capacidad y gran humanismo; destacado docente de la Escuela de la Medicina de la UJAT, formador de muchas generaciones de médicos y promotor de la Escuela de Medicina de la Universidad Olmeca, que lleva su nombre. 

Yoly, como la llamamos los que desde hace muchos años la conocemos, cuenta con currículum vitae muy vasto. Desde muy joven se insertó en el sector público mostrando su capacidad, compromiso, sensibilidad y, especialmente, la honestidad y eficiencia que la han distinguido a lo largo de su vida, de la cual fue parte muy importante mi querido y extrañado Lácides García Detjen, su esposo. La candidata a presidenta municipal de Centro ha sido secretaria de Cultura, de Turismo, subsecretaria de Educación y responsable de la representación de la UNESCO en la región sureste. Cuenta, además, con el aprecio del sector empresarial local, que seguramente jugará un importante papel en la recuperación de Villahermosa como eje del desarrollo del estado y la región. 

Académicamente se formó en nuestra máxima casa de estudios, la UJAT. Cuenta con una maestría en Administración por la Universidad Olmeca. Para los que dudan que sabe trabajar a ras de tierra, en las comunidades, fue diputada federal suplente del entonces I distrito electoral de Tabasco (1988). 

De lograr su triunfo en las urnas, su gestión como alcaldesa será un verdadero parteaguas, sin duda promoverá en el municipio de Centro una verdadera transformación, una reingeniería en los procesos administrativos; un gobierno moderno centrado en la gente y en sus necesidades. Yolanda tiene claro que el municipio de Centro no es sólo Villahermosa, parte importante es, asimismo, su región rural a la que hay que darle servicios y atención de calidad y calidez. Sin duda, el suyo será un gobierno inteligente, encabezado por una mujer que siempre ha dado buenos resultados. Una buena elección.

Prospectiva.

Emilio de Ygartua M.

Martes 2 de febrero 2021.

Ha concluido el primer mes del año y las expectativas de remontar la crisis sanitaria están muy lejos de generar un escenario alentador. Los contagios se han acelerado, primero, porque la movilidad no ha podido frenarse pese a las medidas dispuestas por los gobiernos; segundo, porque las nuevas mutaciones del coronavirus no sólo son más contagiosas, además, tienen efectos más severos en las personas infectadas. Nuevamente está presente la dicotomía salud o economía, luego de que la opción salud y economía ha provocado una nueva ola de contagios.

El aumento en las hospitalizaciones es una constante en la mayoría de los países, lo que ha propiciado un incremento en el número de fallecidos, acompañado de la saturación hospitalaria que ha superado los números de la primera ola de contagios ocurrida entre marzo y junio del año pasado. Estamos sufriendo la tercera ola que ha obligado a muchos gobiernos a decretar toques de queda, como en Países Bajos, medida que generó una respuesta violenta de muchos opuestos a un nuevo confinamiento.

Según datos aportados por la Universidad Johns Hopkins, hemos rebasado los 100 millones de infectados a nivel planetario y superado los 2 millones de muertos; pese a ello, crece el número de personas que se niegan a usar la mascarilla y que han anticipado que no se vacunaran, aduciendo un complot para controlar su ADN. Así de grave está el asunto.

La esperanza de que el inicio de la aplicación de las vacunas generaría un escenario más favorable ha quedado en eso, en esperanza. Por más que se ha pedido a las naciones ricas que no monopolicen las vacunas, esto ha sido una constante que, sin embargo, ni siquiera ha contribuido a resolver el problema en aquellos países que han concentrado la compra desde la primera etapa de su desarrollo, sin saber si realmente sería efectiva.

El flamante presidente Joe Biden ha informado que hará un pedido extraordinario que permita vacunar a 10 millones de personas cada semana hasta finales de febrero, medida que se da en respuesta al crecimiento de contagios en los Estados Unidos. Al tiempo, ha dispuesto medidas drásticas como la prohibición de vuelos provenientes de 21 países, entre ellos Brasil. En el caso de México, si queremos viajar a ese país, será necesaria prueba negativa, lo cual no exime de cumplir con una cuarentena obligatoria de entre tres y siete días. Canadá ha replicado esta medida. Cuba, también. Golpe mortal al turismo.

La guerra por las vacunas

Como he señalado en este espacio, la vacunación camina a paso de la tortuga en tanto que los contagios lo hacen corriendo como conejo con pilas nuevas. Lo peor de este escenario tan negro es que no sólo prevalece el afán de acaparar los fármacos y su evidente politización en muchas naciones, además, está a la vista una abierta lucha entre sus fabricantes. Pleito que ha contribuido ampliar nuestras dudas y temores sobre la efectividad de las vacunas.

Un grupo de científicos de la OMS está en Wuhan, China, con el propósito de investigar sobre el origen del virus que ha puesto de cabeza al planeta. Su ingreso fue tortuoso porque el gobierno chino hizo hasta lo imposible para impedirlo y es muy factible que no les entreguen toda la información que se les pida para sacar conclusiones certeras.

No es obra de la casualidad que al tiempo que llegaban estos científicos de la OMS al epicentro de la pandemia, las redes sociales chinas echaron a andar una campaña en medios electrónicos e impresos en la que, sin recato y sin ofrecer prueba alguna, acusan al gobierno de los Estados Unidos de haber generado este virus “en un laboratorio”. Resulta difícil de aceptar esta teoría conspirativa formulada por el gobierno chino cuando en marzo del año pasado ellos mismos aseguraban que el virus era de origen animal.

¿Escenario de la nueva “guerra fría”?  Xi Jinping, el presidente de China, a quien correspondió este año inaugurar la reunión virtual del Foro Económico Mundial, habló de esta “nueva guerra fría”. Sin mencionar la reciente llegada de su homólogo a la Casa Blanca, Xi le envío un claro mensaje a Joe Biden, “invitándolo” a no continuar con las estrategias seguidas por su antecesor las cuales tensaron en extremo la cuerda en las relaciones entre ambas naciones, la primera y la segunda potencias económicas y, no lo olvidemos, militares del planeta. El mandatario chino, en aparente voz conciliadora, abogó por un papel más protagónico del G20, conminándolo a que sea promotor de “una auténtica cooperación en la gobernanza global.”

En el tema de las vacunas, el objetivo de la nación asiática es sembrar dudas sobre la efectividad de las “otras”, en especial la producida por Pfizer, la cual, difundieron: “puede ser letal para las personas muy mayores.” Los medios chinos basan este duro epíteto en lo sucedido semanas atrás en Noruega, donde 23 adultos mayores fallecieron luego de recibir la primera dosis de la vacuna.

Este señalamiento fue profusamente difundido tanto en el canal chino de habla inglesa, CCTV, como en el diario Global Times, medio impreso que, además, acusó abiertamente a los medios de comunicación occidentales “de ignorar las noticias”.  El gobierno chino está utilizando la vieja conseja: “Ataca primero a tú enemigo, antes que éste lo haga”. Como solemos decir: “El que pega primero, pega dos veces”. Expertos en temas de salud han señalado que es posible que se produzcan muertes no relacionadas con las vacunas durante las campañas de inmunización.

Un comité de la OMS ya determinó que la vacuna de Pfizer no fue el factor causante del fallecimiento de estas personas. Pero, la duda mata, más que el virus.  No se puede dejar de señalar que esta farmacéutica ha contribuido al fortalecimiento de las dudas sobre su vacuna, primero, por la reducción de su producción sin dar información confiable; segundo, por la recomendación que le hizo la OMS de que obtengan 6 y no 5 dosis de cada frasco y de que se amplíe de 21 a 28 días la aplicación de la segunda dosis, sin rebasar los 42 días, lo que parece es un tanque de oxígeno para que la farmacéutica se ponga al día en la producción del fármaco.

¿Cuándo y cuáles vacunas llegarán a México?

En México, el presidente Andrés Manuel López Obrador, desde su confinamiento en Palacio Nacional, y no en su domicilio particular, como erróneamente lo señaló Olga Sánchez Cordero, secretaria de Gobernación, habló con Vladimir Putin, presidente de Rusia, quien se comprometió a vendernos 24 millones de dosis de la vacuna Sputnik la cual únicamente ha sido autorizada en Argentina. Seguramente la COFEPRIS hará pronto esta tarea en nuestro país. Rusia ha avisado de un retraso de 3 a 4 semanas en la entrega de los pedidos a causa de un exponencial crecimiento de la demanda, especialmente de parte de los países de la región latinoamericana.

El secretario de Hacienda, Arturo Herrera, ha salido al paso de los señalamientos que apuntan que el gobierno federal está comprando vacunas “de segunda”. El responsable de las finanzas públicas reviró garantizando que en todo momento se ha cuidado que los contratos celebrados se hagan con empresas cuyos fármacos tengan un rango de efectividad superior al 94 por ciento; sin embargo, no omitió señalar que la batalla por hacerse de suficientes vacunas para inmunizar a la población ha complicado mucho el escenario mundial.

En el mismo momento en el que el funcionario daba esta declaración, se conoció que la Unión Europea adoptará medidas para endurecer las reglas sobre la exportación de vacunas contra Covid-19. El brazo ejecutivo de la UE exigió a las empresas que pretenden enviar vacunas fuera de ese bloque a que, previamente, obtengan una autorización. El presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, adelantó que no se descarta tomar medidas más radicales que garanticen el control de la producción de las vacunas. Las 27 naciones que se mantienen dentro del bloque europeo “están rabiosas” por la lentitud de los suministros. Crece la tensión entre Bruselas y el Reino Unido por este tema. Resabios de la reciente ruptura, sin duda. No existen los divorcios civilizados, que nos quede claro.

En este escenario, un cuerpo de científicos de la UE ha autorizado el uso de la vacuna producida por el laboratorio AstraZeneca, al tiempo que garantiza que su nivel de inmunidad es del 94% y que sí es seguro aplicarla a los mayores de 60 años, contradiciendo el rumor que había circulado en los últimos días. AMLO ha anunciado que en febrero llegará, proveniente de la India, un importante lote de vacunas de esta farmacéutica.

Una auténtica guerra de las vacunas y por las vacunas. Un laboratorio brasileño ha difundido recientemente que la supuesta efectividad del 78% de la vacuna china CanSino, en realidad, apenas supera el 50%. Asimismo, se indica que su nivel de inmunidad en personas mayores de 60 años “es muy bajo”. La única aparente ventaja de este fármaco es que se requiere una sola dosis y que su cadena de congelamiento es más accesible, por lo cual se ha considerado aplicarla a personas que viven en regiones lejanas y de difícil acceso.

Se equivocan los que creen que nuestro país es el único que anda buscando vacunas por todos lados, es un problema mundial. Asimismo, la lucha intestina entre políticos de grupos opuestos compitiendo por ver cómo dañan al adversario cuando lo que debería imperar en estos tiempos es una estrategia común para enfrentar una crisis que puede cancelar todas nuestras expectativas de crecimiento y desarrollo. Bueno, está claro que a los contras de la 4T les encantaría. No se vale poner por delante intereses personales o de grupo sobre el interés general de la nación.

El contagio del presidente de la República

A la preocupación por el aumento exponencial de los contagios, que ha provocado la saturación hospitalaria en muchas entidades federales como la Ciudad de México y el Estado de México, se suma el contagio del primer mandatario de la nación. El tabasqueño Andrés Manuel López Obrador, al igual que otros mandatarios o jefes de gobierno, como Boris Johnson, primer ministro británico, Jair Bolsonaro, presidente brasileño y Donald Trump, ex presidente de los Estados Unidos, se negó a utilizar el cubrebocas y no atendió las previsiones dispuesta por las autoridades sanitarias. Todos ellos se contagiaron generando incertidumbre política. Reino Unido, Brasil y Estados Unidos, cuentan con un marco constitucional que establece los mecanismos a seguir en caso de la ausencia temporal o definitiva del jefe de estado o de gobierno.

En México, lamentablemente, sigue existiendo un vacío que, en mucho, deviene de la idea del poder constituyente de Querétaro que en 1917 optó por desaparecer la figura del vicepresidente y, de paso, las disposiciones contenidas en la Carta Magna de 1857, que establecían que el presidente de la Suprema Corte, también electo, asumiera el cargo de presidente de la república en caso de ausencia parcial o total del mandatario en turno, lo cual ocurrió en 1858 en razón del golpe de Estado (Plan de Tacubaya) liderado por Félix Zuloaga contra el presidente Ignacio Comonfort, quien fue obligado a renunciar al cargo.

En razón de ello, Benito Juárez García, entonces presidente de la Suprema Corte, asumió la primera magistratura de la nación y desde ese espació defendió los poderes de la república en un escenario de guerra civil (Guerra de los Tres Años o Guerra de Reforma de 1848 a1861), que concluyó hasta la restauración de la República (1867) luego de la derrota del ejército invasor y del fusilamiento de Maximiliano de Habsburgo y de sus aliados, los mexicanos Miramón y Mejía, poniendo con ello punto final al llamado II Imperio.

No pretendo sumar a la polémica por la errática gestión de la pandemia de parte del doctor López-Gatell, sin embargo, no puedo dejar de señalar que se equivoca al manifestar que la salud del primer mandatario de la nación es “asunto de un particular”. Desde luego que no. Andrés Manuel López Obrador es el jefe de Estado y de gobierno, dualidad que establece nuestra Constitución, fundada en un modelo presidencialista que, a mi juicio, debería ser revisado. La salud del jefe del Ejecutivo es un asunto de interés general, es el jefe de las instituciones nacionales y todos los mexicanos tenemos derecho a conocer su estado de salud, desde luego, no desde punto de vista morboso y politizado que algunos quieren hacerlo. Positivo que el viernes se haya difundido un mensaje del presidente en el que el mismo informó de su estado de salud y de las estrategias de vacunación. Ojalá haya comprendido que tiene que ser el primero en cumplir con las normativas sanitarias, vaya, predicar con el ejemplo.

De todo un poco

Este año se cumple un siglo del nacimiento del ilustre tuxpeño Jesús Reyes Helores, uno de los ideólogos políticos más destacados del siglo pasado. Actor estelar de la transformación política nacional que tuvo como piedra de toque la Reforma Política de 1977, a mi juicio, la única que merece ese calificativo por su trascendencia, las subsecuentes alcanzan tan sólo el rango de reformas electorales cuyo aporte no niego. La impulsada por el político veracruzano durante el gobierno de José López Portillo fue, sin duda, un parteaguas en la historia de la democracia mexicana. En próxima entrega haremos una más amplia relatoría de su aporte, necesaria en estos momentos en los que en el Senado se ha presentado una propuesta de reforma para reducir al 50% el financiamiento que reciben los partidos, eliminar prerrogativas como el uso gratuito de franquicias postales y anular su derecho de acceder a los tiempos de radio y televisión para promocionar sus campañas electorales. Si bien se busca ahorrar recursos públicos y que estos se canalicen al sector salud, considero que sería un retroceso eliminar estas prerrogativas plasmadas en el artículo 41º de nuestra Carta Magna. Algo que preocupaba mucho a don Jesús era el financiamiento privado a los partidos políticos que las oposiciones están planteando como alternativa…Por cierto, algunos senadores siguen con la idea de reformar la ley que regula al Banco de México, no obstante que el presidente señaló que no era adecuado vulnerar su autonomía. También insisten en desaparecer a la Comisión Federal de Competencia Económica (Cofece) y al Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT). La secretaria de Economía, Tatiana Clouthier Carrillo, les recordó que esos dos órganos autónomos son intocables ya que ambos forman parte del T-MEC: “Es un compromiso del presidente”…En su afán por borrar el legado de Donald Trump, el flamante presidente de los Estados Unidos ha firmado en menos de dos semanas, 35 órdenes ejecutivas, lo cual le ha merecido algunas críticas de medios de comunicación, de legisladores y de estudiosos del derecho que no consideran correcto que se desplace la mecánica legislativa como camino para gobernar. Al momento ha expedido 15 órdenes ejecutivas relacionadas con la Covid, 5 sobre economía, 5 sobre migración; asimismo, algunas sobre temas como equidad de género, salud (rescate del Obamacare), entre otras. Preocupante que los órganos de seguridad interna de ese país hayan dado a conocer un documento que evidencia los riesgos a la seguridad interior por eminentes amenazas de parte del “terrorismo doméstico”. Encuesta realizada en otros países muestran confianza en el nuevo mandatario, sí, pero no en el país al que, luego de lo ocurrido el 6 de enero, se le ve con otros ojos en materia de democracia y estabilidad. En lo que al enjuiciamiento de Trump se refiere, los demócratas ya echaron a caminar el proceso. Curiosamente, se han encontrado conque algunos de los republicanos que lo apoyaban ya lo pensaron por lo que la posibilitad de inhabilitar al expresidente parece se convertirá en un “sueño guajiro”. El 2024 está muy cerca; no lo dejemos de lado.

Prospectiva.

Emilio de Ygartua M.

Lunes 25 de enero de 2020.

“Crear un país comprometido con todas las 

culturas, colores y caracteres del hombre.”

“Siempre hay una luz si tan sólo somos lo suficientemente

valientes para verla. Si tan sólo fuéramos lo

suficientemente valientes para serla.”

Amanda Gorman. “Hill we climb”

El Capitolio, Washington D.C.

Ceremonia de Inauguración.

Un escenario inédito en el que 200 mil banderas de los Estados Unidos y más de 20 mil soldados de la Guardia Nacional, fueron parte del auditorio que atestiguó, el pasado 20 de enero, el juramento de Joe Biden y de Kamala Harris, como presidente y vicepresidenta de esa nación. No podemos olvidar la tensión prevaleciente desde el día de los comicios del 3 de noviembre del año pasado, derivada de la actitud de un presidente que no ha aceptado su derrota, que ha hablado de fraude sin presentar pruebas. Que se empeñó en sembrar el camino del relevo de espinas, de abrojos y de dudas que permearon en muchos de sus adeptos, hasta llegar a protagonizar uno de los episodios más lamentables que ha vivido la democracia norteamericana en sus más de 250 años de existencia.

Muy pocos pudieron asistir a lo que históricamente es un día de fiesta. La Inauguración del nuevo gobierno quedará grabada en la memoria colectiva por las amenazas de los fieles al trumpismo, por las duras circunstancias que ha impuesto la pandemia, cobrado miles de vidas y fracturado la economía más fuerte del planeta. Sobre todo, por la división generada en los últimos tiempos a causa del racismo reeditado por un supremacismo blanco que sostiene una delictuosa unión con el terrorismo y la violencia extrema, como lo vimos, atónitos, con la toma del Capitolio. Un auténtico intento de golpe de Estado.

Donald Trump se negó a asistir a la ceremonia de Inauguración, en la que el gabinete saliente estuvo representado por Mike Pence, vicepresidente que pasará a la historia al negarse a cumplir la petición de su jefe de revertir el resultado de las elecciones, el mimo que, tajante, se negó a invocar la 25ª enmienda para destituir a quien lo escogió en el 2016 como su compañero de fórmula. Es posible que en el 2024 ambos se reencuentren en las boletas electorales. Pence como candidato del Partido Republicano, Trump, como abanderado del nuevo Partido Patriota, cuya fundación ha anticipado, junto con su propia empresa de redes sociales y una estación televisora que sustituirá “a los traidores de FOX News.” Al despedirse de los empleados de la Casa Blanca, les garantizó que, “de una u otra manera, pronto regresara”, con todo lo que este adiós pueda significar. 

La ceremonia de Inauguración del mandato de Joe Biden estuvo llena de simbolismo que, asimismo, la hacen diferentes, como el mensaje en español pronunciado por Jennifer López, quien convocó a la unidad y a promover la igualdad plena en una nación en la que, quién lo puede refutar, no se ha logrado cumplir con lo que mandata su propia Carta Magna. Por lo mismo, Joe Biden centró su mensaje de apertura, primero, en la convocatoria a la unidad, a dejar de lado “las luchas entre rojos y azules, entre liberales y conservadores”; a sumarse todos, “sin distingos, a los que votaron por mi y a los que no”. Invitó a sumarse a la urgente tarea de revertir los efectos de la pandemia y de la crisis económica que de ella han derivado. 

Unidad, unidad, unidad

Se comprometió a trabajar incansablemente “para recuperar la esperanza de millones de personas que viven en circunstancias adversas”. Personas que requieren de políticas públicas que atemperen las desigualdades, por tantos años negadas por sus homólogos, pero que, nuevamente, han quedado en evidencia. Apeló a la experiencia de su partido, el Demócrata, que, con Roosevelt y Obama, revirtió los efectos de la crisis de 1929-33, y logró sacar al país del marasmo financiero y bursátil génesis de la crisis del 2008.

Arriba un gobierno caracterizado por la diversidad racial, por la inclusión. Su gabinete está integrado por 12 mujeres e igual número de hombres. Su propuesta evidencia el propósito de un político experimentado que puede resultar, para algunos, soso, aburrido, pero que representa un cambió radical frente a la “anti política” promovida por el hombre que tuvo que salir por la puerta de servicio de la Casa Blanca, sólo, enfadado; dispuesto a buscar venganza utilizando a sus milicianos, a hombres y mujeres que, como en los viejos tiempos de la segregación racial, se empeñan en impedir los cambios, en no aceptar la igualdad como premisa y la oportunidad para toda la sociedad, sin distingo de ningún tipo, como herramienta a la que todas y todos puedan acceder, para alcanzar el bienestar.

¿Se exagera cuando se habla de un ambiente de “guerra civil”? Biden no lo cree. Por lo mismo, dedicó buena parte de su discurso a ratificar su compromiso de gobernar para todas y todos. Invitó a deponer las armas, que no es una figura literaria cuando vemos a los grupos adeptos a Trump portarlas al amparo de la 3ª Enmienda, al tiempo que enarbolan banderas confederadas signo de escisión para una nación que vivió una cruenta lucha entre el Norte y el Sur. Biden lo ha reconocido; a mas de siglo y medio de concluida la lucha fratricida, no han cerrado las heridas, ni se ha logrado, como deseaba Abraham Lincoln fuera su herencia, una nación libre, unida. Un país en la que la igualdad racial y los derechos humanos y civiles no fuera más tema de disputa, de controversias fundadas en doctrinas nacionalistas alimentadas por la xenofobia.

Como la intención se muestra andando; Joe Biden inició de inmediato a derribar los muros y a revertir las políticas impulsadas por su antecesor. Lo hizo de la misma manera que Donald Trump, con una pluma en la mano, que, como decía Mao Zedong, “tiene más fuerza que las armas”. El flamante mandatario firmó, el mismo miércoles, 17 decretos presidenciales que, entre otras cosas, ordenan el regreso de su país a la Organización Mundial de la Salud, mediante una delegación que encabezará el prestigiado doctor Anthony Fauci, quien ya no tendrá que jugar a las vencidas todos los días con su antiguo jefe, causante principal de la mala gestión de la pandemia. Por cierto, es ya obligatorio el uso de cobrebocas en edificios públicos de todo el país. Otra buena noticia: Estados Unidos regresa al Tratado de París contra el cambio climático.

Relacionado con México y Centroamérica, hay que destacar la cancelación de la construcción del muro fronterizo; la moratoria de cien días a las deportaciones de migrantes que arribaron a ese país antes del día 20 de enero; la suspensión del programa que hace esperar a solicitantes de asilo en el lado mexicano de la frontera; la residencia legal y permanente para miles de dreamers (Programa DACA), así como la vía a la ciudadanía. Destaco lo que, sin duda, significa un triunfo para la gestión del presidente Andrés Manuel López Obrador: se dará ayuda económica para el desarrollo en El Salvador, Honduras y Guatemala para evitar la migración. La pobreza es la principal promotora de la migración.

Para los que insisten en que las relaciones entre México y el vecino del norte “van a ser muy difíciles” porque AMLO no felicitó a tiempo a Joe Biden; por lo de la DEA; por el asunto del general Cienfuegos, vale comentar sobre la decisión del presidente norteamericano de revocar la autorización para la construcción del controvertido oleoducto de Keystone XL, que une Estados Unidos y Canadá. La cancelación le ha generado una tormenta política a Justin Trudeau, acusado por el gobernador de Alberta, un muy duro oponente político y aspirante a su puesto, “de no haber hecho nada para impedir esta decisión”. 

La revocación ha provocado el despido de 2 mil quinientos trabajadores y una pérdida millonaria. El primer ministro canadiense, quien tuvo una pésima relación con Trump, fue de los primeros en llamar por teléfono y felicitar a Biden (al día siguiente de las elecciones, cuando todavía los resultados no eran oficiales) y ofrecerle “trabajar juntos en beneficio del desarrollo de ambas naciones”. Dura lección: los Estados Unidos no tienen amores, tienen intereses. Para que no se preocupen tanto losd contras, el viernes pasado AMLO tuvo una larga y cordial platica telefónica con Biden al tiempo que se ha otorgado el beneplácito a Esteban Moctezuma, como nuevo embajador en Estados Unidos. 

Hablando de México, tres noticias positivas: 1. La autorización del gobierno de la 4T para que tanto gobiernos estatales como empresas privadas puedan adquirir vacunas, lo que es muy adecuado, sí, pero debe haber regulaciones y controles extremos. 2. La presentación, por Tatiana Clouthier, flamante secretaria de Economía, de un ambicioso plan para ayudar a la recuperación económica, propuesta que ha sido bien recibido por el sector privado. Es fundamental que el gobierno federal construya un camino que ayude a transitar hacia la colaboración plena del sector privado, basada en marco legal y con reglas claras. Es tiempo de sumar, es tiempo de unidad. La confrontación no abona, divide. Es buena para Estados Unidos, también para nuestro país. Hay que decirlo una y otra vez: si no se genera riqueza lo único que se puede distribuir es pobreza. Se necesitan ingresos adicionales ya que, de lo contrario, estarán en riesgo los programas sociales del gobierno, por muy constitucionales que estos sean. 3. Que el presidente haya puesto un alto a las locuras del coordinador de Morena en el Senado. La autonomía del Banco de México no puede estar en entredicho. Tardamos muchos años en lograrla. Por cierto, sería bueno que se pensara y repensara sobre la desaparición de los órganos autónomos, especialmente de aquellos que deben ser conservados para no contrariar los acuerdos contenidos en el T-MEC, una de nuestras armas para lograr el desarrollo y, sobre todo, recuperar los 2.9 millones de empleos que se perdieron por la crisis.

El legado de Ángela Merkel

En el 2018, la canciller alemana Ángela Merkel hizo pública su decisión de ya no participar en un nuevo proceso electoral para continuar en el cargo más allá del 2021. El próximo mes de septiembre habrá elecciones generales en la nación teutona, en esta ocasión, luego de 16 años de aparecer en la boleta como candidata de su partido, el Demócrata Cristiano, la primera mujer que ocupó ese cargo en su país, ya no participará en esos comicios. 

La semana antepasada, el centrista Armin Laschet, primer ministro de Renania del Norte-Westafalia, la federación alemana más poblada y rica, fue electo nuevo dirige del CDU. Laschet quien tiene 59 años, es considerado un moderado que representa el continuismo con la línea ideológica de la actual canciller. Por ello, Ángela Merkel dedicó muchas horas de cabildeo para lograr el consenso entre los 1001 delegados con derecho a voto. 

Es importante señalar que la normatividad que rige al CDU no establece que quien ocupe el cargo de dirigente sea, en automático, el candidato a la cancillería. Al interior de ese instituto político se señala a Markus Söder, líder del partido-hermano bávaro CSU, como el gran favorito para obtener la nominación como candidato de la centroderecha a la Cancillería en las próximas elecciones a realizarse en septiembre de este año. El que no sea un candidato proveniente del CDU el que compita no es algo inédito ya que, en el 2002, Ángela Merkel, quien llevaba dos años como líder de esa agrupación política, cedió la candidatura a Edmund Stoiber, de la CSU, quien compitió por la cancillería contra el socialdemócrata Gerhard Schröeder, quien resultó el vencedor. 

¿Por qué preocupa tanto a los alemanes, a Europa y al mundo, la decisión de Merkel de retirarse de la política? Porque la todavía canciller germana ha sido protagonista en el logro de la unidad continental en momentos de crisis económicas y políticas que hicieron pensar a Italia y Grecia abandonar la UE. Asimismo, fue pieza importante para enfrentar la crisis económica de 2008 y 2009; evitar una salida dura del Reino Unido y, exitosa promotora de un histórico plan de ayuda económica destinado a enfrentar los efectos de la pandemia y de la crisis económica de ella derivada en la UE. Ese Plan dispersó 750 mil millones de euros entre los países de la Unión, el 60% de ello a fondo perdido. 

Además, ha sido actriz principalísima en el elenco europeo, Su papel de conciliadora ha trascendido las fronteras del viejo continente. Junto con el presidente francés, Emmanuel Macron, y a pesar de sus diferencias, han logrado remontar muchas crisis, si bien la pandemia, hay que decirlo, les ha jugado una mala pasada. Merkel tuvo éxito en la primera ola, pero, como el resto de los países europeos, Alemania sufre hoy el escalamiento de contagios, hospitalizaciones y fallecimientos.

¿Un mundo sin Ángela Merkel?

¿Por qué recordaremos a Ángela Merkel? ¿De que tamaño es su legado? No son pocos los analistas políticos que hablan del “Método Merkel”, por la destreza con la que ha liderado a Europa. ¿Quién puede poner en tela de duda la afirmación de que Alemania es la potencia de facto de la Unión Europea? Con ella surgieron neologismos como el de “merkelavelismo”, por su estilo maquiavélico de operar fundado en la visión pragmática de que “el fin justifica los medios”. Un ejemplo, su alianza con la extrema derecha de Baviera, que fue muy criticada, pero al final de cuantas le permitió mantener la mayoría en el Bundestag (Congreso) integrado por 709 miembros, al tiempo que obligó a la Socialdemocracia a mantener viva la coalición que gobierna bajo su liderazgo. 

Los padres de la alianza galo-germana, Jean Monet y Robert Schumann, origen de la Comunidad Económica del Carbón y del Acero (CECA), de la Comunidad Europea de la Energía Atómica (Eurotom) y de la Comunidad Económica Europea (CEE), en la posguerra, difícilmente hubieran podido anticipar que la Alemania derrotada en 1945, devastada y dividida, pudiera, como el Ave Fénix, renacer de las cenizas, por segunda ocasión, para convertirse en una potencia económica, fortalecida merced a su segunda unificación, en 1991, y a la consolidación, luego de la firma en 1992, del Tratado de Maastricht, pieza fundamental de la creación de la Unión Europea de la que esa nación es líder indiscutido.

Muchos líderes mundiales se preguntan cuál es el secreto mejor guardado de esta auténtica líder. Muchos, también, han querido entender la forma de pensar de la que han calificado de “política flemática, que conjuga una capacidad de análisis y de escucha fuera de lo común, “con un aguante físico y psicológico capaz de tumbar al político más veterano.” Wolfgang Schäuble, ministro clave de su gobierno durante 12 años, la describe así: “Tiene un estilo de liderazgo que se caracteriza, como ella ha dicho en algunas ocasiones, por no comprometerse hasta el último momento. Mantiene abiertas todas las posibilidades, todas las puertas hasta alcanzar acuerdos favorables.” 

Considero que en la nueva etapa que se inaugura con la llegada a la presidencia de los Estados Unidos de Joe Biden, con la que, seguramente renacerá la “diplomacia de carne y hueso”, en la que la vicepresidenta Kamala Harris jugará un papel protagónico, se extrañará, y mucho, a una interlocutora como la señora Merkel, a la que veo, en un futuro no muy lejano, como secretaria general de la Organización de las Naciones Unidas. Su arribo a ese organismo multinacional le devolvería el protagonismo que los últimos, y muy anodinos secretarios generales, le han restado. Fue la primer mujer canciller de su país, podría ser la primera mujer que dirija a la ONU en los tiempos de la nueva normalidad en los que la geopolítica tendrá un papel medular, por lo que su experiencia, capacidad negociadora y visión global, serían muy útiles para garantizar la paz y el desarrollo mundial. Dos mujeres a las que no debemos perder de vista: Ángela Merkel y Kamala Harris. “Las mujeres al poder”. Se lo han ganado con trabajo y con pasión.

Prospectiva.

Emilio de Ygartua M.

Lunes 18 de enero de 2021.

Pasado mañana se realizará el juramento de Joe Biden y de Kamala Harris, como presidente y vicepresidenta de los Estados Unidos de América, respectivamente. Desde las elecciones del pasado 3 de noviembre hasta el día de hoy, han pasado muchas cosas que han merecido no sólo la relatoría en medios de comunicación, impresos y electrónicos, además, el análisis que, sin duda, deberá ser a fondo sobre los efectos, las repercusiones que estos eventos tienen y tendrán en la vida política del vecino del norte.

Negar la convulsión, no aceptar que lo ocurrido ha cimbrado los fundamentos de esa nación sería irresponsable y, sobre todo, significaría perder la oportunidad de impulsar una reingeniería constitucional que parta de la revisión de las tesis originales para determinar su vigencia como soporte de un sistema político que, por más de doscientos años se auto presentó como arquetipo y paradigma para las otras naciones del orbe. ¿Puede seguir en ese nicho? Creo que no.

Lo ocurrido el pasado 6 de enero es un parteaguas en la vida democrática de los Estados Unidos. La violenta invasión de la sede del Poder Legislativo por una turba enardecida que exigía revertir el resultado del proceso electoral ha dejado una huella imposible de borrar en la mente de hombres y mujeres que ha vivido en carne propia escenas que resultaban comunes en naciones cuya debilidad institucional las hacía presa fácil de grupos, de distinto signo, empeñados en modificar el statu quo mediante un golpe de Estado.

George W. Bush, expresidente, miembro del partido en el poder, fue contundente al señalar que las imágenes del caos observadas esa tarde en el Capitolio, ubican a los Estados Unidos al nivel de las llamadas “repúblicas bananeras”; de aquellos países subdesarrollados víctimas permanentes de insurrecciones, unas veces fraguados por militares, otras por civiles apoyados por las fuerzas armadas, con la finalidad de derrumbar al gobierno en turno.

Lo lamentable de este hecho es que, quien alentó la asonada del 6 de enero, quien promovió este golpe de Estado cruento en el que fallecieron cinco personas, fue el mismísimo jefe del Ejecutivo federal. Sí, el hombre que el 20 de enero de 2017 juró defender la Constitución y el Estado de Derecho como presidente de los Estados Unidos. Donald Trump, es innegable, faltó a su juramento. Traicionó a los ciudadanos de esa nación, hayan o no votado por él en noviembre de 2016. Sobre todo, puso en vilo a la democracia en América. Alexis de Tocqueville, tiembla en su tumba.

El miércoles 13 de enero, luego de fracasar en el propósito de convencer al vicepresidente Mike Pence de invocar la 25ª Enmienda de la Carta Magna para remover al presidente de la república de su encargo y asumir él la primera magistratura de la nación, Nancy Pelosi, líder de los demócratas en la Cámara de Representante, puso en marcha el Plan “B”, convocar a los miembros de ese órgano legislativo para que votaran un nuevo enjuiciamiento en contra de Donald Trump. convirtiéndose así en el primer jefe del Ejecutivo juzgado en dos ocasiones durante su mandato, acusando esta vez “de haber incitado a una insurrección”.

Se funda esté proceso de destitución en lo que establece el Artículo II, sección 4 de la Constitución de los EU que señala: “El presidente, vicepresidente y los magistrados civiles de Estados Unidos pueden ser destituidos en caso de ´traición, corrupción y otros crímenes o delitos mayores.” Esta acusación formal se votó y, por mayoría simple, 232 a favor y 197 en contra, fue aprobada. De los 435 integrantes de la Cámara de Representantes votaron 429. Fueron 10 los republicanos que sufragaron.

¿Enjuiciamiento? ¿Para qué?

El resolutivo ha sido comunicado a la Cámara de Senadores la cual deberá celebrar el juicio de destitución. Hay que recordar que para que ello pueda ocurrir, un grupo de miembros de la Cámara de Representantes actuará como fiscales, presentando las pruebas y al Senado le corresponde emitir un veredicto, “inapelable”, que deberá contar con el aval de, al menos, dos terceras partes de los cien integrantes de ese cuerpo legislativo.

Recordemos que actualmente hay 48 senadores demócratas, 2 independientes (que suelen apoyar las propuestas demócratas), y 50 republicanos. Un tácito empate que se rompería con el voto de la nueva vicepresidente de los Estados Unidos, Kamala Harris. Pero la mayoría simple no es suficiente, se requiere, como ya lo apuntamos, una mayoría calificada.

¿Cuándo iniciará el proceso? Todo indica que el enjuiciamiento arrancará al día siguiente de que Donald Trump haya dejado de ser el presidente de los Estados Unidos. ¿Entonces, qué sentido tiene este nuevo impeachment? Nos debe quedar claro que no se puede destituir a quien ya no ostenta un cargo, por lo cual, lo que veremos será un juicio político contra el exmandatario, cuyo cuerpo de abogados tendrán que evitar no la destitución, sino la inhabilitación de su defendido.

Esto es, señoras y señores, lo que está en juego en este nuevo enjuiciamiento es la futura vida política del hombre que no aceptó el resultado de las elecciones, que hizo todo lo posible para evitar su derrota, incluso, promover una insurrección, un golpe de Estado. Pareciera el final de su carrera, pero sabemos que Trump ha demostrado tener más de siete vidas, por ello no se debe descartar que, parafraseando al general Douglas MacArthur, vuelva en el 2024.

¿Le han dado la espalda los republicanos? Todo parece indicar que sí. El voto a favor del impeachment en la Cámara de Representantes emitido por 10 republicanos así lo indica. Pero esta ruptura va más allá. Se debe medir contando las renuncias de sus colaboradores, pero, sobre todo, con el desmarque de muchos correligionarios que han hecho pública su descalificación a lo ocurrido el 6 de enero pasado. Algunos mostrando un evidente cinismo, porque no dijeron nada en el momento en el que tenían que hacerlo.

¿Se ha fortalecido la unidad en el partido republicano con la derrota de Trump? Creo que no; por el contrario, son evidentes las grietas que el trumpismo ha provocado al interior del Old Party. No miente Donald Trump cuando advierte – ¿amenaza? – que este nuevo enjuiciamiento puede provocar una reacción violenta en algunos de sus adeptos, que nos son pocos, y los republicanos lo saben. Muchos de los que votaron por él piensan que las elecciones no fueron lo claras que se dice. Tan se ha sembrado una “duda razonable”, que, hasta algunos demócratas, pocos, sí, pero también hablan de falta de transparencia en los comicios de noviembre pasado. Lo evidente es que algunos republicanos, incluso más que los demócratas, están empeñados en poner fin a la carrera política de Donald Trump, lo cual no será una tarea fácil y, al final del día, puede provocar una fractura más honda en ese partido político.

Hay dos posibles escenarios derivados de este nuevo enjuiciamiento: el primero, que se inhabilite al expresidente buscando cerrarle el camino para competir en el 2024, lo cual conllevaría un largo proceso judicial ya que sus abogados intentarán por todos los medios revocar esa decisión que es inapelable, pero no pararan hasta llegar a la Suprema Corte de la Nación. Vale recordar que seis de los nueve jueces que la integran le deben algunos favores a Trump.

El segundo escenario es que Trump transite nuevamente con éxito la aduana del enjuiciamiento, que no se le inhabilite, pero que su estancia en el partido republicano sea insostenible. Si ello sucede, veo “nacer” a un aguerrido candidato independiente para los comicios del 2024, como lo fue Ross Perot en 1992. Recordemos que en aquellas elecciones el presidente republicano George H. W. Bush no pudo reelegirse. Fue derrotado por el candidato demócrata William Jefferson Clinton, quien obtuvo casi 45 millones de votos ciudadanos, en tanto que el candidato republicano alcanzó un poco más de 39 millones de sufragios. Seis millones menos que su principal oponente.

Para algunos analistas de la época, la derrota de George Bush padre, que impidió su reelección, se fundamentó en los casi 20 millones de votos logrados por el candidato independiente. Perot, candidato de derecha extrema, no ganó ningún voto electoral, sin embargo, le restó sufragios a Bush en estados clave. La amplia victoria del exgobernador de Arkansas (370 contra 168), se explica por el voto dividido de los electores de signo conservador. Esta historia se podría repetir en el 2024 si en las boletas aparecen los nombres de Mike Pence y de Donald Trump, el primero candidato republicano, el segundo, por un partido independiente.

La postura de las fuerzas armadas frente al golpe de Estado

La semana pasada apuntamos en este mismo espacio que el fracaso de la asonada impulsada por el todavía presidente no tuvo el resultado que esperaba, uno, porque Mike Pence actuó de manera institucional resistiendo a las presiones de su jefe que le había pedido hacer lo necesario para revertir el resultado. El republicano fue un fiel defensor de la Constitución. Logro preservar, abollados sí, los principios básicos de la democracia norteamericana. Dos, porque las fuerzas armadas se mantuvieron neutrales y en todo momento se negaron a aceptar las presiones presidenciales para acompañarlo en su loca aventura.

Esta postura quedó claramente manifiesta en los que algunos han calificado de “insólita carta” del alto mando militar de EU. Sin duda, derivado de la tensión política provocada por la invasión del Capitolio por seguidores de Donald Trump, los líderes militares de esa nación consideraron necesario recordar a los miembros de las fuerzas armadas cuál es su papel y, sobre todo, que no están sujetas al mandato de un hombre, sino a la constitución. Este mensaje también fue para la ciudadanía en general.

“La violenta protesta en Washington D.C. el 6 de enero, fue un asalto directo al Congreso, al edificio del Capitolio y a nuestro proceso constitucional”, establece la circular dirigida a los miembros del Ejército y firmada por los siete generales y el almirante que conforman el Estado Mayor Conjunto. “Cualquier acto contra el proceso constitucional no sólo atenta contra nuestras tradiciones, valores y juramento; también va contra la ley.”

Así las cosas, Donald Trump concluye su mandato de la peor manera posible. Demasiado tarde ha condenado la violencia que él mismo provocó. Los logros alcanzados en sus cuatro años de gestión han quedado sepultados bajo la lava de un volcán que entró en erupción no sólo por las arengas que él hizo de manera abierta la mañana del 6 enero, sobre todo, por los movimientos telúricos que su ejercicio gubernamental generó a lo largo de esos años.
Algunos columnistas y analistas señalan que se va sólo y silenciado. En lo que a las redes sociales se refiere, es cierto que lo acallaron, para muchos, violentando sus derechos fundamentales, poniendo sobre la mesa la urgencia de un debate producto de la postura de las empresas gestoras de esas redes que se han auto asignado el papel de inquisidores.  

Ángela Merkel ha manifestado su oposición a dicha “facultad”. Andrés Manuel López Obrador, ha anticipado que llevará el tema a la próxima reunión del grupo de los 20. “Hay desacuerdo mundial sobre la censura en redes sociales”, expresó el canciller Marcelo Ebrard en una reciente Mañanera. ¿Gutenberg convertido en censor de los libros que se publican en las imprentas por él inventadas? Vaya paradoja.

Las redes sociales y el Poder

Las redes, las famosas redes sociales.  Ignacio Ramonet, reconocido semiólogo y periodista español, referente de la izquierda, señaló a Mauricio Vicent (El País 11 enero 2021), en entrevista realizada en La Habana, Cuba, que “el Poder que no sepa adaptarse a las redes sociales será el gran perdedor.”

Pocas horas después de que la capital de la isla fuera escenario de una inédita protesta organizada por un grupo de jóvenes artistas cubanos, convocada mediante las redes sociales, en la que demandaron “mayor libertad de expresión”, el que fuera director de Le Monde Diplomatique y autor del libro “Cien horas con Fidel”, opinó que las redes sociales son la expresión de una “auténtica democratización” de la comunicación y del equilibrio de poderes.”

Pero advirtió que éstas “han multiplicado hasta el infinito las capacidades de manipulación de las mentes”, lo que, dice, “ha generado una especie de darwinismo mediático”, por lo que, anticipa que “el poder que no sea capaz de adaptarse a la nueva realidad perderá, pues hoy las redes sociales son el principal espacio de enfrentamiento dialéctico; son el Ágora actual”.

¿Son las redes sociales un espacio real de libertad que sirve para democratizar a la sociedad, o son un espejismo que favorece la manipulación? Enfático expresó: “Son ambas cosas. Las redes son hoy el medio dominante, como lo fueron en otras épocas la televisión, la radio o la prensa. Las redes son la expresión de una auténtica democratización que la revolución internet ha permitido.”

Se refirió a la censura y el Poder. “El que tiene el Poder puede sentirse afectado por las redes, pero debe aceptar que éstas no van a desaparecer; las redes ya están aquí para siempre”. Quien ejerce el Poder, explica, debe adaptarse a esta nueva normalidad comunicacional. “La censura o la negación no sirven de nada. Sólo agravarán el problema. Lo rígido rompe, mientras lo flexible resiste. Por lo tanto, el Poder debe entender que las redes sociales son un nuevo espacio de debate y de confrontación. Constituyen, en el campo político, el principal espacio contemporáneo de enfrentamiento dialéctico, el terreno donde deben dirimirse los grandes diferendos y las principales polémicas. Nuestra Ágora contemporánea.”

El futuro de los Estados Unidos

El miércoles próximo asume la jefatura del Estado y del gobierno el 46º presidente de los Estados Unidos. Lo hace en contexto catastrófico. Ya lo era por la mala gestión de la pandemia, por la grave crisis económica que de ella ha derivado, un reto de enormes dimensiones. Joe Biden inicia ofreciendo un apoyo de 1.9 billones de dólares orientados a contener la crisis pero que, sin duda, le entregará en el futuro cercano facturas difíciles de cumplir.

Recibe a un país dividido, polarizado, fracturado, en el que el racismo y la xenofobia recuperaron, bajo el amparo de un gobierno complaciente, sus expresiones más violentas, mas irracionales. Si todo lo anterior no fuera suficiente, lo ocurrido el 6 de enero, socava los cimientos de la democracia sobre los que se construyó el prestigio, el liderazgo y la dominancia internacional, vulnerada hoy, también, por una diplomacia de horca y cuchillo, gélida e irrespetuosa, auspiciada por quien, al priorizar al “America first”, desarticuló las viejas pero importantes alianzas de los Estados Unidos con el mundo.

¿Por dónde iniciar? Serán tiempos complejos los que habrá de enfrentar Joe Biden, del que muchos dudan cuente con las competencias suficientes para gobernar a esta nación, sobre todo, en estos tiempos difíciles. El también demócrata Franklin D. Roosevelt, al asumir, en 1934, la primera magistratura de la nación, en medio de la Gran Depresión, señaló: “Llego a gobernar a esta gran nación con el apoyo de sus ciudadanos. Tengo claro el enorme reto que ello significa en estas horas en las que millones de compatriotas se han quedado sin empleo y sin esperanza. Es esta una Gran Nación. Pondré mi empeño, y mi enorme fe en Dios, para sacar adelante a nuestro país. Dios bendiga a América.”

Prospectiva.

Lunes 11 de enero de 2021.

Emilio de Ygartua M.

Hace once días desprendimos la última hoja del calendario del 2020. Como usted, amable lector/lectora, en los primeros 12 segundos del nuevo año, pedí que éste fuera menos malo que el que terminaba. La verdad no se necesita mucho para lograrlo. Como un niño, pensé que, al abrir los ojos a la mañana siguiente, la pesadilla habría terminado; pero no. A casi dos semanas de iniciado este 2021, las noticias alarmantes siguen galopando a toda prisa. Si bien las vacunas ya se aplican en muchas naciones, la velocidad con la que se hace es inversamente proporcional a la urgencia derivada del aumento de contagios presentados, incluso, en países que habían sido exitosos durante la primera ola.

Gran Bretaña, que el primer día de enero concretó su divorcio de la Unión Europea, con la que estuvo unida por más de cuatro décadas, no ha tenido tiempo de festejarlo (ni de darse cuenta de lo que en realidad significa para la Pérfida Albión, y sus ciudadanos, esta ruptura), porque una nueva cepa de la COVID-19 ha acelerado los contagios obligando al primer ministro Boris Johnson a decretar un nuevo confinamiento que se alargará, al menos, hasta el 15 de febrero próximo. El gobierno ha decretado el cierre de escuelas y de negocios lo que derivará, sin duda, en un nuevo golpe a la economía británica que apenas iniciaba su recuperación.

Esta nueva variante –en El Salvador se han descubierto seis-, de acuerdo con los reportes de los investigadores, no aumenta la virulencia de la enfermedad, pero sí potencia el riesgo de su contagio, lo cual ha quedado demostrado con el crecimiento en el número de personas infectadas. Lamentablemente, este aumento se ha traducido en un mayor número de hospitalizaciones, lo que ha provocado la sobresaturación de las Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) en varias partes del mundo, incluyendo la Ciudad de México que, nuevamente está en semáforo rojo y en fase de emergencia debido a la reducción de la disponibilidad de camas disponibles con ventiladores. El gobierno federal está tomando medidas para ampliar el número y evitar un colapso.

La doctora Silvia Roldán, secretaría de Salud en Tabasco, comentó a Jesús Sibilla Oropeza, director de “A Fondo” (XEVT 04/01/2021) que una de las causas principales por la cual los pacientes internados pasan a una fase crítica y tienen que ser intubados, incrementando el riesgo de muerte, obedece al exceso de confianza, al descuido. Estas personas, señaló, dejan que la enfermedad avance, se mantienen en sus domicilios, y cuando ya no pueden respirar porque la saturación de oxígeno se ha reducido drásticamente, entonces, hasta entonces, acuden al centro hospitalario. En muchos casos, el desenlace es funesto.

Siguiendo con nuestra entidad, ante el incremento en el número de contagios y, sobre todo, al aumento en el número de hospitalizados, el gobernador Adán Augusto López Hernández, ha dispuesto que las medidas restrictivas tomadas antes de las festividades decembrinas se amplíen hasta el 15 de febrero. Anticipó que, “en caso de llegar al 50% de ocupación hospitalaria”, se tendrá que volver al confinamiento, con lo que ello conlleva para la sociedad y para la economía. El gobierno del estado ha hecho lo necesario para que el binomio salud y economía se mantenga vigente, sin embargo, el comportamiento de muchos habitantes de la entidad que no entienden el riesgo que significa contagiarse es la razón principal de que se hayan elevado los números de infectados. Por ello, hay que tenerlo en cuenta, es muy posible que se tenga que decretar, nuevamente un confinamiento pleno. El jefe del Ejecutivo tabasqueño ha insistido en que la prioridad de su administración será siempre privilegiar la salud por encima de cualquier cosa.

El aumento en el número de hospitalizados ha obligado a revertir las medidas orientadas a la desconversión de hospitales COVID, al tiempo que fortalecer el trabajo articulado que encabeza la Secretaría de Salud con todo el Sector en Tabasco; tarea que ha coordinado la titular de esa dependencia estatal, la doctora Silvia Roldán, cuya vinculación estrecha con las autoridades federales ha sido fundamental para contar con instalaciones, equipamiento, medicamentos y personal calificado para atender esta contingencia sanitaria.

La pandemia se agrava pese a la llegada de las vacunas

Sin duda, las reuniones sociales propias de las festividades de fin de año han sido la causa principal de este aumento en el número de contagios lo mismo en Gran Bretaña que en Alemania, país que el martes de la semana pasada registró uno de sus números más altos de decesos, lo que obligó a la canciller Ángela Merkel, otrora tan felicitada por su buena gestión de la pandemia, a anunciar una extensión del confinamiento. En tanto, en Sudáfrica y Brasil reportan que no tienen espacios para colocar a los muertos. En Tailandia, país que había sido ejemplo en la contención del virus, se padece una imparable ola de infectados. Estados Unidos continúa siendo el epicentro del contagio mundial y del mayor número de fallecidos. Los últimos reportes hablan de colapso del sistema hospitalario en Los Ángeles, California.

Ante este escenario, la Organización Mundial de la Salud (OMS), nuevamente después y no antes, ha señalado que enero será un mes complejo para todo el planeta a causa del incremento de contagios y la mutación del virus que se ha presentado en diferentes partes del orbe. La vocera de ese organismo de la ONU, la doctora Margaret Harris, ha señalado que todo parece indicar que el hartazgo de la población, derivado del largo confinamiento y de las restricciones, ha provocado pensamientos erróneos, “a creer que no me voy a contagiar, que esto a mí no me va a suceder, que la pandemia ya tiene que pasar”. La funcionaria de la OMS considera que esta actitud debe frenarse. “Realmente es un momento en que todos debemos cooperar”.

Desgraciadamente, todo parece indicar que está ganando el individualismo. La visión de que “lo importante soy yo. Que cada uno haga lo que pueda por si mismo”. Esto ocurre, asimismo, en el contexto internacional. El Papa Francisco ha vuelto a levantar la voz condenando lo que califica como “nacionalismo de las vacunas”, caracterizado por un afán inmoral de acaparamiento, incluso de monopolización de las vacunas por aquellas naciones cuya fortaleza económica les permite acceder a la compra de millones de éstas. Visión chata que impide medir el tamaño de una crisis global que afecta a todo el planeta. El número de muertos está a punto de llegar a los dos millones y más de 30 millones de personas se han contagiado. La vacunación debe tener un propósito global.

El Banco Mundial ha previsto un crecimiento del 4% del PIB mundial (México 3.7%), sí, solo sí, la vacunación se acelera y tiene éxito. De lo contrario, esa cifra apenas alcanzará la mitad con la consecuente pérdida de empleos por el cierre de empresas y un nuevo parón de la economía. Lo que es irreversible es el crecimiento de la pobreza a nivel mundial. Como los cangrejos, nuevamente estamos dando pasos hacia atrás.

Duro golpe a la democracia en América

En la última Prospectiva del 2020, anticipamos que Donald Trump no cejaría en su empeño por descarrilar el proceso electoral de noviembre pasado. Con él, la capacidad de asombro siempre en aumento. Ha acudido a todas las estrategias para impedir que el 20 de enero, sí, el miércoles de la próxima semana, Joe Biden y Kamala Harris, juren sus cargos como presidente y vicepresidenta de los Estados Unidos, respectivamente. Incluso, ha sido capaz de promover una especie de autogolpe de Estado que pegó en el corazón del sistema político norteamericano al pretender revertir el resultado electoral.

Su conducta no tiene precedente. Se ha evidenciado no sólo como un mal perdedor, sobre todo, como un peligro para la democracia norteamericana que, lo sabemos, ha sido el estandarte, el paradigma invariable de una nación que adoptó y adaptó las tesis más conspicuas del liberalismo nacido en el siglo XVII en Inglaterra y reformuladas en Francia durante el Siglo de las Luces, dando paso a un protocolo normativo para transitar a una sociedad abierta, libre y democrática, como lo plasmaron los Padres Fundadores en la Constitución de los Estados Unidos de América en 1787.

Lo visto el 6 de enero pasado constituye un nefando precedente ante el cual los norteamericanos no pueden cerrar los ojos. Donald Trump ha rebasado todos los límites. Ha sido el promotor abierto, cínico, de una insurrección de corte fascista que ha lastimado drásticamente la confianza en uno de los principales arquetipos de la cultura norteamericana: su sistema político y su democracia.

Sus arengas, su descarada convocatoria a un grupo de adeptos para que irrumpieran de forma violenta en el Congreso de la Unión a fin de evitar que los senadores y representantes ahí reunidos cumplieran con su obligación de contar los votos emitidos por los colegios electorales e impedir se ratificara, como a final de cuentas ocurrió, la victoria de los demócratas Joe Biden y Kamala Harris.

Ni Mitch McConnell ni Nancy Pelosi, líderes de las mayorías republicana en el Senado y de las mayorías demócratas en la Cámara baja, respectivamente, daban crédito a lo que estaba ocurriendo en la tribuna más alta de esa nación. Un grupo de forajidos, con ropajes inauditos, con la cara pintada, con banderas confederadas entraron al recinto luego de haber escalado el edificio del Capitolio, roto puertas y ventanas, en un evento que dejó cinco personas muertas.

El reloj marcaba las 13 horas del miércoles 6 de enero. El día de la Epifanía, la presentación de los Reyes Magos ante el niño Jesús en Belén, como lo recordó la líder demócrata en la Cámara de Representantes. Nancy Pelosi, antagónica abierta al presidente Donald Trump, hacia referencia a la efemérides sí, pero especialmente al significado histórico, no solo religioso de la fecha. Un día para fortalecer la fe y la esperanza que fue convertido por la turba en una fecha negra para la historia de esa nación.

Al conocer lo acurrido, el presidente electo Joe Biden señaló que la “democracia estaba bajo un asalto sin precedentes”. Es cierto. Recordamos que en el siglo XIX este país atravesó por una etapa de violencia a causa de la Guerra Civil (1861-1867) que escindió a los Estados Unidos en dos bandos. Concluida la guerra, la confrontación no cesó. En 1876, los grupos confederados tomaron el Congreso de la Unión para manifestar su oposición al resultado del proceso electoral determinado por el Colegio Electoral.

Pasada la tormenta, tanto Trump como algunos de los republicanos que lo acompañaron en esta empresa, condenaron lo ocurrido, pero sus huellas son indelebles. Durante semanas estuvieron incitando, mintiendo a sus seguidores, hablando de un fraude pero sin mostrar pruebas contundentes. Presionaron a funcionarios estatales de su mismo partido para que revirtieran los resultados.

Esa mañana, luego de que el mandatario insistiera ante una muchedumbre reunida frente a la Casa Blanca que les habían robado la elección, los conminó a marchar hacia el Capitolio para impedir que los miembros del poder legislativo cumplieran con su obligación y dejó en manos de su vicepresidente, Mike Pence, la tarea de revertir el resultado.

Vale comentar que Pence actuó con gran institucionalidad, aunque en las últimas horas se ha negado a dar el paso que establece la 25ª Enmienda para remover al presidente y asumir el cargo hasta el momento de la transición el 20 de enero próximo. El tiene la mirada puesta en el 2024. Trump, también.

Steven Levistky, politólogo de la Universidad de Harvard, señaló categórico que lo ocurrido: “Fue un intento de golpe de estado incitado por Donald Trump”. Como señaló el republicano y ex presidente George W. Bush, su país se ubicó con ese acto al nivel de lo que los norteamericanos llamaron en los años sesentas del siglo pasado: como una república bananera.

El autor del libro “Cómo mueren las democracias” (2018), ya había aportado en esa obra “señales alarmantes que ponen en riesgo la democracia liberal de los Estados Unidos”. Coincidió con Joe Biden al calificar esta asonada “no como una protesta, sino como una insurrección”. Un evento que nos dejó insólitas escenas de caos y de violencia en el corazón político de ese país. Cinco personas muertas, muchos heridos. Equipos de grabación de medios de comunicación destrozados y la sensación de que la policía no hizo lo necesario para impedir el acceso al inmueble.

Varios medios refieren, sorprendidos, “la facilidad con la que centenares de simpatizantes trumpistas asaltaron el Capitolio” (Antonio Laborde. El País). Este hecho puso en el centro del huracán a las fuerzas policiales de la ciudad de Washington, que justificaron lo ocurrido señalando que “no estaban preparados para contener una turba”, argumento endeble ya que esta manifestación convocada bajo el lema “Salvemos a Estados Unidos”, se anunció desde varias semanas atrás, por lo que era obligado tomar medidas preventivas lo que, es obvio, no ocurrió.

La renuncia del jefe de la policía del Congreso, Steven Sund, que se hará efectiva hasta el próximo 16 de enero (hay que cobrar la quincena), era obligada, pero no es suficiente. A esta dimisión se han sumado, pero por otra razones, varios miembros del equipo del presidente Trump que aducen no estar de acuerdo con lo ocurrido. Un poco tarde para arrepentirse, ya quedaron marcados por la historia, si no por la acción, al menos por la omisión.

Levistsky no se muestra sorprendido por lo ocurrido al responder a las preguntas de la BBC: “He estado esperando aterrorizado este día en la democracia estadounidense por los últimos cuatro años. Cada día durante cuatro años. Nuestra democracia está en crisis severa y esta es la culminación de ello. Pero no es que se sale de la nada, nuestra democracia ha estado entrando en crisis por varios años y creo que seguirá así.” El politólogo norteamericano señala que el objetivo de Trump de mantenerse en el poder mediante un autogolpe de Estado, como ha ocurrido en muchos momentos en latinoamérica, falló porque en ningún momento logró tener el apoyo de los militares.

Sí, ha sido un golpe fallido. La pregunta que flota en este momento en el espeso ambiente norteamericano, es si su modelo de democracia logrará sobrevivir este evento. Es deseable que, como ocurrió en España en los albores del renacimiento de su democracia (1981), derivado del intento de golpe de Estado liderado por el coronel AntonioTejero Molina, surja en los Estados Unidos una especie de “Pacto de la Moncloa” entre demócratas y republicanos que permita una reingeniería del sistema electoral, sí, pero que, sobre todo, contribuya a restañar las heridas, mitigar las amarguras y atemperar las agitadas aguas provocadas por un trumpismo movido por las aspas de un nacionalismo exacerbado, de una xenofobia patética y de un populismo inmoderado.

Esa nación está dividida, fracturada. La pregunta es si los republicanos depondrán las armas, especialmente los hipócritas que hoy se llaman sorprendidos por el escalamiento de la violencia que su líder y ellos cobijaron. ¿Serán los demócratas capaces de atemperar los ánimos antípodas que ya luchan abierta y claramente por el control de su partido?. ¿Podrán los demócratas moderados aceptar las propuestas de las izquierdas y éstas entender que Roma no se construyó en un día, pero si se destruyó en uno sólo?

No se si proceda el enjuiciamiento a Donald Trump que ya ha decidido no asistir a la ceremonia de juramentación. Nadie cree en su buena fe, en su comprimiso de promover una transición armónica; mucho menos Nancy Pelosi quien ha solicitado al jefe del Pentágono cancelar toda posibilidad de que el jefe de la tribu que arremetió contra la democracia en América, en un acto más de locura, pueda apretar el botón atómico. De este tamaño es el miedo en esa nación, y en el mundo entero, luego de lo ocurrido en el día de la Epifanía, que terminó en tragedia. Feliz año nuevo.

Prospectiva.

Emilio de Ygartua M.

Lunes 21 de diciembre 2020.

El lunes de la semana pasada los Colegios Electorales de los cincuenta estados de la Unión Americana se reunieron, como mandata su Carta Magna, para emitir su voto de acuerdo con los que la ciudadanía decidió el pasado 3 de noviembre. Donald Trump hizo todo lo posible para impedir que su oponente demócrata fuera ratificado, todo fue en vano. Varios millones de dólares se gastaron en abogados con el propósito de impedir que Joe Biden se convierta en el 46º mandatario de esa nación. Dinero aportado por los fieles adeptos del empresario neoyorquino que ahora servirán para pavimentar el camino de su ya anunciada campaña para volver a la Casa Blanca en cuatro años.

El todavía presidente de los Estados Unidos no acepta, ni aceptará, su derrota.  Cree firmemente que las elecciones fueron fraudulentas aunque sus abogados jamás pudieron demostrarlo. No le queda de otra, el próximo miércoles 20 de enero deberá entregar la estafeta a su oponente demócrata quien obtuvo casi 4 millones de votos ciudadanos más que él. Lo derrotó con las mismas cifras que él venció a Hillary Clinton en el 2016: 306 contra 243 votos electorales. En razón de lo anterior, quien fuera vicepresidente durante el mandato de Barack Obama, ha sido formalmente designado presidente electo de los Estados Unidos. 

En su discurso posterior a la confirmación de su victoria pidio dar vuelta a la página, dejar atrás el proceso electoral más controvertido de la historia de los Estados Unidos, no sólo por la resistencia de su opositor republicano a aceptar el resultado, además, por las circunstancias inéditas en las que se realizó este proceso electoral.  La pandemia obligó a modificar de manera drástica la agenda de los dos candidatos presidenciales, cancelando mítines y eventos tradicionalmente orientados a reunir a sus adeptos. La jornada electoral evidenció esa circunstancia obligando a que un muy alto porcentaje de los electores sufragaran anticipadamente y a través del correo.

Quedará para la historia el comportamiento Donald Trump quién pasando por encima de las recomendaciones de su propio equipo médico, realizó eventos que no sólo pusieron en riesgo su salud, la de sus colaboradores, de su familia, también la de sus seguidores que, como él, se negaron a usar cubrebocas y a aceptar los riesgos que conlleva esta enfermedad que ya ha infectado a más de 15 millones de norteamericanos y provocado la muerte de un cuarto de millón de personas en ese país.

Como bien señaló Joe Biden, la democracia estadounidense “ha sido presionada, puesta a prueba y amenazada”, no obstante, señaló: “demostró ser resiliente, verdadera y fuerte”. Efectivamente, como nunca, este proceso electoral puso en entredicho las bases del modelo democrático diseñado por los fundadores de esa nación. Lo ocurrido, considero, merecería una revisión de las mismas ya que, por énesima ocasión, el sistema ha mostrado debilidades que deben ser atendidas para evitar que en el futuro se presenten nuevos conflictos y se fracture más la vida interna, se ponga en riesgo la gobernabilidad del país. Nadie puede echar en saco roto que esa nación está dividida y que Donald Trump buscará que el capital político que representan sus más de 70 millones de votantes, descarrilen al gobierno demócrata, ya que no pudieron evitar su arribo a la Casa Blanca. 

No obvio mencionar lo peligroso que resulta que grupos adherentes al candidato republicano hayan tomado las calles, llegado a las puertas de la mismísima Casa Blanca para demandar que se reconociera el triunfo de su candidato y adviertieron que llegarían hasta las últimas consecuencias para evitar que Joe Biden tome posesión el próximo 20 de enero. No se puede evitar el temor, la preocupación por estas amenzas que en un país en el que cuatro presidentes han sido víctimas mortales de atentados, no se pueden tomar a la ligera: Abraham Lincoln (1865), James A. Garfiell (1881), William McKinley (1901), todos ellos republicanos, y el demócrata John F. Kennedy (1963. En 1981, el 30 de marzo, 69 días después de haber asumido la presidencia, el republicano Ronald Reagan, fue herido con arma de fuego en un atentado del cual sobrevivió.

“Ni antes ni después, todo a su debido tiempo”

Pocos días después de las elecciones del 3 de noviembre, cuando algunos medios de comunicación daban por hecho que Joe Biden había logrado, al menos, los 270 votos electorales necesarios para ganar la presidencia, muchos jefes de Estados y de gobierno se comunicaron personalmente o enviaron mensajes felicitando al candidato demócrata. Algunos, como Vladimir Putin, Xi Jinping y Andrés Manuel López Obrador, se abstuvieron. Los dos primeros no dieron explicaciones, se especuló que la razón derivaba, de parte del presidente ruso, de su muy conocida buena relación con Donald Trump. Por lo que respecta al jefe del gobierno chino, su actitud podría estar fundada en las ríspidas relaciones entre ambos países, si bien se supone que con Biden la situación puede cambiar, pero, al momento, existen justificadas dudas de parte del gobierno asiático de que eso ocurra, cuando menos en el corto plazo.

El pragmatismo de estos dos jefes de Estado no fue tan criticado como ocurrió con el mandatario mexicano. Su negativa a externar su reconocimiento, fundada en que no había sido formalmente declarado ganador, fue calificada por los opuestos al régimen de grosería. No son pocos los que vaticinan que esa decisión conllevará un trato “frió” del nuevo mandatario. 

Andrés Manuel López Obrador basó su decisión en una tesis, para algunos fuera de época, basada en los principios de no intervención y de autodeterminación de los pueblos (“Entre los individuos como entre las naciones el Derecho al respeto ajeno es la paz”), pero que para el jefe del Ejecutivo mexicano son paradigmas indeclinables. Comparto esa visión, muy importante en estos tiempos de globalidad en donde las fronteras físicas parecen tan endebles.

Para él era imprescindible que el Colegio Electoral cumpliera con su función y, como ocurrió, declarara formalmente ganador al candidato demócrata. Todavía falta que el próximo 6 de enero el triunfo de Biden sea confirmado por el Poder Legislativo. Una señal inequívoca de que ello ocurrirá se dío el martes pasado cuando el líder de la mayoría republicana en la Cámara de Senadores, Mitch McConnell, el conservador más poderoso de Washington, reconoció, por primera vez, la victoria del demócrata. 

Así las cosas, el presidente de México consideró que era el momento para externar su felicitación a quien será su compañero de viaje los próximos cuatro años. Lo hizo mediante una carta en la que, de entrada, enfatizó que deben ser los dos principios arriba mencionados los ejes centrales de la relación entre ambos gobiernos: no intervención y autodeterminación; al tiempo que expresó su confianza en que habrá una relación fructífera en un tema muy importante, para ambas naciones: la migración. Hizo referencia a una reunión celebrada con él, nueve años atrás, en la que, recordó, hubo muchas coincidencias.

El director editorial de Excelsior, Pascal Beltrán del Río, en su columna publicada el miércoles próximo pasado, presenta una larga relación de los textos de felicitación enviados por jefes de Estado y de gobierno, en los que la frase en común es “trabajar juntos”. La omisión de esa frase en el mensaje del mandatario mexicano, deduzco, es para el autor de la columna, una nueva errata diplomática. No tengo duda que si la hubiera incorporado en la carta, no faltaría quien lo acusará de “entreguista”.

Para reducirle la angustia a él y a los contras, en el marco de su visita al estado de Yucatán, teniendo como testigos al gobernador de esa entidad y al canciller Marcelo Ebrard, llamó por teléfono a quien pronto será su homólogo, lo felicitó nuevamente, le ofreció trabajar juntos por el desarrollo de sus países y le enfatizó que la mejor forma de evitar las olas migratorias hacia su país es generar bienestar en los países del sur, en particular los centroamericanos. ¿Calmará esta llamada a los agoreros del desastre? Vale recordar la frase de Don Enrtique González Pedero: “Ni antes, ni después, todo a su debido tiempo.”

La historia ha demostrado que la relación entre ambos países no está fundada en declaraciones de amor o de amistad. Vicente Fox y su canciller Jorge Castañeda, lo saben muy bien. De nada sirvieron los halagos y el trato lisonjero otorgado a George W. Bush durante su visita al rancho del primero. Los gringos, estimados lectores, son mucho más pragmáticos de lo que todos pensamos. Sus relaciones internacionales están basadas en intereses. Asi han sido, así será siempre, no importa la filiación partidaria del mandatario en turno.

La relación con Joe Biden no estará fundada en la decisión de AMLO de retrasar el envio de una misiva para felicitarlo; se sustentará en los intereses y en las conveniencias del nuevo gobierno de esa nación. Seguiremos siendo, como ocurre desde que por la fuerza de las armas nos arrebataron una buena parte de nuestro territorio, “vecinos distantes”, como de manera muy clara lo describió Alan Ridding en su obra homónima publicada a finales de la década de los ochenta del siglo pasado. Se trata de geopolítica, estimados lectores. México tiene un lugar estratégico en el contexto mundial y debe aprovecharlo. 

El nuevo mandatario de los Estados Unidos arribará a la presidencia en medio de un escenario sumamente complejo, no sólo por la oposición de millones de norteamericanos que no creen que ganó limpiamente la contienda. No obstante ser un presidente legal y legítimo, su gobierno deberá hacer un enorme esfuerzo para convecer a los fieles seguidores de su oponente republicano. Además, enfrentará, primero, una crisis sanitaria desbordada que, pese a que ya se están aplicando las primeras vacunas, tardará en retornarse a un estadio de normalidad. Segundo, una crisis económica severa que ha dejado sin empleo a millones de estadounidenses, cifra que crecerá a finales de este año cuando concluyan los contratos temporales de muchos trabajadores eventuales.

La pobreza ha crecido, en Estados Unidos y en el mundo.  En el vecino del norte habrá una mayor presión social que lo que obligará a la nueva administración a aplicar las recetas contracíclicas de tipo keynesianas que lograron sacarlos de las crisis de 1929 y de 2008. Más Estado significará aumento de impuestos, lo que provocará la molestia de los empresarios que hace tres años aplaudieron rabiosamente la reducción de impuestos decretada por el gobierno de Trump, sin importarles que ese apoyo provocaría un crecimiento del déficit fiscal, que se ha sumado al déficit de la balanza comercial derivado de la reducción de la capacidad de producción interna sustituida con importaciones, la mayoría provenientes de China y de México. 

La nación asiática nuevamente es el primer socio comercial de los estadounidenses, pese a las controversias políticas existentes con el presidente republicano. Han desplazado a México a un segundo lugar que, no obstante, ha sido suficiente para alcanzar un superavit en nuestra balanza comercial con el vecino del norte en este muy complejo 2020.

Joe Biden estará obligado, primero que todo, a ver hacia el interior de su país. Es probable que adopte algunas medidas proteccionistas. En su programa de gobierno se señala como prioridad fortalecer a su mercado interno lo que derivará en un “America firt” más light, sí, pero que buscará el retorno de las empresas norteamericanas y extranjeras con la finalidad de revertir la pérdida de empleos y fortalecer la capacidad de consumo del mercado interno poniendo énfasis en la producción local. 

Como en 1929-33, el mercado norteamericano tenderá a “nacionalizar” su consumo, lo que afectará México, y a China, reduciendo el volumen de sus exportaciones. Como entonces, es la oportunidad de volver a impulsar un proceso de industrialización interno y fortalecer nuestro mercado interno lo que conlleva impulsar la creación de más y mejores empleos, que requiere un cambio en la relación gobierno-empresarios. 

Una contracción de la inversión foránea y de las compras del exterior, obliga, primero, a impulsar la inversión interna, lo que requiere de un mayor concurso del sector privado nacional. Para ello, es urgente construir un puente sólido y confiable, fundado en reglas claras y en una observancia plena del Estado de derecho por ambas partes. Lograr acuerdos en temas como el outsourcing y evitar ruidos innecesarios como el de la reforma al Banco de México, pueden ser el inicio de una nueva relación más fructífera.

Segundo, es urgente diversificar nuestra dependencia. Sin duda el T-MEC es una herramienta valiosa para atraer inversión externa, pero no basta en estos tiempos de incertidumbre. Voltear los ojos a China, cosa que asusta a los empresarios ortodoxos, se vuelve una alternativa real, que ayudaría ampliar nuestras expectativas comerciales. El nuevo tratado de libre comercio signado por 14 países de esa región lo convierte en una alternativa para nuestro comercio. Lo mismo ocurre con la Unión Europea. La canciller española estuvo recientemente en nuestro país para acelerar la firma de un nuevo acuerdo comercial con esa asociación de naciones del viejo continente.

No se ha cacareado lo suficiente, pero el ferrocarril transísmico, que unirá a Salina Cruz y Coatzacoalcos, a los océanos Pacífico y Atlántico, ahorraría un poco más de 3 mil kilómetros de recorrido a los barcos que llevan mercancías de América y Europa a Asía y viceversa. Es urgente darle velocidad a esa obra de infraestructura y darle viabilidad a un proyecto que desde el siglo XIX se ha considerado muy importante para el comercio internacional. El Tratado McLane-Ocampo, que afortunadamente para México no se concretó, planteaba la entrega, a perpetuidad del Itsmo de Tehuantepec, antes de que se considerara la construcción del Canal de Panamá.

México tiene que apostarle a la innovación portuaria y recuperar el proyecto de las Zonas Económicas Especiales, prostituidas durante el sexenio de Peña Nieto. Asimismo, tenemos que incrementar nuestra eficiencia productiva y dejar de atraer al capital externo con mano de obra barata. El T-MEC establece el compromiso de México de elevar los ingresos de los trabajadores. Como bien señala Enrique Quintana, director editorial de El Financiero, que suele ser un crítico de algunas medidas del gobierno de la 4T, pero siempre de manera respetuosa y con argumentos, el incremento del 15 por ciento que se ha dispuesto para los Salarios Mínimos no tiene por qué tener un efecto inflacionario. 

Es un incremento fuerte, es cierto, pero todavía se está lejos de que el salario retorne a los niveles de 1977. No podemos seguir con salarios similares a Haití o Belice. Dejemos atrás las estrategias fundadas en la oferta de “mano de obra barata” y recursos naturales a bajos precios, apostemos por la innovación tecnológica, las energías limpias, la investigación y el tránsito hacia una economía circular, de la que prometo escribir en mi colaboración del 11 de enero del 2021, luego de hacer una pausa en medio de esto confinamiento al que continua oblignado la Pandemia. Escribiremos también sobre las obras anunciadas para Tabasco para el año próximo que ayudará mucho a la recuperación económica de la entidad y que evidencia la magnífica relación entre el mandatario federal y el gobernador de la entidad, Adán Augusto López Hernandez.

Deseo felices fiestas a todas y todos nuestros lectores y un año nuevo menos incierto, con salud y bienestar. Cuidense mucho por favor. Hagamos caso de las recomendaciones. 

Prospectiva.

Emilio de Ygartua M.

Lunes 14 de diciembre 2020

Resulta esperanzador que en estos momentos en los que se está observando un incremento en el número de contagios a nivel planetario y un aumento en el número de hospitalizados y fallecidos, escuchemos noticias alentadoras sobre las vacunas que, desde el inicio de la pandemia, se han venido desarrollando en muchos países. En algunos de estos, incluso, ya se están aplicando, en primer lugar, a los trabajadores del sector salud que se han rifado el físico, con muchas bajas a lo largo de los 11 meses de lucha contra una enfermedad en extremo virulenta. En México ya se ha autorizado el uso, por emergencia, de la vacuna producida por PfizerBioNTech.

Preocupa, y mucho, que en esto de la distribución mundial de las vacunas prevalezca la teoría del más fuerte, o del más rico, lo que ha derivado en una concentración en pocas manos, o en pocos países, para ser más precisos. Antes de irse, Donald Trump ha firmado una orden tan arbitraria como ha sido su proceder a lo largo de su mandato. El objetivo de ésta es que las vacunas financiadas por Estados Unidos sean para ellos y para nadie más; para los estadounidenses.

En esto del agandalle también participa Canadá que ha duplicado su pedido original a la farmacéutica Moderna, pasando de los 20 millones iniciales a 40 millones de vacunas, de las cuales, cerca de 400 mil llegarán en pocos días. Justin Trudeau, el primer ministro, quien había sido criticado en noviembre pasado al revelar que su país no sería el primero en la fila para una eventual vacuna debido a la incapacidad de fabricación local, se puso las pilas y ha colocado al país de la hoja de maple en el número uno de la clasificación mundial de contratos de vacunas. Este país ha asegurado el número suficiente de reactivos como para inocular a 152 millones de personas,

¿Qué significa lo anterior? Que tendrán suficientes dosis, que ya cuentan con la autorización de Health Canada, para vacunar cuatro veces a cada uno de sus habitantes, por delante de Reino Unido con 2.95 vacunas per cápita, y Australia, con 2.69 vacunas por habitante. Esto es indignante. Lo es, desde luego, la abusiva concentración de la riqueza en pocas manos y en pocas naciones, pero que ello permita la monopolización de la compra de estos fármacos, negando la esperanza de la salud a miles de millones de personas golpeadas sin misericordia por esta pandemia que sumará más de 250 millones de personas a la pobreza extrema en el mundo, es una vergüenza. Mucho más que la ONU no esté haciendo nada para evitarlo.

Las vacunas: ¿Universales?

El protocolo dispuesto por la OMS establece como prioridad vacunar primero a los trabajadores de la salud y, en seguida, a los adultos mayores, cuyas comorbilidades los ubican en una franja de alto riesgo. Las estadísticas no mienten, han sido los mayores de 60 años los que más han fallecido por la pandemia, por lo cual se justifica que sean, luego de los doctores, enfermeras y trabajadores de la salud en general, los siguientes en recibir la dosis que les permita generar inmunidad contra este virus.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha sido insistente en señalar que la vacuna no erradicará de tajo esta pandemia que estará con nosotros un buen tiempo, por lo que la nueva normalidad en la que vivimos desde hace más de diez meses será, obligadamente, el escenario en el que debemos continuar actuando, pero con mayor responsabilidad. Es muy fácil echarles la culpa a las autoridades, pero ellas no pueden estar vigilándonos todo el tiempo, somos nosotros los que debemos cumplir con las reglas establecidas desde hace varios meses.

En lo que a México se refiere, las cifras de contagios y el número de fallecimientos nos mantienen entre los primeros lugares a nivel mundial. Los opuestos al régimen se niegan a aceptar que las dificultades que ha enfrentado el sector tienen que ver con insuficiencias en infraestructura y en recursos humanos heredadas de gobiernos anteriores que redujeron de manera criminal los recursos destinados a atender la salud de las y los mexicanos. Hospitales inaugurados con pomposas ceremonias pero que no contaban con el equipamiento necesario, ni con el personal adecuado, sumado a un sistema de adquisición de medicamentos que beneficiaba a grupos monopólicos locales. Todo ello configuró un escenario muy adverso para enfrentar los retos de una contingencia sanitaria que no tiene parangón.

El viernes próximo pasado, el tabasqueño Juan Antonio Ferrer, director del Insabi compareció ante el Senado de la república. Señaló que el organismo que él dirige “es una evolución de los servicios de salud, pero 40 años de rezago no se corrigen de un día para otro”. Destacó que, para enfrentar los efectos del coronavirus en las personas infectadas, que son atendidas en 981 centros de salud del país, se adquirieron 5,291 ventiladores, con una inversión superior a 4 mil millones de pesos. Asimismo, se realizó la contratación de 18,886 trabajadores de la salud para 30 estados. Además, se reconvirtieron 351 hospitales del país y en cuanto a camas de terapia intensiva se pasó de 3 mil 552 a 11 mil 265 entre los 32 estados. Se amplio el número de médicos especialista, médicos generales, enfermeras generales, enfermeras especialista e inhaloterapeutas.

Por ello resulta inaudito que secretarios y funcionarios del Sector Salud de anteriores administraciones, se hayan convertido en las principales voces críticas de las medidas tomadas por la actual administración. Es cierto que la autoridad sanitaria ha tenido muchas inconsistencias en temas como los protocolos de atención y sobre el uso del cubrebocas. No ayuda que el presidente de la república se niegue a poner el ejemplo utilizando esta herramienta que ha demostrado ser un protector eficaz contra el contagio.

Preocupante, también, el elevado número de fallecidos. El tiempo dará información precisa para evaluar las acciones del sector, pero no se puede dejar de considerar que somos un país que desde hace varias décadas adoptó una cultura alimentaria que prohijó graves enfermedades que han minado el cuerpo y la salud de la sociedad. Es paradójico que en un país con tan elevado nivel de pobreza y marginación haya niños, adolescentes y adultos con comorbilidades derivadas de una mala alimentación resultado de la ingesta cotidiana de refrescos embotellados, de la compra de cigarrillos y de bebidas alcohólicas, todas ellas con altos precios que, sin embargo, no han logrado inhibir su consumo, pero sí han contribuido a mermar tanto la salud como el ingreso, de por sí raquítico, de los que menos tienen.

El presidente Andrés Manuel López Obrador, en la reunión virtual del grupo de los 20 países más ricos del planeta, insistió en la necesidad de apoyar primero a los pobres y en trabajar a favor de una nueva cultura alimentaria. Esta propuesta no es del agrado de las transnacionales que se han enriquecido con la venta de refresco, de comida chatarra, de cigarrillo y de bebidas alcohólicas. Tienen que entender que, de seguir suministrado esos venenos a la población, se van a quedar sin clientes. Hay empresas que están financiando investigaciones orientadas a reducir los índices calóricos de los alimentos y eliminar el azúcar en preparación de las bebidas carbonatadas. Por algo se empieza.

Por cierto, ahora que el agua se ha convertido en un generador de riqueza bursátil (ya cotiza en Wall Street), las empresas que desde hace varios años le han apostado a la venta de agua, saben el enorme potencial que tiene este líquido cuya escasez lo convertirá pronto en una mercancía de valor incalculable. El ejemplo que daba Adan Smith (“La riqueza de las naciones”) al explicar que el enorme valor de los diamantes derivaba de su escasez, en contrario al agua que, por su abundancia, tenía un “valor cero”, se puede convertir en una paradoja inversa. Es muy factible que en un futuro no muy lejano haya quienes ofrezcan un diamante por un vaso de agua.

Esta “revalorización del agua” puede contribuir a acelerar el desarrollo económico y social para regiones como la nuestra, con abundancia de este recurso que, es urgente y prioritario, dominar, controlar y acelerar su potabilización para incorporarlo a la cadena productiva como una ventaja comparativa y competitiva para muchos inversores locales, nacionales e internacionales. Veo a Tabasco como una importante productora de fármacos, de productos agropecuarios, ganaderos, silvícolas y pecuarios.

Durante décadas el petróleo ha sido el factor preponderante para el desarrollo mundial también motivo de muchos conflictos bélicos. Tabasco es un ejemplo de los efectos del boom, pero también de su decline. El agua será el sustituto de los hidrocarburos como motor del desarrollo sostenible, especialmente ahora que se ha bursatilizado y que muchas naciones, al mas puro estilo del colonialismo de los siglos XVI y XVII, buscarán acceder y controlar ese valioso recurso, controlando los precios a futuro como cualquier otro commodity. La geopolítica del agua será el componente principal de la seguridad de las naciones en los años por venir. México, un país con enormes reservas en el Sureste, debe estar preparado para lidiar con ello y sacarle provecho.

El futuro de las energías fósiles y la economía circular.

A nadie le debe quedar la menor duda de que el ciclo económico fundado en las energías fósiles está llegando a su fin. Las reservas de petróleo y gas siguen siendo importantes, sin embargo, las evidencias irrefutables de que el uso de estos comburentes está acelerando a marchas forzadas la degradación del medio ambiente, hace necesario generar políticas públicas orientadas a impulsar el uso de las llamadas energías limpias.

Muchos países han modificado el marco jurídico para garantizar una transición ordenada y claramente definida en un cronograma vinculado a acuerdos internacionales como los de París, o a la Agenda 2030 impulsada por la ONU. A empujones y tirones, pero muchas naciones, y muchos de sus ciudadanos, han atendido y entendido la urgencia de tomar en serio el asunto del cambio climático derivado del incremento del calentamiento global y de la contaminación de los mantos acuíferos y del aumento de las emisiones de CO2.

Un paso histórico lo ha dado Dinamarca. Su gobierno ha presentado un plan cuyo objetivo es detener por completo la extracción de combustibles fósiles de aquí al 2050. Como parte de este proyecto, este país ha determinado el fin de las exploraciones de petróleo y gas en el mar del Norte, zona situada entre las costas danesas y noruegas y parte del Océano Atlántico. “Ahora ponemos un final definitivo a la era de los combustibles fósiles”, afirmó el ministro del Clima, Dan Jorgensen. Desde luego, esta medida tendrá efectos en el mercado de hidrocarburos que conoceremos en pocos días.

Joe Biden ha anticipado su compromiso de revertir las decisiones de quien pronto será su antecesor, abiertamente opuesto a aceptar las tesis y las propuestas orientadas a enfrentar un problema que merece toda la atención. Quien tomará posesión como el 46º presidente de los Estados Unidos se ha comprometido a que su país cumpla con los acuerdos de París y la agenda 2030. Sin abandonar totalmente las estrategias para sacar el mayor provecho a los yacimientos petroleros existentes en su territorio, ha ofrecido un tránsito expedito hacia las energías alternativas.

México debe tener en cuenta lo anterior. El Tratado Comercial recientemente reformulado con Estados Unidos y Canadá (T-MEC), establece compromisos en ese sentido. Lo que se observa, de entrada, es que en un mediano plazo nuestro país será maquilador de vehículos de combustión para el mercado interno y que los autos eléctricos serán fabricados por nuestros socios en sus territorios, los cuales nos serán vendidos a través de sus agencias locales lo que agudizará nuestra dependencia y retrasará nuestra inserción plena al mundo de las energías alternativas. A nuestro país le urge cambiar su modelo de economía lineal por un modelo de economía circular, tema que abordaremos la próxima semana en este mismo espacio.

De todo un poco.

La propuesta de desaparecer o replantear la operación del outsourcing permitió sentar a la mesa al sector empresarial con el gobierno para buscar alternativas que atiendan las preocupaciones de ese sector, pero sin revertir el propósito de poner punto final a malas prácticas que, no hay duda, vulneran los derechos de los trabajadores. No existe un punto de encuentro que satisfaga a las partes, pero sí un compromiso signado la semana pasada que, por ahora, “patea el bote” hasta febrero del próximo año. Carlos Salazar Lomelí, dirigente del CCE, firmó, a nombre del sector empresarial, un documento de cuatro puntos leído por la secretaria del Trabajo, Luisa María Alcalde. Este acuerdo produjo un cisma en ese sector, de un lado, el CCE y CONCAMIN, del otro, COPARMEX, CANACINTRA y la CNA. Estos últimos, de plano, se negaron a signarlo. En un desplegado dejaron asentada su oposición y enfatizaron que, para ellos, es un error desaparecer este modelo de subcontratación ya que, dicen, generaría desempleo y desaliento para la inversión de empresas extranjeras. No es de extrañar la postura de Gustavo de Hoyos, abierto opositor a la 4T, quien, por cierto, ha dejado la dirigencia de ese sindicato patronal. Su lugar lo ocupa ahora José Medina Mora quien ha ofrecido dialogo y cooperación con el gobierno. Tengo mis dudas si la beligerancia de Hoyos se atenuará con la llegada de este nuevo líder, hermano de Eduardo Medina Mora, funcionario de los gobiernos de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, que lo ubicaron como ministro de la Suprema Corte, cargo al que renunció cuando al filtrarse información sobre ingresos no declarados derivados de su participación en una empresa en la que es, o era, socio precisamente del nuevo dirigente de COPARMEX…La renuncia de Alfonso Romo como responsable de la Oficina de la Presidencia, ahora desaparecida, se suponía de tiempo atrás. Desencuentros con el grupo duro de la 4T y su desgaste con el sector empresarial por acuerdos no cumplidos por el gobierno, hacían difícil su trabajo. El arribo a la Secretaría de Economía de Tatiana Clouthier, una mujer con mucha sensibilidad y con el talante para defender sus posturas, se considera llenará el vacío generado por la renuncia de Alfonso Romo. Habrá que darle tiempo para demostrar que, yo así lo creo, cuenta con las competencias necesarias para encabezar una dependencia cuyo papel en la reactivación económica será fundamental…Ni siquiera Gerardo Esquivel, vicegobernador del Banco de México, aliado indiscutible de la 4T, está de acuerdo con la reforma impulsada en el Senado por Ricardo Monreal, para regular el ingreso de divisas al país. El zacatecano defiende su reforma, pero el gobernador de esa institución todavía independiente, Alejandro Díaz de León, señala que con ella “peligran las relaciones financieras internacionales, sobre todo con los Estados Unidos.” Ojalá en la aduana de la Cámara de Diputados se haga una reflexión sobre estos riesgos innecesarios…Hablando de Estados Unidos, hoy es un día clave en el proceso sucesorio. El Colegio Electoral deberá ratificar el triunfo de Joe Biden. Donald Trump ha fracasado todos sus intentos por revertir el resultado. La Suprema Corte le dio el golpe final. No le queda de otra que hacer sus maletas y entregar el mando el 20 de enero próximo. Muy preocupante que sus radicales seguidores estén calentando el escenario, entre ellos el señor Flynn, recién exonerado por Trump.

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar