Prospectiva.

Emilio de Ygartua M.

Lunes 7 de diciembre de 2020.

Recién iniciamos el último mes de este tan difícil año. Hace unos días un amigo me corrigió la plana cuando expresé que el actual es un año para el olvido. Sin duda tiene razón. Éste será un año que recordemos el resto de nuestras vidas. Hace algunas décadas (1982), Mel Gibson y Sigourney Weber, protagonizaron una película denominada “El año en que estuvimos en peligro”, cuya trama se desarrolla en Yakarta (1965) en los momentos en los que una insurrección comunista busca derrocar al presidente de Indonesia, Sukarno. Esa revolución justificaba el nombre del filme. Esta pandemia, sin duda, justifica calificar al 2020 como el año en que estuvimos en peligro como humanidad.

Esta crisis sanitaria y económica nos ha obligado a repensar nuestro futuro, el cual, paradójicamente, se nos ha adelantado. Hace un par de años, Andrés Openhaimer publicó el libro “Sálvese quien pueda”, segundo de la trilogía en la que debate sobre el futuro de la educación a nivel planetario y del reto que conlleva la desaparición, por efectos de la 4ª. Revolución Industrial, de más de 700 de los tipos de empleos actuales. 

La digitalización y la robotización han llegado a un estadio en el que se anticipa que muchas personas quedarán sin trabajo si no adquieren nuevas competencias que los mantengan “vigentes” ante la rápida obsolescencia de las competencias genéricas y profesionales que obtuvieron en las aulas. Especialmente las instituciones de educación superior están obligadas a ofertar a sus estudiantes, a sus egresados, a los adultos mayores, competencias suaves para enfrentar estos nuevos retos: trabajar en equipo, resolver problemas, ética, cultura general e idiomas, entre otras. 

El pronóstico de los investigadores de Harvard se cumplió más rápido de lo esperado. La pandemia por la COVID-19 no sólo nos forzó a cumplir con la “sana distancia” y a adaptar y adoptar hábitos de sobrevivencia fundamentales; además, el confinamiento y el paro de muchas actividades económicas obligó a acudir a modelos digitales para acceder a satisfactores, antes, al alcance de la mano. Al tiempo que cerraron muchas empresas, otras se reformularon y, junto con las de nueva creación, se alinearon a las nuevas condiciones del mercado. 

La crisis económica por la pandemia, según datos del INEGI, propició el cierre de casi 400 mil negocios, lo que en números relativos significa una pérdida del 8% de los establecimientos que operaban en 2019. Entre los servicios privados no financieros más afectados están los restaurantes y los hoteles y, por consecuencia, aquellos estados con mayor presencia turística. Los pronósticos más optimistas señalan que será hasta el 2023 que este sector recupere las cifras alcanzadas en el 2019. 

La demografía de los negocios, graficada en la sección Económica de Excélsior (03/12/20), muestra que este año han cerrado 1 millón 10 mil 857 negocios. Restando los 619 mil 443 que se abrieron, nos arroja ese saldo negativo de 391 mil 414 establecimientos cerrados, con la consiguiente pérdida de empleos y afectaciones a las cadenas productivas. 

Cabe mencionar que sólo el 3% del total de establecimientos recibieron algún tipo de apoyo económico, lo que refuerza el planteamiento de que es necesario que, tanto el gobierno federal como los locales, otorguen apoyos a estas empresas micro, pequeñas y medianas a fin de evitar más cierres, con la consecuente pérdida de empleos. Es cierto que han ayudado la estrategia dispuesta por el gobierno federal de apoyar a los de abajo y que ello ayudó a que no cayera la demanda, pero urge una estrategia para ayudar a las clases medias que han sido muy afectadas por esta crisis.

Preocupa sobre manera la separación del cargo de jefe de la Oficina de la Presidencia de Alfonso Romo, quien era el responsable de establecer puentes con el sector empresarial, tarea en la que no se pudo avanzar por los cambios de humor político y por la resistencia de los grupos duros de la 4T, opuestos a las relaciones con el sector empresarial. Lo que es innegable, y el gobierno debe aceptarlo, es que si de lo que se trata es de generar riqueza y ampliar la captación fiscal, no se puede prescindir del concurso de ese sector.

Se ha dado a conocer un nuevo paquete de proyectos que, sumados a los anunciados en septiembre, representan una derrama de recursos cercanos a los 35 mil millones de dólares, que seguramente ayudarán a reactivar la economía, permitirán recuperar los 20 millones de empleos que ofreció AMLO en su mensaje del pasado 1º de diciembre (la cifra que tenía registrada el IMSS antes de la pandemia), al cumplir el primer bienio su administración. Preocupa, hay que decirlo, que este nuevo encuentro se vea afectado por lo que hasta ahora parece un desacuerdo en lo que respecta al futuro del outsorcing.

El futuro ya nos alcanzó.

No se requieren argumentos muy sofisticados, ni es necesario acudir a teorías complejas para explicar, y convencer, que nuestro escenario cotidiano se ha modificado totalmente. Los oferentes tuvieron que adecuarse a las nuevas circunstancias y, en consonancia, los demandantes tuvimos que hacer lo propio para establecer un nuevo punto de encuentro. Los envíos a domicilio, las compras por internet; las personas que se ofrecieron para hacer las compras y llevarlas hasta nuestros hogares para evitar, especialmente en los adultos mayores, que los riesgos de contagio se multiplicaran. Esto permitió generar recursos para muchos que habían perdido sus trabajos o reducido sus ingresos. Otros, desafortunadamente, no pudieron, o no quisieron, adaptarse a estas nuevas circunstancias. Vivimos en un escenario totalmente darwiniano: “Sobrevivencia del más apto.”

La educación, por ejemplo, tuvo que transitar al modelo a distancia para atender las indicaciones de las autoridades sanitarias. En algunos países se atrevieron a aplicar modelos híbridos, presenciales y no presenciales, con los riesgos que conlleva trabajar aún con pequeños grupos. El reto: ofrecer una educación que cubra tanto los aspectos teóricos como los prácticos. Un dolor de cabeza para las instituciones educativas, sí, pero también una ventana de oportunidades frente a la ineludible necesidad de adecuarse a las circunstancias que ha impuesto la llamada nueva normalidad.

La pandemia, lo hemos señalado en muchas ocasiones, ha obligado a los gobiernos a implementar medidas que, si bien contribuyen a cuidar la salud, provocaron afectaciones a la economía. ¿Salud o economía? Esa dicotomía se ha mantenido vigente a lo largo de estos nueve meses, llegando a la conclusión de que, pese a los riesgos que conlleva, se debe privilegiar la fórmula salud y economía. Los nuevos rebrotes a nivel planetario confirman que la hoja de ruta para enfrentar esta pandemia no es ni homogénea ni exitosa. Los rebrotes así lo muestran en prácticamente todas las naciones del orbe. 

A mediados de noviembre, en el marco de la reunión virtual del G-20, el presidente Andrés Manuel López Obrador pidió a sus homólogos evitar un nuevo cierre de la economía, un nuevo confinamiento, cuyos efectos globales ya son conocidos. Asimismo, el mandatario tabasqueño insistió en que la fórmula para enfrentar los efectos de la crisis económica debe pasar, primero, por ayudar a los de abajo, a lo que menos tienen, propuesta con la que no todos coinciden, sí, en cambio, con el planteamiento del presidente de impulsar, a nivel mundial un plan de salud alimentaria, orientado a revertir el grave aumento de las comorbilidades que han sido pasto seco a la hora de afrontar los efectos de la pandemia y que ha ocasionado ya millones de muertes por coronavirus. 

México ha signado un acuerdo con Pfizer para que la farmacéutica norteamericana entregue a nuestro país un poco más de 43 millones de dosis. Es cierto, ello significa el 40% de la población, pero ayudará a evitar el aumento de contagios. Se cuenta ya con una estrategia para distribuir las primeras (un poco más de 250 mil) lo que permitirá inmunizar al personal de salud que tantas bajas ha sufrido. Hay otros grupos vulnerables, por su trabajo y edad, que seguramente serán considerados en la lista de prioridades.

En las últimas horas se ha observado que no fue en vano la petición hecha en septiembre pasado por Andrés Manuel López Obrador, en el marco de la virtual Asamblea General de la ONU. Entonces, el mandatario mexicano pidió que se evitara la nacionalización de la vacuna para evitar lo que, desgraciadamente, ya está sucediendo. Gran Bretaña y Estados Unidos están monopolizando la compra de los reactivos. Sí, ya se ve una luz al final del túnel, pero se debe actuar con responsabilidad y con sentido de solidaridad universal.

Estados Unidos: un país dividido.

El próximo lunes 14 de este mes, el Colegio Electoral se reunirá para ratificar o rectificar el resultado de las elecciones del pasado 3 de noviembre. Rectificar, sí, ya que Donald Trump se ha empeñado en jugar hasta su última ficha para descarrilar el triunfo de su oponente demócrata. El todavía presidente de los Estados Unidos pretende que los delegados de aquellos estados de la Unión que no consideran vinculante el resultado de la elección le compren el discurso de que él ganó y que hubo “un gran fraude, maquinado por los demócratas”. 

La posibilidad de que ello ocurra es mínima, pero él no dejará de luchar hasta el final, no obstante que el fiscal general, William Barr, hombre muy cercano al mandatario, ha expresado que no existe ninguna prueba de fraude que pueda cambiar el resultado de las elecciones. 

Lo más seguro es que el próximo lunes Joe Biden sea declarado presidente electo y que al republicano no le quede otra alternativa que ir empacando sus cosas, pasar su última Navidad y Año Nuevo en la Casa Blanca, y prepararse para la entrega de la estafeta a su sucesor el 20 de enero del 2021. Existe la duda de si Trump acudirá a esa ceremonia. Pienso que sí lo hará. Aprovechará hasta el último momento los reflectores y, si se tiene oportunidad, insistirá en su triunfo y en que ha sido víctima del “robo del siglo”. Discurso que oiremos en los próximos cuatro años. Donald Trump ha anunciado formalmente su intención de presentar su candidatura a la primera magistratura de la nación en 2024. 

Resulta curioso, pero la petición a sus votantes de que lo apoyaran económicamente para sufragar los gastos legales para demostrar el fraude electoral ha alimentado el “cochinito” con más de 200 millones de dólares que, sin duda, serán destinados a una muy larga precampaña que le permita regresar a la Casa Blanca. Ya lo veo visitando los estados y las comunidades donde ganó para “agradecerles su apoyo”, reiterando que los sacaron por la mala de la presidencia, que no perdió, que le robaron la elección. Como el general Douglas MacArthur, prometiendo a sus fieles votantes que “volverá”. 

Trump dejará a un país fracturado, dividido, receloso. Ha golpeado sin misericordia a la democracia norteamericana, tan presumida durante años. Lo continuará haciendo al aplicar al pie de la letra la conseja del florentino Nicolás Maquiavelo, aunque no haya leído nunca “El Príncipe”: “El fin justifica los medios.” Los 74 millones de personas que votaron por él tienen la percepción, la sensación, de que le hicieron trampa a su líder. Un 64% de los que votaron por Trump, consideran, al menos, que “los resultados no son claros.” 

¿Cuál será la estrategia que adoptará Joe Biden al asumir la presidencia? Es posible que su oferta de “gobernar para todos, haciendo a un lado las diferencias entre rojos y azules”, se quede sólo en buenas intenciones; en un discurso que, ni aterrice ni alcance los objetivos planteados. Que no lo dude la dupla Biden-Harris, serán cuatro años muy complejos, de lucha para brincar los obstáculos que les colocarán en el camino Donald Trump, sus simpatizantes y los legisladores republicanos que buscarán, a toda costa, hacerles la vida de cuadritos a los demócratas. No será únicamente un gobierno dividido, lo será el país todo. Complejo y delicado escenario que hará difícil la gobernabilidad.

¿Quo vadis Mister Biden?

La nueva administración tendrá que bordar muy fino para convencer a quienes no les otorgaron su sufragio, que les irá mejor con ellos. ¿Será fácil? Sin duda que no. Muchas de las propuestas de campaña tendrán que ser revisadas para lograr que permeen entre los grupos que hoy se manifiestan abiertamente opuestos, refractarios a todo aquello que contravenga las políticas trumpianas. Joe Biden tendrá que construir una especie de “America firt”, pero sin Donald Trump, con la finalidad de atemperar las resistencias.

En materia comercial, Biden ha señalado que se privilegiarán los productos fabricados internamente, sin embargo, seguramente habrá una vuelta al multilateralismo, especialmente con la Unión Europea a la que Trump castigó con aranceles que redujeron la venta de productos elaborados en el viejo continente, como los vinos. Hay confianza entre los socios de la mancomunidad europea de que renacerá la relación amistosa que se volvió ríspida por las posturas del todavía huésped de la Casa Blanca. 

Los miembros de la OTAN esperan que retornen los acuerdos y el trabajo conjunto, especialmente en estos tiempos en los que China ha aumentado su presencia en ese continente, merced a inversiones y apoyos financieros que han acercado a Italia, Hungría, Alemania y Polonia a la nación asiática atraídos por lo que se ha llamado “la nueva ruta de la seda.” Pronto sabremos cuál será la estrategia de la administración Biden para poner freno al expansionismo chino, sin que ello conlleve una mayor tensión de las relaciones diplomáticas con un país que no está dispuesto a frenar su ya manifiesta influencia geopolítica. 

La semana pasada, el presidente Xi Ping presentó ante el pleno del Comité Central del Partido Comunista Chino, un nuevo Plan Quinquenal que tiene como principal objetivo desarrollar una “economía de doble circulación”.  La finalidad es, al tiempo que mantener la presencia y ampliación de los mercados internacionales (el acuerdo de libre comercio recién signado con otras trece naciones asiáticas es una muestra de ello), fortalecer el mercado interno. 

Esta estrategia parte de la idea, muy justificada, de que el futuro inmediato puede traer para China una contracción de la venta de sus productos en el exterior por tensiones diplomáticas o por las medidas proteccionistas implementadas por muchas naciones para fortalecer sus mercados internos en la etapa postcovid. También evidencia el propósito del gobierno chino de ampliar los niveles de bienestar de toda la población. 

Este país tiene un escenario dual, la zona oriental, colindante con el Océano Pacífico, ha sido la beneficiaria del desarrollo económico como lo denota el desarrollo urbano y el nivel de ingresos de los pobladores de esa región a la cual ha llegado una fuerte inversión extranjera que demanda fuerza de trabajo calificada y muy bien pagada. 

Por el contrario, en la región occidental, el desarrollo económico no ha fluido con el mismo ritmo. Hay muchas zonas depauperadas, con muy bajo nivel de bienestar social y salarios precarios que han propiciado que se conviertan en productoras de mercancías de muy bajo costo y calidad y,  ausentes de muchos servicios básicos. El presidente Xi Pin ha señalado que es tiempo de realizar “una larga marcha”, utilizando las palabras de Mao, para llevar el desarrollo y fortalecer a un mercado interno (1,300 millones de personas) capaz de absorber las mercancías que no sea posible colocar en el exterior, evitando las tradicionales crisis de sobre producción inherentes al modelo capitalista de producción que derivan en recesión y pérdida de empleos.

Prospectiva.

Emilio de Ygartua M.

Lunes 30 de noviembre 2020.

Por fin, Donald Trump dio su brazo a torcer y aceptó dar paso al proceso formal de transición al que se había negado durante las tres semanas posteriores al 3N; fecha que pasará a la historia como el día de la derrota de un presidente que obtuvo el mayor número de votos que cualesquiera otros mandatarios en la búsqueda de la reelección. En esta ocasión, la fórmula ideada por los Padres Fundadores de ese país sí funcionó, el que ganó logró el mayor número de votos ciudadanos y también los votos electorales necesarios para alcanzar la primera magistratura de la nación; no obstante, la crispación del proceso debería llevar a la reflexión, a un análisis serio sobre el modelo electoral tan largamente presumido que, a juicio de muchos, requiere una actualización. Desde luego, es cosa de ellos, de los ciudadanos de esa nación.

Con estricto apego a la teoría política, podemos afirmar que Joe Biden es presidente legal y legítimo; sin embargo, está claro que su oponente no quitará el dedo del renglón e insistirá en que el demócrata le ganó “a la mala”, mediante un fraude que, para el rubio magnate, se fraguó apoyado en el voto por correo. No sólo Donald Trump, algunos de sus más fervientes seguidores, y otros que no lo son tanto, califican de “extraño” que la mayoría de los votos hechos vía correo hayan favorecido al demócrata.

Uno a uno los estados ganados por su opositor han ratificado y dado por válido el proceso. Sus argucias jurídicas han chocado, una y otra vez, contra la realidad. Ahora, se enfila a buscar que su partido obtenga los dos escaños faltantes en el Senado. El 5 de enero habrá, en Georgia, una segunda vuelta en la que se definirán esos dos asientos. Los republicanos, Trump en especial, quieren mantener la mayoría en ese cuerpo legislativo. La otra estrategia se centra en lograr que los delegados al Colegio Electoral volteen las cosas y le de el triunfo que reclama, lo cual es prácticamente imposible.

Así las cosas, todo parecer indicar que el 20 de enero próximo jurarán Joe Biden y Kamala Harris. Donald Trump dejará de ser presidente, sí, pero es seguro que mantendrá por cuatro años el discurso que será la bandera que pavimentará el camino a la nominación republicana en el 2024. Su capital político es incuestionable. De él dependerá cuidarlo y acrecentarlo. Sabemos que esa es su fortaleza, pero también, paradójicamente, su mayor debilidad.

Fueron los líderes del partido del elefante, de los rojos, los que pintaron de ese color gran parte de la zona central del territorio de los Estados Unidos, los que convencieron a su candidato de no entorpecer el cambio de poderes y aceptar su derrota. Esto último, de plano, no ha ocurrido, no sucederá, ya que, insisto, su narrativa durante los próximos años se sustentará en dos argumentos principales; el supuesto fraude electoral, que no ha demostrado, lo cual, por cierto, no le preocupa; el segundo, que el triunfo demócrata significa la entronización de “los socialistas, de los comunistas”, que, según él, “quieren convertir a los Estados Unidos en Cuba, Venezuela o Nicaragua”.

Sus fieles seguidores, que han salido a las calles para manifestar su apoyo al líder, señalan convencidos que la derrota obedece a que “se utilizaron máquinas contadoras de votos diseñadas por Hugo Chávez”. Argumento falaz, desde luego, pero que creen que, como planteaba el mago de la propaganda nazi, Joseph Goebbels, de repetir y repetir, se convertirá en verdad y, sobre todo, en la plataforma que catapulte a quien quieren ver nuevamente ocupando la Casa Blanca el 20 de enero del 2025.

Curiosamente, quienes defienden estos argumentos tan volátiles, hace cuatro años enmudecieron cuando se presentaron las evidencias de la intromisión rusa en las elecciones que dieron la victoria sorpresiva al ahora “ángel caído”.  Hoy derrotado, sí, pero nunca vencido, como suelen expresar los grandes estrategas militares ante una derrota inesperada, Napoleón y Hitler, por ejemplo, luego de su fallido intento de invadir a Rusia en 1812 y en 1942, respectivamente. No olvidemos que ambos regresaron derrotados a sus respectivos países y, poco después, vieron desmoronar sus respectivos imperios. ¿Pasará lo mismo con Trump? Hay que esperar.

Joe Biden: ¿Vía libre?

Por su parte, el próximo 46º presidente de los Estados Unidos ha actuado con prudencia. En varias ocasiones ha tendido puentes a su oponente, que se niega a cruzar. En su primer discurso, Biden convocó a la unidad, no mirar a la nación utilizando colores, azules contra rojos. Ofreció gobernar para todos, es cierto, pero sin dejar de manifestar que su proyecto difiere, y en mucho, al del presidente en funciones.

No se trata únicamente de las propuestas programáticas, importantes per se, sobre todo, del perfil de quienes ha decidido lo acompañen en esta travesía, en la que, de entrada el “America first” de Trump, no será el eje de su mandato, sino la recuperación de una visión de nación que reasuma el liderazgo en temas que tienen que ver con la salud, con el medio ambiente y, especialmente, con la diplomacia fundada, sí, pero la que se sustente en el diálogo y en la concertación, no en el avasallamiento.

De entrada, el presidente virtual, para que no se enojen los puristas, ha puesto énfasis en el tema que hoy más preocupa a sus conciudadanos: la pandemia. Suena lógico ya que la parte fundamental de su discurso de campaña se centró en evidenciar la mala gestión que de la misma han hecho Trump y su gobierno. El número de contagios continúa creciendo, con el consiguiente aumento de hospitalizados y de fallecidos. El nombramiento de un grupo integrado por médicos y científicos con gran experiencia ha sido el primer paso para mostrar a sus futuros gobernados que, desde le primer día de su administración habrá una gestión diferente de la pandemia, estrictamente alineada a las recomendaciones de los que saben. No más ocurrencias, ni mensajes disruptivos como los que Donald Trump ha privilegiado durante más de nueve meses.

Al tiempo, el demócrata ha dado a conocer una lista de posibles funcionarios de su administración. Digo posibles porque algunos de ellos deberán pasar por la aduana de la Cámara de Senadores, lo que puede derivar en procesos no expeditos si partimos de la posibilidad de que los republicanos mantengan la mayoría en ese cuerpo legislativo. Será interesante ver cuál será la estrategia de los senadores de oposición al inicio del nuevo gobierno. Será, también, el escenario propicio para conocer los alcances de la flamante vicepresidente de los Estados Unidos, Kamala Harris. Experiencia no le falta. Ha sido miembro de ese cuerpo legislativo y conoce muy bien sus intrincados laberintos.

Al presentar a algunos de sus compañeros de viaje, Joe Biden, manifestó estar listo “para dirigir al mundo”. Precisó que su gabinete reintegrará a su país. Quien más acaparó los reflectores fue Alejandro Mayorkas, propuesto como director del Departamento de Seguridad Interior (DHS). Será el primer hispano en ocupar este puesto. La designación significa una buena señal en dos asuntos primordiales: migración y dreamers. Es considerado el creador de la Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA). Mayorkas, hijo de un judío cubano y de una judía rumana que llegaron a Estados Unidos en 1960, tras el triunfo de la revolución cubana (1959), también ayudara a reformular la relación con Cuba, luego de la postura radical de Trump contra el gobierno socialista.

Otra nominación recayó en un viejo colaborador: Anthony Blinken. Quien ocupara los cargos de subsecretario de Estado y asesor de seguridad en la administración de Obama, ahora tendrá la muy importante encomienda de secretario de Estado, esto es, será el responsable de las relaciones exteriores. De ser avalado por el Senado, será el encargado de normalizar las relaciones de su país con el resto del mundo, luego de cuatro años en los que la administración de Donald Trump se empeñó en alejarse de sus aliados históricos e imponer una diplomacia de orca y machete.

En concordancia con su promesa de regresar a su país a los foros internacionales orientados a revertir los efectos del cambio climático y hacer de las energías limpias la punta de lanza del nuevo proyecto de desarrollo económico de su país, Biden ha nominado a John Kerry como el “zar del medio ambiente”. Este respetado político fue Secretario de Estado en el segundo mandato de Barack Obama. Su experiencia en el terreno de la diplomacia será fundamental para cumplir con éxito esta encomienda.  Estará a cargo de la lucha climática y gestionará el reingreso de los Estados Unidos al Acuerdo de París.

En la lista de nominados para participar en el gabinete del virtual presidente están varias destacadas mujeres, que se suman a Kamala Harris. Resalto la designación de Janet Yellen para dirigir el Departamento del Tesoro. Como se recordará, fue la cabeza de la Reserva Federal buena parte del mandato de Barack Obama, participando de manera muy efectiva en el diseño y aplicación de las medidas orientadas a revertir los nefandos efectos de la crisis financiera e inmobiliaria del 2008. Le corresponderá no sólo el diseño de los presupuestos, además, defenderlos en el Congreso de la Unión, donde enfrentarán a los lobos republicanos que harán muy difícil cruzar esa aduana.

¿Fin de populismo?.

No son pocos los que han festinado la derrota de Donald Trump, porque consideran que con ella se pone fin a la aventura populista en los Estados Unidos con efectos en otras regiones del planeta. Vale pedirles que no suelten las fanfarrias. En lo que respecta al vecino del norte, es necesario entender, y aceptar, que el trumpismo se ha convertido en una alternativa real para el partido republicano. Los más de 70 millones de votos alcanzados son, como hemos mencionado, un capital político del que ese instituto político no puede prescindir y, mucho menos menospreciar. Por el momento, la única alternativa real para que el Old Party pueda retornar a la Casa Blanca es el mismísimo Donald Trump.

¿Esos 70 millones de votos evidencian el apoyo al populismo como forma de gobierno? La respuesta es sí. Por ello, vale la pena preguntarse si ese modelo tan criticado por muchos tiene algunos aspectos positivos que es capaz de concitar el apoyo popular. Pierre Rosanvellon, profesor del Collège de France, intelectual muy reconocido en esa nación, ha publicado recientemente un libro sobre lo que él llama “la ideología ascendente”.  Parafraseando a Carlos Marx y a Federico Engels en el “Manifiesto del Partido Comunista (1848), que en su primer párrafo señalan: “Un fantasma recorre Europa, el Comunismo”. Hoy, la frase se ha remasterizado para afirmar: “Sí, hay un fantasma que recorre Europa y el mundo hoy, es el del populismo.”

El autor de “El siglo del populismo. Historia, teoría, crítica” (Ed. Galaxia de Gutenberg), libro en el que se hace un esfuerzo por teorizar y definir la esencia de lo que él llama “la ideología ascendente” de este siglo, plantea a Carlos Mascia (“El País”, 13/11/2020), que “se ha subestimado durante mucho tiempo el aspecto `positivo´ del populismo.” El politólogo galo afirma que se equivocan los que consideran que la derrota de Trump, “el gran actor del liberalismo”, debe considerarse como un signo de debilitamiento de esa corriente. “No se está pasando página en Estados Unidos, ni el populismo va a retroceder en el mundo”, responde de manera contundente a su entrevistador.

¿Por qué considera que el populismo es una doctrina que merece una teoría política?  El académico francés considera que parten de una hipótesis equivocada aquellos que consideran que el populismo es “tan sólo”, una expresión “de que se vayan todos”. Este planteamiento, concluye, es insuficiente para explicar este fenómeno.

Para él, el populismo es resultado de “una fatiga democrática subyacente en la vida política de muchos Estados, la cual se expresa de manera muy amplia”, al tiempo que es, “el resultado de una especie de agotamiento de la política, de su capacidad de acción.” ¿Por qué el populismo tiene hoy esa fuerza de atracción? Simple y llanamente, nos dice, “porque aparece como una solución a problemas contemporáneos, como la crisis de representación (crisis de los partidos políticos) o como efecto de las crecientes desigualdades e injusticias sociales”.

Lo que pretende demostrar en su libro es que el populismo tiene aspectos positivos, “que se ha subestimado durante mucho tiempo”. El politólogo francés pone como ejemplo a su compatriota, el presidente galo, Emmanuel Macron, quien en 2012 adoptó una estrategia que lindó en el populismo, porque el aspirante a jefe de Estado entendió que “el populismo está presente en la atmósfera misma de las sociedades democráticas y puede entenderse como una difusión de todo un conjunto de temas más allá de los partidos o regímenes de esencia estrictamente populista.”

¿Qué papel juegan las emociones entre los componentes que permiten establecer las características de un “tipo ideal del populismo? “Si tuviera que destacar una, sólo una de las aportaciones importantes del populismo a la democracia contemporánea, sería el haber entendido que se gobierna también de acuerdo con las emociones. Los sentimientos de pertenencia, de identidad, de rechazo determinan la visión que tienen los individuos de su papel en la sociedad.”

Ante la postura de los opuestos al populismo, el académico expresa que “los que critican esta ideología no la entienden. No se puede criticar el populismo superficialmente o limitarse a decir que promueve una democracia antiliberal. Cuando el populismo emerge y triunfa en las urnas, “es porque la democracia liberal no está cumpliendo su agenda.”

Retornando a Donald Trump y el futuro del trumpismo, Rosanvallon, enfatiza que el todavía mandatario norteamericano obtuvo en estas elecciones 10 millones más de votos que hace cuatro años, “lo que evidencia que el voto populista está sólidamente instalado en la sociedad y representa hoy casi la mitad de la población.” En adición a lo anterior, considera que el Partido Republicano “ha entendido que, si quiere mantener gran parte de sus representantes en el Senado, tendrá que abrazar y aceptar la fórmula populista”. En síntesis, el académico galo considera que, en los Estados Unidos, el Old Party ha transitado de ser un partido reaganiano a un partido trumpiano.

A la pregunta del por qué Trump conquistó el voto latino en ciertos estados y una buena cantidad de sufragios afroamericanos, la respuesta es contundente: “El voto latino es comprensible desde un punto de vista psicológico y sociológico. Una vez que los migrantes obtienen sus papeles y se convierten en ciudadanos estadounidenses, es frecuente que cambien de actitud frente a la migración. Es bastante más difícil de entender en el caso de los votos afroamericanos. El populismo ha hecho que la sociedad estadounidense, que solía definirse por sus clases sociales, se defina hoy por sus identidades, en el sentido más reaccionario del término.”

Como colofón a todo lo anterior, vale mencionar lo que expresa Barack Obama (“Una tierra prometida”) sobre el escenario actual de su país. “Lo que han demostrado estas elecciones es que la sociedad estadounidense está profundamente dividida. Algunas de esas divisiones ya estaban presentes antes de la llegada de Donald Trump, y seguirán ahí cuando se vaya. Pero lo que sí está claro es que Trump ha avivado el fuego de la división. Sé que Joe Biden, por instinto y por carácter, buscará reconectar al país porque es un unificador.”

Prospectiva.

Emilio de Ygartua M.

Lunes 23 de noviembre 2020.

Mientras en los Estados Unidos dirimen sus controversias electorales, los países asiáticos han logrado concretar un acuerdo comercial que se venía cocinando desde hace más de ocho años. Un Tratado de Libre Comercio que impulsará el intercambio de mercancías en una vasta zona que abarca una tercera parte de la población mundial. La India decidió esperar para insertarse en este acuerdo (con su 1.1 mil millones de habitantes), lo que lo fortalecería de manera exponencial, no obstante, lo alcanzado tendrá un enorme impacto en el comercio y en la geopolítica mundial. 

Derivado de la caída del Muro de Berlín (1989) y de la desintegración de la URSS (1990), que provocó el fin de la llamada Guerra Fría, Estados Unidos se entronizó como la potencia hegemónica mundial. Su dominancia política y militar llegó acompañada del establecimiento de un nuevo componente en el ámbito del intercambio de mercancías. 

La Triada del Comercio Internacional se convirtió en el referente para entender las relaciones comerciales a nivel planetario, a la luz del modelo neoliberal que impulsó el libre comercio y la multilateralidad como estrategias para que los países industrializados pudieran expandir la venta de sus productos en otras latitudes, especialmente en las naciones con menor grado de desarrollo. La transnacionalización del comercio vivió sus mejores momentos.

Esta triada se ilustra con un triángulo equilátero que en cada uno de sus vértices ubica al país dominante y su área de influencia. Estados Unidos y la zona americana; Alemania y la región europea contenida en el Mercado Común, hoy Unión Europea y, en el tercer vértice, se ubica la región asiática que al inicio de los años noventa era liderada, todavía, por la entonces segunda potencia económica mundial: Japón. Para entonces, China ya se vislumbraba como el gigante que se levantaría y dominaría al mundo, como lo había anticipado, desde 1805, el emperador francés, Napoleón Bonaparte. 

La llegada al poder de Den Xio Ping (1975) fue un parteaguas en la transición de esta nación que pasó de un modelo cuasi feudal a uno capitalista, sin abandonar el socialismo. China logró transitar de ese modelo cuasi feudal, preponderantemente agrario, a un modelo industrial que le permitió, al inicio del siglo XXI, convertirse en una potencia económica, desplazando, paulatinamente a Canadá, Gran Bretaña, Francia, Alemania y, por último, a Japón, convirtiéndose en la segunda potencia económica mundial, con tasas de crecimiento anual de 2 dígitos que impulsaron el crecimiento del ingreso per cápita y del PIB a niveles similares a los países industrializados.

Esta transformación permitió el impulso de su comercio, además, un avance significativo en sus capacidades tecnológicas lo que se refleja especialmente en su sector militar. Destaco lo anterior porque tiene un papel muy importante en la dominancia regional, modificando los equilibrios geopolíticos, ganándole presencia e influencia a Japón, primero y, después, a los Estados Unidos, hecho que explica en muchos los roses entre ambas naciones, especialmente durante la administración de Donald Trump. Esto es, las discrepancias entre estas dos naciones no se constriñe al comercio o a temas tecnológicos como el desarrollo del 5G, sino al avance en la esfera militar que ha logrado el imperio chino.

China es una nación sui generis, donde cohabita un modelo político centralizado y autoritario, con un modelo económico capitalista que ha permitido, sin dejar de mencionar los efectos negativos en temas como los derechos humanos y la democracia, un crecimiento económico qué se ha convertido en desarrollo y en paradigma para muchos países de la región, pero también en factor de temor, por el crecimiento y fortaleza de su aparato militar. 

Este país ha logrado avances cuantitativos acompañados de avances cualitativos que se observan en la mejor calidad de vida de un importante porcentaje de su población, especialmente la que habita en la zona oeste, colindante con el Océano Pacífico, región con un importante desarrollo urbano y con una infraestructura portuaria que permite una fácil comunicación y traslado de mercancías con las naciones asiáticas, con los países del continente americano, desde Alaska hasta la Patagonia, con los que ya sostiene un importante intercambio de mercancías que muestra un claro superhábit a favor de la nación asiática. 

¿De dónde venimos y hacia dónde vamos en la región asiática?

Esta asociación de países asiáticos no es obra de la casualidad, es resultado de un largo y sinuoso camino que inicia al concluir la Segunda Guerra Mundial. Entonces, Japón, integrante del eje Berlín-Roma-Tokio, derrotada en agosto de 1945 luego del bombardeo de Hiroshima y Nagasaki, ciudades en las que la fuerza aérea norteamericana arrojó dos bombas atómicas que dejaron un número incalculable de muertos y afectaciones a la infraestructura física de una nación que luego fue sometida mediante acuerdos que impusieron, entre otras cosas, la disolución de su ejército y el impedimento para fabricar cualquier componente bélico.

Al igual que Europa, este país fue beneficiario de un apoyo económico proveniente de los Estados Unidos. En el viejo continente, el Plan Marshall sirvió para la recuperación de Alemania Occidental, Francia, Italia, Bélgica, Países Bajos y Luxemburgo, con el objetivo de evitar una nuevo conflicto mundial. Ese escenario permitió la creación de la Comunidad Económica del Carbón y el Acero (CECA), el Eurotom, para utilizar la energía atómica para fines pacíficos, y el Mercado Común Europeo (hoy UE). El “milagro alemán”, es consecuencia directa de todas estas acciones que convirtieron a Alemania en líder de esa región, sobre todo, luego de la Segunda Unificación Alemana (1991) y el paulatino crecimiento de la comunidad europea hasta llegar a los 28 miembros.

Japón también recibió recursos importantes mediante el llamado Plan Truman, que al tiempo que ayudó a la recuperación económica de esa nación, sirvió para frenar el avance de China Comunista en la región asiática luego del triunfo de la revolución socialista encabezada por Mao Zedong; objetivo central de la llamada “Doctrina Truman”, que siguió al pie de la letra su sucesor el republicano Dwigth D. Eisenhower, lo que dio lugar a la entrada de Estados Unidos en el Sureste Asiático, dando lugar a la Guerra de Vietnam. 

A principios de los años 60, el llamado “milagro japonés” era evidente. El imperio del “Sol Naciente” había recuperado el vigor económico, la generación de empleos e impulsado un modelo tecnológico que pronto lo puso a la vanguardia a nivel mundial. Papel importante tuvieron las universidades y tecnológicos cuya participación en la formación de recursos humanos altamente calificados fue muy importante en la construcción de un modelo económico con alta solvencia que pronto tuvo una presencia significativa en el comercio internacional, incluso, al interior de su antiguo enemigo y ahora socio comercial: Estados Unidos.

Japón contribuyó al desarrollo de muchos países de la región con un menor desarrollo industrial que se convirtieron en maquiladores de los productos elaborados en aquella nación. Poco tiempo después surgió una nueva asociación conocida como los “Cuatro Tigres Asiáticos”, conformada por Corea del Sur, Taiwán, Hong Kong y Singapur, que impulsaron un modelo de industrialización orientado a la exportación en países en desarrollo. El crecimiento económico e industrial de estas cuatro naciones fue resultado del dinamismo de sus ventas externas de manufacturas, logrando niveles de crecimiento equiparable al de las naciones más avanzadas.

En 1967 nace un nuevo proyecto de cooperación económica en esa región en el que participan cinco naciones: Filipinas, Indonesia, Malasia, Singapur, y Tailandia, denominado Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN). Entre 1984 y 1999, esta asociación se amplió con la incorporación de cinco nuevos miembros: Brunéi, Vietnam, Laos, Birmania/Myanmar y Camboya. En 2015, los diez países miembros de esta asociación firmaron acuerdos para transitar hacia una zona de libre comercio, AFTA, por sus siglas en inglés.

Esta nueva comunidad económica, integrada por 630 millones de personas, se fijó como objetivos principales impulsar el libre comercio de bienes y servicios y el tránsito de trabajadores entre sus Estados miembros sin necesidad de visados. Asimismo, tenía como finalidad principal hacer frente a la competencia de China y la India, rivales y, al mismo tiempo, importantes socios de la ASEAN. 

En 2010, precisamente estos dos países, China y la India, iniciaron un proceso de acercamiento con los diez países miembros de esa asociación. El propósito era muy específico: construir un acuerdo, una alianza capaz de sumar a un tercio de la población mundial que significa el 29% del PIB del planeta. Una década después se ha firmado en Hanoi, la histórica capital de Vietnam, un mega tratado que, como ya mencioné, incluye tanto a los diez miembros de la ASEAN, como a China, Japón, Corea del Sur, Australia y Nueva Zelanda.

Este acuerdo, cuyas siglas en inglés son RCEP (Regional Comprehensive Economic Partnership), se constituye en una alianza integradora económica regional que, a pesar de no haber logrado la sumatoria de la India en este momento, será mayor que el T-MEC (Estados Unidos, México y Canadá) y que la Unión Europea, juntos. De entrada, eliminará aranceles a las importaciones hasta el año 2040. Además, incluye provisiones respecto a la propiedad intelectual, telecomunicaciones, servicios financieros, comercio electrónico y servicios profesionales.

Si bien es cierto que muchos de los países miembros ya tienen tratados de libre comercio entre sí, sus limitaciones hacen que el nuevo acuerdo los ubique en un espacio de guarda en razón de las enormes bondades que el nuevo acuerdo incluye, en particular, el impulso a negocios que se basan en cadenas globales de suministro.

Es necesario comentar que el RCEP se había vislumbrado durante el mandato de Barack Obama, motivo por el cual el mandatario norteamericano promovió un Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TTP), del que formaban parte México, Chile y Perú, pero no China. La llegada de Donald Trump a la presidencia, y su desinterés por impulsar este acuerdo, del cual se retiró en 2017, prácticamente marcó el final del mismo, dejando huérfanos a los tres países latinoamericanos. En esta decisión del presidente republicano podemos encontrar la génesis del nuevo acuerdo firmado por las catorce naciones asiáticas.

Diversos analistas coinciden en señalar que la guerra comercial entre Estados Unidos y China, y el que Donald Trump haya privilegiado el “Estados Unidos primero”, acabando con la idea de su antecesor de mirar más  la región asiática, sirvió de palanca para impulsar y complementar el RCEP, “qué es visto como la oportunidad para Beigin de dominar la agenda comercial regional sin tomar en cuenta a Washington”. 

Estos mismos analistas señalan que China será la mayor beneficiaria, como la fuente clave de importaciones y principal destino de exportaciones para la mayoría de los miembros de este acuerdo, lo que, destacan, le permitirá influir en las normas comerciales y expandir su influencia en la región Asia-Pacífico, algo que Obama quería prevenir. ¿Buscará Joe Biden hacer algo para impedirlo? Es la pregunta que muchos de estos analistas se hacen. Si las cosas cambiarán con la llegada a la presidencia del demócrata el próximo 20 de enero, luego de brincar todos los obstáculos que su opositor republicano se ha empeñado en colocar en la ruta hacia la transición del poder. 

Si revisamos el programa de gobierno presentado a los norteamericanos por el candidato demócrata, se podrá ver que el tema del comercio internacional ocupa un espacio mínimo, por lo cual es muy difícil anticipar, primero, su postura ante este nuevo acuerdo de libre comercio, segundo, si su interés será revivir el TTP, no solo para configurar una muralla ante el asedio asiático, además, como una muestra de un interés, hasta hoy no mostrado, por reconstruir la relación con los países latinoamericanos, abandonados durante los cuatro años de gobierno de Donald Trump. 

En este tema, tampoco hay mucha tela de donde cortar. En su programa de gobierno la relación con sus vecinos del sur se reduce a unas cuantas y difusas líneas que no permiten vislumbrar, y mucho menos definir, cuál será la política a seguir con nuestra región. Sin embargo, es indudable que el acuerdo firmado en Hanoi obligará al equipo de trabajo de Biden a replantear la relación con América Latina, Asia y con la Unión Europea, derivado de los ajustes que sufre la Tríada del Comercio Internacional con efectos en la geopolítica mundial. En el viejo continente esperan con ansias locas el cambio. Creen firmemente que durante el mandato de Joe Biden se puede dar la vuelta a una página marcada por una relación ríspida derivada de las malas formas diplomáticas de Donald Trump, que generaron serias fracturas, distanciamiento y una evidente desconfianza mutua.

De todo un poco.

La liberación del general Salvador Cienfuegos y su traslado a México ha generado diversas lucubraciones. Algunos consideran que la detención del que fuera secretario de la Defensa en el gobierno de Enrique Peña Nieto, fue parte de una estrategia electoral de Donald Trump, cuyos efectos no son fáciles de contabilizar. Sobre el desistimiento de la autoridad judicial norteamericana, sin duda, hubo una larga y compleja negociación que, finalmente, tuvo éxito. Diarios norteamericanos señalan que el argumento que más peso fue la amenaza del gobierno mexicano de retirar su anuencia para la presencia de agentes de la DEA en nuestro país y enfriar todo lo relacionado con actividades coordinadas en la lucha contra el tráfico de drogas. En México esto se niega. Lo que sí es una versión muy creíble es la molestia que esta acción unilateral generó en las fuerzas armadas que expresaron su malestar al presidente Andrés Manuel López Obrador por la vía del actual secretario de la Defensa, lo que hizo que el mandatario modificara su discurso original. También se especula que la negativa a reconocer en este momento la victoria de Joe Biden, independientemente de un apego a principios históricos, obedece más al propósito de no generar una reacción negativa de Donald Trump que echara por tierra el acuerdo. No queda duda que Salvador Cienfuegos está hoy en su casa, sí, gracias a la gestión del gobierno mexicano, pero, esencialmente, merced a que el todavía presidente de los Estados Unidos lo consintió cuando le explicaron las repercusiones derivadas de esta acción…Barack Obama, a mi juicio, se vislumbra como el factor de contención de Donald Trump cuando éste deje la presidencia y busque capitalizar los casi 71 millones de votos alcanzados. Ser líder virtual de su partido y volver a aparecer en las boletas el 2024, es su propósito. En esa ruta va a tratar de hacerle la vida de cuadritos a su sucesor, acusándolo, dia con día, de haber ganado la presidencia “de manera ilegal”. Narrativa que le ha comprado buena parte de sus votantes, que ya han salido a la calle, armas en mano a expresar su rechazo a Biden. La polarización crecerá, como ya lo anticipó el expresidente Obama en entrevista hecha por el director de “El País”, al que señaló que la división en su nación no es obra de Trump, “venía desde antes, pero él se encargó de atizar la hoguera con su discurso misógino, ultranacionalista, xenofóbico”. Por cierto, vale la pena leer el nuevo libro del primer mandatario afroamericano: “Una tierra prometida”…Sobre Estados Unidos, para entender que pasó en las elecciones del 3 de noviembre pasado, es necesario ir más allá del número de votantes, hay que analizar la geografía y demografía electoral. La sociología política adquiere preeminencia y utilidad analítica en estos momentos…Cada día observo a Alfonso Romo, jefe de la Oficina de la Presidencia, más dispuesto a tirar la toalla. Su discurso sobre la necesidad de fomentar la inversión privada como la única manera de generar riqueza para distribuir riqueza, choca, una y otra vez, con el muro conformado por los grupos radicales de la 4T que no quieren saber nada de alianzas o de acuerdos con ese sector. Cuando ya no alcancen los recursos para los programas sociales, porque tampoco habrá más fideicomisos que extinguir, quizá será demasiado tarde para recular…Se ha aprobado en el Senado el uso lúdico y medicinal de la mariguana. Un paso importante. Ojalá que en la Cámara de Diputados no pongan oídos sordos a la demanda de que se descriminalice su uso, como ya ocurre en varios estados de la Unión Americana y en Europa. Si vamos a dar un paso en ese sentido, que sea completo.

Prospectiva.

Emilio de Ygartua M.

Martes 17 de noviembre 2020.

Manuel Bartlett es parte del equipo de gobierno de Andrés Manuel López Obrador, responsable de una de las empresas del Estado más importantes del país. Un hombre con raíces tabasqueñas, aunque siempre ha dado preferencia a su jus terri poblana, estado del que fue gobernador.  No quiero centrarme en la biografía del hoy titular de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) de quien, desde el inicio de la administración de Adán Augusto López Hernández, hemos percibido una clara intención de jugarle las contras con el acuerdo para que nuestra entidad pudiera acceder, después de muchos años de lucha, a una tarifa eléctrica justa, debido a las condiciones climáticas características de esta región. Un estira y afloja que retardó que los paisanos, que habían tomado el camino de la resistencia civil y se negaban a pagar cantidades que consideraban injustas, aceptaran un acuerdo benéfico para las partes.

No fue un proceso fácil dada la postura del director general y de sus enviados. Incluso, el gobernador tuvo que pedir al presidente de la república su intervención para poder concretar un acuerdo histórico que daba respuesta a una larga lucha en la que, por cierto, también participó el nativo de Macuspana. Por fin llegó el acuerdo, sin embargo, no han faltado las piedras en el camino, la complicada postura de CFE ha dado argumentos a la oposición para convocar a la ciudadanía a retomar la lucha original, no obstante que lo acordado rebasó por mucho lo que originalmente se demandaba.

Pero las muestras de falta de empatía con Tabasco y los tabasqueños de parte del responsable de la CFE se han exponenciado. Hace menos de un mes, derivado de las lluvias atípicas, las tierras tabasqueñas fueron inundadas por las aguas provenientes de las partes altas del estado de Chiapas, turbinadas por la Presa Peñitas que, una vez más, se convirtió en victimaria de las tierras bajas de Tabasco y de sus habitantes. Sí, entendemos que las presas tienen sus límites y que requieren desalojar el agua, sin embargo, una vez más, ello se hizo sin aplicar un protocolo que evitará los daños que hoy sufrimos.

No acabábamos de reponernos de las crecientes, cuando llegó la segunda ola que ha ocasionado graves daños a miles de personas que lo han perdido todo, sí, todo. Fue necesaria la presencia en Tabasco del primer mandatario de la nación, quien, por la emergencia, suspendió su gira por el noroeste del país para acudir al apoyo de sus paisanos. El cobijo presidencial ha sido evidente. Sus instrucciones han estado orientadas a realizar un trabajo coordinado de las fuerzas armadas y de las dependencias que tiene que ver con este tipo de contingencias. López Obrador ha ofrecido apoyos económicos para resarcir los daños, no obstante que, como se sabe, el FONDEN se ha extinguido, pero él se comprometió a destinar recursos para apoyar a los damnificados.

En medio de esta emergencia, ha relucido, nuevamente, la falta de sensibilidad y el aparente desapego por estas tierras de quien aquí vivió por muchos años. No creo que esta actitud obedezca a hechos del pasado que, para nada menguaron el aprecio y el reconocimiento para un hombre, su padre, que dio lustre al Poder Judicial de nuestro estado y que, si bien enfrentó una grave crisis en nuestra Máxima Casa de Estudios, es recordado con mucho respeto y especial aprecio. Manuel Bartlett, el hijo, ha sido un inversionista recurrente en nuestro estado. Su hermana, su sobrino, son reconocidos por su compromiso con estas tierras del trópico húmedo.

Pero hoy, frente a esta grave crisis que vivimos en la entidad, que afecta a miles de nuestros paisanos, el director general de la CFE ha adoptado una postura que consideramos inadecuada, injusta, impropia de un funcionario de la 4T. Ha escogido un camino que ha generado la molestia de los que aquí vivimos al ofender al jefe de las instituciones del estado; actuando en contra de miles de hombres y mujeres afectados, una vez más, no por la Luna, sino por la mala operación de las presas bajo la responsabilidad de la dependencia que él dirige. 

La CFE fue nacionalizada en los años sesentas del siglo pasado por Adolfo López Mateos, mandatario que la visualizó como una empresa de mexicanos y para los mexicanos, espíritu que no puede, no debe ser traicionado. Por el tamaño de los daños y ante la cerrazón de la empresa que se niega a reconocer su responsabilidad, el gobernador Adán Augusto López Hernández ha anunciado que acudirá a los tribunales. La respuesta de Bartlett ha sido impropia. Ojalá corrija su postura quien debe tener muy claro que el jefe del Ejecutivo estatal contará con el apoyo de sus gobernados porque lo que se reclama es justo.

La semana pasada, Andrés Manuel López Obrador dio a conocer que el gobierno federal está elaborando un Plan Integral cuyo objetivo es evitar inundaciones en Chiapas y en Tabasco, entidades bajo el agua por el desfogue de presas y por las lluvias intensas. Se comprarán dragas para desazolvar ríos y hacer bordos, al tiempo que, muy importante, “se tendrá un control estricto de las presas del Grijalva”.

En “La Mañanera” del miércoles de la semana pasada, que duró más de tres horas, el mandatario señaló que se analiza que algunas plantas hidroeléctricas no trabajen cuatro meses al año. “Estamos haciendo los cálculos para que no tengamos los vasos de las presas llenos de agua en agosto, septiembre, octubre y noviembre, los meses de lluvia”. Además, informó que la SEDATU trabaja en un plan de mejoramiento urbano para los pueblos afectados. 

El tabasqueño aseguró que la prioridad es atender a los damnificados y reiteró que: “Mi compromiso es que todos los bienes materiales puedan reponerse y que el pueblo siempre va a contar con nuestro apoyo”. En este escenario tan complejo, hay que destacar y reconocer el papel de las secretarías de la Defensa Nacional y de Marina. Como siempre, han estado a la altura de las circunstancias, realizando tareas de ayuda a los afectados por las inundaciones. En nuestra entidad, sus acciones han beneficiado a 71 mil pobladores, de los cuales, un mil 977 han tenido que se evacuados a lugares seguros.

En este contexto de movilidad obligada de tantas personas, las secretarías de Salud federal y estatal, de manera coordinada, como viene ocurriendo desde el inicio de la pandemia, han reforzado las tareas de vigilancia a fin de evitar un rebrote de contagios de COVID-19, que reviertan las cifras favorables de las últimas semanas. Es hora de ayudar a los afectados que requieren de nuestra solidaridad y nuestro apoyo. Juntos saldremos adelante de esta circunstancia tan adversa que no permite que nadie, pero nadie, quiera aprovechar la situación para llevar “agua a su molino”. La sociedad no lo perdonaría.

Por la salud alimentaria.

En este espacio hemos comentado sobre los efectos nocivos que las comorbilidades han tenido en las peronas infectadas por la COVID-19, lo que, en muchas ocasiones ha derivado en su fallecimiento. La Secretaría de Salud federal trabaja en el diseño de políticas públicas orientadas a hacer de la salud alimentaria un tema prioritario que permita revertir los problemas de sobrepeso y obesidad. Así lo manifestó la semana pasada el titular de esa dependencia, Jorge Alcocer Varela, al hacer la presentación virtual de los resultados de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut) 2018 2019.

El secretario de Salud afirmó que el sobrepeso y la obesidad afectan a más de 75% de las personas adultas de acuerdo con los resultados de esa encuesta, la cual destaca el ambiente obesogénico que no respeta fronteras ni edades. El funcionario recordó que en 2006 se reconoció el papel indivisible de la nutrición en la salud humana que dio lugar a la primera Ensanut, por lo que, a partir de entonces, se conoció el comportamiento de las poblaciones en temas específicos como la prevalencia y distribución de las enfermedades crónico-degenerativas, la doble carga de la malnutrición y las prácticas de alimentación infantil, entre otras.

Alcocer Varela resaltó el aporte de esta encuesta que permite identificar los factores ambientales, socioeconómicos y culturales que determinan nuestros patrones de alimentación, actividad física, consumo de tabaco y alcohol y el uso de los servicios de salud, entre otros. Enfatizó la relevancia de que se conozcan los patrones de alimentación porque ello permitirá modificarlos e incidir en la prevalencia de las enfermedades crónico-degenerativas que “hoy más que nunca nos arrebatan la vida de miles de personas al año, y el problema se agravó con la llegada del coronavirus, haciendo imperioso y urgente un cambio de raíz en la cultura alimentaria de la sociedad”.

Los datos derivados de esta encuesta son contundentes. Se puede observar que el sobrepeso y la obesidad afectaron a 75.2% de las personas adultas y en 35.6% de la población infantil. En lo que respecta a la diabetes mellitus, ésta se incrementó de 9.2% en 2012 a 10.3% en 2018. La hipertensión arterial pasó de 16.6% en 2012 al 18.4% en 2018. 

Estos datos evidencian la necesidad de trabajar a favor de una nueva cultura alimentaria en México y, desde luego, en Tabasco. El gobernador Adán Augusto López Hernández, al tiempo que promovió una reforma constitucional para prohibir la venta a los menores de edad de alimentos nocivos para la salud, nos ha conminado a trabajar en el diseño de una política pública transversal, orientada a modificar los hábitos de consumo, más allá de la restricciones, promoviendo la concientización de la población, desde la infancia hasta la adultez. Tarea en la que participarán de manera coordinada las secretarías de Salud, Educación, Cultura, el DIF Tabasco, Bienestar y la SEDAFOB. El objetivo es enfrentar un problema de salud pública que la pandemia ha puesto en la mesa como tarea prioritaria para esta administración.

La Universidad Olmeca ha atendido el llamado del gobernador sumámdose a las tareas orientadas a promover una nueva cultura alimentaria. En el mes de mayo, a través de la Secretaría de Desarrollo, propuso un Programa Estatal de Salud Alimentaria fundado en la convicción de que es necesaria una toma de conciencia para que la alimentación saludable llegue también a las cocinas de los restaurantes, de las cafetarías de los centros de trabajo, a las escuelas de todos los niveles y a nuestros hogares.

La propuesta consiste en asociar la idea de lo sano con platos apetecibles, nutritivos, con ingredientes locales, frescos y accesibles. Para ello, se requiere crear una cultura alimentaria capaz de revertir la tendencia al consumo de productos nocivos para nuestra salud; la ingesta de alimentos y/o bebidas cuyos componentes han demostrado ser la causa, en el mediano y largo plazo, de severos daños a la salud de las personas, de las mujeres embarazadas, de los infantes, de los jóvenes y de los adultos.

En el diseño de este programa ha jugado un papel fundamental el doctor Ángel Sierra, egresado de la UJAT, del Instituto Nacional de la Nurtrición, de la Universidad de Barcelona, en donde obtuvo el grado de doctor. Ha trabajado en el impulso de la llamada “Dieta Mediterranea Mexicanizada”. El hoy docente de tiempo completo de la Universidad Olmeca, ha sido pieza fundamental para que esta Institución de Educación Superior pueda organizar un Foro Internacional de Salud Alimentaria. Retos en la Nueva Cultura de Vivir, en el que participarán destacados investigadores de España, Estados Unidos, Chile, Paraguay y México.

Este foro, que se realizará de manera virtual el 27 de noviembre próximo, de las 9 a las 14 horas, está avalado por la Red Iberoamericana de Mercadotecnia en Salud A.C., que es una entidad no gubernamental que agrupa a universidades, institutos de educación superior y profesionales que promueven y difunden estrategias gerenciales y de mercadotecnia en salud. Sin dud, este evento será una gran oportunidad para conocer lo que se está haciendo en otros paises, no sólo para especialistas en el tema de la salud, para la sociedad en general que podrá registrarse en linea en olmeca.edu.mx/salud alimentaria para poder participar en este foro.

El largo camino hacia la Casa Blanca

Como ya lo anticipamos la semana pasada, el proceso electoral de los Estados Unidos ha entrado a una fase compleja en razón de la postura asumida por el presidente Donald Trump que se ha negado a aceptar la victoria de Joe Biden quien ha obtenido el número suficiente de votos electorales para convertirse en el 46º mandatario de esa nación. En su discurso, y en sus mensajes en redes sociales, el todavía inquilino de la Casa Blanca, ha manifestado, sin pruebas, que ha ocurrido un fraude y que él ha ganado la elección y que los votos legales así demostrarán. Contrario a lo que se pensaba, un buen número de republicanos se han sumado a este discurso que, sin duda, lesiona a la democracia norteamericana y anticipa un legado negativo para quien hoy se niega a darle validez al proceso electoral.

Resulta muy preocupante que Mike Pompeo, secretario de Estado, haya señalado a los representantes de los medios de comunicación que sí habrá una transición, pero que ella ocurrirá dentro de cuatro años enfatizando la negativa de la administración Trump de aceptar un resultado que los recuentos de los votos muestra que se dieron en estricto apego a los protocolos aceptados por ambos partidos. El secretario de Justicia ha sido instruido por Donald Trump para coordinar acciones orientadas a revertir los resultados obtenidos por los demócratas en Estados claves en este proceso Wisconsin, Míchigan, Arizona y Nuevo México. Los especialistas coinciden en que todos estos esfuerzos serán inútiles.

En su primer discurso como presidente virtual, en un tono conciliador y claro de qué el país se encuentra dividido en dos grandes grupos políticos, Joe Biden pidió la oportunidad de gobernar para todos sin distingos de azules o rojos, los colores de cada uno de los partidos contendientes. Reiteró su compromiso de encabezar una administración que, sin distingos de ningún tipo, impulsará políticas públicas orientadas a enfrentar tres grandes retos que se tienen por delante: la pandemia, la crisis económica y la violencia raciales endémica que debe ser revetida de una vez y para siempre 

Por su parte Kamala Harris, la primera mujer vicepresidenta, resaltó la participación masiva de hombres y mujeres en las urnas. Enfatizó que la mueve el honor y el compromiso de participar en un gobierno encabezado por Joe Biden. Dijo estar convencida que con él se retornará a un escenario que permita el diálogo constructivo y el avance en la lucha contra las enormes desigualdades económicas que sufren muchos de sus compatriotas, especialmente los  afromericanos y los latinos. “Soy la primera mujer que asume este importante cargo, pero no seré la última”, sentenció. 

La ruta hacia fechas claves: 14 de diciembre, reunión de los delegados del Colegio Electoral, y 6 de enero, instalación del Congreso de la Unión, parece lejana, sobre todo cuando se observa que Donald Trump no cejará en su empeño por ensuciar el proceso electoral cuationando el resultado y hablando de fraude, aunque su esposa y su yerno favorito lo quieran convencer de que es tiempo de reconocer la victoria demócrata. Lo que cada momento está más claro es que el magnate neoyorquino le va a sacar mucho jugo a los 71 millones de votos obtenidos, que lo pueden poner nuevamente en las boletas electorales dentro de cuatro años. Serán cuatro años muy complejos para la dupla Biden-Harris de la que el mundo espera mucho, sobre todo, un retorno a la diplomacia y a los acuerdos entre damas y caballeros.

Prospectiva.

Emilio de Ygartua M.

Lunes 9 de noviembre 2020.

“Estamos cada día más cerca de la victoria a medida que avanza el escrutinio”, señaló Joe Biden en su tercer mensaje desde la noche de las elecciones cuando el panorama no era tan claro como lo es ahora. El candidato demócrata ha mostrado el rostro del estadista, sí, pero sobre todo el del político maduro que, por encima de todo vela por pervivencia de las reglas del juego que se impusieron los norteamericanos en los albores de su vida independiente. Su partido, identificado con el color azul en los mapas electorales, ha logrado arrebatar a los republicanos estados que hace cuatro años permitieron el triunfo de su candidato no obstante haber obtenido tres millones menos de votos que Hillary Clinton.

Ganar en Arizona, Michigan y Wisconsin; estar a punto de hacerlo en Nevada, y haberle dado la vuelta en Pensilvania y Georgia, son logros que muestran que esta vez sí se hizo la tarea, pero sin descontar los cambios demográficos que han sufrido algunas regiones de estas entidades y que han favorecido a los demócratas. Joe Biden, 46º presidente. Kamala Harris, la primera mujer vicepresidenta de los Estados Unidos.

El resultado de las elecciones celebradas el martes pasado en el vecino del norte confirma la enorme polarización existente en esa nación. Se cumplieron los pronósticos que anticipaban que al menos 150 millones de ciudadanos votarían, muchos por correo. Antes de abrir las casillas el 3 de noviembre, ya habían sufragado más de 90 millones de personas. Joe Biden logró el voto popular de más de 74 millones personas, rompiendo el record impuesto por Barack Obama que, en 2007, obtuvo un poco más de 69 millones de sufragios.

Sin embargo, es necesario señalar que el resultado de las elecciones echa por tierra las tesis sobre la pérdida de apoyo al presidente Donald Trump resultado de su mala gestión de la pandemia, de la crisis económica y por la nueva crisis racial. Los casi 70 millones de votos alcanzados demuestran un creciente apoyo. Se sumó al voto duro consolidado en el 2016, un 20% más de sufragios. En eso basará su reclamo en los tribunales y sus planes futuros.

Lástima que esta fuerza electoral no lo constituya hoy en un adalid de la democracia norteamericana, misma que le permitió llegar a la presidencia la que ahora se niega entregar al legítimo ganador, aduciendo, sin prueba alguna, un fraude electoral. Su postura es clara, acudirá con sus abogados a todas las instancias; tensará la liga lo más que se pueda, incluso, e allí el gran peligro, sacando a la calle a sus aliados incondicionales; sí a las milicias de las que hemos referido en varias ocasiones en este espacio. 

William Howell, experto en poder presidencial y democracia, catedrático de Ciencia Política en la Universidad de Chicago y autor del libro de reciente publicación: “Presidentes, populismo y la crisis de la democracia”, le señaló a Gerardo Lissardy (BBC News Mundo. Nueva York) que las posturas radicales de Trump, a lo largo de la campaña y en las horas posteriores a la elección: “Golpean a nuestra democracia. No cayó. Aún está de pie, pero fue golpeada”. 

El catedrático pone énfasis que el problema no es que Trump y sus abogados busquen judicializar el proceso llevándolo, incluso, hasta la Suprema Corte, buscando obtener un segundo mandato: “(…) el riesgo es que al comportarse de esta manera, al hablar de esta manera, está sembrando la ira y el descontento entre la gente en general; habrá millones de personas que a raíz de esta elección piensen  que Biden de alguna manera la robó, que es un trampoco y que todo el sistema está en contra de ellos.”

El polítologo norteamericano considera que en este tiempo de pandemia, de crisis económica, de polarización racial, “lo que necesitamos son instituciones confiables, encontrar formas de unirnos y coordinar nuestra respuesta a esta crisis de salud apremiante. Va a ser muy difícil gobernar a este país con tanta gente que cree lo que Trump dice ahora mismo.”

Biden-Harris han alcanzado el número de votos electorales necesarios, pero debemos tener en cuenta que la ruta hacia el 20 de enero, cuando debe darse el relevo institucional, estará llena de obstáculos que Trump y su equipo se empeñarán en poner para evitar la ratificación de la victoria de los demócratas, el 14 de diciembre en el Colegio Electoral y el 6 de enero en el Congreso de la Unión.

Algunos analistas consideran que, con los casi 70 millones de votos alcanzados, Trump buscará el control del Partido Republicano, con la mira puesta en el 2024, cuando tendrá 78 años, los mismos que cumplirá en pocos días Joe Biden. ¿Permitirán “los republicanos puros” que tome el control del partido? ¿Lo seguirán en esta ruta de colisión que amenaza con poner en tela de juicio un proceso electoral en el que, por cierto, los republicanos salieron bien librados? Son dos interrogantes que pronto tendrán respuesta. Al tiempo.

¿Democracia en América?.

Derivado de las controversias que han empañado este proceso electoral, han reaparecido las voces de los norteamericanos que consideran que no es conveniente que la elección de su presidente siga amarrada a los postulados establecidos por los “Padres Fundadores” a finales del siglo XVIII. Entonces, las llamadas “Trece Colonias” rompieron las cadenas que por más de siglo y medio las ataron al Imperio Inglés. La escisión fue total, por ello no mantuvieron una forma de gobierno monárquico-parlamentaria, si bien mantuvieron el modelo jurídico fundado en la costumbre (Common Law).

En lo político, adoptaron y adaptaron las tesis propuestas por los enciclopedistas franceses que promovieron la división de poderes (Ejecutivo, Legislativo y Judicial), decantándose por la figura de un “presidente de la república”. República a la que definieron “democrática y popular”. Siguiendo las propuestas de Alexander Hamilton, James Madison y John Jay (“El Federalista”), los estadounidenses tomaron la ruta del federalismo cuyo objetivo primordial era mantener la unidad e identidad de los estados miembros de la Unión. 

Los “Padres Fundadores” querían apuntalar la democracia en la nueva nación, y lo lograron, como lo pudo confirmar el politólogo francés Alexis de Tocqueville (“La Democracia en América”), poniendo candados en la Constitución que buscaban impedir la llagada a la primera magistratura de la nación de alguien cuyo carisma ganara el voto ciudadano, pero cuya popularidad se convirtiera en “un peligro para la democracia y la pervivencia del federalismo”.

El diseño de su modelo electoral, híbrido, voto popular y definición del ganador por un Colegio Electoral ha generado muchas controversias que han puesto en duda que el modelo garantice legalidad y, sobre todo, la legitimidad del ganador. Legalidad y legitimidad que, señala Michelangelo Bovero, son la base para garantizar la gobernabilidad de cualquier Estado-Nación que se precie de llamarse democrático. Hagamos un breve recuento de esos conflictos:

En 1800, Tomás Jefferson (uno de los fundadores de la nación) y Aron Burr, recibieron el mismo número de votos del Colegio Electoral. En apego a la Constitución, la Cámara de Representantes tuvo que realizar 36 encuestas para darle la victoria, ampliamente aceptada, a Jefferson. En 1824, Andrew Jackson ganó la votación popular, pero no la mayoría necesaria en el Colegio Electoral. Nuevamente la Cámara de Representantes tuvo que tomar parte en el proceso y le otorgó la victoria a John Quincy Adams. 

Sin duda, la controversia que tuvo más graves consecuencias para los Estados Unidos ocurrió en 1860. Luego de que Abraham Lincoln venciera a otros tres candidatos, los estados del Sur se rehusaron a aceptar el resultado y calificaron de “ilegítima” la elección de un presidente “que no protegiera la esclavitud”. Esta controversia tuvo que resolverse mediante una cruenta “Guerra Civil”, en la que perdieron la vida más de 600 mil personas. 

En 1876, la elección entre Rutherford B. Hayes y Samuel Tilden, también se complicó debido a que en varios estados del Sur (lastimado aún por los efectos de la Guerra Civil) no pudieron certificar claramente a un ganador. Nuevamente el Congreso hubo de intervenir. Hayes fue electo presidente, a cambio, los sureños lograron concesiones que contribuyeron a poner fin al llamado período de “Reconstrucción”.

En 1960, se registró una nueva controversia electoral derivada del proceso electoral entre John F. Kennedy y Richard Nixon. Éste último movilizó a sus abogados y a sus seguidores para presionar en su exigencia de un recuento de votos en aquellos estados en donde se denunciaban “fraudes” de parte de sus correligionarios republicanos. Al final, el candidato republicano aceptó a regañadientes la decisión evitando con ello arrastrar al país a un malestar civil durante las intensas tensiones de la Guerra Fría entre EU y la URSS.

En los albores del nuevo siglo (2000), ocurrió la sexta controversia, provocada por el apretado resultado del proceso electoral entre el demócrata Al Gore y George W. Bush. El primero obtuvo 200 mil votos populares más que el republicano, pero la disputa por los 29 votos electorales que otorga Florida la dirimió la Corte Suprema otorgándoselos al republicano que así obtuvo la victoria.

Hoy, sin duda, estamos ante una de las crisis más complejas, sobre todo, porque ha sido el propio presidente de la república quien ha descalificado: “yo gané, mediante un fraude me quieren quitar el triunfo”. ¿Puede seguir vigente un modelo electoral en el que en muchas ocasiones resulta ganador quien obtiene menos votos ciudadanos? Parece necesario, si no modificar el modelo, sí implementar un sistema electoral con una autoridad única, una especie de INE, que ponga orden en un país en el que cada uno de los 50 estados tienen reglas diferentes, en muchos casos antagónicas. Es tiempo de que acepten que su tan vanagloriada “democracia americana” ya no funciona, ni puede ser modelo para otras naciones como siempre han pretendido.   

La crisis económica y sus posibles salidas.

La segunda ola de contagios del coronavirus está generando una gran incertidumbre sobre el futuro de la economía mundial. Los datos del segundo y tercer trimestre del año fueron ilustrativos de cómo una economía que se detiene bruscamente puede tener crecimientos espectaculares, sí, pero que no revierten la caída del PIB que, a nivel mundial será, en promedio, superior al 5.8%. En México, por ejemplo, se tuvo un repunte en el tercer trimestre con una recuperación muy importante de empleos, sin embargo, no podemos dejar de señalar que se requerirán al menos 18 meses para que podamos alcanzar los niveles anteriores a la pandemia. 

Paradójicamente, ha sido un externo, el premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, quien ha reconocido que las medidas adoptadas por el gobierno de la 4T no han sido el “desastre” que se empeñan en señalar sus opuestos: “Durante esta crisis económica mundial, el PIB de Estados Unidos cayó 31.7%, mientras que el de México sólo 17.1%. Es la primera vez, en décadas, que a Estados Unidos le da gripe severa y a México no le da neumonía.” 

En este espacio he expresado mi desacuerdo con algunas de las decisiones tomadas por el gobierno federal; entre otras, la falta de una estrategia clara para concertar la participación del sector privado, fundamental para generar la riqueza que se requiere para compensar la inminente caída de los ingresos públicos. La ausencia de una política consistente en este terreno ha sido expuesta tanto por el jefe de la de la Oficina de la Presidencia, Alfonso Romo, como por el líder empresarial Carlos Salazar Lomelí. La petición de empresarios nacionales y extranjeros es que la relación se funde en reglas claras y consistentes. Que se privilegie el Estado de Derecho.  

Los artículos 27 y 28 de la Constitución delinean el modelo de Economía Mixta que precisa que el jefe de Gobierno (y de Estado), debe promover todo tipo de inversión privada que, sumada a la pública, contribuya a generar riqueza, garantizando que ésta se distribuya entre todos los mexicanos de manera justa y equitativa y no sólo entre unos cuantos, como ocurría en el pasado siguiendo las recetas del modelo neoliberal que tanto añoran los contrarios al actual régimen. 

En lo que he estado siempre de acuerdo es en la lucha contra la corrupción (eso sí, de arriba a abajo y de abajo para arriba,). También, con las estrategias orientadas a atender a “los olvidados de la tierra”, a los pobres y a los marginados. Me gustaría que ello se fundara más en políticas públicas redistributivas que en políticas públicas distributivas (“Enséñale a pescar…”). Sólo los obcecados pueden negar que la estrategia de garantizar recursos a los que menos tienen ha permitido mantener el consumo y la demanda de servicios y evitar el colapso de la economía y una mayor pérdida de empleos. 

Los opuestos al régimen insisten en que “se está empobreciendo” al país apoyando a los siempre olvidados. No aceptan que éstos, los pobres, los marginados, estaban a punto de tomar otras medidas. Lo bueno es que optaron por un cambio a través de las urnas. Un cambio pacífico y democrático, a diferencia del que ellos promueven como vía para resolver sus diferencias y regresar el reloj de la historia a la hora que ellos quieren que marque, la de sus beneficios plenos y de las canonjías que hoy han perdido.

Asimismo, considero adecuado el negarse a incrementar la deuda externa como se ha hecho en el pasado. Es cierto que ésta ha crecido, uno, porque la depreciación del peso necesariamente incrementa su costo, dos, porque se han utilizado algunos créditos contingentes para enfrentar, entre otras cosas, la demanda de recursos para el sector salud en el marco de esta terrible pandemia. En cambio, se ha mantenido intocable el fondo de contingencia que desde hace varios años se tiene convenido con el FMI. Sí, se que los opuestos dirán que se ha renunciado a apoyar al sector económico con recursos externos, gracias a ello se ha evitado un colapso en el pago de la deuda soberana, como ya ocurre en varios países latinoamericanos.

Pedro Sánchez, presidente del gobierno español (nación que ha tenido que recurrir ha recursos extraordinarios generados por el Banco Central Europeo para enfrentar su crisis, la más severa entre los países miembros de la UE), ha propuesto a la directora gerente del FMI y al director del Banco Mundial, “allanar el camino a los países latinoamericanos que pueden necesitar financiación para superar la crisis económica por el coronavirus.” El mes pasado, Sánchez promovió una videoconferencia en la que participaron los líderes de Argentina, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Perú, Paraguay, República Dominicana, Uruguay y Barbados. 

Les extrañará a algunos la ausencia de México. No, no excluidos; simplemente no fuimos considerados porque existe la percepción de que nuestro país no ha entrado en la ruta de colisión generada por otras crisis (1976, 1982, 1987, 1994, 2008) en las que los gobiernos en turno acudían a empréstitos urgentes y muy costosos, económica y socialmente hablando, otorgados por el FMI, el BM, el BID, o por bancos extranjeros. No, esta vez no. 

Hay otro tema en el que los opuestos al régimen ha bordado en los últimos días: las clases medias. Varios analistas han insistido (con réplicas millonarias en las redes, me refiero a ocasiones) en que el gobierno de López Obrador está “matando a las clases medias”.  Es cierto que la pandemia ha agudizado la crisis de este sector por la pérdida de empleos y el cierre de empresas. También lo es que las propuestas de ayuda a ese sector han sido nebulosas y poco exitosas, pero se olvidan los opuestos que la crisis de la clase media tiene ya muchos años y ha sido a causa del modelo neoliberal que generó la riqueza de unos cuantos y la proletarización del resto de la sociedad, cuyo estatus es medido por su capacidad de consumo y no por su nivel de bienestar y felicidad como ya se hace en algunas naciones.

Prospectiva.

Emilio de Ygartua M.

Lunes 2 de noviembre 2020

Llegó el momento. Si bien es cierto que a estas alturas ya han votado más de cuarenta millones de ciudadanos norteamericanos, hoy es el día D para la democracia de los Estados Unidos. Es posible que el mismo 3 de noviembre sepamos si Donald Trump logró reelegirse por cuatro años más, o, por el contrario, su opositor, el demócrata Joe Biden, logró ganar las elecciones más complejas de la historia de los Estados Unidos. Si bien el ex vicepresidente es favorito en las encuestas, como lo hemos señalado en diferentes ocasiones, las características del modelo electoral norteamericano no permiten dar por un hecho lo que éstas señalan.

Desde las primeras horas del martes y hasta el final del día, no sólo los habitantes de la nación más poderosa del planeta, el mundo entero, estaremos atentos al resultado de estos comicios. No es la primera ocasión que ello ocurre. Las elecciones en este país han sido el centro de la atención general por la influencia que esta nación tiene tanto en la geopolítica como en la economía global.

En las horas previas al arranque formal del proceso electoral, más que velar sus armas, los candidatos han utilizado el tiempo para seguir disparando obuses a su oponente como si a estas alturas fuera posible cambiar la decisión de los electores. Un escaso 3% de los estadounidenses registrados para votar no habían definido o no habían querido anticipar a favor de quién sería su voto. Según CNN, hasta el jueves de la semana pasada, habían votado 40 millones de personas, “cincuenta veces más que en 2016, a estas alturas”.

La pandemia, que ha golpeado severamente a los Estados Unidos, ha potenciado como una alternativa para sufragar el voto por correo, “habilitado como sistema alternativo en la inmensa mayoría de los 50 estados de la Unión Americana”. Vale señalar que no todas las entidades están de acuerdo con esta opción. Indiana, Luisiana, Mississippi, Tennessee y Texas, por ejemplo, se han mostrado reacios a aceptarla. Algunos ciudadanos de esas entidades han pedido “una explicación aceptable” de por qué las personas no pueden o no quieren ir al local de votación; no aceptan que el temor a contagiarse es una razón de mucho peso. En contraste, otros estados han reaccionado en sentido opuesto, entre ellos, el que otorga más votos en el Colegio Electoral (52), California; igual ocurre con los ciudadanos que habitan el Distrito de Columbia. Allí reporta CNN que “todos recibieron de buen grado sobres y papeletas para votar por correo.”

Michael McDonald, profesor de la Universidad de Florida, quien dirige el proyecto “Elecciones en Estados Unidos”, pronostica que votarán (presencialmente o por correo) 150 millones de ciudadanos, una afluencia récord: “lo que equivale al 65% de aquellos en condición de votar”. El investigador señala que, si bien el voto no es obligatorio en su país, “la tensa y polarizada situación política está movilizando a sectores que normalmente no participan.” La anterior no es una buena noticia para Donald Trump quien apuesta por una alta abstención como estrategia para vencer a su oponente.

La semana pasada, en este espacio, manifesté la interrogante sobre lo que ocurrirá “el día después” de la elección. Lamentablemente, todo permite suponer que las cosas se pondrán complicadas si se cumplen los pronósticos de una derrota del candidato republicano. No queda la menor duda de que no aceptará el resultado y hará lo necesario para judicializar la elección llevándola hasta la Suprema Corte de Justicia, buscando que la abrumadora mayoría conservadora (6 de 9 jueces) le corrija la plana al Colegio Electoral, si es que éste decide otorgarle a Joe Biden al menos 270 de los 538 votos electorales que se requieren para convertirse en el nuevo jefe del Ejecutivo para el período 2021-2025.

No quiero abrumar al lector enumerando todos los escenarios posibles en el caso de que el 8 de diciembre no haya un mandatario electo. Las enmiendas 22ª y  25ª de la Carta Magna de los EU, detallan de manera muy precisa el trasiego que habría de seguirse para que, sin excusa ni pretexto, el tercer lunes de enero, el nuevo mandatario sea investido en las escalinatas del Capitolio. Los abogados de Trump están trabajando enfrentar un escenario de este tipo. Saben que la confirmación en el Senado de la nueva jueza de la Corte Suprema, Amy Coney Barret, ha sido un movimiento estratégico para blindarse en caso de una derrota.

El miércoles 4 de noviembre, sabremos si la participación de Barack Obama en las dos semanas previas a las elecciones tuvo efectos en los electores y logró inclinar la balanza a favor de su correligionario. Algunos analistas califican como tardía y muy tangencial esta participación, otros, consideran que sus apariciones  no tenían como objetivo único apoyar al candidato presidencial de su partido, también buscaba apuntalar la campaña de los candidatos demócratas al Senado y a la Cámara de Representantes.

La semana pasada Barack Obama estuvo en Florida, estado notoriamente republicano, pero que ha mostrado un importante crecimiento de votantes demócratas, quizá no los suficientes para ganar, pero sí para convertirlo en buen foro para contraatacar los señalamientos de Donald Trump que acusa a Biden de ser la punta del iceberg de un plan socialista que busca, primero, dominar al partido Demócrata, segundo, llevar a los Estados Unidos al comunismo. Acusación ridícula, que el candidato republicano ha insistido en expresar, sobre todo en aquellos estados donde cuanta con el apoyo de los grupos más conservadores, su voto duro, a los que todo lo que huela a “comunismo” les eriza la piel.

Obama escogió al estado de Florida para refutar los señalamientos de Trump quien dice que el candidato demócrata “apoya a los regímenes chavista y castrista”.  La respuesta fue un contundente: “Joe Biden no es socialista”, pronunciado en un mitin realizado en el campus de la Universidad Internacional de Florida, en Miami. El ex mandatario garantizó que el candidato de su partido: “promoverá los derechos humanos en Cuba y en el mundo, y no va a mirar a los dictadores como lo hace Trump.”

Barack Obama mostró nuevamente su gran olfato político. Sabía que el auditorio era hostil, pero también que su mensaje llegaría a muchos latinos y a los afroamericanos a los que la pandemia ha golpeado más que a ningún otro sector de Florida. Acusó nuevamente a Trump de ser “negligente en la atención de la pandemia y de intentar terminar con el Affordable Care Act (Obama Care). En este tema, por cierto, Florida es tierra fértil: el 93% de los hispanos en ese estado se han apuntado al programa. “Yo sabía que Trump no iba a recoger mi visión sobre la salud”. La victoria de Biden es fundamental para que el Obamacare, su legado, no se extinga como pretende el actual mandatario.

La herencia de Augusto Pinochet

El 11 de septiembre de 1973 se vivió en Chile una jornada nefasta para la democracia que había sido construida mediante un proceso electoral celebrado 3 años atrás. Salvador Allende, cabeza visible del Frente Popular integrado por los partidos Comunista, Socialista y de los Trabajadores, había logrado una pírrica victoria que puso fin a un largo período de gobiernos encabezados por el Partido Demócrata Cristiano. Los tres años de la adminsitración de Salvador Allende se significaron por una permanente confrontación con las oligarquías locales y, sobre todo, con los grupos externos que durante décadas habían expoliado los recursos naturales de esta nación andina, especialmente el cobre, que es para Chile lo que para México el petróleo.

Los intereses extranjeros, primordialmente los norteamericanos, fueron afectados por las medidas adoptadas por el gobierno socialista que se había impuesto la recuperación tanto de los recursos naturales cómo de la soberanía económica que por años estuvo bajo el control de empresas transnacionales norteamericanas, inglesas e italianas. El Frente Popular se enfrentó a una feroz oligarquía local que no aceptó ni el triunfo ni el modelo impuesto por un gobierno que había sido electo democráticamente, pero que caminaba en sentido contrario a sus intereses; motivo por el cual decidieron plegarse a las estrategias diseñadas desde Washington. El gobierno estadounidense decidió poner punto final a un régimen contrario a sus intereses; el camino escogido fue una asonada militar.

El presidente Richard Nixon encargó a su secretario de Estado, Henry Kissinger, (Operación Cóndor), realizar las alianzas necesarias con las oligarquías criollas inconformes con las formas de gobierno de Allende, al tiempo que coptaban a los altos mandos del Ejército chileno, todo ello con el propósito de socavar a un gobierno que gozaba de un amplio apoyo popular, que se vio menguado merced a estrategia orientada a provocar un clima de inestabilidad, un escenario de ingobernabilidad.

Estrategia que tuvo mucho éxito entre las clases medias muy afectadas por la hiperinflación y por el boicot internacional promovido desde Washington. La caída de la economía y la pérdida de empleos e inversión extranjera por la “falta de certidumbre”, eran los argumentos cotidianos de la prensa, dolida porque habían perdido los millonarios apoyos que los gobiernos anteriores les otorgaban para apoyar todas sus medidas y ocultar la desigualdad creciente.

A principios del mes de septiembre de 1973, el gobierno de Salvador Allende se encontraba ya contra la pared. Al interior del Frente Popular habia serias fracturas. Era inminente la intervención militar promovida y financiada desde el exterior. Los Estados Unidos encontraron en el general Augusto Pinochet un émulo de Victoriano Huerta quien, en 1913, encabezó en México un golpe de Estado contra el gobierno legítimo encabezado por Francisco Ignacio Madero y José María Pino Suárez, asesinados al inicio de la asonada.

Salvador Allende defendió heróicamente el Palacio de la Moneda, sede de la presidencia de la República, de un ataque brutal de la Fuerza Aérea y del Ejécito. El suicidio del primer presidente socialista electo democráticamente en América Latina, dio pasó a un largo dictadura militar apoyada por los Estados Unidos y por muchos países latinoemericanos que, impulsados por la OEA, reconocieron a este gobierno espurio. Luis Echeverría (1970-1976), rompió relaciones con el gobierno pinochetista el 22 de diciembre de 1973, el mismo día en que los últimos asilados políticos refugiados en nuestra Embajada volaban hacia México acompañados por el embajador Gonzalo Martínez Corbalá.

A lo largo de dieciseis años (1973-1989), Augusto Pinochet gobernó a esa nación andina con mano dura. Sus primeras medidas fueron revertir los procesos de nacionalización de la industria del cobre, la reforma agraria y todas aquellas políticas orientadas a revertir la pobreza, la marginación en la que vivía (y lamentablemente sigue viviendo) la gran mayoría los chilenos.

Estados Unidos apoyó al dictador con recursos económico para mantener a raya a quienes se oponían a un régimen que violentó de manera abierta los derechos fundamentales de la sociedad. Paradójicamente, los grupos oligárquicos que habían apoyado e, incluso financiado el golpe contra la democracia, fueron víctimas de un régimen que militarizó al país, incluyendo la impartición de la justicia.

Enfrentado el nuevo gobierno a una terrible hiperinflación derivada de las acciones destabilizadoras orquestadas desde el exterior y apoyadas al interior por los grupos opuestos al gobierno de Allende, Washington decidió convertir a esa nación en el laboratorio del “nuevo modelo económico” (el neoliberalismo) que se proponía para revetir las tesis keynesianas impulsoras de una activa participación del Estado en la economía imperantes desde los años treinta del siglo pasado y que habían sido muy efectivas en la lucha contra la Gran Depresión (1929-1933), base teórica de la propuesta del presidente Franklin D. Roosevelt (Estado Benefactor), y retomadas por John F. Kennedy (1961-1963).

En 1980, en el cénit de su poder político, Augusto Pinochet impuso a un Congreso totalmente domesticado, un proyecto de Constitución Política que establecía las premisas fundamentales para garantizar la permanencia de un gobierno autoritario de largo alcance, al tiempo que se fortalecía un modelo económico, político y social que alejaba a las grandes mayorías del acceso a prerrogativas y derechos humanos fundamentales como la salud, la educación y la vivienda.

El espejismo de un gobierno exitoso, con avances económicos que no ocultaban la existencia de una sociedad depauperado, fracturada, cada vez más lejana del bienestar general. Los excesos de la dictadura hicieron que la población se atreviera a manifestar su oposición al régimen sin importar los riesgos que ello conllevaba. En 1989, ante la creciente escalada de demandas sociales, el presidente George Herbert Walker Bush (1989-1993), consideró que era insostenible el gobierno de Augusto Pinochet, y para sorpresa del mundo, apoyo la realización de una consulta popular que puso fin a 16 años de gobierno del general golpista que, sin embargo, tendría un espacio en el Poder Legislativo como Senador vitalicio, canonjía que él mismo se asignó.

A cuatro décadas de la promulgación de esa Constitución, luego de varios años de gobiernos democráticos distribuidos entre la Democracia Cristiana y el Partido Socialista, tocó al conservador Sebastián Piñera enfrentar duras manifestaciones sociales demandando cambios a las políticas económicas y sociales; especialmente transformaciones de fondo a un sistema educativo privatizado por Pinochet que han dejado al margen de la educación a muchos chilenos.

Las manifestaciones violentas fueron enfrentadas por los Carabineros, de nefandos recuerdos; en realidad, fue la pandemia la que enfrió los ánimos que, sin embargo, tuvieron un rebrote para acudir a las urnas para dar una contundente respuesta a la pregunta de si es o no necesaria la reforma a la constitución heredada de la etapa de la dictadura.  Cerca del 80% de la población votarón por el sí, además, expresaron su desconfianza a los miembros del poder legislativo y los partidos existentes, al decidir, también por abrumadora mayoría, que sea un cuerpo autónomo, integrado por académicos y juristas, los encargados de redactar nueva constitución que, 31 años después, ponga fin a la era más oscura de la República de Chile.

El Pacto Federal.

En estos momentos en los que los ocho gobernadores autollamados federalistas, han alzado la voz para inconformarse por la forma en la que se distribuyen los recursos fiscales en el país, es necesario recordar cuál es la esencia compensatoria del llamado Pacto Federal, concebido para promover “el desarrollo equitativo de todos los miembros de la federación”. Resalto lo anterior porque los miembros de esta asociación, que insisten en no tener propósitos sesecionistas, “nuestro objetivo es lograr una más justa distribución de la riqueza”, desde luego para sus estados, no quieren ver el bosque completo. Arturo Herrera, secretario de Hacienda les recordó que la actual administración no puso las reglas para la distribución de los recursos; estas reglas están vigentes desde que el panista Felipe Calderón Hinojosa decidió modificarlas, por cierto, favoreciendo ampliamente a las entidades del norte y centro del país, muchas de ellas gobernadas por militantes de su entonces partido.

El presidente Andrés Manuel López Obrador ha aceptado sentarse a dialogar. Esperamos que él y los miembros de este grupo lo hagan buscando puntos de encuentro y, desde luego, sin dejar de escuchar, en el marco de la CONAGO, a los gobernadores de los estados que, sin hacer ruidos innecesarios, han señalado que, si de justicia distributiva se trata, el Sur-Sureste ha estado más que olvidado. Parece que lo que más molesta a estos federalistas de nuevo cuño es que el gobierno de la república está poniendo los ojos en esta región de la que, por décadas, salieron los recursos para la construcción de sus funcionales carreteras, escuelas, hospitales, presas, medios de transporte, ejemplos de la modernidad que hoy los diferencia. Una justa distribución de la riqueza permitirá a nuestra región acceder, por fin a la modernidad largamente esperada; nada más, pero nada menos, como lo ha planteado el gobernador tabasqueño Adán Augusto López Hernández. “Piso parejo para todos”.

Prospectiva.

Emilio de Ygartua M.

Lunes 26 de octubre de 2020.

Se acerca la hora. El martes de la próxima semana se realizarán las elecciones mas complejas en la historia de los Estados Unidos. Más allá del resultado final, hay que señalar que estos comicios se dan en un escenario inédito en razón de la pandemia que ha obligado a un muy alto porcentaje de los ciudadanos norteamericanos a sufragar utilizando el servicio postal (60 millones al momento), lo que no es una novedad ya que de tiempo atrás lo han podido hacer, pero jamás en un número tan elevado como en estos comicios.

El jueves pasado se realizó el segundo debate entre los candidatos a la presidencia. Nada nuevo bajo el sol. El que hayan decidido cerrar los micrófonos no impidió algunas interrupciones y gesticulaciones de Donald Trump. La realidad es que a estas alturas el debate no hace otra cosa que fortalecer el voto duro de cada uno. El número de indecisos es mínimo y ya no pintan en este momento. La prueba de que no generó mucho interés es que alcanzó sólo el 60% de la audiencia del primer encuentro. Lo que quedó muy claro es que son dos propuestas antagónicas, dos planteamientos con nulos puntos de contacto. 

La pregunta que muchos nos hacemos es qué ocurrirá el “día después”. Se volvió a cuestionar a los dos candidatos si respetarían el resultado electoral; el ex vicepresidente reiteró que sí, pero el actual inquilino de la Casa Blanca volvió a darle una respuesta vaga y se empeñó en reiterar que los demócratas han utilizado la pandemia para configurar un gran fraude electoral. Una y otra vez, Trump ha insistido en que el voto por correo provocará un gran caos y que él y sus correligionarios no validarán el resultado si no se respeta la decisión de los electores. Está claro, si gana, no hay problema, si pierde, el caos.

A nueve días de las elecciones, Estados Unidos es el país con el mayor número de contagios con un poco más de 300 mil muertos a causa de esta pandemia, de esta enfermedad que Donald Trump se empeña en minimizar, al tiempo que descalifica a los científicos encargados de enfrentarla; científicos a los que se han atrevido  am llamar “imbéciles”, porque siguen maximizando los riesgos de lo que el continúa calificando como una “gripita”, al tiempo que se ufana de haberse infectado y curado rápidamente, gracias al tratamiento que le dieron en un hospital naval.

La moneda sigue en el aire. Todo puede pasar el 3 e noviembre. A diferencia de los ocurrido hace cuatro años, Barack Obama se ha unido a la campaña de su Joe Biden, participando en reuniones privadas y en mítines, la mayoría virtuales, otros presenciales con mínima asistencia, en los que se ha cuidado la sana distancia y el uso de los cubrebocas. El miércoles de la semana pasada, el primer presidente afroamericano de los Estados Unidos pidió a los electores que no olviden, que recuerden “lo que puede ser este país.” En Filadelfia, génesis el movimiento libertario en contra de la monarquía británica, el ex presidente arremetió con dureza contra su sucesor: “Sus acciones tienen consecuencias. Incentiva a la gente a ser cruel y racista, rompe el tejido de nuestra sociedad, afecta a como ven las cosas nuestros hijos. El comportamiento importa, el carácter importa. Debemos devolver los valores al centro de nuestra vida pública.”

Obama, como muchos estadounidenses, se muestran preocupados por la actuación de los grupos supremacistas convertidos en milicias que se arman al amparo de la Segunda Enmienda. Milicias que han transitado del hostigamiento a los grupos simpatizantes de Biden, a las abiertas amenazas que intentan acotar la presencia de afroamericanos y latinos en las urnas. Está claro que Trump y su equipo apuestan por una alta abstención para frenar las probabilidades de triunfo de su oponente. Poco se ha hablado de ello, pero resulta muy grave el arresto, por el FBI, de un grupo terrorista que pretendía secuestrar a dos gobernadores demócratas buscando generar un escenario que impulsara una nueva guerra civil. El candidato republicano se ha negado a condenar estas acciones y no ha hecho nada para frenar el crecimiento de estos grupos radicales que pudieran ser la punta de lanza de las estrategias del hoy mandatario en caso que el resultado no le sea favorable.

David Remnick, director de la revista “The New Yorker”, en entrevista concedida a “El País” (Camila Osorio. 5/10/2020), declara que Estados Unidos “ha sido una democracia imperfecta desde que se fundó”. La noche de la elección presidencial del 2016, fue contundente al señalar en su columna publicada en esa prestigiada revista que: “La elección de Donald Trump a la presidencia es una tragedia para la república americana. Es un triunfo para las fuerzas, externas e internas, del nativismo, el autoritarismo, la misoginia y el racismo. El fascismo no es nuestro futuro -no puede serlo, no podemos dejarlo ser- pero esta es la forma en la que el fascismo puede comenzar”. Cuatro años después, Remnick le manifiesta a Camila Osorio: “No cambiaría ni una coma de ese texto”.

El autor del libro “La Tumba de Lenin”, sobre la caída de la Unión Soviética, con el que ganó el premio Pulitzer (1994), apoya abiertamente a Joe Biden. Reconoce que le falta el carisma de Obama o de Trump, pero para él, el candidato demócrata, “tiene algo distinto, algo más. Y quizá es un buen momento para lo que él tiene. Uno de los grandes déficits de Trump es su falta de empatía”. Remnick considera que “cuando la gente escucha a Joe, tiene la impresión de ver emociones muy genuinas. Ven sinceridad.” Para David, este es el polo opuesto a la falta de empatía de Trump.

Obama coincide con lo anterior, por ello ha elogiado a su ex vicepresidente, de quien ha destacado su decencia y su empatía. “La presidencia -dijo- no cambia como eres, revela como eres”, al tiempo que señaló que: “Biden aprendió pronto a tratar a todo el mundo con respeto”. Remató garantizando a su auditorio: “Con Joe Biden y Kamala Harris al timón, no van a tener que pensar en las locuras que dice [Trump] cada día. Podrán vivir sus vidas sabiendo que el presidente no va a retuitear teorías conspiratorias sobre cábalas secretas que manejan el mundo.”

Pronto sabremos si este aval es suficiente para que la dupla Biden-Harris pueda llevar nuevamente al partido demócrata a la Casa Blanca. Lo que ha llamado la atención es la ausencia de Bernie Sanders, quien se bajó del autobús para darle el apoyo a ahora candidato de su partido. Algunos especulan que ante los ataques de Trump acusando a Biden de dar espacio a “los radicales y socialistas” en su equipo, sus asesores hayan aconsejado tomar una “sana distancia” del senador por Vermont. Otros, en cambio, consideran que la presencia de Kamala Harris en la dupla demócrata garantiza que las propuestas de la izquierda serán tomadas en cuenta.

VOX y su intento de golpe de Estado técnico en España.

España vivió la semana pasado momentos complejos. Como se sabe, la pandemia ha golpeado a la nación ibérica provocando una grave crisis económica y el colapso de un sistema de salud que no estaba preparado para enfrentar un crecimiento exponencial de la demanda que rebasó las capacidades hospitalarias y puso en serios aprietos al personal de salud que en no pocas ocasiones hizo públicas sus inconformidades demandando al gobierno rápidas respuestas. 

Frente a este escenario, el gobierno encabezado por Pedro Sánchez, como muchos gobernantes del mundo, tomó decisiones complejas, en ocasiones recomendadas por los científicos, y, en otros momentos, más fundados en el pragmatismo que en la ciencia. No es privativo de España, pero en esta nación ibérica la politización de la pandemia ha escalado de manera significativa derivado de la fragilidad de un gobierno que, en 2018, derivó de una moción de censura impulsada por el propio Pedro Sánchez y su partido, el PSOE; moción que tuvo éxito al desbarrancar a Mariano Rajoy, presidente del gobierno y líder del Partido Popular (PP).

Luego de una competidas elecciones y merced a un muy complicado acuerdo con Juntas Podemos, partido de izquierda radical, Pedro Sánchez logró formar gobierno, pero sin contar con la mayoría absoluta. Se instauró un gobierno dividido, llevando como contrapeso al Partido Popular, que sufrió una estrepitosa caída en el proceso electoral que estuvo a punto de hacerlo perder el segundo sitio. VOX, partido de la extrema derecha, encabezado por algunos antiguos militantes del PP, reencarnando las posturas más conservadoras de la derecha española nacionalista, xenofóbica y, aparentemente pro monárquica, se ubicó como la tercera fuerza política. 

Los 54 escaños obtenidos por VOX en los comicios del 2018, le dieron el fuelle suficiente para escalar y convertirse en una voz potente en el Congreso y en las calles, a donde ha salido a manifestar su oposición a las acciones del gobierno al que señala de incompetente, irresponsable y hasta de asesino por las muertes ocasionadas por la pandemia. Son memorables sus caravanas en elegantes vehículos con las banderas de su partido y con claxonazos, exigiendo apertura de la economía y la destitución del gobierno (¿Dónde hemos visto esto?). Se han atrevido, incluso, a ir a los domicilios de sus opositores, especialmente de Pablo Iglesias, al que señalan como el impulsor de un proyecto que busca llevar a España al comunismo.

Sin duda, la manzana de la discordia ha sido precisamente el líder de Juntas Podemos, cuyas posturas radicales han puesto en aprietos a su asociado Pedro Sánchez. Su abierta oposición a la monarquía, sus críticas a la actuación del padre del actual monarca Felipe VI, han irritado a los dirigentes del PP, de Ciudadanos, pero especialmente a Santiago Abascal, cabeza visible de VOX, que puso su “pica en Flandes” al promover una nueva “Moción de Censura”, con la finalidad de descarrilar al gobierno de izquierda, al tiempo que él mismo se proponía como como la mejor opción para formar un nuevo gobierno, al tiempo que invitaba al Partido Popular a unirse a esta especie de asonada.

Es la quinta ocasión, desde la muerte de Francisco Franco (1975), la instauración de la Monarquía Parlamentaria y la promulgación de la vigente Constitución (1979), que un partido opositor realiza un recurso de este tipo. El primero fue Felipe González. La única ocasión que ha procedido, como ya lo apunté, fue hace dos años. En están ocasión, el intento de un “golpe de Estado técnico”, ha fracasado. Santiago Abascal y su grupo han chocado contra un muro infranqueable construido por la propia derecha, por el Partido Popular, que, en voz de Pablo Casado, su líder, ha puesto un alto a los propósitos golpistas de VOX, al señalar, desde su curul en la Cámara de los Diputados, que su partido “es la única alternativa de la derecha”.

Por varios días Casado fue presionado, hasta convertirse en el fiel de la balanza en este momento histórico que recuerda el intento del coronel Tejero de poner fin a la naciente democracia española en 1979. Casado se reinventó luego dos años sumido en las sombras de la derrota en las urnas para romper, al menos simbólicamente, sus lazos con la ultraderecha, “lo que ha marcado un antes y un después en su trayectoria política”, según destaca la crónica de la sesión publicada por “El País”. “Los españoles -manifestó- no comprenden esta pelea de ataques políticos y personales”, al tiempo que dejó claramente asentado que ni a él ni a su formación política, les une nada con la ultraderecha y mucho menos con el proyecto agresivo impulsado por Abascal y su partido de ultra derecha. 

La agenda de la ultraderechista VOX en México.

No tengo elementos sólidos para declarar la presencia formal de VOX en México, aunque hay comportamientos símiles de la ultraderecha que se quiere adueñar del  Zócalo capitalino y se empeña, con  claxonazos y marchas en autos de lujo, adelantar los tiempos, postura curiosa, cuando el actual presidente de la República, electo de manera legal y legítima ha puesto sobre la mesa la posibilidad de la revocación de su mandato en el 2022. Hoy quiero compartir un  hecho que evidencia que VOX, sí, el VOX español, está buscando sentar sus reales en nuestro país y hacer escuela, de inicio, en el sector educativo del país. 

El veto de contenidos educativos sobre ética, educación sexual y perspectiva de género ya es una realidad en México. Sin hacer ruido y lejos de los reflectores, el estado de Aguascalientes, en el centro del país, se convirtió en mayo de este año, en el primero en aprobar el polémico pin parental, una ley que permite a los padres de familia decidir qué tipo de educación reciben sus hijos según sus convicciones y creencias religiosas. No es un caso aislado. Se presentaron iniciativas similares en otros ocho congresos estatales durante la primera mitad de este año. 

El períodico español “El País”, publicó en junio pasado un interesante artículo sobre el tema: “El pin parental es solo el capítulo más reciente de una larga lista de intervenciones en la vida pública del país y es parte de una estrategia mucho más grande de grupos antiderechos para posicionarse políticamente”, advierte la activista Siobhan Guerrero. La iniciativa del pin parental, una propuesta abanderada en España por VOX, hizo su debut en México en el estado norteño de Nuevo León el pasado 22 de enero. La propuesta llegó de la mano del diputado local Juan Carlos Leal, separado el año pasado de Morena, el partido de Andrés Manuel López Obrador, tras hacer comentarios homófobos y notorio por proponer, en febrero, la desaparición del delito de feminicidio. 

Pese a ser arropado por el Partido Encuentro Social (PES), el proyecto de Leal fue desechado en el pleno a finales de mayo. En España, la propuesta de VOX sólo tuvo éxito en Murcia. En México hay propuestas en Querétaro, Ciudad de México, Chihuahua, Veracruz, Morelos, Guanajuato y Baja California, casi todas apoyadas por el PES. “Todo esto habla de grupos antiderechos que se coordinan en el país, que tienen apoyos económicos considerables y operan transnacionalmente”, explica Estefanía Vela, directora de la organización Intersecta. “Hay una coordinación entre los diputados del PES, por supuesto”, comenta Elsa Méndez, la legisladora del PES que propuso la iniciativa en Querétaro, “es una agenda nacional y local que compartimos todos los diputados de nuestro partido”.

Méndez señala que se pretende “hipersexualizar” a los niños a una edad temprana y que por eso es necesario que las escuelas pidan el consentimiento por escrito de los padres antes de impartir estos contenidos. La diputada reconoce la inspiración en la propuesta de Vox y que la iniciativa fue elaborada en alianza con el “Frente Nacional por la Familia”, una de las asociaciones ultraconservadoras más visibles del país, así como con otras asociaciones de padres de familia y organizaciones católicas y evangélicas. Por ahí se inicia su incursión. ¿Qué es lo que seguirá en la estrategia de VOX, interesado en convertirse en un partido transnacional? Ya se ve que en México han encontrado adeptos interesados en seguir al pie de la letra sus métodos y sus modos. Por cierto, la senadora Lilly Tellez se ha mostrado una ferviente admiradora de las tesis de este partido de ultra derecha.

Prospectiva.

Emilio de Ygartua M.

Lunes 19 de octubre de 2020.

Estamos a punto de cumplir siete meses desde que inició el confinamiento por la pandemia. La apertura de la economía, obligada por los efectos de la crisis que ha desaparecido empresas y fuentes de trabajo, lo sabíamos, ha tenido las consecuencias esperadas: mayor número de contagios y presión hospitalaria, si bien es cierto que ha disminuido el número de fallecido como consecuencia de que los protocolos de atención han ido mejorando derivado de información y de experiencias con otros pacientes.

La dicotomía salud-economía ha sido el hilo conductor a lo largo de estos meses, generando una lucha entre los que insisten, de un lado, en que el confinamiento es la mejor opción para evitar contagios, y del otro, los que se oponen a estas medidas cautelares que, según ellos, le complican la existencia a millones de personas que son afectadas por el parón. Lo más preocupante, incluso más que la postura antagónica de muchos científicos entre sí, y de éstos con aquellos gobernantes que, pese a las evidencias, se empeñan en negar el peligro y le apuestan a la apertura económica sin límites, es la politización de la pandemia y su partidización.

La arena política es escenario cotidiano del debate sobre lo acertado o no de las medidas adoptadas, siempre con la mirada puesta en las urnas, en las próximas elecciones, criticando al gobernante en turno y manifestando que ellos, las hoy oposiciones, lo habrían hecho mejor. Lo malo es que, en esta lucha sin cuartel, los que salimos perjudicados somos todos, incluso ellos. No es únicamente México donde esto ocurre, lo estamos viendo cotidianamente en países donde el rebrote ha crispado los ánimos, verbi gracia España, Francia, Reino Unido y hasta Alemania, donde la gestión de la pandemia había provocado loas a favor de la ahora llamada “Canciller de Hierro”, Ángela Merkel.

Bien apunta el Papa Francisco, en su encíclica “Amigos Fraternos”, de la que escribimos en este espacio hace ocho días, que los gobernantes han tenido que enfrentar esta crisis sanitaria con las herramientas que tenían y sin una ruta de navegación clara. En estos días en los que recordamos el mal llamado descubrimiento de esta América nuestra, que ya existía muchos siglos atrás de la llegada de Colón; como él; la mayoría de los gobernantes del planeta han salido a alta mar en una ruta opuesta y con el riesgo de caerse de ese plato con el que los científicos del siglo XV, algunos financiados con jugosos fideicomisos administrados por el Vaticano, representaban a nuestro planeta en esos tiempos del Medioevo Tardío.  El genovés “descubrió sin descubrir” nuevas tierras. Ojalá los gobernantes actuales tengan, al menos, la suerte de descubrir nuevas estrategias para enfrentar esta pandemia que ya entró a la segunda ola.

Por cierto, molesta a algunos que el presidente Andrés Manuel López Obrador insista en solicitar una disculpa pública a los países europeos, especialmente a España y Portugal, que iniciaron en este continente una colonización-conquista sumamente cruenta. La historia testimonia que en muchas regiones avasallaron a los pueblos originarios, sus costumbres y se hicieron, con el uso de la fuerza, de sus territorios y de su gente, convertidos en botín, contribución forzada a las metrópolis del viejo continente que nos expoliaron por más de tres siglos.

Se equivocan los que piensan que el sumo pontífice es refractario a esas peticiones. Se olvidan, o quieren olvidar, que él, en su constante peregrinar por el mundo, ha pedido en varias ocasiones disculpas por el proceder de la Iglesia Católica que hizo de los procesos de evangelización y conquista binomio indisoluble, violentando derechos humanos fundamentales de los habitantes originales. No, no se trata de renunciar o renegar de nuestro mestizaje, muy rico, por cierto, sino de escuchar de los gobiernos actuales de esas naciones imperiales, un reconocimiento de los abusivos métodos que entonces utilizaron para colonizar nuestras tierras y dominar a sus pobladores. Muy triste resulta escuchar a algunos contras que dicen, con total desparpajo, que así son las conquistas, y que los aztecas “no eran unas blancas palomas”

Politización de la pandemia.

Volviendo al tema de la politización de la pandemia, un ejemplo de ello es lo que ocurre en los Estados Unidos, en un escenario electoral inédito por la misma crisis sanitaria. La gestión de la pandemia ha sido tema central en los debates tanto de Donald Trump y Joe Biden, como de Kamala Harris y Mike Pence. Este país puntea en número de contagios y de fallecidos. Resulta increíble que, en la nación económicamente más poderosa del orbe, con los avances científicos más importantes, con recursos humanos en salud reconocidos mundialmente, se hayan dado tantas muertes. No se ha querido reconocer que las comorbilidades, aún en naciones ricas, pero mal alimentadas, es la causa principal de tantos decesos.

Luego de 10 días de confinamiento, que incluyen su internamiento en un hospital militar, donde, se dice, se le recetó un coctel experimental (aún no autorizado por la FDA) y oxígeno, regresó a la Casa Blanca, pero no para guardarse sino para reactivar su campaña por la reelección. “Ya no hay riesgo de que contagie a nadie”, expresó su médico, al tiempo que circulan noticias que señalan que hay al menos cinco personas detectadas en el mundo que se han reinfectado y con reacciones más virulentas que en la primera ocasión.

Merced a este salvoconducto expedido por su médico pudimos ver al actual mandatario en un balcón de la Casa Blanca, con un micrófono con el escudo presidencial (¿está permitido que un presidente haga uso de las instalaciones, equipamientos y personal de la casa de gobierno?) arengando a un pequeño grupo de sus seguidores que, para variar no cumplían las recomendaciones sanitarias de la sana distancia y muchos eludían, como su candidato, el uso de cubrebocas.

Trump: ¿El superhombre?.

Lo mismo ocurrió el lunes de la semana pasada, cuando arribo, en el avión presidencial, a un aeropuerto de Florida, donde lo esperaban un poco más de 2 mil excitados seguidores que lo vitoreaban y aplaudían frenéticos cuando “su candidato”, lanzaba por los aires su cubrebocas, al tiempo que exclamaba que se sentía como nuevo, que había vencido a la Covid-19 porque era joven y saludable, en clara alusión a su oponente Joe Biden, cuatro años mayor que él.

Ha dos semanas de las elecciones del 3 de noviembre, la moneda sigue en el aire. Es cierto que Joe Biden aventaja en las encuestas generales, pero la atención se centra ahora en los estados “bisagra” como son Michigan, Pensilvania, Florida y Wisconsin, por ello, a diferencia de lo ocurrido en el 2016, cuando Barak Obama se mantuvo neutral durante el proceso electoral, ahora ha decidido tener un papel mas activo en esos cuatro estados. Algunos analistas señalan que está decisión de el exmandatario evidencia que es posible evitar la reelección de Donald Trump, y en ello va algo que para el primer mandatario de color tiene un peso muy importante: evitar que desaparezca el más importante legado de su mandado: el Obamacare.

Luego de cancelarse el segundo debate, ambos candidatos decidieron tener un encuentro virtual con sus simpatizantes. El actual inquilino de la Casa Blanca lo utilizó para insistir en que Joe Biden llevará a los Estados Unidos al socialismo: “El respalda a un grupo radical de marxistas y comunistas que han secuestrado al Partido Demócrata.” Trump insiste en que su opositor llevará a su país a una crisis económica y que cederá ante la creciente presencia China. “No los podrá mantener a raya como yo lo he hecho.”

Los riesgos de una derrota del magnate neoyorquino no son tomados a la ligera por los republicanos. Pero no les preocupa tanto que Trump no se pueda mantener cuatro años más en Casa Blanca, sino perder la mayoría que tienen en el Senado, la Cámara que es, sin lugar a dudas, el fiel de la balanza de la política estadounidense. Este 3 de noviembre, los norteamericanos votarán para la renovación total de la Cámara de Representantes. Se anticipa que los Demócratas no sólo ratificarán, sino que ampliarán su mayoría. En la Cámara Alta, se eligen a 35 de los 100 senadores que la integran y resulta que 23 de esos escaños están en manos de republicanos y las encuestas anticipan que al menos 12 están en peligro de ser derrotados. El Partido Demócrata requiere ganar 4 de esos escaños para alcanzar la mayoría.

Si eso ocurre, aún ganando Donald Trump las elecciones, gobernaría en un escenario totalmente adverso, que bloquearía muchas de sus iniciativas y que podría revertir algunas de sus decisiones, como la reducción de impuestos con la que beneficio a los grandes corporativos al inicio de su gestión. También se complicaría su propósito de seguir llevando al poder judicial jueces o juezas conservadoras. De ganar Joe Biden, es obvio se encontraría con el mejor de todos los mundos.

El mas preocupado de todo esto es el senador por Kentucky, Mitch McConnell, líder de la mayoría republican quien es, desde hace seis años el verdadero arbitro del poder en Washington, como lo señala en su artículo Pablo Ximénez de Sandoval (El País. 15/10/2020). Este senador “convirtió en un infierno los dos últimos años del gobierno de Barack Obama”. Pero para Donald Trump tampoco ha sido fácil lidiar con él, “sólo ha podido aprobar lo que le ha dejado McConnell, un recorte de impuestos”.

Por ello, enfatiza Pablo Ximénez en su artículo: “El 3 de noviembre, ese inmenso poder, del que quizá EU no había tomado conciencia, está en serio peligro.” El escaño de Mitch McConnell, es uno de los 12 está en peligro, esto es, los republicanos están en la ruta de perder mucho más que la presidencia, por lo que muchos senadores han optado por salvar su pellejo antes que el de un mandatario que nunca han sentido como suyo. Estamos a pocos días de conocer el desenlace de estos comicios, por cierto, los más caros de la historia.

De todo un poco.

Los que aquí vivimos reconocemos intervención y las gestiones que Adán Augusto López Hernández, gobernador del estado, primero, para evitar el uso irresponsable de las presas operadas por la CFE, segundo, el que la Secretaría de Bienestar Federal, generara los apoyos económicos para aquellas personas afectadas…Sin duda, la noticia bomba de la semana anterior ha sido la detención de quien fuera secretario de la Defensa Nacional en el sexenio de Enrique Peña Nieto. En los Ángeles, California fue aprehendido por la DEA el general Salvador Cienfuegos Zepeda, quien enfrenta acusaciones ante la Corte Federal de Estados Unidos por estar, supuestamente ligado al narco y al lavado de dinero. Es la primera ocasión en la que un militar de tan alto rango es vinculado a un ilícito de esta naturaleza. Desde luego que el Ejército Mexicano se ve afectado, si bien estamos claros que la inmensa mayoría de los miembros del mismo cumplen con estricto apego sus funciones y por ello se han ganado el respeto y reconocimiento de la sociedad…El jueves pasado, una vez más, el presidente Andrés Manuel López Obrador, al margen de su función como jefe del Ejecutivo federal, ha pedido a los actores en el proceso de renovación de Morena que “paren el, pleito”. ¿Harán caso al llamado del fundador de este movimiento que aspira a convertirse partido político? La beligerancia y los ataques entre Porfirio Muñoz Ledo y Mario Delgado ha escalado a niveles realmente vergonzosos que fortalecen los señalamientos del tabasqueño: “nuestros dirigentes no están a la altura de la militancia. Esta semana se realiza la tercera encuesta a cargo del INE quien atiende la instrucción del TRIFE. Las dos anteriores han sido ganadas por el diputado Muñoz Ledo, pero no con el margen que establecía la convocatoria. Esta lucha intestina es la punta de un iceberg que no esconde los objetivos de los dos grupos (¿tribus?) que buscan tener el control del proceso electoral del 2021 y, desde luego, de la elección presidencial. Creo que AMLO necesita un partido político que acompañe e impulse las acciones orientadas a avanzar en la transformación que se. La crisis económica ha acotado los recursos para programas sociales y las demandas aumentarán, al tiempo, los contrarios al gobierno, hoy polarizados, aumentarán sus críticas y buscarán hacer suyos a los ciudadanos no encuentren respuesta a sus demandas. Jorge Zepeda Petterson, en su siempre inteligente análisis (Milenio Diario 15/10/2020), señala: “Por ende, la estabilidad social está amenazada por un doble fuego: por un lado, los grupos desprotegidos que, si bien apoyan en lo general al presidente, ya no están dispuestos a esperar para resolver problemas puntuales y buscarán recursos donde puedan encontrarlos. Del otro lado, por los grupos opositores a López Obrador que se sienten amenazados por sus políticas y lo culpabilizan de todos sus males; de manera creciente intentarán entorpecer su gobierno o paralizar el efecto de sus estrategias públicas.” Jorge Zepeda alerta que, si bien en este momento las oposiciones están pulverizadas, y las expresiones de esa extrema derecha aposentada en la explanada del Zócalo da más pena que preocupación, no podemos cerrar los ojos a la posibilidad de que se geste un Jair Bolsonaro que encabece este movimiento opositor con mejores resultados que los actuales. Por ello, es esencial que Andrés Manuel ponga orden en Morena para que pueda convertirse, como sucedió en 1938 con el Partido de la Revolución Mexicana, que fue la plataforma que permitió a Lázaro Cárdenas del Río mantener la gobernabilidad luego de su ruptura con Plutarco Elías Calles, seguir avanzando en su reforma laboral y agraria e, incluso, realizar con éxito, sorteando todos los peligros, la Expropiación Petrolera en marzo de 1938…En dos semanas hemos perdido a dos hombres cuyas aportaciones a la ciencia han merecido un reconocimiento dentro y fuera del país: Mario Molina, premio Nóbel de Química, cuyo aporte a favor del medio ambiente ha sido punto de partido en la lucha contra los efectos del cambio climático y la sostenibilidad. Guillermo Soberón Acevedo, quien fuera rector de la UNAM por dos períodos, llevando a nuestra Máxima Casa de Estudios a niveles de calidad y excelencia académica reconocidos a nivel internacional. Como Secretario de Salud transitó a esa dependencia a la modernidad administrativa. Impulsó la Ley General de Salud. Enfrentó la aparición de una pandemia vigente a nuestros días: VIH, y los efectos del terremoto de 1985 que generó graves daños al sector…Los investigadores a nivel mundial coinciden en la urgencia de cambiar los hábitos alimentarios toda vez que la pandemia ha mostrado claramente que si seguimos esa mala práctica seguirán aumentando los riesgos de comorbilidad y de mortalidad. Urge un Plan de Salud Alimentaria que sabemos el gobernador Adán Augusto López Hernández está impulsando mediante un proyecto transversal que incluye a las secretarías de Bienestar, Salud, Educación, Cultura, DIF y Agricultura y Ganadería…Boris Johnson ha optado por la salida dura de la Unión Europea. Bruselas anticipa que no habrá un acuerdo. Lo cierto es que todo este tiempo ha permitido a la UE pavimentar el camino hacia una etapa postbrexit.

Prospectiva.

Emilio de Ygartua M.

Lunes 12 de octubre de 2020.

Desde su unción como líder de la Iglesia Católica, el primer Papa de origen latinoamericano ha evidenciado sus diferencias con aquellos que se oponen a una transformación a fondo de la iglesia nacida hace más de dos mil años. A sus 83 años, Jorge Mario Bergolio, el 266º pontífice, ha sido fiel a su compromiso con los pobres, empeño que lo distinguió antes y durante su sacerdocio en su natal Argentina. “Un cura” cercano a la gente, fanático del futbol, que en su país es una religión. Frecuente asistente a los partidos del San Lorenzo de Almagro, del cual es socio y fan, se ganó el aprecio de los de abajó porque, además de ser un activo promotor de programas que revirtieran la marginación y la pobreza, se enfrentó a los de arriba, a los gobernantes y a las clases acomodadas.

Durante la dictadura militar, Jorge Mario participó en acciones audaces que lo pusieron al borde del precipicio, pero nunca cerró la boca para denunciar las atrocidades cometidas por el régimen como las desapariciones ocurridas en esos años aciagos en los que la disidencia se pagaba con un viaje en avión con destino final en el fondo del Océano Atlántico. La Guerra de las Malvinas, contra Inglaterra, fue un muy buen camuflaje que sirvió para ocultar la represión y el genocidio.

Como sacerdote, conoció del intrincado laberinto del poder eclesiático que muy pocos logran recorrer con éxito para transitar hasta las altas esferas de la estructura de un gobierno clerical que, si bien tiene sus hilos en el Vaticano, no escapa de las particularidades de la propia travesía local que se incubó a la hora en que las naciones hispanoamericanas adquirieron carta de naturalización al independizarse de la Madre Patria. 

Bergolio, quien fuera Arzobispo de Buenos Aires (1998-2013) y Cardenal presbítero de San Roberto Bellarmino (2001-2013), fue electo Papa el 13 de marzo de 2013, luego de la renuncia de Benedicto XVI (Joseph Aloisius Ratzinger), el Papa de origen alemán elegido, en abril del 2005, a la muerte de Juan Pablo II. Francisco, nombre que adoptó en homenaje y plena sincronía con San Francisco de Asís (de quien abreva su compromiso con lo social, con la igualdad y la fraternidad humana), ha roto con muchos de los viejos moldes de la curia romana, lo que le ha valido la abierta animadversión de varios cardenales que han hecho pública sus discrepancias por “el estilo personal de gobernar” del primer pontífice jesuita y latinoamericano. 

Luego de ser elegido como cabeza de la Iglesia Católica, el Papa Francisco ha publicado 3 encíclicas: “Lumen Fidei” (Luz de la Fe), en 2013; “Laudato Si”, en 2015, y, el próximo pasado 4 de octubre, “Frattelli Tutti” (Hermanos Todos). Una encíclica es una Carta Solemne que un pontífice dirige a todos los obispos y fieles católicos. Desde 1800, cuando el Papa Pio VII publicó la primera, se han escrito hasta la fecha 275 encíclicas. Muchas de ellas se agrupan en los que la Iglesia Católica ha denominado su “doctrina social”. Vale recordar algunas de las más relevantes: Rerum Novarum (León XIII en 1891), sobre cuestiones sociales, en clara reacción al avance de las ideas socialistas en Europa; Quadragésima anno (Pio XI en 1931), sobre cuestiones laborales; Mater Magistra (Juan XXIII en 1961), sobre los campesinos; Populorum progressio (El Progreso de los Pueblos) de Pablo VI en 1967. 

El mismo Pablo VI escribió, en 1971, otra Encíclica, (Ochenta Aniversario) sobre los nuevos problemas sociales a ocho décadas de la publicación de “Rerum Novarum” de León XIII. En este documento, escrito en el contexto de la Guerra Fría, el pontífice que modernizó a la Iglesia Católica, expone nuevamente la oposición del Vaticano al totalitarismo, en clara alusión al socialismo soviético; al tiempo que enfatiza el compromiso con el humanismo. 

Durante su pontificado, Juan Pablo II publicó dos encíclicas con consideraciones de tipo social: “Trabajo Humano” (1983), y “Centesimus annus” (1991), un nuevo recordatorio de “Rerum Novarum”, a cien años de su publicación, encíclica ésta que, como se puede observar, ha impreso una huella indeleble en la doctrina social de la Iglesia por su abierta defensa a la propiedad privada y su oposición al modelo socialista que, de acuerdo con las tesis de León XIII, “ponía en peligro el iusnaturalismo en el que se funda la propiedad privada y el trabajo mismo.”

Hermandad y fraternidad.

En este año 2020, marcado por la Pandemia de la Covid-19, el Papa Francisco, publica esta tercera encíclica que reúne consideraciones sobre el mundo y la sociedad dignas de leerse y analizarse sin importar el “color del cristal con el que se mire”, parafraseando a Calderón de la Barca. “Entrego esta encíclica como un humilde aporte a la reflexión para que, frente a diversas y actuales formas de eliminar o de ignorar a otros, seamos capaces de reaccionar con un nuevo sueño de fraternidad y de amistad social que no se quede en palabras.” Anticipa Francisco que, en el contexto de la heterogeneidad religiosa y las diferencias existentes entre muchas de ellas, sus propuestas, fundadas en sus convicciones cristianas, puedan generar rechazo, “he procurado hacerlo de tal manera que esta reflexión permita abrir el diálogo con todas las personas de buena voluntad”.

El pontífice inició a escribir este documento cuando “irrumpió de manera inesperada la pandemia, que puso al descubierto nuestras falsas seguridades.” El jefe de la Iglesia Católica pone sobre la mesa un señalamiento difícil de rebatir: “Más allá de las diversas respuestas que dieron los distintos países, se evidenció la incapacidad de actuar conjuntamente. A pesar de estar hiperconectados, existía una fragmentación que volvía más difícil resolver los problemas que nos afectan a todos. Si alguien cree que sólo se trataba de hacer funcionar mejor lo que hacíamos y las reglas ya existentes, está negando la realidad.”

¿Ver el futuro a través del espejo retrovisor?.

Igual que hace el filósofo austríaco, Sigmund Bauman, al hablar de las particularidades de lo que él llamó “la sociedad líquida”, a la que describió como un estadio en el que se evidencia un recurrente propósito de la sociedad de mirar hacia adelante a través del espejo retrovisor, y de minusvalorar lo trascendente dando mayor peso a lo efímero e intrascendente, Francisco pone de manifiesto su preocupación por esta “vuelta al pasado”, especialmente en los jóvenes. Tampoco minimiza los riesgos de las políticas migratorias que se fundan en el cierre de fronteras, en la construcción de muros, “cerrando los ojos a las causas multifactoriales de las migraciones en el mundo”, viendo con gran entusiasmo y apetencia a corrientes políticas que promueven los nacionalismos y soberanismos, que nos recuerdan tiempos oscuros de un pasado reciente.

“Abrirse al mundo, es una expresión que hoy ha sido cooptada por la economía y las finanzas”, señala el pontífice, quien considera que el incremento de los conflictos locales y el desinterés por el “bien común”, han sido muy útiles a los propósitos de una globalidad cuyo objetivo central es imponer un modelo cultural único. “Esta cultura unifica al mundo, pero divide a las personas y a las naciones, porque la sociedad cada vez más globalizada nos hace cada vez más cercanos, pero no más hermanos.”

Francisco hace una dura crítica al modelo neoliberal que endiosa al mercado. “El mercado no lo resuelve todo”, precisa, en clara alusión a las tesis del capitalismo clásico que confiaban en que la `mano invisible´ lo regularía, dogma que ha retomado el modelo neoliberal. “Se trata de un pensamiento pobre, repetitivo, que propone siempre las mismas recetas frente a cualquier desafío que se presenta.”

Ante el crecimiento de las propuestas de que el crecimiento económico medido con indicadores como el PIB no garantiza una justa distribución de la riqueza y, mucho menos el bienestar social, Francisco apunta que, si bien hay reglas económicas que resultaron eficientes para el crecimiento, “no contribuyeron al desarrollo humano integral.” 

Sus tesis obligan a la reflexión y a la atención, especialmente cuando alerta de los riesgos que conlleva un populismo que promueve la confrontación, alienta la discordia y divide a la sociedad, lo que hace imposible el logro de objetivos comunes: hacer realidad el bienestar general, tarea a la que, insiste, “no se puede excluir a ningún miembro de la comunidad, respetando los disensos y buscando los consensos.”

Economía social de mercado.

Retomando los planteamientos anteriores, está claro que no se podrá alcanzar un mundo solidario y fraterno, si se mantienen vigentes las premisas del modelo capitalista que ponen por encima de todo al mercado y lo propósitos utilitarios, entendidos éstos como el elemento primigenio para generar la riqueza individual. Por ello han cobrado fuerza las propuestas orientadas a promover la economía social de mercado como un proyecto de paz internacional.                   

El investigador de origen argentino, Marcelo F. Resico, en su ensayo “La economía social de Mercado”, establece que ésta es, “al mismo tiempo que una teoría completa de la economía”, una forma de organización probada en la economía real. El doctor en economía explica que este enfoque se desarrolló en Alemania y se aplicó a la economía de esa nación luego de la Segunda Guerra Mundial, “con un importante éxito” lo que dio lugar al llamado “milagro alemán”, que tuvo una muy favorable influencia en las naciones vecinas, lo que contribuyó de manera importante a la estabilidad económica, política y social, y a evitar un nuevo conflicto bélico en la región y mundial.

Resico señala que la economía social se basa en la organización de mercados mediante la implementación de un mejor sistema de asignación de recursos orientado a corregir y generar las condiciones institucionales, éticas y sociales para su operación eficiente y equitativa. “En los casos requeridos no se abstiene de compensar o corregir posibles excesos o desbalances que puede presentar un sistema económico moderno basado en mercados libres, caracterizado por una minuciosa y extensa división del trabajo, escenario en el que, en determinados sectores y bajo ciertas circunstancias, estos actores pueden alejarse de una competencia leal y eficaz.”

La revista “Diálogo Político” reprodujo (21 de septiembre 2020), un artículo de Chistopher Gohl, Nils Goldsmidt, Ulrich Hemel y Jeffrey Sachs, publicado originalmente en “Frankfurt Allgemeine Zeitung” (23 de diciembre de 2019), en el cual dichos autores sostienen que: “En ningún lugar del mundo el poder económico debiera acumularse de tal forma que cierre el mercado. La paz social se encuentra bajo presión cada vez mayor. La forma en que abordamos el cambio climático, la digitalización y la migración, si generamos y distribuimos la riqueza sostenible, se convierten aspectos cruciales para la coexistencia próspera y pacífica.”

En razón de este considerando, invitan “a reflexionar sobre la economía social de mercado como un orden para el siglo XXI, capaz de garantizar la paz social, no sólo en Alemania, más allá de todas las líneas partidarias, sino en todo el mundo.” Fundan su aseveración en el hecho de que “este modelo contribuye a que la gente viva bien.”

¿En que se basa esta argumentación? Los autores insisten en que la paz social y la gobernabilidad están en riesgo latente si los gobiernos no se enfocan en implementar medidas pertinentes a sus circunstancias específicas: Un modelo económico que priorice el desarrollo con equidad, que cancele todo tipo de exclusiones y ayude, en países como el nuestro, a atemperar, primero, a revertir, después, la pobreza. Un modelo que genere bienestar a partir de un desarrollo ecológicamente sostenible.

¿Un modelo para México?.

En este artículo se establece que “la economía social de mercado” prepara el terreno para ello. ¿Por qué? En razón de que está diseñada para la reconciliación entre el capital y la mano de obra, la ciudad y el campo, los ricos y los pobres, los jóvenes y los ancianos, el crecimiento y el medioambiente. “No sirve a los intereses y privilegios particulares, sino que les da a todos la oportunidad de desarrollarse.”

En México, Tabasco no es la excepción, un grupo de empresarios y de jóvenes universitarios, están volteando los ojos hacia este modelo que ha demostrado plenamente su viabilidad “al combinar la libertad empresarial, la estabilidad del marco regulatorio, la cohesión social y la sostenibilidad ecológica.” Considero que lo que más ha llamado su atención es que, donde se ha implementado la economía social de mercado, ha contribuido a la prosperidad, a la innovación y al progreso, debido a que “crea las bases económicas para que las personas puedan desarrollar su potencial a través de una buena educación y recibir apoyo en situaciones de vulnerabilidad como la enfermedad, la discapacidad y el desempleo.”

Ahora que se ha manifestado el propósito de mandar al modelo neoliberal al demonio, creo que resulta una buena alternativa para el gobierno federal voltear a ver a este modelo. ¿Por qué? Sus planteamientos son coincidentes en lo relativo a generar bienestar social basado en una distribución justa y equitativa del ingreso. ¿Qué se tendría que hacer? Fortalecer las bases liberales del Estado, impulsando una política social orientada a las oportunidades, la colaboración social entre sindicatos y gremios empresariales y la democracia como forma de vida y promover un equilibrio en la comunidad entre la responsabilidad personal y los límites de la acción basada en la solidaridad, entre el desarrollo de la libertad y unas reglas justas y confiables. “Ni paternalismo ni descontrol, constituyen básicamente, el camino correcto”, precisan los autores del artículo de referencia.

¿Por qué sería bueno que nuestro país transitara por esta nueva ruta? México suscribió los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible firmados por los 193 países miembros de la ONU. Entre los objetivos, se incluyen la educación de calidad, la lucha contra la pobreza, la equidad de género, el trabajo digno y las instituciones estables y promotoras de paz. La Cuarta Transformación que impulsa el actual gobierno de la república es coincidente con estos propósitos. 

Si a la hora de hacer a un lado un modelo que por treinta años ha prohijado la pobreza, cobijado la corrupción, alentado la marginación y acotado el compromiso primigenio del Estado con el desarrollo para todos, no estaría de más ver las coincidencias y la viabilidad de adoptar y adaptar este modelo que ha mostrado y demostrado sus virtudes. Si lo hacemos, como señalan los autores de esté ensayo: podremos alinear con éxito la libertad económica con la responsabilidad global y habremos preparado el camino para los procesos innovadores y de aprendizaje que requerimos urgentemente y, con ello, garantizar la paz social, la gobernabilidad y el desarrollo sostenible, hoy y mañana. Vale la pena intentarlo.

Prospectiva.

Emilio de Ygartua M.

Lunes 5 de octubre 2020.

A Quino, por su talento y por volvernos reflexivos en un mundo unidimensional.

Estamos a cuatro semanas de las elecciones presidenciales en los Estados Unidos. Un proceso comicial que ha transitado por caminos inéditos desde que George Washington fuera electo presidente de la naciente nación, 30 de abril de 1789, como reconocimiento a su papel en la guerra de independencia y sus dotes políticas que justifican sea considerado como “El padre de la Patria”. Ha habido mandatarios electos en momentos complejos; en medio de luchas internas que dieron lugar a la Guerra Civil, (Abraham Lincoln); de crisis económicas severas o conflictos bélicos de nivel mundial (Franklin D. Roosevelt), sin embargo, las elecciones de este 2020 serán recordadas por los graves efectos de la pandemia y de la crisis económica que han conmocionado al planeta dando lugar a una nueva normalidad que todavía no acabamos de definir, mucho menos de entender y de aceptar.

Es en este escenario en el que los norteamericanos deberán acudir a una de sus citas más importantes con las urnas para decidir si refrendan el mandato, por cuatro años más, de Donald Trump, electo en 2016, para sorpresa de muchos, o se da un vuelco para llevar a la Casa Blanca a un demócrata que la conoce muy bien porque la cohabitó durante dos períodos como copiloto del presidente Barak Obama. De acuerdo a distintos sondeos, el abanderado del Partido Demócrata obtuvo la victoria en el primer debate del martes de la semana pasada. Según CNN, 6 de cada 10 electores (60%) vieron ganar a Biden, en tanto que apenas un 28% dijo lo mismo de Trump.

Sin embargo, el jueves pasado por la noche, una noticia cimbró las estructuras políticas y económicas de los Estados Unidos, con efectos mundiales. No, no es exagerada esta aseveración, que el presidente de esa nación haya resultado contagiado de coronavirus, junto con su esposa Melania, puede tener diversos efectos en el proceso electoral y en la propia operación de su gobierno. Es muy factible que, al menos el segundo debate, sea pospuesto o, incluso, cancelado derivado de la cuarentena que habrá de guardar quien a lo largo de los meses había minimizado los efectos de la pandemia. 

Deseamos que su evolución sea favorable. Desconocemos su verdadero estado de salud ya que, al igual que sus declaraciones fiscales, lo ha ocultado, por ello no sabemos a ciencia cierta los riesgos que pudiera enfrentar al quedar infectado. Desde ese momento, el vicepresidente Mike Pence deberá estar preparado para asumir funciones de jefe de Estado y gobierno. Asimismo, Nancy Pelosi, segunda en la línea sucesoria, debe guardarse para evitar contagios. De ese tamaño es la noticia.

Primer debate, primero.

No obstante lo anterior, vale comentar lo ocurrido en el caótico y ríspido debate del martes pasado donde vimos a un presidente desgastado, tenso, con un lenguaje corporal que evidenciaba que no se encontraba cómo. Si bien tuvo la fuerza suficiente para atacar a su oponente poniendo énfasis en su edad y en algunos otros de sus faltantes, no pudo eludir los señalamientos sobre su pésima gestión de la pandemia que ubica a su país con el mayor número de infectados y muertos a nivel mundial y, mucho menos, explicar cómo un millonario de su estatura pagó solamente 750 dólares de impuestos en el 2017 y 2018. 

Fue un debate que evidenció que el presidente de la nación más poderosa del orbe no está a la altura de su investidura. Su majadería y falta de educación propició que el debate fuera, en muchos sentidos, estéril e, incluso, molesto para un auditorio que esperaba escuchar propuestas y no diatribas. Este es, ha sido y seguirá siendo el estilo de Donald Trump; él sabe cómo aprovechar estos escenarios. 

El martes pasado, el actual inquilino de la Casa Blanca rebasó todos los límites, interrumpiendo de manera constante a Joe Biden, pasando por alto las reglas previamente acordadas por ambos partidos. El moderador, Chris Wallace (Fox News), naufragó en las aguas turbulentas generadas por el candidato republicano que hablaba al mismo tiempo que su oponente impidiendo el desarrollo de una agenda que incluía temas torales como la gestión de la pandemia, la violencia racial, la economía y, por último, pero muy importante, cuál sería su reacción al resultado de las elecciones, sobre todo si éste les es adverso. 

La democracia norteamericana en peligro.

La respuesta de Donald Trump generó justificadas preocupaciones. Mientras el ex vicepresidente de los Estados Unidos insistía en que el voto por correo ha cumplido en el pasado con todas las normativas y generado certidumbre en el electorado, el republicano no solo refrendaba su desconfianza por el voto por ese medio, al tiempo, anticipaba que las elecciones de noviembre “serán fraudulentas” porque “en los estados gobernados por demócratas se están haciendo muchas cosas muy malas”; acusaciones que nunca sustentó con pruebas específicas. De lo que se trataba era de generar desconfianza. ¿Lo logró? Lo sabremos pronto.

Así las cosas, en tanto que el candidato demócrata se comprometió a aceptar el resultado y pidió a sus conciudadanos acudir a las urnas, Trump amenazó (no hay otra palabra) que, de existir cualquier asomo de fraude, no legitimará el triunfo de su oponente y, adelantó, él y sus partidarios acudirán hasta las últimas instancias: la Suprema Corte de Justicia. 

Sus adeptos ya están mostrando el músculo en las calles con acciones violentas y actitudes propias de grupos neonazis de extrema derecha parte importante de su “voto duro”. Sus milicias han estado muy a la vista en las últimas semanas y, sin duda, crecerá su visibilidad conforme se acerque el 3 de noviembre y después, ya que se anticipa un escenario poselectoral muy complicado que puede posponer el resultado final llevándolo al terreno judicial. 

Por si alguien no lo tenía claro, cobra especial relevancia la designación de una nueva juez en la Suprema Corte, la conservadora Amy Coney Barret, joven abogada a quien Trump propone para cubrir el espacio que ha dejado en ese poder Judicial la icónica Ruth Bader Ginsburg, fallecida el 18 de septiembre pasado. Coney, católica opuesta abiertamente al aborto y a los matrimonios del mismo sexo, apoya las medidas adoptadas por Trump contra los migrantes, al tiempo que se ha manifestado como defensora a ultranza de la Segunda Enmienda de la Constitución que protege el derecho del pueblo estadounidense a poseer y portar armas.

Sobre la propuesta de Coney, Joe Biden no puso en tela de juicio sus méritos académicos, lo que sí cuestionó es el momento: “¿Por qué no esperar al resultado de las elecciones?” Trump lo rebatió señalando que a él lo eligieron por cuatro años, no por tres años y nueve meses. “Ganamos en el 2016, ratificamos dos años después nuestra mayoría en el Senado y, por ello, vamos a elegir a una nueva juez que dará certeza jurídica a ese poder por largos años.”

Otro tema del debate fue la gestión de la pandemia. Biden señaló que el presidente Trump había mentido a la población sobre los riesgos sanitarios, como ha quedado en evidencia al darse a conocer la entrevista hecha por Bob Woodward en la que el mandatario reconoce haber optado por “no apanicar” a sus gobernados e intranquilizar a las bolsas, ocultando los riesgos de la pandemia. En ese momento del debate apareció en escena el tema del “Obamacare”, programa impulsado por Barack Obama, que el candidato demócrata defendió “ya que garantiza servicios de salud a los que menos tienen”. Donald Trump mantuvo su discurso histórico descalificándolo y ratificó que luchará hasta el final para cancelar “un programa apoyado por los radicales de izquierda, como Bernie Sanders y Joe Biden, que pretenden – lo expresó en varias ocasiones- llevar a los Estados Unidos al socialismo.”

Acostumbrado a dar datos falsos, Trump señaló que durante su administración ha logrado bajar los precios de las medicinas: “enfrentándome a las farmacéuticas”, lo que Biden negó, al tiempo que señaló que muchas de las muertes por la COVID-19  en su país son resultado tanto de las ineficiencias e insuficiencias del sector salud norteamericano como de la exclusión sufren millones de personas mientras las grandes aseguradoras “se han llevado la gran tajada del pastel”, derivado de la privatización de los servicios de salud.”

La violencia racial.

Sobre la creciente violencia racial que se vive en el vecino del norte, el presidente fue incapaz de defenderse adecuadamente de los ataques de su adversario cuando éste puso sobre el atril duros señalamientos acerca de los efectos negativos que ha tenido su discurso xenofóbico, ultraconservador, que ha soliviantado a un numeroso grupo de personas que han llevado nuevamente a los espacios públicos un discurso supremacista que ha conducido al país hacia un reencuentro con los tiempos más amargos del segregacionismo y la violencia racial, razón de ser de las duras manifestaciones de afroamericanos ocurridas en buena parte del país exigiendo punto final a la violencia policial. Piden justicia y no la “ley y orden” a secas, como ha impuesto el régimen trumpiano. El presidente se negó a condenar a los supremacistas blancos.

En el tema económico, Donald Trump presumió los logros alcanzados por su administración; desgraciadamente para él, estos logros tienen un antes y un después de la pandemia. Sus primeros tres años, sin duda, resultaron exitosos. “América primero” no fue solo una arenga, un slogan en su permanente campaña reeleccionista. Sin embargo, los buenos logros del primer trienio se han esfumado a causa de una crisis inesperada que adelantó los tiempos de recesión económica que sus asesores, y los analistas económicos, ya anticipaban desde mediados del 2019 pero que Trump creyó no llegaría hasta pasadas las elecciones. Mal cálculo.

En las propuestas económicas quedó claramente expuesta la dicotomía programática entre ambos candidatos. Trump señaló que seguirá apostando por la explotación y uso de las energías fósiles, al tiempo que justificó la salida de su país de los acuerdos ambientales, como el de París, y anticipó que mantendrá abierta la economía a pesar de los efectos por la pandemia. 

No dejó de advertir a la audiencia que si su oponente gana lo primero que hará será cerrar nuevamente la economía, provocando un desastre, además, dijo, “Biden aumentará los impuestos porque sus propuestas están fundadas en principios socialistas”. El candidato demócrata no negó que promoverá un incremento de impuestos a los que más ganan, fundado en una estrategia orientada a lograr una mejor distribución de la riqueza. Anticipó que de llegar a la presidencia “apostará por el desarrollo de las energías limpias, empezando por la sustitución de automóviles de combustión interna por eléctricos. Volveremos a integrarnos a las organizaciones orientadas a revertir los efectos del cambio climáticos.”

Considero que por el formato como por la grosera actitud de Donald Trump, el primer debate quedó a deber. Pasará a la historia como el desencuentro de dos candidatos que están lejos de ser la mejor opción para los tiempos que vive esa nación, cuyo liderazgo mundial ha menguando de manera significativa merced a una diplomacia de horca y cuchillo impuesta por el actual mandatario y por su secretario de Estado, Mike Pompeo, que actúa al más viejo estilo de los procónsules romanos, generando alianzas entre sus cercanos para justificar una dominancia imperial que lejos está de abonar a la paz mundial como argumentan los que promueven la candidatura del presidente norteamericano al Premio Nobel de la Paz.

¿Ayudó este debate a los electores indecisos para definir a quién entregarán su voto el 3 de noviembre? Los analistas consideran que no. Utilizando “las sabias palabras” de quien fuera gobernador del estado de Guerrero en los años setenta, Rubén Figueroa Alcocer, podemos decir que, lamentablemente, la “caballada” norteamericana está muy flaca. Espero que el miércoles próximo, Kamala Harris y Mike Pence, aspirantes a la vicepresidencia, den un mejor y más digno espectáculo. Por cierto, la Comisión de Debates Presidenciales ha dispuesto cambios al formato de éstos luego de los excesos del primer mandatario de la nación, sin embargo, el que se realicen o no los dos debates programados dependerá de la evolución de Donald Trump al contagio. En buena onda, espero que se cumpla su idea de que el Covid-19 es “una simple gripita” y que la libre sin problemas. Su contagio ya provocó la caída de los precios del petróleo, de algunas Bolsas y la depreciación de algunas monedas, incluyendo la nuestra.

De todo un poco.

Clara la petición que el gobernador Adán Augusto López Hernández hizo al director general de la CFE, a que en el manejo de presa Peñitas “se actúe con sensibilidad y responsabilidad”…La solicitud del Jefe del Ejecutivo federal, por intermedio del Senado de la República, para que la suprema Corte de Justicia de la Nación avalara la realización de una consulta popular para determinar si la ciudadanía está de acuerdo en juzgar a expresidentes de la república por diversos procederes generó un evidente desgaste de ese poder no sólo al interior, también al exterior. Las declaraciones de todos y cada uno de los once ministros quedarán para la historia en razón de la trascendencia de esta decisión. La modificación de la pregunta que omite los nombres de los exmandatarios, precisa que las acciones que deriven de la consulta se realizarán con apego al marco constitucional y legal”, deja a buen resguardo lo que mandata el artículo 35 de nuestra Carta Magna en lo relativo a los derechos humanos y al debido proceso. Tocará ahora al INE definir la mecánica para la celebración de la consulta…El tema de la extinción de los fideicomisos ha generado dentro y fuera de la Cámara de Diputados una evidente tensión. La ausencia de las oposiciones en el pleno trasladó para mañana martes el desenlace. Muchos beneficiarios de estos fideicomisos, especialmente investigadores, artistas y deportistas de alto rendimiento están preocupados. Arturo Herrera, titular de Hacienda afirmó ante el pleno que los apoyos están garantizados y que llegarán por la vía presupuestal… Andrés Manuel López Obrador se desprendió simbólicamente de su investidura presidencial y se refirió a Morena, el partido que lo llevó al poder. Duros fueron sus comentarios: “Llevan los dirigentes de Morena no se cuanto tiempo sin resolver lo de la dirigencia, enfrascados en pleitos”. Señaló que las encuestas muestran que una gran mayoría manifiesta que si hoy fueran las elecciones votarían por ese instituto político, por lo cual sentenció que “es mucho pueblo para poca dirigencia”, al tiempo que demandó que cualquier dirigente o partido “debe anteponer el bien de los demás por encima de sus intereses personales, aunque estos sean legítimos.”

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