Emilio de Ygartua M.
Lunes 10 de febrero 2020.
Europa, tan lejos y, en realidad, tan cerca, a causa de la globalidad. Por ello, es un error ver con desdén, con indiferencia lo que ha ocurrido al cerrar el primer mes de este nuevo año. La salida del Reino Unido e Irlanda del Norte de la Unión Europea, es un evento que debemos comprender en toda su dimensión y, sobre todo, estar alertas de las repercusiones económicas que el Brexit tendrá para el viejo continente, para la Pérfida Albión y para el resto del planeta. Desde luego, el análisis no debe abandonar la objetividad para poder, en el caso de México, blindarnos, sí, pero también sacar provecho de esta coyuntura.
Debemos partir de lo que el Reino Unido ha significado a lo largo de la historia, en buena parte de ella, como actor protagónico. Invadido por los normandos en 1066 (Guillermo I de Normandía), adoptaron el modelo feudal del norte de Francia y se amoldaron a la cultura normanda, incorporando a su lengua original muchas palabras que hoy forman parte de la lengua inglesa. Los reyes medievales ingleses pusieron en marcha una estrategia geopolítica que permitió su expansión y dominancia en otros territorios de la Gran Bretaña, como Gales, pero fracasaron en su intento de hacerse del territorio de Escocia. La declaración de Arbroath, permitió a Escocia mantener su soberanía, pero no eliminó las tensiones con la corona inglesa.
Con el objetivo de poner fin a la influencia francesa en la Isla, los monarcas ingleses aprovecharon la pertenencia de varios territorios en Francia para, desde allí, ampliar su presencia en las tierras galas, lo que dio lugar a la Guerra de los 100 años que concluyó con una derrota para Inglaterra que puso fin a su presencia en ese territorio. Vale comentar que Escocia fue aliada importante de Francia en ese conflicto, lo que le permitió mantener su independencia, la cual perdieron años después convirtiéndose, estatus vigente hasta la fecha, en un territorio semi independiente, que con la salida del Bexit puede modificarse. De este riesgo escribiré más adelante
E impulso mayor para que el Reino Unido se convirtiera, primero, en un sólido Estado Nación, y después en un imperio, deviene de dos hechos muy claramente delimitados: el primero, el rompimiento de Enrique VIII con el papado, que se negó a aceptar su divorcio de Catalina de Aragón, hermana de Felipe II de España, poderoso monarca y aliado importantísimo de la Iglesia Católica. El nacimiento de la autónoma Iglesia de Inglaterra que acompañó al sisma protestante promovido por Lutero y Calvino, debilitó seriamente al Vaticano y a un modelo feudal que había cumplido su ciclo. Max Weber (“La Ética Protestante y el Origen del Capitalismo”), señala a este momento como la génesis del modelo capitalista de producción. En este sentido, el segundo envión a favor del imperio británico, fue la primera revolución industrial, precedida en Inglaterra por la guerra civil ocurrida en el último tramo del siglo XVII, que puso fin a la monarquía absoluta, empoderando al parlamento (Cámara de los Comunes), integrado por una burguesía que, con la revolución se había convertido, apoyado en las teorías liberales de Hobbes, Locke, Smith y Ricardo, en la clase económicamente dominante y, más tarde, también en clase políticamente dominante.
Del mercantilismo al capitalismo.
Beneficiada por la transferencia de riqueza que llegaban de España y Portugal, cuya fortalece imperial se vio menguada al no transitar del modelo feudal al capitalista, Inglaterra (también Francia y Holanda) logró convertirse en nación hegemónica a partir del mercantilismo, soporte de lo que pronto sería el modelo capitalista de producción. Esos países se disputaron nuevos territorios al tiempo que mantenían asolados a españoles y portugueses, cuyos territorios y galeones eran cotidianamente atacados por piratas avalados por esas monarquías. También hubo desencuentros entre esas tres naciones que se disputaban nuevos territorios, como ocurrió en lo que hoy es Canadá y los Estados Unidos. La lucha fue claramente dominada por los ingleses, que, a los territorios obtenidos en América del Norte, sumó los enormes territorios de China y la India.
En los albores del siglo XX, el Reino Unido era la potencia hegemónica a nivel mundial. Por ello, su papel protagónico durante la Primera Guerra Mundial (1914-1919), como opositor a los propósitos expansionistas de Alemania, cuyo káiser, Guillermo II, quería sacar provecho de la unificación lograda a finales del siglo XIX, por su tío abuelo Guillermo I. Inglaterra y Francia, antagónicos históricos, enfrentaron a Alemania y su aliada Austria-Hungría, venciéndolos con el apoyo final de los Estados Unidos de América. Inglaterra impuso duras sanciones a Alemania, y sus aliados, a la que quitó territorios, obligó al pago de indemnizaciones onerosas y a desintegrar sus ejércitos (Tratado de Versalles), génesis de la II Guerra Mundial (1939-1945), al provocar el surgimiento del nacionalsocialismo, abanderado por Adolfo Hitler, quien desde el poder (1933), llevó al mundo a un nuevo conflicto mundial.
Terminada la guerra, en 1945, la URSS, EUA, Reino Unido y Francia, firman los tratados de Potsdam. Alemania se divide en cuatro zonas. Estados Unidos se convierte en el nuevo líder del modelo capitalista, al tiempo que la URSS surge como antagónico ideológico y militar abanderando al modelo socialista que, desde 1922, se había convertido en forma de gobierno del grupo vencedor en la revolución de octubre de 1917. Inicia la “Guerra Fría”, la Liga de las Naciones, inoperante como mediadora, fue sustituida por la ONU (Carta de San Francisco, 1945). ¿Cómo garantizar la paz en un mundo polarizado y dividido por dos visiones irreconciliables?
De inicio, la preocupación de los aliados era evitar que, una vez más, Alemania y Francia fueran germen de un nuevo conflicto, como había ocurrido con las dos guerras mundiales. Los padres fundadores de la idea de crear una organización capaz de mantener unidas a esas dos naciones, sumar a Holanda, Bélgica y Luxemburgo (Benelux) y a Italia, primero en la CECA, la Comunidad Económica Europea del Carbón y el Acero (1946) y luego, en el Eurotom (1947), fueron líderes europeos como: Robert Schumann, Jean Monnet, Winston Churchill, Alcide de Gasperi, Paul-Henri Spaak, Konrad Adenauer, Walter Holstein y Altiero Spinelli. Pero la cumbre de esta propuesta, fue impulsar la creación de una Comunidad Económica Europea (Declaración Schumann. 1950), que permitió que la original unión aduanera transitara hacia una Unión Europea (Tratado de Maastricht. 1992)
Nadie puede restarle méritos a esta idea. Si duda, fue un factor para evitar nuevos conflictos entre Francia y Alemania, aún en los momentos más álgidos de la Guerra Fría, cuando las “dos alemanias”, eran el epicentro de las tensiones entre el Oeste, liderado por los Estados Unidos, y el Este, capitaneado por la URSS, que derivado del éxito de esta unión aduanera, impulsó la creación de una contra parte, el Comecom, alianza comercial y económica de los países socialistas que operaron como satélites de la URSS hasta la caída del Muro del Berlín (noviembre 1989) y la segunda reintegración alemana (1991).
En 1950, mediante el Tratado de Roma, nace la Comunidad Económica Europea integrada por los mismos seis países que fundaron la CECA y el Eurotom. En 1973, la CEE abre sus puertas a tres nuevos socios: Reino Unido, Irlanda y Dinamarca. Es importante mencionar que no fue fácil la incorporación de la primera nación. Fue el primer ministro, Edward Heat (miembro del partido Conservador), quien, abrumado por los conflictos en Irlanda del Norte y por la crisis económica que lastimó seriamente al sector productivo inglés, propuso al Parlamento (Cámara de los Comunes) solicitar el ingreso a la CEE. Entonces, los liberales y los laboristas, defensores del proteccionismo, se manifestaron contrarios a una propuesta que, decían, “pondría en riesgo la soberanía nacional”. Como han cambiado las cosas en estas últimas cuatro décadas.
Entonces, se convocó a un referéndum ganado por una mínima diferencia por los europeístas. En 1973, el Reino Unido se convirtió en socio de la mancomunidad europea. Los resultados económicos de corto plazo no ayudaron a Heat quien perdió las elecciones internas de su partido. Los toris eligieron a Margaret Thatcher (1975) como su líder y primera ministra (primera mujer en ese cargo). Recordemos que la llamada “ministra de hierro”, hizo mancuerna con el presidente de los Estados Unidos, Ronald Reagan (1980-1988), para impulsar el mal llamado “neoliberalismo”, apoyados en las tesis de los “Chicago boys”, que entronizaron el libre comercio, fomentaron los acuerdos comerciales y las relaciones multilaterales, contra las que hoy se manifiestan, paradójicamente, los neoconservadores, como Trump, que impulsó modificaciones al TLCAM, y Boris Johnson, activo promotor del Brexit, lucha de varios años que se ha cristalizado con la salida del Reino Unido e Irlanda del Norte de la Unión Europea.
¿Cuáles serán los efectos de esta salida? Hoy, existe mas incertidumbre que certeza sobre el efecto que tendrá para los británicos. Los líderes de la Unión Europea, Emmanuel Macron y Ángela Merkel, tampoco tienen claro los efectos que para Europa tendrá este divorcio. El primero, quien está próximo a acceder al liderazgo pleno ante el retiro político de la alemana, ha dicho que los 27 países restantes deberán hacer un análisis objetivo, a fondo, no sólo de los efectos del Brexit, sobre todo, de las causas.
Para mi, una de las razones internas más fuertes, fue el crecimiento acelerado de la UE, sobre todo después de la caída del Muro de Berlín, que pronto sumó a sus filas a países de la vieja cortina de hierro, que, si bien tenían poco que ofrecer en niveles de desarrollo, generaban dos aparentes ventanas de oportunidad para las naciones miembros de la unión, sobre todo para las más industrializadas: mano de obra barata y un mercado abierto a productos que los países del Este anhelaban consumir. Desgraciadamente, las asimetrías no disminuyeron, y los flujos migratorios hacia las naciones industrializados provocaron graves tensiones políticas y sociales. Reino Unido fue un de los países que más resintió los efectos de el arribo de migrantes en busca de oportunidades, a los que se sumaron migrantes por razones políticas y religiosas, con origen en Siria y en Oriente Medio. Sumemos a esto, el crecimiento incontrolable de migrantes africanos buscando mejores escenarios en naciones que en otros tiempos los colonizaron y expoliaron, dejándolos en la ruina; miseria de la que ahora huyen con pocas esperanzas de revertir.
¿Qué es lo que sigue?.
Lo que está claro es que la incertidumbre será la temática de los próximos meses. Gran Bretaña permanecerá hasta finales de este año en la UE, pero sin aplicar sus votos. Lo 73 eurodiputados ingleses recién electos ya han recogido sus cosas y han dejado sus curules vacías, lo que obligará a una reingeniería del Parlamento Europeo. Los intercambios comerciales entre el Reino Unido y la UE continuarán hasta diciembre. El libre tránsito de personas continuará también hasta esa fecha. Los británicos que cuentan con un pasaporte comunitario tendrán que solicitar visa para moverse por el espacio de la UE. Lo que más puede afectar a la UE es que a partir de enero del 2021, el Reino Unido dejará de aportar recursos al presupuesto (es el segundo aportante después de Alemania), lo que significará un duro boquete a las finanzas de la mancomunidad europea. Finalmente, señalar el riesgo que para el Reino Unido significa que Escocia transite hacia la independencia plena.
De todo un poco
Estados Unidos.
Como se anticipó, el enjuiciamiento de Donald Trump se convirtió en un bumerang que ha golpeado en la cabeza a los demócratas. Trump sale fortalecido, no sólo por haberse mantenido en el poder, además, porque, luego de muchas dudas, los republicanos se han convertido en “el partido del presidente”. Por mayoría, los republicanos pusieron un alto al juicio, sin embargo, hay que señalar que los 47 senadores demócratas y dos independientes que votaron a favor, representan 19 millones de votos ciudadanos más que los 51 republicanos que apoyan a su presidente. El lunes pasado se celebraron, con enormes problemas y dudas sobre el proceso, las primarias en Iowa, un estado emblemático. Los últimos cuatro candidatos de ese partido ganaron ahí. El resultado en Iowa ha significado una enorme sorpresa. No ganó Sanders, quedó en segundo lugar, detrás de Pete Buttigieg (¿el caballo negro?), ex alcalde de South Bend, Indiana, abiertamente homosexual. El moderado Joe Bidden, favorito en muchas encuestas, fue relegado al cuarto lugar, en tanto que Elizabeth Warren, obtuvo el tercer lugar y la moderada Amy Klobuchar, se ubicó en el quinto sitio. Por su parte, Donald Trump arrasó en estas primarias. ¿Alguien tiene la menor duda de que será el abanderado republicano? El martes pasado, al rendir su tercer informe del estado de la Unión, el mandatario recalcó sus logros en materia económica y el freno a los migrantes, a los que volvió a descalificar groseramente. “Cumplí, Estados Unidos es grande otra vez”, exclamaba eufórico el neoyorkino, que escuchaba la ovación de sus correligionarios, al tiempo que, Nancy Pelosi, la líder demócrata en la Cámara de Representante, rompía el discurso de Trump y lo depositaba en el bote de la basura.
España.
La instalación de la XIV legislatura española, a la que asistió el jefe de Estado, el rey Felipe VI, evidenció las fracturas que derivan de la polarización de las fuerzas políticas que pasaron de un modelo bipartidista, que garantizaba cierta estabilidad, a uno que ha llevado a un auténtico parlamentarismo cuya pluralidad anticipa que será difícil para Pedro Sánchez mantener la gobernabilidad, revertir la parálisis parlamentaria y la del gobierno que, en tan solo cuatro años, ha cambiado de manos en tres ocasiones. El rey Felipe VI, fue aplaudido durante tres minutos por aquellos que coinciden en su dicho de que: “España no puede ser de unos contra otros”. Fueron 49 diputados, de los partidos soberanistas, los que no asistieron a la sesión solemne; justificaron su ausencia exclamando: “No tenemos rey”, al tiempo que calificaban al jefe de Estado de “antidemocrático” por oponerse “a la plena autonomía de los países vascos y de Cataluña.” México. Andrés Manuel López Obrador, tiene frente así varios enormes retos: inseguridad, estancamiento de la economía y el problema de las pensiones que es un asunto que puede poner en riesgo la gobernabilidad…Los panistas dicen un día que sí, y, al otro, que no le entran al INSABI, por el afán de Marko Cortés, líder panista, de llevarle la contra al gobierno federal. ¿Por qué poner por delante los intereses de la sociedad y su derecho a servicios de salud de calidad?…No se equivoca López Obrador cuando señala que en los violentos reclamos que se están dando en la UNAM, hay “mano negra”. ¿Quién quiere desestabilizar a nuestra máxima Casa de Estudios? ¿Será acaso la extrema derecha la que busca la caída del rector para hacerse de ese importante bastión?