Lunes 29 julio 2019
Emilio de Ygartua M.
Inicio esta colaboración con una pregunta que hoy parece fundamental: ¿Está la 4T en contra de la realidad, o es la realidad la que está en contra de la 4T? La interrogante deriva del debate que ha surgido entre el presidente Andrés Manuel López Obrador y organismos internacionales, calificadoras, diarios nacionales e internacionales y bancos, relacionado con la tasa de crecimiento del PIB para este año que ya transita por la segunda mitad de su vida.
Desde su campaña político electoral, el tabasqueño nos plateó que se si revertía la corrupción y se impulsaba una política económica enfocada en darle más a los que menos tienen, al tiempo que se abandonaban las políticas neoliberales, que por más de 30 años se habían aplicado a raja tabla en nuestro país, tanto por gobiernos priistas como panistas, sí era posible crecer a un 4 por ciento anual; oferta que resultaba muy atractiva si partimos del hecho de que a lo largo de esas tres décadas, el crecimiento del PIB, en promedio, fue cercano al 2 por ciento anual.
En el mensaje pronunciado en un hotel del Centro Histórico de la Ciudad de México, la misma noche de su arrasadora victoria en las urnas, López Obrador tuvo mucho cuidado en construir un discurso conciliador buscando generar la confianza del sector empresarial, buena parte del cual era abierto opositor a su llegada a la presidencia de la república luego de dos intentos fallidos merced, precisamente, a las artimañas utilizadas por algunos miembros del sector productivo coludidos con los presidentes panistas Vicente Fox y Felipe Calderón, unidos en el propósito de evitar la victoria de quien no se cansaban en calificar de “un peligro para la nación”. No es que Peña Nieto y “la mafia del poder”, no hayan intentado lo mismo, pero el nivel de hartazgo en la población era de tal dimensión que no pudieron evitar ser arrasados en las urnas el domingo 1º de julio del 2018.
Esa noche, el tabasqueños ofreció disciplina fiscal y un presupuesto equilibrado, al tiempo que manifestaba su compromiso de hacer uso de él de manera responsable; ofertas que los mercados nacionales y extranjeros recibieron con satisfacción generando certidumbre sobre los tiempos por venir. La conformación de su equipo de trabajo, específicamente en el sector hacendario, con Carlos Urzúa a la cabeza, acompañado por el ahora titular de la secretaría de Hacienda, Arturo Herrera, fueron señales muy claras de que el presidente López Obrador cumpliría sus promesas de campaña. El respeto a la autonomía del Banco de México, también fue tomada en cuenta como un elemento que generaba confianza en los inversores privados nacionales y extranjeros. Esos compromisos, a ocho meses de distancia del inicio de su administración, se han cumplido cabalmente.
Sin embargo, el muy largo trasiego entre el día de la elección y la toma de posesión, dio lugar decisiones del presidente electo que revivieron los factores de incertidumbre entre los dueños del capital. El anticipo de que no se continuaría con la construcción del Aeropuerto de Texcoco fue, sin duda, la génesis de ese ambiente de intranquilidad en el sector empresarial, nacional y extranjero, que no quedó satisfecho con los argumentos que, primero, giraron en torno a los propósitos especulativos de quienes, a sabiendas de que allí se construiría un nuevo aeródromo, se hicieron de terrenos aledaños con una visión del mañana fincada en enormes ganancias por la reventa o el uso de esos predios para generar desarrollos viviendístico o comerciales, aprovechando la plusvalía que la urbanización del aeropuerto conllevaría para los terrenos aledaños al nuevo aeródromo.
Estrategias para el desarrollo
Si, la corrupción, la maldita corrupción, que cuesta tanto trabajo erradicar. Sin embargo, el propio titular de la SCT, Javier Jiménez Espriú, señaló hace dos semanas que las razones principales que llevaron a la cancelación del aeropuerto de Texcoco, fueron técnicas, sumadas al oneroso presupuesto que implicaba su construcción. Los opuestos a la unilateral decisión, insisten en que el aeropuerto tenía garantizado el flujo de recursos para su construcción provenientes de lo que pagamos los usuarios del Aeropuerto Internacional Benito Juárez de la Ciudad de México.
Sean peras o manzanas, el cumplimiento del anticipo de la decisión de cancelarlo, a partir de una consulta pública indefendible, no sólo significó un golpe económico para las finanzas públicas del gobierno, además, llegó acompañada de una nueva controversia por la decisión, también unilateral y muy controvertida, de construir en Santa Lucía el aeropuerto que sustituirá al de Texcoco. Tocó al ex secretario de Hacienda, Carlos Urzúa (ahora lo sabemos, opuesto a la decisión de cancelarlo), negociar con los tenedores de bonos que amenazaban con acudir ante los tribunales para reclamar la devolución de lo invertido. La señal, es evidente, no fue bien recibida ni dentro ni fuera del país.
A la cancelación del aeropuerto y el traslado del proyecto a Santa Lucía, se sumó la decisión del presidente de la república de impulsar la economía del sureste del país mediante dos obras que ya había anticipado antes de tomar de posesión: la refinería de Dos Bocas, en Paraíso, Tabasco, y el Tren Maya, que recorrerá puntos estratégicos para el turismo en la Península de Yucatán. No se hicieron esperar las críticas a ambos proyectos, en especial al primero, argumentando que la obra era inviable financieramente y que ahondaría la crisis financiera de la hoy empresa productiva del Estado, PEMEX. Las críticas arreciaron cuando la invitación a cuatro empresas especializadas en la construcción de refinerías no fue aceptada, aduciendo la imposibilidad de poder cumplir no en el tiempo solicitado ni con el presupuesto establecido. La descalificación de las calificadoras, se sumo a las voces discrepantes dándoles, es obvio, nuevos argumentos para atacar al presidente.
Esa respuesta no hizo recular al gobierno federal, que siempre ha argumentado, no solo la importancia de este proyecto para detonar el desarrollo de la región sureste del país, además, el papel que esa refinería tendrá en las estrategias para alcanzar la autosuficiencia en la producción de gasolinas. Ante esa negativa, la respuesta del gobierno fue que tanto PEMEX como la Secretaría de Energía sean las responsables de la construcción, en los tiempos y con el presupuesto originalmente planteados. El tiempo dirá quién tenía la razón.
En Tabasco, es necesario decirlo, la gran mayoría apoyamos este proyecto porque no solo conlleva la posibilidad de poder alcanzar la autosuficiencia prometida, asimismo, porque alienta las expectativas de alcanzar un desarrollo diferente al que hasta ahora ha generado el sector energético en nuestra entidad, que suele ser fugaz. La refinería de Dos Bocas está llamada a ser la detonadora de la Industria Petroquímica secundaria en la región, como debió haber ocurrido hace muchas décadas en el país.
En lo que al sector energético se refiere, resulta muy importante el acuerdo alcanzado entre el presidente Andrés Manuel López Obrador y el sector empresarial, encabezado por el líder del Consejo Coordinador Empresarial, Carlos Salazar, quien, nuevamente, puso el pecho por delante para lograr que los hombres de negocios dejen atrás sus dudas y resistencias a invertir, lo que permitirá reabrir a la iniciativa privada la participación en el sector energético con regulación estatal. “El mensaje importante es que sí se acepta la inversión privada, con reglas claras, en la petroquímica. Solamente se van dejar Pajaritos y La Cangrejera como parte de la inversión pública”, declaró el propio dirigente empresarial. Será Alfonso Romo, jefe de la Oficina de la Presidencia, el responsable de instalar y conducir la mesa de negociaciones con el sector privado. Esperamos que haya consistencia y persistencia en este acuerdo. Por el bien del país.
Sumo a lo anterior, la reunión del propio primer mandatario de la nación con un grupo de banqueros de México y del extranjero que, nuevamente han convenido
conformar una bolsa con créditos para impulsar el desarrollo económico del país. Sirvan estos dos ejemplos para mostrar y demostrar que el gobierno no se ha cruzado de brazos ante los señalamientos, internos y externos, acerca de los riesgos de una recesión económica.
Crecer o no crecer, ese es el dilema
Desde luego, no se trata de fustigar a quienes anticipan un crecimiento menor a lo esperado, como el FMI, que ha hecho pública la cifra del 0.9 por ciento, o la ridícula predicción difundida horas después por Citibanamex, que vaticina un crecimiento del 0.2 por ciento, que vino acompañada de la declaración de su director financiero quien dice que esa cifra no significa que México esté en fase recesiva. ¡Seamos serios, señores¡ Por cierto, fue este mismo banco, el que había aplaudido el acuerdo entre gobierno y empresarios celebrado hace un par de meses, el que recién calificó el Plan de Negocios de PEMEX, como “mucho ruido y pocas nueces” ¿Habrá línea desde sus oficinas centrales en Estados Unidos? ¿Ya se les olvidó que fueron sus escandalosas utilidades obtenidas en México las que salvaron de la quiebra a Citi Grup en la crisis financiera del 2008-2009?
La realidad nos muestra que a nivel planetario hay claros signos recesivos en la economía. Latinoamérica es una muestra indiscutible de ello. Es cierto que Estados Unidos vive una aparente bonanza, pero ella deriva de las políticas monetaristas de la Reserva Federal impulsadas desde la Casa Blanca. Se espera la baja de al menos medio punto porcentual de las tasas de interés para seguir impulsando el consumo, sumado a la más baja tasa impositiva desde el gobierno de Ronald Reagan, impulsor del modelo neoliberal que aún subsiste a nivel planetario. Sin embargo, muchos anticipan que, en el 2020, posiblemente después del proceso electoral de noviembre, el auge terminará dando paso a un nuevo período recesivo.
A la pregunta inicial en esta colaboración, no queda más que una respuesta, la semana pasada la mencioné en este mismo espacio; si se quiere crecer a una tasa superior al 2 por ciento, es necesaria una política económica clara en cuanto al rumbo y al propósito. Para que haya distribución de la riqueza, vale insistir, es necesario generar la riqueza a distribuir, y la única fórmula viable en un sistema capitalista de producción, es alentar la inversión privada, garantizándole reglas claras sin que esto signifique que el Estado abandone, como lo hizo con total descaro en el pasado reciente, su compromiso como regulador y como garante de que la riqueza generada no siga el mismo camino hasta hoy recorrido: la concentración en pocas manos. Así las cosas, la Cuarta Transformación que se pretende, tan necesaria para México, no puede cerrar los ojos ante la realidad si en verdad lo que quiere es promover un cambio a esa realidad, caracterizada por la desigualdad y la pobreza extrema, más allá de que la mida el CONEVAL o el INEGI.
Lo que está muy claro es que hay un grupo de modernos conspiradores que día a día se empeñan en hacernos creer, y vaya que tienen medios para hacerlo, que “su realidad” es la realidad del país. Es un grupo que, evidentemente, hará todo lo posible para que la Cuarta Trasformación naufrague. Están contra de un cambio de régimen, porque, saben muy bien que, de triunfar este nuevo proyecto de nación, como la mayoría de la sociedad lo desea, será el fin de sus privilegios. Nada más, pero nada menos.
Y, sin embargo, la 4T
La semana pasada reproduje algunos planteamientos hechos por Jorge Zepeda Petterson, analistas mexicano, en su columna “Pensándolo bien”, que se publica en el diario español “El País”. Nuevamente me tomo esa licencia con su artículo publicado el 24 de julio pasado. A bote pronto, abre se columna señalando: “AMLO está empujando al país en la dirección correcta. Pero estar de acuerdo con sus grandes objetivos no nos hace incondicionales de sus métodos.”
Derivado de los duros señalamientos hechos por López Obrador contra medios informativos como Proceso, Financial Times y, Sin embargo, y contra el FMI, Zepeda Petterson opina que: “[El presidente] ve un campo de batalla plagado de enemigos: prensa, organismos financieros internacionales, calificadoras, intelectuales, expresidente del país, manifestantes, sociedad civil, empresarios. Tengo la impresión de que muchos de estos adversarios son reales en el sentido de que tienen intereses legítimos e ilegítimos para oponerse a un cambio, pero otros, simplemente, reaccionan a ambientes polarizados desatados por el mandatario”.
Finaliza expresando que: “Pese a todo y más allá del exabrupto, estoy convencido de que AMLO está empujando al país en la dirección correcta”. Luego de manifestar su discrepancia con modos y calificaciones entre buenos y malos, el analista concluye que: “El país necesita una 4T, o algo que se le parezca, y hay un presidente dispuesto a intentarlo. Sería deseable que pudiéramos transitar este camino sin despedazarnos”.
Energía para el desarrollo de Tabasco
Desde hace cuatro décadas, el petróleo ha sido parte fundamental de nuestro proyecto de desarrollo estatal. No podemos negar los beneficios que ello ha significado para nuestra entidad, tampoco, las distorsiones que a nuestra economía le ha generado. Hoy, ante el umbral de un nuevo boom petrolero, el gobernador del estado Adán Augusto López Hernández, busca alinear con el proyecto nacional las estrategias locales en materia energética. Hecho muy importante es que, por primera vez, contamos con una dependencia responsable en la materia, la Secretaría para el Desarrollo Energético.
Derivado de la reciente aprobación por el Congreso del Estado, y sus respectiva publicación en el Periódico Oficial, del Plan Estatal de Desarrollo 2019-2014, dicha dependencia, encabezada por José Antonio de la Vega Asmitia, en su calidad de Coordinador del Subcomité Sectorial de Desarrollo Energético y Energías Renovables, convocó a los integrantes del mismo a conocer, en presencia del coordinador estatal del COPLADET, Leopoldo Díaz Aldecoa, el Programa Sectorial de Desarrollo Energético y Energías Renovables, que parte del diagnóstico resultante de una amplia consulta a especialistas y académicos, de la cual deriva una visión prospectiva que delinea un futuro deseable y posible para el sector en energético que contribuya al desarrollo integran de Tabasco, como ha comprometido el gobernador del estado. Tanto el referido plan como el Programa Operativo Anual de esa secretaría, fueron aprobados por unanimidad por los integrantes de Subcomité.