Prospectiva

Lunes 29 julio 2019

Emilio de Ygartua M.

Inicio esta colaboración con una pregunta que hoy parece fundamental: ¿Está la 4T en contra de la realidad, o es la realidad la que está en contra de la 4T? La interrogante deriva del debate que ha surgido entre el presidente Andrés Manuel López Obrador y organismos internacionales, calificadoras, diarios nacionales e internacionales y bancos, relacionado con la tasa de crecimiento del PIB para este año que ya transita por la segunda mitad de su vida.

Desde su campaña político electoral, el tabasqueño nos plateó que se si revertía la corrupción y se impulsaba una política económica enfocada en darle más a los que menos tienen, al tiempo que se abandonaban las políticas neoliberales, que por más de 30 años se habían aplicado a raja tabla en nuestro país, tanto por gobiernos priistas como panistas, sí era posible crecer a un 4 por ciento anual; oferta que resultaba muy atractiva si partimos del hecho de que a lo largo de esas tres décadas, el crecimiento del PIB, en promedio, fue cercano al 2 por ciento anual.

En el mensaje pronunciado en un hotel del Centro Histórico de la Ciudad de México, la misma noche de su arrasadora victoria en las urnas, López Obrador tuvo mucho cuidado en construir un discurso conciliador buscando generar la confianza del sector empresarial, buena parte del cual era abierto opositor a su llegada a la presidencia de la república luego de dos intentos fallidos merced, precisamente, a las artimañas utilizadas por algunos miembros del sector productivo coludidos con los presidentes panistas Vicente Fox y Felipe Calderón, unidos en el propósito de evitar la victoria de quien no se cansaban en calificar de “un peligro para la nación”. No es que Peña Nieto y “la mafia del poder”, no hayan intentado lo mismo, pero el nivel de hartazgo en la población era de tal dimensión que no pudieron evitar ser arrasados en las urnas el domingo 1º de julio del 2018.

Esa noche, el tabasqueños ofreció disciplina fiscal y un presupuesto equilibrado, al tiempo que manifestaba su compromiso de hacer uso de él de manera responsable; ofertas que los mercados nacionales y extranjeros recibieron con satisfacción generando certidumbre sobre los tiempos por venir. La conformación de su equipo de trabajo, específicamente en el sector hacendario, con Carlos Urzúa a la cabeza, acompañado por el ahora titular de la secretaría de Hacienda, Arturo Herrera, fueron señales muy claras de que el presidente López Obrador cumpliría sus promesas de campaña. El respeto a la autonomía del Banco de México, también fue tomada en cuenta como un elemento que generaba confianza en los inversores privados nacionales y extranjeros. Esos compromisos, a ocho meses de distancia del inicio de su administración, se han cumplido cabalmente.

Sin embargo, el muy largo trasiego entre el día de la elección y la toma de posesión, dio lugar decisiones del presidente electo que revivieron los factores de incertidumbre entre los dueños del capital. El anticipo de que no se continuaría con la construcción del Aeropuerto de Texcoco fue, sin duda, la génesis de ese ambiente de intranquilidad en el sector empresarial, nacional y extranjero, que no quedó satisfecho con los argumentos que, primero, giraron en torno a los propósitos especulativos de quienes, a sabiendas de que allí se construiría un nuevo aeródromo, se hicieron de terrenos aledaños con una visión del mañana fincada en enormes ganancias por la reventa o el uso de esos predios para generar desarrollos viviendístico o comerciales, aprovechando la plusvalía que la urbanización del aeropuerto conllevaría para los terrenos aledaños al nuevo aeródromo.

Estrategias para el desarrollo

Si, la corrupción, la maldita corrupción, que cuesta tanto trabajo erradicar. Sin embargo, el propio titular de la SCT, Javier Jiménez Espriú, señaló hace dos semanas que las razones principales que llevaron a la cancelación del aeropuerto de Texcoco, fueron técnicas, sumadas al oneroso presupuesto que implicaba su construcción. Los opuestos a la unilateral decisión, insisten en que el aeropuerto tenía garantizado el flujo de recursos para su construcción provenientes de lo que pagamos los usuarios del Aeropuerto Internacional Benito Juárez de la Ciudad de México.

Sean peras o manzanas, el cumplimiento del anticipo de la decisión de cancelarlo, a partir de una consulta pública indefendible, no sólo significó un golpe económico para las finanzas públicas del gobierno, además, llegó acompañada de una nueva controversia por la decisión, también unilateral y muy controvertida, de construir en Santa Lucía el aeropuerto que sustituirá al de Texcoco. Tocó al ex secretario de Hacienda, Carlos Urzúa (ahora lo sabemos, opuesto a la decisión de cancelarlo), negociar con los tenedores de bonos que amenazaban con acudir ante los tribunales para reclamar la devolución de lo invertido. La señal, es evidente, no fue bien recibida ni dentro ni fuera del país.

A la cancelación del aeropuerto y el traslado del proyecto a Santa Lucía, se sumó la decisión del presidente de la república de impulsar la economía del sureste del país mediante dos obras que ya había anticipado antes de tomar de posesión: la refinería de Dos Bocas, en Paraíso, Tabasco, y el Tren Maya, que recorrerá puntos estratégicos para el turismo en la Península de Yucatán. No se hicieron esperar las críticas a ambos proyectos, en especial al primero, argumentando que la obra era inviable financieramente y que ahondaría la crisis financiera de la hoy empresa productiva del Estado, PEMEX. Las críticas arreciaron cuando la invitación a cuatro empresas especializadas en la construcción de refinerías no fue aceptada, aduciendo la imposibilidad de poder cumplir no en el tiempo solicitado ni con el presupuesto establecido. La descalificación de las calificadoras, se sumo a las voces discrepantes dándoles, es obvio, nuevos argumentos para atacar al presidente.

Esa respuesta no hizo recular al gobierno federal, que siempre ha argumentado, no solo la importancia de este proyecto para detonar el desarrollo de la región sureste del país, además, el papel que esa refinería tendrá en las estrategias para alcanzar la autosuficiencia en la producción de gasolinas. Ante esa negativa, la respuesta del gobierno fue que tanto PEMEX como la Secretaría de Energía sean las responsables de la construcción, en los tiempos y con el presupuesto originalmente planteados. El tiempo dirá quién tenía la razón. 

En Tabasco, es necesario decirlo, la gran mayoría apoyamos este proyecto porque no solo conlleva la posibilidad de poder alcanzar la autosuficiencia prometida, asimismo, porque alienta las expectativas de alcanzar un desarrollo diferente al que hasta ahora ha generado el sector energético en nuestra entidad, que suele ser fugaz. La refinería de Dos Bocas está llamada a ser la detonadora de la Industria Petroquímica secundaria en la región, como debió haber ocurrido hace muchas décadas en el país. 

En lo que al sector energético se refiere, resulta muy importante el acuerdo alcanzado entre el presidente Andrés Manuel López Obrador y el sector empresarial, encabezado por el líder del Consejo Coordinador Empresarial, Carlos Salazar, quien, nuevamente, puso el pecho por delante para lograr que los hombres de negocios dejen atrás sus dudas y resistencias a invertir, lo que permitirá reabrir a la iniciativa privada la participación en el sector energético con regulación estatal. “El mensaje importante es que sí se acepta la inversión privada, con reglas claras, en la petroquímica. Solamente se van dejar Pajaritos y La Cangrejera como parte de la inversión pública”, declaró el propio dirigente empresarial. Será Alfonso Romo, jefe de la Oficina de la Presidencia, el responsable de instalar y conducir la mesa de negociaciones con el sector privado. Esperamos que haya consistencia y persistencia en este acuerdo. Por el bien del país.

Sumo a lo anterior, la reunión del propio primer mandatario de la nación con un grupo de banqueros de México y del extranjero que, nuevamente han convenido 
conformar una bolsa con créditos para impulsar el desarrollo económico del país. Sirvan estos dos ejemplos para mostrar y demostrar que el gobierno no se ha cruzado de brazos ante los señalamientos, internos y externos, acerca de los riesgos de una recesión económica.

Crecer o no crecer, ese es el dilema

Desde luego, no se trata de fustigar a quienes anticipan un crecimiento menor a lo esperado, como el FMI, que ha hecho pública la cifra del 0.9 por ciento, o la ridícula predicción difundida horas después por Citibanamex, que vaticina un crecimiento del 0.2 por ciento, que vino acompañada de la declaración de su director financiero quien dice que esa cifra no significa que México esté en fase recesiva. ¡Seamos serios, señores¡ Por cierto, fue este mismo banco, el que había aplaudido el acuerdo entre gobierno y empresarios celebrado hace un par de meses, el que recién calificó el Plan de Negocios de PEMEX, como “mucho ruido y pocas nueces” ¿Habrá línea desde sus oficinas centrales en Estados Unidos? ¿Ya se les olvidó que fueron sus escandalosas utilidades obtenidas en México las que salvaron de la quiebra a Citi Grup en la crisis financiera del 2008-2009? 

La realidad nos muestra que a nivel planetario hay claros signos recesivos en la economía. Latinoamérica es una muestra indiscutible de ello. Es cierto que Estados Unidos vive una aparente bonanza, pero ella deriva de las políticas monetaristas de la Reserva Federal impulsadas desde la Casa Blanca. Se espera la baja de al menos medio punto porcentual de las tasas de interés para seguir impulsando el consumo, sumado a la más baja tasa impositiva desde el gobierno de Ronald Reagan, impulsor del modelo neoliberal que aún subsiste a nivel planetario. Sin embargo, muchos anticipan que, en el 2020, posiblemente después del proceso electoral de noviembre, el auge terminará dando paso a un nuevo período recesivo. 

A la pregunta inicial en esta colaboración, no queda más que una respuesta, la semana pasada la mencioné en este mismo espacio; si se quiere crecer a una tasa superior al 2 por ciento, es necesaria una política económica clara en cuanto al rumbo y al propósito. Para que haya distribución de la riqueza, vale insistir, es necesario generar la riqueza a distribuir, y la única fórmula viable en un sistema capitalista de producción, es alentar la inversión privada, garantizándole reglas claras sin que esto signifique que el Estado abandone, como lo hizo con total descaro en el pasado reciente, su compromiso como regulador y como garante de que la riqueza generada no siga el mismo camino hasta hoy recorrido: la concentración en pocas manos. Así las cosas, la Cuarta Transformación que se pretende, tan necesaria para México, no puede cerrar los ojos ante la realidad si en verdad lo que quiere es promover un cambio a esa realidad, caracterizada por la desigualdad y la pobreza extrema, más allá de que la mida el CONEVAL o el INEGI.

Lo que está muy claro es que hay un grupo de modernos conspiradores que día a día se empeñan en hacernos creer, y vaya que tienen medios para hacerlo, que “su realidad” es la realidad del país. Es un grupo que, evidentemente, hará todo lo posible para que la Cuarta Trasformación naufrague. Están contra de un cambio de régimen, porque, saben muy bien que, de triunfar este nuevo proyecto de nación, como la mayoría de la sociedad lo desea, será el fin de sus privilegios. Nada más, pero nada menos.

Y, sin embargo, la 4T

La semana pasada reproduje algunos planteamientos hechos por Jorge Zepeda Petterson, analistas mexicano, en su columna “Pensándolo bien”, que se publica en el diario español “El País”. Nuevamente me tomo esa licencia con su artículo publicado el 24 de julio pasado. A bote pronto, abre se columna señalando: “AMLO está empujando al país en la dirección correcta. Pero estar de acuerdo con sus grandes objetivos no nos hace incondicionales de sus métodos.”

Derivado de los duros señalamientos hechos por López Obrador contra medios informativos como Proceso, Financial Times y, Sin embargo, y contra el FMI, Zepeda Petterson opina que: “[El presidente] ve un campo de batalla plagado de enemigos: prensa, organismos financieros internacionales, calificadoras, intelectuales, expresidente del país, manifestantes, sociedad civil, empresarios. Tengo la impresión de que muchos de estos adversarios son reales en el sentido de que tienen intereses legítimos e ilegítimos para oponerse a un cambio, pero otros, simplemente, reaccionan a ambientes polarizados desatados por el mandatario”.

Finaliza expresando que: “Pese a todo y más allá del exabrupto, estoy convencido de que AMLO está empujando al país en la dirección correcta”. Luego de manifestar su discrepancia con modos y calificaciones entre buenos y malos, el analista concluye que: “El país necesita una 4T, o algo que se le parezca, y hay un presidente dispuesto a intentarlo. Sería deseable que pudiéramos transitar este camino sin despedazarnos”.

Energía para el desarrollo de Tabasco

Desde hace cuatro décadas, el petróleo ha sido parte fundamental de nuestro proyecto de desarrollo estatal. No podemos negar los beneficios que ello ha significado para nuestra entidad, tampoco, las distorsiones que a nuestra economía le ha generado. Hoy, ante el umbral de un nuevo boom petrolero, el gobernador del estado Adán Augusto López Hernández, busca alinear con el proyecto nacional las estrategias locales en materia energética. Hecho muy importante es que, por primera vez, contamos con una dependencia responsable en la materia, la Secretaría para el Desarrollo Energético.

Derivado de la reciente aprobación por el Congreso del Estado, y sus respectiva publicación en el Periódico Oficial, del Plan Estatal de Desarrollo 2019-2014, dicha dependencia, encabezada por José Antonio de la Vega Asmitia, en su calidad de Coordinador del Subcomité Sectorial de Desarrollo Energético y Energías Renovables, convocó a los integrantes del mismo a conocer, en presencia del coordinador estatal del COPLADET, Leopoldo Díaz Aldecoa, el Programa Sectorial de Desarrollo Energético y Energías Renovables, que parte del diagnóstico resultante de una amplia consulta a especialistas y académicos, de la cual deriva una visión prospectiva que delinea un futuro deseable y posible para el sector en energético que contribuya al desarrollo integran de Tabasco, como ha comprometido el gobernador del estado. Tanto el referido plan como el Programa Operativo Anual de esa secretaría, fueron aprobados por unanimidad por los integrantes de Subcomité. 

Prospectiva

Lunes 22 de julio de 2019.

Emilio de Ygartua M.

La renuncia de Carlos Urzúa, y su entrevista en la revista Proceso, ha dejado muy en claro sus diferencias con una administración a la que fue invitado a colaborar a partir del reconocimiento se sus haberes, que no están en tela de duda. Lo que si deja mucho que desear es el método elegido para separarse del encargo. Como reconoce el ahora ex secretario de Hacienda en la entrevista al semanario fundado en los años setenta por Julio Sherer García, ícono del periodismo en nuestro país, esta es la tercera ocasión que abandona un proyecto al que es invitado por Andrés Manuel López Obrador, la primera, a los dos años de iniciado el gobierno del tabasqueño en el gobierno del Distrito Federal. 

Urzúa fue su secretario de Finanzas y, como él mismo lo menciona, su gestión fue muy exitosa; sin embargo, aduciendo su deseo de reinsertarse en el sector educativo, en su Alma Mater, el Tecnológico de Monterrey, al que ahora nuevamente regresa, dimitió a su encargo. Esta vez, lo hace de manera más estridente, dejando testimonio en blanco y negro sus diferencias con el estilo personal de gobernar de quien lo invitó, al tiempo que hace patentes sus discrepancias con la toma de decisión en temas como la cancelación del Aeropuerto de Texcoco, la habilitación de Santa Lucía y la Refinería de Dos Bocas, en Tabasco.

Pero, sin duda, el tema más espinoso es su señalamiento, en su carta de renuncia, de que hay conflicto de intereses e incapacidad técnica en algunos miembros del gabinete lopezobradorista, sin dejar de mencionar que se le impusieron algunos funcionarios. Sobre el primer señalamiento, que dio argumentos a los opuestos al régimen para pedir que de inmediato se hicieran las investigaciones de parte de la Secretaría de la Función Pública, el propio presidente de la república señaló, en su conferencia de prensa del día después de la renuncia, que Urzúa se había confrontado con Arturo Romo, con la responsable del SAT, y hasta con el también dimitente ex director general del IMSS.

En la entrevista concedida a Proceso, Urzúa plantea que el jefe de la oficina de la presidencia, Alfonso Romo, tiene conflicto de intereses pero que de ello no tiene pruebas; a falta de ellas, se centró en una dura crítica al empresario expresando su extrañeza de que Andrés Manuel lo haya hecho parte de su equipo cercano siendo que, argumentó, es un empresario con clara filiación de derecha, cercano al Opus Dei, al tiempo que él se ubicaba en una franja socialdemócrata que -dijo- la acercó de manera natural a López Obrador.

El tiempo, seguramente, nos dará las mejores respuestas acerca de las intenciones del ahora ex director general del IMSS y del propio Carlos Urzúa, al optar por hacer pública una renuncia que evidenciaba su distanciamiento de un proyecto al que fueron invitados por quien obtuvo el 1º de julio del 2018 un contundente respaldo de la ciudadanía. Apoyo que, sorprende a muchos, no solo se mantiene, sino que sigue creciendo, como lo evidencian las encuestas realizadas por medios de comunicación a los que nadie puede llamar afines a la 4T: El Financiero y Reforma, sobre todo este último, ligado a poderosos intereses económicos del norte del país y al PAN. Diario hoy dirigido por Juan Pardiñas, abierto opositor al régimen.

Desde luego, que no se pueden cerrar los ojos, ni poner oídos sordos, a los señalamientos de ambos renunciantes. En este espacio hemos manifestado preocupación por algunas de las decisiones tomadas por el gobierno federal. Me refiero a los feroces recortes presupuestales que si bien están orientados a reducir la pobreza extrema y a ayudar a sectores de la economía abandonados por gobiernos fundados en políticas neoliberales que llevaron al Estado a renunciar a sus obligaciones con los que menos tienen, han caído en excesos que lastiman a otros sectores, menos vulnerables, sí, pero que también tienen derecho a mantener beneficios que se han visto reducidos o, en el peor de los casos, eliminados.

Sobre la cancelación del Aeropuerto de Texcoco, si bien acepto los argumentos de corrupción relacionada con la compra de terrenos aledaños al aeródromo, considero que lo avanzado de la obra y lo invertido en ella, con recursos provenientes de el uso del aeropuerto Benito Juárez, obligaba a reconsiderar su continuidad, sobre todo, porque la opción de construir uno en los terrenos de Santa Lucía no resulta la más viable debido a circunstancias técnicas que tanto empresas aéreas, especialistas en esa materia y pilotos, han puesto sobre la mesa y que van más allá de temas como el impacto ambiental, importantes, sí, pero  que tiene mucho menor peso que el de la seguridad de los pasajeros y de la población aledaña al propuesto aeropuerto. No dudo que muchos de los amparos que impiden el inicio de la obra hayan sido promovidos por los inversionistas que querían hacer pingües negocios, pero también los han solicitado, por ejemplo, pilotos que centran sus argumentos en la seguridad aérea.

Sobre el tema energético, sí discrepo con Carlos Urzúa y con aquellos que se oponen al rescate de PEMEX. Este es un asunto que va más allá de un mero sentimiento nacionalista. Tiene que ver con la defensa de la soberanía energética del país. He escuchado las objeciones y las dudas manifiestas por especialistas en la materia con relación al Plan de Negocios presentado la semana pasada por Octavio Romero, director general de la empresa productiva del Estado. No puedo decir si los recursos destinados para su rescate son suficientes y si alcanzarán para rescatar a una empresa cuya deuda es inmensa. Lo que si puedo afirmar, como uno más de los muchos mexicanos que nos opusimos a la Reforma Energética de Peña Nieto, que no podemos permitir la extinción de esta empresa. El gobierno está apostando a que PEMEX financie el desarrollo nacional. Apostemos a favor de esa premisa.

La reducción de la carga fiscal y al aporte de recursos adicionales, ha señalado el propio presidente López Obrador, están orientados a que en el mediano plazo PEMEX recupere su capacidad productiva y podamos disminuir la dependencia que hoy nos obliga a importar 7 de cada 10 litros de comburente que se consumen en el país. Desde luego, considero que este plan de rescate, al tiempo que ponga énfasis en la refinación (lo que obliga al urgente rescate de las refinerías con las que ya se cuenta, algunas con nula producción en este momento), no se abandone la exploración y la producción. En este punto, me sumo a las propuestas de aquellos que consideran necesario impulsar asociaciones público-privadas para que PEMEX pueda acceder a recursos adicionales, sin perder la rectoría de los proyectos, como pretendió la Reforma Energética peñista. También, mi adhesión a la construcción de la Refinería de Dos Bocas, en Paraíso, Tabasco, que se sumaría a esta estrategia de defensa de la soberanía energética de la nación.

Ratificado Arturo Herrera

Como Urzúa, considero necesaria una reforma fiscal de gran calado. No olvido que Andrés Manuel ofreció que no se aumentarían los impuestos, pero es necesario que el Presupuestos del próximo año se construya a partir de una expectativa de captación de recursos adicionales que eviten acudir al endeudamiento público, si bien es cierto que el margen para hacerlo es elevado. Finanzas públicas sanas, como hasta ahora se ha logrado, será la principal encomienda del ya ratificado secretario de Haciendo, Arturo Herrera, hombre de todas las confianzas del presidente, quien se ha comprometido a no fallar como titular de la dependencia responsable de la captación y distribución de los dineros. Se sabe que él comparte la idea de su maestro Urzúa de impulsar una reforma fiscal que aumente la recaudación. ¿Podrá convencer a su jefe de que esta medida es inaplazable?

La austeridad decretada por el gobierno federal se funda en la premisa irrefutable de que no puede haber gobierno rico y pueblo pobre. La Ley de Ingresos que establece un techo para las percepciones de los funcionarios públicos, que no pueden ser mayores a las del presidente, no hay duda, es vista con buenos ojos por la mayoría de la población, por cierto, distante de emolumentos de ese nivel; sin embargo, ha generado molestia entre aquellos que, de tiempo atrás, han percibido salarios superiores a la tasa hoy establecida. La molestia del jefe del Ejecutivo en contra de los magistrados de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, habrá de atemperarse si se atiende a la idea de que ese poder solo cumple con la recepción de las quejas de los ciudadanos contra aquellos actos de autoridad que consideran afectan sus derechos humanos, consagrados en el artículo 1º de nuestra Carta Magna.

Por ello, considero que el camino tomado ahora por el presidente López Obrador es el adecuado: que sea el Poder Legislativo el que establezca los parámetros para determinar el monto de los sueldos y salarios de los funcionarios públicos, incluyendo el del propio presidente, sustentando en los criterios de austeridad que atienden al compromiso del primer mandatario de la nación de orientar los recursos económicos a atender las necesidades fundamentales de la sociedad, en consonancia con la Ley de Austeridad republicana impulsada en la Cámara baja por el diputado por Tabasco, Manuel Rodríguez.

Pero no quito el dedo del renglón; todo esto debe venir acompañado de una reforma fiscal capaz de elevar el número de contribuyentes; que establezca tasas justas a los que más ganan, al tiempo que estimule a los inversionistas, nacionales y extranjeros, a poner sus recursos en México, no con una visión especulativa, sino generando nuevas empresas y aumentando nuestra competitividad. Todo ello, concluyo diciendo, debe venir aparejado de un discurso presidencial que de certidumbre al sector empresarial, que hasta ahora ha recibido señales intermitentes, momentos de luz y de esperanza, que se apagan pocas horas después debido medidas que contradicen los acuerdos antes alcanzados. 

Como bien señala Arturo Herrera, las recesiones son parte de un modelo capitalista de producción que ha llevado a los ciclos económicos ha períodos cada vez de más corto plazo. Los que se empeñan en atribuir al gobierno actual el parón de la economía que se observa con la reducción del crecimiento del PIB, se olvidan que este comportamiento lleva varios meses y que no es privativo de México. 

Desde luego, no basta con señalar lo anterior, lo obligado, y en ello tendrán un papel medular tanto la Secretaría de Hacienda como el Banco de México, que deberán generar estrategias coordinadas a favor del desarrollo. Sin menguar la autonomía del banco central, creado en 1925 por Plutarco Elías Calles, se requiere que éste apueste por una baja en las tasas de interés para alentar la inversión productiva, el consumo y ello contribuya a generar empleos permanentes y bien remunerados.

Por un nuevo modelo económico

Por su parte, Hacienda, necesariamente con el convencimiento del titular del Poder Ejecutivo, debe apostar por la implementación de un modelo económico capaz de promover el desarrollo que se ha comprometido. El modelo monetarista que hoy impera no nos llevará por esa ruta. Considero que hay que aplicar estrategias keynesianas que promuevan el aumento del gasto público y que alienten la inversión privada. La semana pasada comenté que estamos observando un estancamiento en la creación de empleos, lo que está acelerando la caída del consumo privado, dos factores que sí pueden generar un escenario recesivo.

Es necesario crear empleos productivos, sin embargo, puede resultar inevitable, al aplicar las recetas keynesianas, que se tengan que generar “empleos improductivos” (burocracia controlada, investigación, crecimiento de la planta docente mejor remunerada, entre otros). Lo se, el riesgo es que con ello ocurra un incremento en la tasa de inflación, hoy relativamente controlada. Esto se puede evitar con una buena estrategia concertada entre Banco de México y Hacienda. 

Si le queremos apostar al desarrollo y no tan solo al crecimiento; si anhelamos en verdad los tiempos del desarrollo estabilizador y queremos impulsar un “nuevo milagro mexicano”, se requiere, no hay de otra, un Estado regulador, sí, pero al tiempo promotor de la confianza del sector empresarial. Los chinos no se equivocaron. Deng xio pin lo decía en 1977: “Para repartir riqueza, se necesita generar riqueza”. Rompamos paradigmas. No arriesguemos un futuro mejor apostándole a medidas conservadoras que ya mostraron su ineficiencia. Si vamos a romper con el neoliberalismo, que tan sólo nos trajo más pobreza y mayor concentración de la riqueza en pocas manos, entonces, tomemos otra ruta. 

No, de ninguna manera estoy invitando a un retorno al estatismo, ni a los tiempos del predominio del ogro filantrópico. La propuesta es una tercera vía que recupere los mejor de sistema capitalista, que es su capacidad de generar riqueza, y lo mejor del modelo socialista, que es garantizar la distribución equitativa de esa riqueza. Lástima que un auto llamado socialdemócrata, como Urzúa, haya saltado del barco sin insistir en estos cambios que no pueden esperar. 

Confío en que su alumno, Arturo Herrera, que no le tema a hablar, ni a actuar, en consonancia con sus ideas, convenza a su jefe de que los compromisos de campaña, y el triunfo de la Cuarta Transformación, pasan por la implementación de un nuevo modelo económico y social. De la política, del arte de gobernar, que se encargue AMLO, que lo sabe hacer muy bien.

De todo un poco

Por si alguien lo dudaba, Donald Trump hará lo necesario para lograr su reelección, incluso agitar los ánimos de los nacionalistas y supremacistas blancos. Los insultos y amenazas proferidos por el mandatario contra cuatro legisladoras que califica de extranjeras y que ha invitado a irse del país, han sido calificados por los demócratas norteamericanos y por gobernantes europeos, como Ángela Merkel, como impropios de un mandatario. No son pocos los que piensan que en el marco de la celebración de los 50 años de la llegada del hombre a la Luna, se le ponga en una cápsula y se le deposite en nuestro satélite natural…En tanto los ex gobernadores de Yucatán y de su vecina Campeche se dan con todo en su afán de convertirse en dirigente nacional de lo que quedó del PRI, se siguen sumando pruebas de que la corrupción es la principal causa de su debacle: Lozoya, los Duarte, y la supuesta participación de Enrique Peña Nieto en las actividades ilegales encabezadas por su abogado Juan Collado, sí, el mismo que defendió al hermano incómodo de Salinas de Gortari y que recién divorció al mexiquense, que ahora se da vida de “latin lover” en España. ¿Quién sufre por la eliminación de las pensiones presidenciales? Bueno, ahora hasta su primo, el actual gobernador de la tierra de Hank González, se ha visto envuelto en un escándalo por un deposito multimillonario en un banco en Andorra. Bien decía Don Carlos: “Un político pobre, es un pobre político”…Pedro Sánchez se ha mostrado incapaz de poder alcanzar acuerdos que le permitan su investidura como presidente del gobierno español. Todo parece indicar que se dirigen hacia un nuevo proceso electoral en septiembre próximo…¿Podrán los conservadores moderados evitar la llegada de Boris Johnson a la dirigencia del partido tory y de ahí a Downing Street? Esta semana lo sabremos.

Prospectiva

Lunes 15 de julio de 2019.

Ayer se cumplieron 230 años del inicio de la revolución francesa, con la toma de la Bastilla, una cárcel en la que la monarquía gala encerraba a los opositores al régimen. Si bien es cierto que al momento de que la burguesía revolucionaria tomó ese bastión medieval sólo había siete presos, este evento simboliza el inicio de una revolución cuyo objetivo era poner fin “al antiguo régimen”, terminando con la etapa feudal caracterizada por la dominancia de un monarca absoluto asociado con el poder de la Iglesia a cuyo amparo había surgido la tesis del “derecho divino de los reyes”, conculcando al pueblo su derecho soberano a autogobernarse.

La revolución francesa fue un proceso cruento que costó muchas vidas tanto de los opuestos al antiguo régimen, como de los que defendían, a toda costa, la pervivencia de los privilegios de la nobleza y el clero, empeñados en impedir que “el pueblo bajo” accediera al poder. Fueron las ideas generadas por “los enciclopedistas”, un grupo de intelectuales convocados por Luis XV para hacer una compulsa del conocimiento de la época, las que se convirtieron en la palanca de la transformación que puso fin a un  modelo económico, político y social, el feudalismo, para dar paso a otro nuevo, el sistema capitalista de producción, que ya había dado sus primeros pasos en la segunda mitad del siglo XVII, merced a la revolución inglesa, que terminó con la monarquía absoluta en aquella nación. 

La revolución francesa fue encabezada por una burguesía revolucionaria dispuesta a terminar con el estado de cosas. Su propósito fue poner fin a la intervención del Estado en la economía, con el propósito de dar paso a un sistema económico que privilegiara la generación de la riqueza a partir de la transformación del dinero en capital. La burguesía necesitaba acceder al poder político para generar las condiciones que permitieran acelerar la generación de riqueza que hizo posible que esa clase social se convirtiera en dominante a costa de la explotación del trabajo de su antagónica natural, la clase obrera, cuya única opción de sobrevivencia era la venta de su fuerza de trabajo a los dueños del capital.

Como señalara Carlos Marx, el padre del materialismo histórico, en el seno del feudalismo se gestó un nuevo modo de producción gracias a la participación activa de una clase social, la burguesía, cuyo impulso revolucionario fue capaz, al tiempo de abatir al antiguo régimen, de transformar las estructuras económicas, políticas y sociales, impulsando un proyecto de democracia liberal que propició la división de poderes y otorgó al pueblo la capacidad soberana, antes atribuida exclusivamente al monarca y sus aliados.

La lucha contra el antiguo régimen

Concluyo señalando que la revolución burguesa de 1789 puso punto final al antiguo régimen enfrentando la oposición abierta de los conservadores franceses que pretendían mantener intacta las estructuras económicas y políticas. Se llegó al extremo de constituir dos comités, el de Salud Pública y el de Seguridad Pública, que implementaron medidas radicales, impulsadas por los jacobinos, que llevaron a la guillotina a los llamados enemigos del “Tercer Estado” que, incluso aliados a fuerzas externas, buscaron impedir los cambios que buscaban aquellos que creían en la “libertad, la igualdad y la fraternidad”, sustentadas en el ejercicio pleno de los derechos humanos y políticos de los ciudadanos, conculcados durante un largo período por aquellos que creían que el poder del pueblo, para el pueblo y por el pueblo”, era cosa del diablo.

A más de dos siglos de distancia, la Revolución Francesa sigue siendo un ejemplo de lo que significa la transformación de las estructuras políticas, económicas y sociales caducas. Impulsar una transformación, entonces y ahora, conlleva riesgos, sí, pero se convierte en un proceso necesario para erradicar todo aquello que impide que la sociedad, toda, prospere. El populismo de ayer, impulsado por los revolucionarios de entonces, parte del reconocimiento del derecho primigenio del pueblo a transformar sus propias circunstancias mediante una capaz de modificar un entorno caracterizado por la desigualdad y la tendencia a la concentración de la riqueza y los privilegios en muy pocas manos.

Hoy, como ayer, los cambios radicales concitan la resistencia de aquellos que a toda costa buscan la pervivencia de un régimen caduco que ha demostrado su inoperancia y su inclinación a la injusticia y a la desigualdad. Es cierto, el modo de producción capitalista derivó en un modelo que pervirtió la liberalidad que lo engendró, haciendo de la lucha de clases, entre la burguesía dominante y la clase trabajadora dominada, un escenario que prohijó la desigualdad. Desde luego, no se trata de invitar a una rebelión armada como la francesa o la rusa, que trajo consigo un nuevo modelo económico, político y social que prometía una sociedad igualitaria que, por cierto, quedó a deber. 

De lo que se trata es de transitar, me refiero a México, hacia un estadio de desarrollo que no se funde únicamente en el crecimiento económico, sino en la generación de una riqueza que renuncie a ser concentrada en pocas manos en beneficio de unos cuantos y en detrimento de los muchos. La semana anterior, en este mismo espacio, señalé que la Cuarta Transformación a la que ha convocado Andrés Manuel López Obrador no puede entenderse como un simple cambio de gobierno. Esta convocatoria está legitimada por el resultado de un proceso electoral que obsequió a quien, a lo largo de más de tres décadas ha luchado por un cambio en este país, el derecho a encabezar esta necesaria transformación.

Resistencias al cambio de régimen

Lo que hoy vive la nación es un proceso dialéctico, similar al que ocurrió con la revolución francesa hace más de dos centurias. Fuerzas opuestas, sin duda antagónicas, se enfrentan con el objetivo, unos, de avanzar hacia delante a favor de un cabio de régimen; otros, en sentido opuesto, pretendiendo que la rueda de la historia no se mueva porque su movimiento conlleva el fin de su historia. De ese tamaño es el momento que vive la nación: Por ello, es tiempo de ubicarnos, con claridad y sin ambages, de uno u otro lado; esto es, de los que quieren un cambio o de los que se oponen al mismo, los que piden que el cambio se haga, como en otros tiempos, para que todo siga igual.

No nos equivoquemos, no se está invitando a una lucha fratricida, como ocurrió hace 230 años, o más cercano aún, en 1910, en México. La transformación que se pretende, la cuarta, parte de la imperiosa necesidad de entender que nuestro país no puede continuar por la ruta del desdén, de la impuesta ceguera que se niega a ver las enormes desigualdades existentes en una nación cuyo desarrollo desigual es una vergüenza. Se trata de definir de qué lado estamos: de los que quieren que la pobreza y la desigualdad sigan siendo el sello distintivo de un país cuya inmensa riqueza natural no ha alcanzado más que para dar riqueza a unos cuantos a los largo de los años, o, por el contrario, nos vamos a ubicar del lado de “los condenados de la tierra”, de aquellos que, todavía por las buenas, exigen poner fin a una etapa fundada en la corrupción que les ha arrebatado todo.

La renuncia de Carlos Urzúa, hombre de indiscutible talento, el tono de la misma, ha sido utilizada por los opuestos a un cambio de régimen, como la excusa para señalar que hay una fractura al interior del equipo de López Obrador, quien ha enfrentado, sin duda, el momento más crítico de su aún joven administración. Lo ha hecho, no denostando o descalificando al renunciante, pero sí señalando que su dimisión se funda en el disenso con los compromisos establecidos con la sociedad. 

La llegada de Arturo Herrera a la titularidad de la Secretaría de Hacienda, que deberá ser ratificada por la Cámara de Diputados en un período extraordinario que habrá de celebrarse esta misma semana, pese a los presagios de los agoreros del desastres, sí, los mismo que se levantan apostando a la tragedia y se duermen pensando que ella ocurrirá al otro día, concitó el apoyo general en razón de sus credenciales profesionales y a su trabajo institucional que ha rendido buenos frutos a lo largo de los años.

“No voy a fallar”, es una frase que resume el compromiso de quien, lo sabe muy bien, tiene sobre sus hombros la responsabilidad de garantizar la pervivencia de un reiterado compromiso presidencial: vamos a crecer, sí, pero mirando hacia el bienestar pleno de la sociedad. No se trata de crecer por crecer, ha dicho una y otra vez el presidente nacido en esta tierra del trópico húmedo. Se trata de generar desarrollo. Crecer es un simple anhelo cuantitativo, se trata de lograr el desarrollo, sí, el que viene acompañado de mejores condiciones de vida. No se trata de construir carreteras, de los que se trata es que estas conduzcan hacia el progreso compartido.

Las momentáneas inquietudes de los mercados y la depreciación del peso frente al dólar, quedaron tan sólo en fallidos intentos de los especuladores que buscaron, como siempre, hacer su agosto. El nombramiento de Herrera, insisto, fue bien recibido dentro y fuera del país. Le toca a él, luego de su ratificación en el Congreso, conducir la economía del país hacia mejores puertos. No podemos cerrar los ojos ante un escenario poco favorable. La economía mexicana se haya detenida. Ha dejado de crecer el consumo y ello se acrecentará en razón de que el número de nuevos empleos también se ha frenado. Esto tendrá, sin duda, un efecto en el crecimiento del PIB que ya venía decreciendo desde mediados del año pasado.

Se ha dicho de manera insistente que se quiere abandonar el modelo neoliberal que por más de tres décadas imperó en nuestro país. Para hacerlo, para impulsar un desarrollo como el que promete el gobierno federal, es necesario incrementar el gasto público con la finalidad de generar nuevos empleos y volver alentar el consumo. Sin embargo, en tanto no crezca la inversión privada nacional y extranjera, será imposible mover el PIB a los niveles ofrecidos. Para ello, es necesario dar certeza al inversionista privado y ello requiere, obligadamente, privilegiar un discurso persistente que mande señales claras a los dueños del capital de que invertir en México es seguro y redituable.

Abandonemos las tesis monetaristas que hoy imperan en la mayoría de los miembros del Banco de México, que se niegan a bajar las tasas de interés hasta que no haga lo propio la Reserva Federal de los Estados Unidos. No nos engañemos, la estabilidad del peso frente al dólar obedece a que capitales especulativos encuentran en nuestro país un premio adicional en nuestras elevadas tasas de interés. El Nuevo Trato, emulando al implementado en los Estados Unidos luego de la Gran Depresión de 1929, debe basarse en la aplicación de estrategias de crecimiento orientadas a generar el pleno empleo mediante el gasto público. Por ello, sin renunciar a los programas sociales distintivos de esta administración, la Secretaría de Hacienda debe impulsar, para el 2020, un Presupuesto de Egresos capaz de detonar el desarrollo. Este es el reto que tiene enfrente quien, a partir de esta semana, dejará de ser el encargado del despacho para convertirse en el hombre de las finanzas públicas de la 15ª economía mundial. ¡No nos falles Arturo¡

“El que se aflija, se afloja”

Con respecto a la estridente renuncia de Carlos Urzúa, y a los presagios de un fatalismo desbordado por la misma, vale la pena reproducir parte de las opiniones vertidas por el analista político Jorge Zepeda Patterson (en ocasiones duro crítico del estilo personal de gobernar del presidente López Obrador), publicado un día después en el diario español “El País”. Acerca de las reacciones del tabasqueño a la dimisión de su secretario de Hacienda, señala que: “En esencia, AMLO dijo que Carlos Urzúa se había ido porque estaba en desacuerdo con el Plan Nacional de Desarrollo y con Alfonso Romo, su jefe de gabinete a cargo de las relaciones con la iniciativa privada, por disputas en el manejo de la banca de desarrollo.” 

Destacó, además, que el mandatario conoció de la intención de Urzúa de renunciar y de la dureza del texto que acompañaba tal decisión y que en ningún momento pidió se modificara. Las razones de Urzúa están ahí, López Obrador eludió el camino histórico de atribuir su salida a otras causas: “Habría sido peor que se fuera ‘por motivos de salud’, como se acostumbraba antes”, cita textual Jorge Zepeda, quien señala que: “(…) con su disposición a hablar abiertamente de los motivos de su ministro para dejar de serlo, AMLO conjuró los rumores, especulaciones y presagios funestos que circularon durante la jornada. Y adelantó que podrían presentarse más renuncias como resultado de diferencias de parecer entre los hombres y mujereas que lo acompañan, más aún, que la parecía natural porque no desea cortesanos acríticos.” 

No obvió el articulista recoger el planteamiento del presidente de la República sobre la toma de decisiones en su administración: “(AMLO) aseguró que escucha las objeciones, cuando las hay, pero al final, él toma las decisiones y respeta que renuncien cuando no están de acuerdo, pues le parece que es un asunto de convicciones”. Si alguien tiene dudas de que así piensa el nacido en esta tierra, acuda al texto de la renuncia presentada al gobernador Enrique González Pedrero. 

Finalmente, Jorge Zepeda considera que, por la manera de enfrentar esta crisis, a Andrés Manuel le queda como anillo al dedo la frase del finado presidente panameño, Omar Torrijos, sí, aquel que recuperó para su país la soberanía del Canal de Panamá: “El que se aflija, se afloja”.

Zepeda Patterson concluye su análisis con esta reflexión: “Se acusa a López Obrador de vivir su propio mundo, pero lo mismo podría decirse de sus muchos adversarios. Desean con tanta intensidad que se cumplan sus temores, en buena medida alimentados por su aversión al mandatario, que ven en cada señal la confirmación de sus profecías. El problema de estar anunciado la llegada del lobo, sin que esto suceda, es que se pierde la credibilidad para seguir invocando alarmas.”

Desarrollo para Tabasco

Esta semana, los que aquí vivimos, recibimos varias buenas noticias que están orientadas a fortalecer la economía de nuestra entidad como ha sido el compromiso reiterado del gobernador Adán Augusto López Hernández: Fortalecimiento de las estrategias de seguridad, demanda prioritaria de la sociedad. Dos mil millones para el rescate de malecones. El plan contempla saneamiento de ríos, recuperación de espacios públicos y privados y modernización de infraestructura. Quinientos millones para la primera cuenca lechera del estado. El proyecto piloto arrancará en Huimanguillo involucrando a 25 grandes productores. Se le apuesta al campo como generador de desarrollo, sin dejar de lado convertir a Tabasco en el eje del proyecto energético nacional. Rocío Nahle, secretaría de Energía, anunció el viernes pasado que en 15 días conoceremos a los ganadores de las licitaciones para la construcción de la refinería de Dos Bocas, en Paraíso. 

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